destino
Capítulo 7
“Mira Mariel, Irene envió una postal,” le dijo Kian cuando ella les abrió la puerta de su casa a él y a Liz.
“Vamos a la sala, allí me la muestran.”
Liz se sentó junto a Mariel y sacó la tarjeta de su bolso.
Mariel leyó:
«Hola amigas,
«Estar casada es genial, ¡Deberían considerarlo! LOL
«Bryan me ha llevado a muchos lugares hermosos. Parece un sueño del que no quisiera despertar nunca... pero bueno, prefiero no pensar en regresar mientras todavía me quede algún tiempo aquí.
«Cuídense mucho y diviértanse. Ojalá lo hagan tanto como yo.
«Irene»
“La foto de esta playa es bellísima, ojalá pueda ir algún día,” dijo Liz mientras Kian apretaba su mano suavemente.
Mariel los miró callada por un instante. Envidiaba sanamente su felicidad.
Era algo indescriptible cómo se sentía ahora... lo que sentía por Mark. Pero era diferente ver a una pareja totalmente feliz y ser una pareja totalmente feliz.
“Bryan también le escribió a Kian unas líneas, pero el muy egoísta no ha querido compartir la carta conmigo,” dijo Liz con un fingido resentimiento.
“¿Y por qué habría de compartirlo con alguien? En el sobre decía que estaba dirigida a Kian, no a Kian y el resto de habitantes de la tierra...” se defendió él.
“¿Me estás llamando chismosa?” Preguntó Liz simulando más seriedad; y continuó: “estoy segura de que traman algo. Se lo diré a Irene.”
“¡Tú no harás eso!”
“¡Sí que lo haré!”
Mariel no pudo resistirlo más y estalló en risas.
«Algunas cosas no cambian nunca,» pensó para sí misma. Liz solía pelear así con ella cuando eran pequeñas y la frase que siempre concluía todo era “¡Sí que lo haré!” Las pequeñas diferencias ahora era que la discusión se había vuelto mucho más corta y que en lugar de terminarla con la frase, Kian lo había hecho dejando un pico en los labios de Liz.
“Bueno, ¿vienes a almorzar con nosotros? Muero de hambre,” le preguntó Kian.
“Gracias, pero no. Estoy esperando a que Laura pase por aquí. Quedé en comer esta tarde con ella.”
“¿Solo comerás con ella?” Inquirió Liz mirándola fijamente en busca de una respuesta más larga.
“Si, solo con ella...” le respondió su amiga que había notado la indirecta en la pregunta. “Comeremos, tal vez conversemos un rato, se irá y me dedicaré por entero a estudiar. Bien sabes que entre tanta fiesta no le he dedicado tiempo suficiente a mi carrera.”
“De acuerdo pequeña responsable, entonces nos vamos. Pero en caso de que te arrepientas solo llámanos.”
“Gracias chicos, pero sinceramente espero no tener que hacerlo. Odiaría distraerme de mi trabajo una vez que lo haya empezado.”
Mariel salió a la puerta a despedir a sus amigos y seguido subió a su pequeño cuarto de estudio a revisar todo el material que tenía disponible.
Se encontraba sumida en la lectura de un libro muy gordo que estaba por terminar, cuando sonó el timbre de la puerta.
Mariel recibió a Laura. Comieron comida china (que es lo que Laura había traído) y decidieron tomarse unos momentos para conversar en la sala.
“Y bien, ¿quién es el chico afortunado esta tarde?” cuestionó Mariel fingiendo mucho más interés del que en realidad tenía.
“Para la tarde ninguno, pero ciertamente tengo planes para esta noche.”
“Muy bien, cuéntamelo entonces.”
“Shane me invitó a salir.”
“¿Seriamente? Y desde hace cuánto es que-“
“Nos encontramos ayer en el centro comercial. Me dijo que parecía una chica muy dulce, pero que deseaba sinceramente conocerme mejor. Así que decidimos citarnos esta noche para conversar un rato.”
Mariel había pasado por el mismo encuentro con Shane, sollo que en aquel tiempo Mark estaba llenando completamente su itinerario y ella no tuvo tiempo para concertar una cita que durara más de 3 minutos. Le parecía que Shane era un chic un poco reservado pero también agradable.
“¿Quieres café?”
“Gracias. Pero déjame acompañarte a la cocina. Así no cortaremos la conversación.”
Mariel perdió un poco el equilibrio al levantarse del sofá, pero logró cubrirlo con un rápido movimiento para recoger un pañuelo que había dejado caer. Después de levantarse y asegurarse de que su paso era casi tan firme como siempre, guió a Laura por el pasillo. Despacio, y cada vez más lentamente Mariel cruzaba el que ahora parecía un interminable pasillo, y al llegar al umbral de la puerta de la cocina se desvaneció en los brazos mal preparados de Laura.
Laura entró en pánico. Mariel había caído sin el menor aviso, y a pesar de que ahora la veía muy pálida, antes le había visto tan jovial y fuerte como siempre.
Después de analizar un sinnúmero de
opciones decidió llamar a Mark para que le ayudara.
Por suerte, Mark estaba a tan solo unas cuadras de la casa, así que llegó casi
inmediatamente. Subió a Mariel a la parte trasera de su automóvil y apresuró a
Laura para que se sentara delante y le contara claramente los hechos.
“Ella nunca había hecho algo así; es más, nunca la había visto tan pálida y decaída.”
“Ella me dijo alguna vez que se jactaba de tener salud de hierro, y la última vez que la vi estaba tan fuerte como siempre.”
“Y sigo fuerte, gracias a Dios, solo estoy un poco desorientada,” llegó la voz de Mariel desde el asiento trasero del auto.
“¡Mariel!” Exclamaron Mark y Laura a unísono.
“¿Se puede saber a dónde me llevan?”
Mark realizó una de las maniobras más bruscas de su vida en la carretera, pero cuando parqueó su auto se bajó a toda velocidad y abrió la puerta trasera de su auto. Se lanzó de brazos abiertos a Mariel, y en cuanto la tuvo bien cubierta le preguntó muy preocupado si se sentía bien.
“Pues eso parece... si, me siento bien. Pero me gustaría saber qué fue lo que me pasó. No recuerdo nada después de levantarme del sofá.”
“Por lo visto fue solo un desmayo, pero-“ Empezó a decir Laura, pero fue cortada en seco por Mark que simplemente dijo:
“Vamos camino al hospital.”
La cara de Mariel debe haberla delatado de algún modo. Ella odiaba las visitas médicas. Era obvio que Mariel cuidaba estrictamente su salud en todos los sentidos, y la única razón que ella podía articular para tales propósitos era que detestaba visitar un médico.
“No veo razón para ir si me siento bien.” Dijo ella sin pensarlo dos veces.
“¡Oh no! No dejaré que te salgas con la tuya Mariel, te conozco.”
Mark la soltó y subió en el asiento del conductor antes de que Mariel pudiera levantarse o asimilar bien su situación.
Mariel intentó e inventó todo tipo de argumentos que pudieran evitarle el tener que acercarse a un hospital y menos en calidad de paciente, pero todo resultó en vano ya que Mark no se daría por vencido ante algo tan sencillo como una revisión.
Al llegar al hospital una enfermera tomó los datos de Mariel y esta pasó ante Mark con ojos suplicantes antes de que la llevaran a un cuarto donde le harían los exámenes necesarios para determinar su buen o mal estado de salud.
“Te esperaremos en esta sala.” Le dijo Mark mientras se alejaba, y dirigiéndose a Laura continuó: “realmente esto de no querer venir es un berrinche de niña chiquita.”
“No cabe la mejor duda,” le secundó Laura. “Pero todos tenemos nuestras fobias y deberíamos respetarlas.”
“¿Fobia ir al médico?!?!”
Después de pasar por exámenes que para Mariel fueron toda una tortura, ella se dispuso a vestirse. Cuando estaba ya solo colocándose los zapatos sonó su mobile. Era Laura.
“Seriamente lamento irme, pero no quiero llegar tarde y menos perder la cita que hice con Shane. Además, hablé con una de las enfermeras y me dijo que no tenías nada grave que no pudiese ser controlado.”
“No te preocupes... Si tuviera esa oportunidad dorada que tienes de dejar este lugar también lo haría. Sinceramente este lugar me deprime demasiado.”
“¿Y por qué no te escapas? Mira, no es nada grave y si algo pasara en todo caso llamarían a tu casa y dejarían el recado en tu contestador.”
“¿Sabes? No es mala idea en absoluto. Espérame en la puerta de en frente. Salgo en unos minutos.”
Mariel cortó y recolectó sus pertenencias lo más rápido que pudo. Se cuidó de no ser vista y se aproximó al baño más cercano. Después caminó con mayor ligereza hacia la puerta principal del centro de salud. Mientras salía pudo ver a Mark un poco inquieto en la sala de espera en que le dijo que estaría.
Mariel volvió a experimentar una sangre muy joven corriendo por sus venas. Sentía esa adrenalina juvenil que había sentido años atrás, cuando se había escapado de clase de Ciencias con Liz e Irene para ir a ver un partido de fútbol.
Sus pies le llevaron casi sin saberlo a la salida y pudo ver a Laura parando un taxi. Mariel subió al taxi, pero cuando Laura iba a subir ella se retractó.
“¡Demonios! He dejado mi cartera pequeña en la sala de espera. Vas a tener que tomar este taxi sola.”
“No te preocupes. Entra y si ya se percataron de mi ausencia diles que tuve una emergencia que no pudo esperar así que solo salí.”
“Lo haré y te llamo cualquier cosa.”
Laura dejó a Mariel y entró rápidamente al hospital.
Llegó a la sala de espera en la que había estado sola con Mark hace unos momentos. Ahora no solo Mark estaba en la sala, sino que también estaba una doctora.
Al notar la presencia de Laura, Mark le rogó a la doctora que esperase para que pudiera compartir las noticias de Mariel con su amiga.
“Bueno, como le iba diciendo,” continuó la doctora, ”iba a darle la feliz noticia pero descubrimos que se había ido.”
“¿Mariel se fue?” Dijo Mark en un tono más acusador que preocupado.
“Erm... pues yo la vi salir. Dijo que tuvo una emergencia que no podía esperar y me pidió que la excusara con ustedes,” se apresuró a decir Laura en un tono bajo y casi culpable.
“Pues bien, en todo caso ya sabemos los resultados de los exámenes y si desean puedo compartirlos con ustedes.” La doctora esperó un breve instante para dejar paso al consentimiento de sus oyentes y continuó, “Pues ahora son ambos receptores de la buena noticia. Está embarazada.”
Mariel llegó a su casa y lo primero que revisó fue su contestador. El único mensaje que encontró fue uno de Kian que le preguntaba si había visto a Liz en las últimas 2 horas.
Mariel se tranquilizó y después de llamar a Kian y decirle que no sabía nada de su novia se dirigió a su estudio una vez más.
Estaba nuevamente muy enredada entre uno de sus libros cuando oyó sonar el teléfono. Dejó que el contestador tomara el recado. La verdad no estaba de ánimos para hablar con nadie.
“Mariel, sé que estás allí...” Sonó la voz de Laura en el altavoz. “Bueno, dado que no quieres contestar déjame contarte las nuevas. Mark estaba muy molesto por tu repentina huida, pero estoy segura de que no te molestará hoy ya que cuando salíamos del hospital le llamó Maggie y él se dirigió a su encuentro en seguida. A propósito, en el hospital nos dijeron que tu salud es como siempre de hierro, pero que vas a tener que cuidarte mucho de hoy en adelante. Estás embarazada. ¡Felicidades! Bueno, creo que ya te lo he dicho todo. Iré a visitarte pronto. Hasta luego.”
Mariel se había quedado de una sola pieza con lo que había oído. Se levantó bruscamente y después de dejar caer todos sus libros se llevó las manos al vientre instintivamente.
El sentimiento era indescriptible. Llevaba a un hijo de Mark.
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