destino

Capítulo 15

La noche había llegado y Liz y Kian aun se encontraban en Dublín. Aquella noche Kian había acompañado a Liz hasta su casa y ella le había convencido para que se quedara con ella. Ya habían pasado dos meses desde su reconciliación y Liz tenía planes en mente.

Kian fue a la cocina por agua antes de irse a dormir. Entonces aprovechó para hablarle a sus papás mientras Liz se daba un baño. Cuando regresó al cuarto se sorprendió con lo que vio.

“¡Wow!” Exclamó al ver todo el cuarto iluminado con velas aromáticas.

“¿Kian, estas ahí?” Preguntó Liz desde el baño.

“Ehrm… si” Dijo él. “Sólo vine por una almohada y una cobija…”

“Esta noche no, Kian” Liz se asomó en la puerta. “Esta noche no dormirás en el cuarto de huéspedes” Ella sonrió y se le acercó. La expresión en el rostro de Kian cambió drásticamente al verla. Estaba asombrado, ya que nunca la había visto de esa manera… Kian tragó saliva.

Liz vestía un babydoll de satén, color azul cielo con encajes dorados en la parte del busto y en el borde. Caminó hacia él.

“¿Te gusta?” Le preguntó en tono inocente. Kian la miró de arriba abajo. Su cabello aún estaba húmedo, y el babydoll… delineaba sus curvas a la perfección. Su mirada se detuvo en las curvas incitantes de sus senos. Era un milagro que los pezones no se le hubieran salido de tan escotado que era. Tragó el nudo que tenía en la garganta.

“Cuando te vi venir hacia mí, pensé que ya estaba en el cielo” Liz sonrió. “Te ves preciosa, y muy sexy” Añadió.

“Me alegara que te guste. Esto lo tenía guardado para una un momento especial… como este”

“¿A qué te refieres?” Kian estaba un tanto confundido. Sospechaba lo que Liz quería, pero necesitaba confirmarlo de los propios labios de ella.

Liz acercó su rostro a pocos centímetros del de él. Kian pudo percibir su calor corporal; su olor a shampoo y loción de frambuesa… Ella se puso de puntillas y lo besó. Tenía la boca suave. Abrió los labios e introdujo su lengua de una forma muy sensual. Kian rompió el beso. Ella siguió con los labios abiertos de forma provocadora, con la boca mojada y los ojos cerrados. De pronto suspiró.

“Kian, estoy lista…” Dijo en voz baja.

Kian se quedó pasmado por lo que acababa de escuchar. No sabía que decir. Liz, al ver su reacción, se dio media vuelta.

“Si no quieres… yo entiendo” Su voz denotaba vergüenza, tristeza y decepción.

“¡No! No, Liz, no pienses eso… Por supuesto que si quiero, pero no sé que decir. No me esperaba esto”

“Sólo di sí o no” Liz no volteó a mirarlo.

“Sí…” Kian la tomó del brazo y la volteó. La besó en los labios. “Liz, yo te amo demasiado y no quiero hacer nada que tu no quieras hacer” La miraba fijamente a los ojos. “No quiero hacerte daño, y por eso necesito saber si estás segura de esto”

“¡Estoy totalmente segura!” Respondió ella con voz firme.

Abundante sol
Ya estoy cansado de esperar
Llegas tarde hoy
No se como utilizar palabras de amor.

Kian le puso las manos en los hombros, bajándolas y subiéndolas por sus brazos, sintiendo la tensión. Luego se colocó detrás de ella, hizo su cabello a un lado y comenzó a besarle el cuello y el lóbulo de la oreja.

“Mmm…” Susurró ella, al sentir un escalofrío recorrer su espalda. Él comenzó a acariciarle la espalda, delineando las curvas de su cuerpo con las manos.

Kian se sintió en otro planeta. No sabía como iba a ser capaz de controlarse.

El babydoll cayó en el suelo y el corazón de Kian dio un vuelco al ver lo que tenía delante de sus ojos. Solo la cubría un pequeño bikini que hacía juego con el babydoll.

Tus piernas se ven
Más claras que lo habitual
Normalmente tú no enseñas
Nada que al verlo puedas tocar.

De frente era tan peligrosa como de espalda. Encima la estaba mirando con sus ojos brillantes, como si él fuera un dios griego y ella su esclava.

Si ella supiera que era él el que se sentía su esclavo. Era capaz de hacer cualquier cosa por ella. Cualquier cosa.

“Eres preciosa” Murmuró, mirándola a los ojos. Nunca se hubiera imaginado a Liz de esa forma. A SU Liz, su ángel.

La estrechó entre sus brazos, besándola de forma apasionada, acercándola cada vez más a su cuerpo. Intentó calmarse un poco, pero era tal la pasión que sentía que no era capaz de controlarse.

Y solo soñar ilusiones que
Alarguen mi vida paciencia eterna
Y con mesura no la tendré
Quiero pedirle que sienta mi fuego

La llevó hasta la cama, Liz se acostó y él se colocó a su lado, besándole todo el cuerpo y acariciándoselo con las manos. Poco a poco le fue quitando el bikini.

Kian sabía lo que tenía que hacer y cuando hacerlo para transportarla a un mundo donde no había inhibiciones, donde sólo se conocía el placer. Ella se entregó, se dejó llevar por su pericia, tratando de meter aire a sus pulmones mientras sentía que su cuerpo se derretía por el fuego de sus venas.

Kian solo tenía que dejarse llevar... sabía que su amor por ella le haría actuar intuitivamente y eso sería suficiente.

Te voy a amar no tengas miedo mi amor
Tu aliento me dirá hasta dónde puedo ir
Te voy a amar con este cruel corazón
El cielo el mar la tierra las estrellas son de ti
Quiero pedirle que sienta mi fuego
Liz sintió que Kian se movió y abrió los ojos.

“No te voy a dejar que te duermas, Liz” Le dijo. “No por un momento al menos... esta noche es especial y hay que hacerla durar cuanto podamos.”

Se ponía guapísima cuando se sonrojaba. No hizo intento alguno por taparse, Kian se acomodó más cerca y comenzó a acariciarla. Ella cerró los ojos y entreabrió la boca.

“Te amo, Liz” Le dijo y la besó.

Apenas se había roto el beso, cuando ella abrió los ojos y mientras acariciaba la mejilla de su amante le dijo: “He caído esclava en tus brazos Kian, podéis mandarme a gusto y placer... vuestros deseos son ordenes para mí.” Ella le miraba con ilusión mientras crecía una sonrisa en el guapo rostro de su amado Kian.

«Dios, gracias por dejar que ella fuera mía,»

Liz se sentía satisfecha solo viendo su expresión. No podía todavía creer todo lo que se había estado perdiendo hasta ese momento; y mientras pensaba en todo lo maravilloso que era SU Kian, le dio un beso rápido en el hombro y recostó su cabeza sobre su aún agitado pecho y se quedó dormida.

Logro despegar
Una caricia de mi corazón
Y puedo revelar
Secretos que contiene esta canción

Kian abrió los ojos una hora y media después. Sentía como haber despertado del sueño más hermoso de toda su vida. Sus ojos danzaron por el techo de la habitación tratando de recordar donde estaba. Kian dejó que sus ojos se guiaran por el rastro de esencia de frambuesa que percibía. Así fue como la encontró a ella, profundamente dormida; indudablemente hermosa; inocentemente sexy; y lo mejor de todo, peligrosamente SUYA.
Sus ojos se llenaron de lágrimas solo de pensar que pudo haberla perdido; que se había alejado de él.

Mariel era su mejor amiga. Él haría lo que fuera por ella y por Patrick; ya lo hubo hecho en grande una vez, y lo haría de nuevo de ser necesario. Pero su vida fue un infierno lejos de Liz. El dolor de no tenerla cerca y saber que ella había estado sufriendo por su culpa, le habían hecho odiarse a sí mismo muchas noches... sentirse tan desolado y estúpido, que nada ni nadie excepto Liz pudiera haberlo consolado.

Sin embargo, la vida había seguido su curso; y allí estaba ella, durmiendo pacíficamente sobre su pecho. Todo el dolor, el sufrimiento y la espera habían valido la pena. Su alma estaba a punto de escaparse del cuerpo por el gran regocijo que le embriagaba. Su felicidad era inmensa, su felicidad era eterna, su felicidad era ella.

Viéndola allí en su delante, tan dulce como siempre, no pudo resistir la tentación de empezar a jugar con su largo y hermoso cabello. Pero sin darse cuenta la había despertado.

Liz abrió los ojos mientras despertaba con una placida sonrisa. Ella no había podido olvidar ni por un segundo lo que estaba viviendo, pero aún así se sorprendió de encontrarse en cama desnuda y con el hombre que amaba.

“¿Dormiste bien princesa?” Oyó a Kian preguntar mientras ella levantaba su cabeza.

“He tenido el sueño más hermoso de todos, y ahora que estoy despierta... pues no estoy segura de estarlo, esto solo parece mi sueño,” le dijo ella en voz muy baja.

“Me has dado el mejor regalo de todos Liz.”

“Qué mejor regalo que tú para mi Kian,” se le acercó y le dio un corto beso en los labios. “Te amo Kian,” le dijo antes de volverlo a besar.

Quiero respirar tu magia
Profunda y material
Dejar de pensar en voz baja
Y dejar de soñar.

El amor que sentían el uno por el otro había crecido hasta el cielo y más allá esa noche.
Las velas que alumbraban la habitación se consumían lentamente, pero el calor y la inmensa felicidad de estar juntos el uno al otro no se apagaría nunca.

“Te amo Liz,” suspiró Kian suavemente antes de quedar completamente dormido sumido en sus fuertes sentimientos por ella; la mujer de su vida, quien por primera vez se había entregado a él, en la noche más mágica y maravillosa de su vida.

Te Voy a Amar
~ Van Mozart ~

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