destino
Capítulo 10
“Vamos chicos, concéntrense.” Imploraba Nicky durante el ensayo.
La vida personal de cada miembro estaba imponiéndose fuertemente y no daba cabida a la mente clara y despejada propicia para trabajar.
Bryan no paraba de hablar muy emocionado por el embarazo de Irene y no podía articular bien las pocas líneas de prueba de la canción. Mark estaba obsesionado con mantenerse lo más lejos posible que pudiese de Kian; incluso parecía que le perturbaba respirar el mismo aire. Y mientras, Kian estaba perdiendo la cabeza solo de pensar que la canción que estaban probando la había escrito Liz. No podía parar de preguntar por su paradero y estaba empeñado en que la canción tendría un mensaje para el.
“Esta bien, lo haremos por partes y lo mezclaremos más tarde. Así podrán irse todos a casa.” Les dijo Cail, su ayudante encargado.
“¿Puedo empezar yo? Me urge ver a Irene.” Pidió Bryan.
“No. Mark, tu te quedas con Shane, y el resto espera a un lado.”
Mark apenas podía darle un poco de emoción a sus líneas, así que se las dieron a Bryan. Shane y Nicky fueron los únicos en hacer lo suyo rápido y sin mayor percance, mientras que Kian cambiaba la fuerza de las palabras continuamente.
Al final todos se retiraron dejando un trabajo apenas satisfactorio.
Kian llegó a su casa como cualquier otro día desde la partida de Liz. Llamó a Mariel para confirmar que todo este bien, luego a su madre para asegurarse de que ella y el resto de su familia estaban bien; y seguido se movió directo a la cocina.
Recordó la primera vez que había invitado a Liz a su casa. Le había ofrecido café pero ella se negó.
“No hay problema, yo lo preparo,” insistía mientras ella repetía: “no te moleste, en serio Kian.”
Finalmente, después de todo se había enterado que a ella no le gustaba el café. Aquella noche Kian desbarató su cocina en busca de una bolsita de té. Desde entonces nunca faltó té en su casa. Él mismo había dejado el café por ella.
Bajó una taza y preparó automáticamente su té. Esa era una de las tantas cosas que dejaban su mente en blanco para llenarla de repente de ella.
No sabía cuánto resistiría su corazón, se sentía absolutamente vacío.
Busco un espacio en mi corazón
Una ilusión que me colme en mis horas vacías
Siento en mi piel tu distancia
Y me mata la melancolía
Las semanas pasaban lentas. Mark había dejado de lado sus rencores y se había dedicado de lleno a trabajar en los preparativos de una corta gira que harían por los Estados Unidos e Inglaterra.
Alguna vez Liz le había dicho: “no te preocupes... por más que me quieras jamás lograré ser un obstáculo para que te olvides de ti mismo. La banda es tu sueño, por lo que haz luchado siempre. Nunca te detendrás en tu sueño por nada y por nadie.” Kian solo sabía que ella tenía razón. Tuvo que luchar mucho, pero logró no mezclar su dolor con el trabajo a pesar de que todo le recordaba a ella.
Voy recogiendo pedazos de estrellas
Siguiendo el paso fugaz de tu huella y mis días
Sin encontrar la salida
Me muero si no puedo verte
Y llegó el tiempo de la gira. Mariel sintió el dejo de esperanza que Kian guardaba en el corazón mientras se despedía de ella.
“¿Estarás bien?”
“Soy una niña grande Kian, podré cuidarme sola,” respondió Mariel.
“Prometo que traeré muchas cosas para el pequeñito.”
“¿No te parece que ya has hecho suficiente?”
“Nada será suficiente por este muchacho.”
Poco después de lanzar la mentira que marcaría sus vidas, Mariel había compartido con Kian y Bryan algo de todo lo que le atormentaba. No les contó de la amenaza, pero les refirió sobre sus miedos respecto a ella y ellos respetaron su decisión y juraron guardar su secreto.
Kian sonrió levemente y dio vuelta para marcharse, pero volvió su mirada al oír la voz de su mejor amiga.
“Kian, en verdad lo siento. Si pudiera tomaría todo un equipo de detectives para que te ayuden a encontrarla.”
Kian se sentó a su lado. “No serviría de mucho. No quiere verme.”
“Todo es mi culpa-”
“No vuelvas a decir eso. Estoy seguro que la encontraré cuando llegue el momento oportuno.” Suspiró y la abrazó fuertemente al musitar: “mientras, este niño será mi alegría. No sufras Mariel, no quieres hacerle daño, ¿verdad?”
Mariel no pudo decir nada. Las lágrimas se apilaban para salir y no pudieron detenerse. Kian había sido muy bueno con ella y lo único que ella quería era poder borrar esa marca de tristeza de su corazón; verlo junto a Liz, verlo en paz.
Porque en ti
He puesto todo cuanto soy
Y solo por ti
Mi vida tuvo una razón
Intentó una última vez antes de viajar preguntarle a Irene dónde estaba Liz. La respuesta fue la misma negativa de siempre, la misma que mantenía la llama de esperanza encendida. La encontraría.
Y aunque no sé dónde estás
Y aunque no sé si algún día volverás
Tengo el alma encendida y solo vivo para amarte
Y aunque no sé dónde vas
Y aunque no sé si aquel día llegará
Cruzaré el horizonte solo por llegar a ti
La carrera de Liz iba viento en popa. Su inspiración se había despegado de repente, estaba escribiendo mucho, y dado a su nueva ubicación estaba consiguiendo más y más clientes.
La perspectiva de su nueva vida se veía genial, el único problema era que no se sentía bien.
El impacto provocado por la noticia de que Mariel llevaba un hijo de Kian había destrozado su corazón. Todas sus ilusiones, sueños y felicidad habían sido reemplazadas por un sentimiento de decepción que no podía callar.
Seguía en contacto frecuente con Irene, quien la mantenía informada de todos los movimientos de Kian por tratar de encontrarla.
Apenas esa mañana había recibido por correo un paquete que Kian le había pedido a Irene que enviase. Eran entradas de asiento especial y backstage para cada uno de los conciertos de la gira.
Había llorado mucho al abrir el paquete, pero su corazón no le permitió desechar las entradas que tal vez utilizaría.
Sigo sentado en la oscuridad
Preso de esta obsesión que me quema por dentro
Te buscaré hasta encontrarte
O hasta que me encuentre la muerte
Kian guardaba esperanzas en el paquete que posiblemente le había entregado Irene a Liz. Tal vez asistiría a un concierto. Tal vez se daría cuenta de que todo era porque no podía vivir sin ella.
Extrañaba cada detalle. La forma soñadora en que contemplaba las estrellas y de repente corría por su libreta. La forma precisa en la que llenaba las agendas con los compromisos de ambos. La forma en que maniobraba para deshacerse de cualquier compromiso que tuviera por estar a su lado cuando él la necesitaba...
Había tanto que extrañar, pero lo que más le contrariaba es que nunca pudo expresarle su amor al máximo. La cosa que más había ansiado hacer en su vida ya no tenía un modo de ser satisfecha. Su deseo más intenso había sido puesto de lado por la distancia, por una estúpida frase sin explicación.
Ir desvistiéndote de ese pasado
Acariciar tu desnudo cargado de ahora
Porque descanses tus alas
De tantas cadenas de ayer
Primer concierto. Casi 2 horas después seguía sentado en el camerino esperando a que llegara. Tal vez estaba muy lejos de allí... Tal vez tuvo otro compromiso...
¿Y si tan solo no quería verlo? Sintió con todas sus fuerzas que alguien había recibido la dedicatoria que había hecho.
“Kian, llevamos mucho tiempo esperando pacientemente... ¿qué es lo que esperamos?”
“Estoy seguro que vendrá Bryan... lo sé... pude sentirlo, lo juro...”
Bryan se sentó a su lado y trató de buscar una frase para confortarlo, pero sabía que Liz no llegaría. Irene le contaba parte de lo que conversaba con ella, y tan sólo con ese pequeño pedazo de información el pudo concluir lo lejos que ella se mantendría de cada presentación.
“No puedo moverme amigo, sé que vendrá.”
“Déjame decirles a los muchachos que regresen al hotel. Me quedaré contigo.”
Porque en ti...
Y solo por ti
Mi vida tuvo una razón
La noche siguió su curso y, al igual que en las siguientes 3 presentaciones, Liz nunca llegó. Kian y Bryan se mantenían sentados uno junto al otro en un horrible silencio, esperando a quien había asistido a cada concierto pero se retiraba apenas ellos salían del escenario.
Liz se estaba ahogando en un mar de confusión. Kian había repetido la misma frase dedicatoria en cada concierto y su voz llenaba sus pensamientos profundamente sin dejarle cabida a cualquier otra cosa.
“Tu eres mi sol, eres mi luz, y eres el único pensamiento que puedo concebir en mi vida. Te amo infinitamente, te amo eternamente. Por ello te dedico no solo esta y mil canciones más, sino toda mi alma y mi corazón por siempre.”
Desde la primera noche quiso subir al escenario y decirle en frente de todo el mundo que lo amaba tanto o más que él mismo... pero siempre volvía a su mente aquella escena en la que él declaraba estar esperando un hijo con su ex-mejor amiga.
Su corazón volvía a latir fuertemente y se repetía a sí misma las razones por las cuales no podía acercarse; y mientras, solo lo miraba hasta que salía de allí... y ambos perdían la nueva oportunidad de verse.
Y aunque no sé dónde estás
Y aunque no sé si algún día volverás
Tengo el alma encendida y solo vivo para amarte
Y aunque no sé dónde vas
Y aunque no sé si aquel día llegará
Cruzaré el horizonte solo por llegar a ti
Una vez más ella había mentido para poder
tener la noche libre y asistir al concierto. Estaba realmente acostumbrada a
cancelar compromisos por Kian, pero no se había sentido culpable por ello hasta
que se separó de él y seguía pidiendo noches libres por él.
Estuvo a punto de quedarse en su cama solo esperando a que termine la noche,
pero las ganas de verlo la consumían por dentro y simplemente no pudo
contenerse.
La famosa y bien reconocida frase de Kian para ella retumbaba en los parlantes rodeando a los asistentes. Ella realmente podía escuchar esas palabras no como una frase aprendida, sino como letras del corazón. Sabía que eran sinceras, pero también sabía las razones por las que no podía ir hacia él nunca más.
Por una fracción de segundo, mientras Kian hablaba solo frente al público pudo sentir su mirada. Fue una conexión instantánea y realmente fuerte que provocó un brusco silencio que obligó a Liz a moverse de aquel lugar inmediatamente.
Al finalizar el concierto, ella se encontró a sí misma andando sin rumbo hasta que un hombre se le acercó pidiéndole una identificación. Sin pensarlo dos veces, Liz le mostró su pase para backstage y el hombre la dejó pasar sin el menor percance.
Sigo buscando tu huella por siempre
Bryan no pudo resistir un segundo más el monólogo que estaba llevando Kian con él.
“La vi... juro que la vi. Ella huyó de mi.... la busqué desde el momento en que la perdí de vista... pero juro que estaba allí. Sé que la vi...”
“Amigo, tranquilízate.”
“Ella no vendrá... huyó de mi cuando la vi... por eso no vendrá.”
Después de esto, Kian se quedó callado. Bryan no pudo soportarlo, era desesperante e inclusive le bajaba los ánimos. Apenas sintió que su amigo se había calmado un poco y que podría sobrevivir por unos minutos solo le dijo: “¿Sabes? Necesito un poco de aire fresco, regreso en unos minutos.”
Bryan cerró la puerta tras él mientras oía a su amigo jurando nuevamente que la había visto.
No pensaba que Kian estaba delirando, pero aún creía que todo se trataba de una confusión creada por las ansias que tenía de verla. Realmente no podía imaginarse a sí mismo en la posición que vivía Kian, pero al intentar podía verse igual de paranoico como se encontraba su amigo en ese momento.
Justo cuando volteaba una esquina para dirigirse a una pequeña sala general escuchó los pasos firmes de una chica que lloraba agitadamente mientras corría.
No tuvo que correr mucho para alcanzarla. Le puso una mano en el hombro y le preguntó, “señorita, ¿está usted bien?”
Se sorprendió mucho al encontrarse con el rostro pálido y lleno de lágrimas de Liz, quien le respondió: “hace mucho que no me llamabas así...”
“¡Dios, no puedo creer que estés aquí!!! Tengo que decírselo a Kian. Se pondrá tan feliz-”
“¡No irás a ningún lado Bry! Fue un error horrible el haber venido y prefiero salir de aquí antes de que pase cualquier otra cosa.”
“Pensé que lo habrías perdonado-”
“¿Cómo va el embarazo de Irene?”
“Bastante bien, pero ha tenido muchos antojos últimamente.”
Liz mostró una breve sonrisa entre sus lágrimas, pero no se detuvo y siguió. “¿Y el embarazo de Mariel?”
“Al parecer todo va bien. Tuvo una amenaza de aborto unos tres días después de que partiste, pero después de eso todo ha ido muy bien. O al menos eso es lo que me ha dicho Kian porque no he visto a Mariel desde que te fuiste.”
Liz tomó aire como lo hiciera para llorar, pero en lugar de eso miró fijamente hacia un punto más allá de Bryan y preguntó sin más rodeos: “¿Y cómo está Kian?”
Y aunque no sé dónde estás
Y aunque no sé si algún día volverás
Tengo el alma encendida y solo vivo para amarte
Y aunque no sé dónde vas
Y aunque no sé si aquel día llegará
Cruzaré el horizonte solo por llegar a ti
Bryan regresó con Kian y lo encontró tirado en el sofá con los ojos cerrados simulando estar dormido. Se sentó en una silla cerca y aclaró su garganta para que él se diera cuenta de que estaba allí.
Kian se levantó inmediatamente y no perdió tiempo en pedirle disculpas a su amigo por abombarlo con su obsesión.
“No te preocupes, ya pasó.”
“No Bryan, no pasó. Estoy volviéndome loco por verla. Tal vez hasta la imaginé.”
“Tal vez si, tal vez no. Tal vez todo está aquí,” dijo Bryan subiendo una de sus manos a la cabeza.
“No. Si de algo estoy seguro es que todo
viene de aquí,” le retó Kian tocándose el pecho.
Kian cerró los ojos para tratar de imaginarse en dónde estaría. Mientas, Liz
repasaba lentamente las palabras de Bryan al tiempo que el taxi paraba justo
frente a un lujoso edificio.
“Esta destrozado. No puede hacer otra cosa que pensar en-”
“No lo digas Bryan. No lo digas porque él tiene un compromiso muy serio con otra mujer y no es correcto.”
“¿Has oído la dedicatoria que te ha hecho?”
“Tengo que irme Bry. No quiero que nadie más me vea.”
“Déjame acompañarte hasta afuera.”
“No. Solo regresa con Kian y asegúrate de que no arruine su vida. Procura que a pesar de todo lo que pasó cuide bien de Mariel y de su hijo... procura que me olvide, tal y como yo lo olvidaré.”
“Dudo que te olvide.”
“Solo intenta. El destino es algo que realmente no podemos manipular.”
Liz empezó a caminar hacia la puerta pero oyó el suave murmurar de su amigo: “cruzará todo obstáculo... te encontrará.”
“Aunque no sé Dónde Estás”
Riccardo Perotti
« Anterior | 1 | 2 | 3 | 4 | 5 | 6 | 7 | 8 | 9 | 10 | 11 | 12 | 13 | 14 | 15 | 16 | Siguiente »