destino

Capítulo 4

Irene y Liz estaban en todo caso muy orgullosas de sí mismas. Juntas fueron capaces de arreglar los últimos detalles para la boda, la casa en donde vivirían los futuros esposos McFadden, una lista de citas para su nueva amiga Laura, y más encuentros entre Mariel y Mark.

Mariel había querido ayudar con la boda y la casa, pero sus amigas muy conscientemente le habían negado al distribuir perfectamente su nuevo horario de salidas con Mark. Ella disfrutaba mucho de la compañía de Mark y aprovechaba cada momento con él. Era muy dulce, respetuoso y bueno con ella. La había llevado a recorrer la ciudad –a pesar de que ella la conocía- un millar de veces, y siempre lograba deslumbrarla con algo nuevo; ya sea una fuente, una playa, un teatro, un mirador... realmente el ingenio de Mark respecto a este tema no conocía limites.

Por su lado, Mark estaba bastante complacido. Desde que empezó su relación con Maggie sus amigos habían tratado de disuadirlo a que conozca nuevas personas. Se podría decir que ellos tenían listo un horario de citas para todas las fechas en que Westlife –o por lo menos solo Mark- estaría en casa y Maggie estuviera fuera por motivos de su trabajo.

La diferencia esta vez era que por fin estaba saliendo con alguien que en verdad le gustaba. Mark se estaba esmerando mucho para cada salida que tenía con Mariel, y su mayor retribución era besarla en la mejilla al dejarla en casa con una amplia sonrisa pintada en el rostro.

Mark cambiaba poco a poco el aspecto informal de sus salidas y cada vez le añadía un toque un poco más romántico. Mark lo hacía inconscientemente, y Mariel prácticamente no lo notaba por el efecto de la costumbre, pero ambos sabían que algo muy intenso estaba ocurriendo entre ellos.

Una madrugada, Mariel bajó a buscar un vaso de agua y descubrió a Liz mirando una fotografía, sentada en su escritorio.

“¿Amaneciste temprano o aún no duermes?”

Liz dio un salto de sorpresa. Sonrió y contestó, “empecé a escribir una nueva canción. Todo iba muy bien hasta que terminé la canción y descubrí que no me gustaba la segunda estrofa... Gran problema. Intenté rehacerla unas cuantas veces y después de varios intentos quedé bloqueada.”

“¿Y esa foto?”

“Es una fotografía muy vieja. Soy yo con mis padres. ¿Los recuerdas?”

Mariel sonrió comprensivamente al recibir la fotografía de manos de Liz. Claro que recordaba a sus padres, era imposible olvidarlos. Sus propios padres habían muerto en un accidente de tránsito cuando ella tenía catorce años y había vivido con Liz en su casa hasta terminar el año escolar. Después de eso, sus tíos la llevaron a Inglaterra. Varios años después, ella se había enterado de que los padres de Liz también habían muerto en un accidente de avión.

“Puedo verte en mi mente cuando tenías esta edad. Debe haber sido por la época en que conocimos a Irene.”

“No lo recuerdo muy bien, solo sé que adoraba ese vestido... pero puede que tengas razón. No lo había pensado.”

Ambas se quedaron en silencio por unos momentos hasta que Liz dijo: “Ojalá la boda de Irene sea tan linda como fue su fiesta de compromiso.”

“La fiesta fue increíble sin lugar a dudas. Yo personalmente me divertí bastante.”

“Oh, yo sé que lo hiciste...” Liz se sentó bien en su silla, le guiñó el ojo a su amiga y le preguntó, “¿qué tal te ha estado yendo con Mark?”

Mariel no pudo evitar sonrojarse profundamente. Sonrió y bajó la cabeza apenas musitando: “bien.”

“¿Solo bien? Yo creía que te la estabas pasando mejor que eso.”

Y era verdad, pero solo pensar en ello le regresó a Mariel un pensamiento que le había estado atormentando durante los últimos días.

Todo comenzó la tarde en que Mark le había llevado a un parque que ella frecuentaba cuando niña. Cruzaron la extensión del prado sorteando los árboles a su paso, se sentaron al borde de la resbaladilla más alta y seguido, se columpiaron hasta ver juntos el atardecer completo. El cielo aún estaba anaranjado cuando apareció la primera estrella. Mark y Mariel se recostaron juntos en el césped y él le sugirió que le pidiera un deseo a esa primera estrella.

Se habían quedado en silencio contemplando el cielo hasta que estuvo completamente oscuro. Entonces se levantaron y empezaron a caminar tomados de la mano.

“¿Crees que tu deseo se cumpla?” Inquirió Mark.

“Eso espero, de otra forma pasaré la tarde de mañana en casa sola con el perro.”

Ambos se rieron y seguido Mariel preguntó: “¿crees que se cumpla el tuyo?”

“No lo sé. Espero que no pongas resistencia...”

“¿Perdón?”

Antes de que Mariel pudiera explicarse a sí misma a qué se refería Mark, este la acercó a su cuerpo, y mientras estaban enlazados en un abrazo, la besó.

Era el beso más tierno que Mariel podía recordar. Ella respondía sinceramente a él, y en ese momento se había dado cuenta de que estaba enamorada de Mark.

Después de esa noche, Mariel había puesto una especie de barrera entre ambos; pero pronto se dio cuenta que no podía negar el sentimiento, y que su amor era inevitable, así que le dio más campo a su relación.

Lógicamente, ella había pensado en Maggie; pero conociendo a Mark, no creía que él jugaría con las dos. Mark le había asegurado que terminaría su relación con Maggie apenas ella llegara de regreso de su viaje.

Liz suspiró y aclaró su garganta ruidosamente para despertar a Mariel de su ensoñación.

“... lo siento, ¿qué decías?” respondió ella.

“¿Te pasa algo? Te pregunté sobre Mark y volaste claramente lejos de aquí...”

“Lo lamento... De todas formas te lo iba contar uno de estos días. Es solo que no he tenido la oportunidad de hacerlo...”

“¿A qué te refieres?”

“Liz, me enamoré.”

“¿De Mark?”

Mariel asintió y abrió los brazos para recibir el efusivo abrazo de su amiga.

“Es un gran chico, te lo aseguro,” le dijo separándose de ella.

“Lo sé. Mi único problema es Maggie.”

“Es cierto, pero todo tiene arreglo si eres bien correspondida.”

“Sé que lo soy.” Respondió Mariel muy confiada.

“¡Que bien! De verdad estoy muy feliz por ti.”

Las palabras de apoyo y alegría de Liz la llenaron y se impregnaron en su ánimo desde ese momento.

Mark y Mariel habían hecho más evidente su relación a pesar de que no había nada solucionado con Maggie, dado a que aún no regresaba de su viaje. Lo único evidente era que se iba a llevar una gran sorpresa de su novio.

Un par de semanas más tarde, la situación no variaba mucho, excepto por el hecho de que Maggie había adelantado su viaje de regreso después de los rumores corridos a cuenta de Vanesa, su mejor amiga.

Mark, Kian y Liz estaban reunidos en una preciosa casa desocupada; muy cerca de la casa de Kian. Ellos habían oído que Mariel quería comprarse una casa y ellos por su cuenta le habían encontrado una perfecta.

“El vestíbulo es grandísimo, me encantaría poder decorarlo,” decía Liz revisando la estructura nuevamente.

“Primero asegurémonos de que Mariel quiera comprarla, y luego ella decidirá quien la decora...” le dijo Kian abrazándola con ternura.

En ese momento el mobile de Mark sonó. Era Maggie.

Maggie no esperó un segundo. Apenas puso sus maletas en el piso se encargó de llamar a Mark para que fuera a casa.

Vanesa le había dicho mucho sobre las prolongadas salidas de Mark y Mariel, pero no se sentía intimidada o nada por el estilo. Confiaba mucho en sí misma y conocía muy bien sus tácticas a utilizar con Mark.

El secreto en este caso en particular era no confrontarlo, sino demostrarle lo buena que podía ser ella comparada con cualquier otra.

Dos días más tarde, Kian y Liz le mostraron la casa a Mariel, a quien habían visto muy decaída. Ella se emocionó mucho por el interés de sus amigos y el gran favor que le habían hecho, pero también se enteró que Mark había ayudado en la elección de la casa y se deprimió al no verlo allí junto a ella.

El cambio de casa no fue cosa fácil, pero todos cooperaron. Todos menos Mark. Irene no soportaba ver a su amiga Mariel así, y le preguntaba a Liz y a los chicos qué sabían de Mark muy constantemente.

Una tarde, ella decidió que era tiempo de ponerlo todo sobre la mesa.

“Mariel, tenemos que hablar de Mark.”

“No hay más que hablar de él Irene. Por lo menos no deberías hablar de él conmigo.”

“¿Qué fue lo que pasó? Estabas muy feliz hasta el día que te enteraste que Maggie había regresado-”

“¿Podríamos dejar el tema?”

“Mariel, escucha. Él te ama. Tú misma nos aseguraste que iba a terminar con Maggie-”

“Ese es precisamente el problema. No lo hizo.”

“Pero... tal vez necesite tiempo. No es una cosa fácil, ¿sabes?”

“¿Tres semanas?... yo confiaba con que UNA semana hubiese sido tiempo suficiente. En todo caso, ya no importa; todo terminó.”

“No lo des por terminado...”

“Shane me dijo que planean casarse.”

Irene abrazó a su amiga mientras se desahogaba llorando en su hombro. Su boda sería en una semana y tenía que buscar algo muy bueno para subirle el ánimo a su amiga para ese entonces.

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