destino

Capítulo 6

"Amor, despierta. Acabamos de llegar," Irene despertó con la voz de su esposo como un dulce susurro en su oído.

Aún con los ojos cerrados sentía cómo el conductor de su limosina maniobraba en una curva

"Irene, abre los ojos," insistió Bryan.

Esta vez ella obedeció. Se sentó derecha al primer contacto visual con el hábitat que los rodeaba. Una cabaña se divisaba a menos de 20 metros de distancia. Era algo muy rustico, aún clásico y romántico a su gusto. Irene volteó para mirar a su flamante nuevo esposo... no había nada en este mundo que pudiera describir la satisfacción y felicidad que sus ojos reflejaban.

"¿Por qué dejaste que me durmiera? Yo quería ver el paisaje de camino," protestó ella con la voz aún un poco ronca.

"Solo creí que necesitabas dormir," le contestó él simplemente plantando un beso en su frente. Irene descubrió la sonrisa pícara que Bryan intentaba esconder, pero decidió jugar con él. Así que solo devolvió su atención a la magnifica vista de afuera.

Cuando paró el auto, Bryan se apresuró saliendo, rodeó el vehículo y llegó frente a la puerta del lado de Irene. La abrió y le ofreció su mano.

El sonido del agua clara golpeando la costa inundó los oídos de Irene en cuanto su puerta se abrió. Ella aceptó la mano de Bryan y se tomó su tiempo saliendo del vehículo y llenando sus pulmones del inconfundible aroma de la playa.

"¿Me dejas llevarte en brazos hasta la cabaña?" Le preguntó él soltando su mano.

En un rápido movimiento, Irene se sacó las zapatillas y las levantó con una mano. Entonces solo sonrió a un ansioso Bryan que la tomó en brazos y la llevó adentro de la cabaña.

Ella no pudo reprimir la felicidad que le envolvió cuando por fin entraron a la cabaña. Era preciosa, un sueño hecho realidad. Un lugar repleto de flores tropicales frescas; donde las puertas eran remplazadas por cortinas de colores suaves que colgaban balanceándose con ritmo irregular por la suave brisa.

“¿Te gusta?" Inquirió Bryan recostándola en un sofá.

"Esto es simplemente hermoso," le dijo ella con los ojos brillantes.

"Todo para mi estrella," plantó un beso en la palma de su mano y continuó, "vas conmigo a darle una vuelta al lugar y después a pasear por la playa?"

"¿Por qué preguntas si sabes que soy tu esclava y voy contigo donde quieras?"

"Porque quiero mi fama de caballero hasta con mis esclavas," bromeó él.

Irene le dio un golpe juguetón en el brazo y tomó su mano para seguirlo.

Horas después Bryan e Irene regresaban a la cabaña para cenar. Todo estaba listo para los primeros dos días; tenían suficiente comida para preparar la cena de esa noche, y las 3 comidas del día siguiente... incluyendo pequeños aperitivos y postres.

Irene decidió tomar su turno en la cocina preparando la cena, y después de comer ambos fueron a recostarse frente al televisor en el sofá de la sala.

Pasando canales, Bryan se detuvo en uno que presentaba videos musicales. En ese momento estaban pasando uno de su famosa esposa, Irene.

"¡Bryan!" Protestó ella, "cambia de canal... estoy en mi luna de miel, ¡no debería estar pensando en el trabajo!"

Bryan se volteó a mirarla y sonrió, "soy seria," continuó ella con la voz más fuerte, "¡apágalo!"

"Bueno, si tú eres seria, yo seré serió también." Su expresión prometida, tornándose seria al instante, continuó hablando, "odio ese video tuyo."

La cara expectante de Irene cambió inmediatamente a una triste y de enfado.

Sintiendo el cambio de actitud en Irene, Bryan reprimió la sonrisa que luchaba por brillar en sus labios y continuó, "ese leotardo que usas es muy escotado, y ¡YO NO LE DI PERMISO a ese modelo para que te mire de esa forma!"

Ella suavizó su expresión y extendió sus brazos haciendo señas para que él se acercara y la abrazara. Bryan obedeció, esta vez con una sonrisa pintada en sus labios.

"Te amo tanto..." murmuró Irene antes de dejar que la frase se ahogara en un beso que los unió.

Dime que me amas tanto como yo
Rózame la espalda igual que yo
Bésame despacio y sin prisa

El beso suave los embriagó; este se hizo más profundo y apasionado. El intenso deseo que él sentía manejaba sus labios y manos a placer. Sin darse cuenta siquiera ya había deshecho los botones de la blusa que ella llevaba puesta. Sus manos se movían acariciando alternadamente la espalda y vientre de Irene.

Ágilmente, ella había logrado también sacar la camiseta que él llevaba puesto, y la tiró en el piso.

Bryan estaba de rodillas, situado entre las piernas abiertas de Irene en el sillón. Mientras seguían besándose, él buscaba una posición cómoda para avanzar con el siguiente paso, pero le resultaba complicado. Irene pudo sentir los esfuerzos de Bryan por ponerse cómodo sin molestarla a ella, fue entonces que tomó la iniciativa.

Irene empezó a empujar de espaldas lentamente a Bryan. Finalmente ella tuvo espacio para impulsarse en sus pies y lograr pararse.

“Al cuarto," murmuró ella en el corto espacio que tenía para respirar y seguir besándolo. Bryan la obedeció sin la menor protesta.

Deja que tu blusa caiga hacia tus pies
Mira que sencilla y tan bella te ves
Llévame sin miedo a tu cuarto

Era sólo un momento mágico que perduraría en su alma... pasaron por la cortina azul que los acarició juntos mientras se besaban, abriéndose paso al cuarto inundado de flores.

De camino a la cama, Bryan e Irene ya se habían deshecho de todas sus vestiduras a excepción de la ropa interior.

Bryan la recostó en la cama, sin dejar su boca por un solo instante. Sus corazones estaban bastante agitados, su respiración se tornaba más pesada y su piel quemaba por la cercanía del otro.

Sus manos jugando en la piel del otro. Era inevitable querer sentir la caricia de sus dedos sobre todo su cuerpo. Irene dejó que Bryan redescubriera y descubriera nuevos espacios, nuevos sentimientos y nuevas emociones con su boca y sus manos.

Irene dejó que sus manos jugaran con el cabello de su esposo.

Bryan bajó su boca para poder besar su cuello. Seguido, siguió creando su propio camino a sus firmes y bien formados senos. Aún trabajando solo con su boca, Bryan buscó acceso a la piel de su esposa bajo la suave tela que cubría su busto. Él se desesperó un poco al no encontrar el broche del brassiere de Irene. Ella al sentir un gemido de frustración, se imaginó lo que podía estar pasando. Deslizó sus manos desde la cabeza de Bryan, hacia sus hombros, y llegó a su propio vientre.

Hábilmente, Irene soltó el broche cuando Bryan levantó la cabeza. Ella estaba libre ahora.

Así te quiero ver...
Así te quiero ver
Sentir sobre tu piel...
Sobre tu piel

Su boca se adueñó rápidamente de su pezón derecho y empezó a succionar hambrientamente, como un niño pequeño.

Mientras, Irene delineaba figuras inconscientemente sobre la espalda de Bryan. Su mente estaba demasiado ocupada pensando en todo el placer que le provocaba la boca de su amado sobre su pecho, que ni siquiera tenía control sobre sus manos o los gemidos que se escapaban ya de su boca.

“Te amo tanto,” murmuró ella entre su agitada respiración.

Bryan levantó la cabeza y le dirigió una tierna sonrisa a Irene antes de contestar, “lo sé.” Una vez más sus labios se encontraron.

Irene una vez más tenía sus manos sobre los boxers de Bryan. Sin pararse a pensarlo por un segundo los retiró.

Bryan se levantó para ayudar un poco en la tarea de su Irene, y rápidamente se deshizo de sus boxers, los cuales quedaron en el piso a un lado de la cama.

Él aprovechó su posición para despojar a su esposa de la única pieza de vestir que aún la cubría. Una vez que ambos estuvieron completamente desnudos, Bryan volvió a apoderarse de la boca de Irene, en un beso apasionado.

“Tócame,” pidió ella casi suplicando con urgencia.

Te amo
No llores
Tocando tu cuerpo
Mi corazón se acelera
Junto al amor…

Bryan prosiguió a cumplir sus órdenes. Se sentía tan impotente frente a los pedidos naturales de su esposa... era como si no pudiera hacer otra cosa que complacerla.

Él se puso de rodillas entre las abiertas piernas de ella. Fue trazando con su índice su perfecta silueta. Pronto se sumó un dedo mas a su juego, seguido por un tercero que intensificó el roce y un cuarto que cubría un área más extensa de su piel.

Sus manos empezaron a jugar a acariciar a Irene por todos lados, desde sus sensitivos pezones hasta la parte interna de sus muslos. Ella estaba muy mojada, y eso excitaba más a Bryan, obligándolo a buscar más de su esposa.

Voy a dibujar un mar sobre tu piel
Quiero navegar y ahogarme entre tu piel
Voy a descubrir lo divino

Sus dedos se encargaron de abrir el secreto lugar entre las piernas de Irene. Ella apretó los ojos y tembló súbitamente al contacto. Bryan sabía que estaba bien ya que empezó a repetir entre dientes su nombre.

La forma en la que hablaba era muy provocativa. Con los labios partidos, sus dientes presionados contra el labio inferior, y el armonioso sonido que se escapaba de sus labios, que mezclaba su ya de por sí encantadora voz con el éxtasis que sentía recorriendo todo su cuerpo.

“Eres preciosa,” le dijo en voz ronca, casi inaudible.

Irene abrió sus ojos rápidamente y reveló la ansiedad que se escondía en ellos. Ella estaba feliz, pero sus inquietos ojos pedían más.

Bryan no pudo resistir tomar sus labios con los suyos propios.

Bebo de tus labios esa sinceridad
Borras de mi vida toda oscuridad
Como llama que me consume

La besó profundamente, momentos después de que su lengua había salido a jugar en la boca de su amada, empezó a lamer los bordes de su boca. Fue un beso muy seductor que dejó estática a Irene; ella no se había dado cuenta que había dejado de aspirar aire por un momento, con el propósito de sentir toda la intensidad de lo que Bryan podía hacer por ella. Sentir plenamente cómo podía él volverla loca de placer solo con un beso.

Mientras su boca se deslizaba por cada lugar disponible, Irene se movió tirando a Bryan de espaldas en la cama y ella quedó sentada en su fuerte abdominal.

Ella sintió cómo los ojos de su esposo la devoraban. Quien sabe cuántas fantasías habrían pasado en ese glorioso instante por su cabeza. Él le sonrió y paseó sus manos por el torso de Irene hasta que pudo encajar su busto en ambas de sus manos.

“Eres una amenaza McFadden,” le reprendió ella juguetonamente.

Así te quiero ver...
Así te quiero ver
Sentir sobre tu piel...
Sobre tu piel

“Mira quien habla, ¡señora McFadden!” Exclamó él moviendo sus manos desde el busto de Irene, abajo a acoplarse en sus caderas.

Ella trazó una línea con su dedo índice sobre el velludo pecho de Bryan hasta llegar a un punto en su abdomen.

“Quiero estar en ti,” dijo él con la voz ronca. Ella solo pudo responder con un ligero asentimiento de su cabeza. Ya había perdido la voz y el sentido completamente coherente mientras la agitación entre ambos crecía.

Bryan abrió grandes sus ojos cuando se encontró adentro de ella. Vio una lágrima rodando en su mejilla.

Te amo
No llores
Tocando tu cuerpo
Mi corazón se acelera
Junto al amor…

Anticipándose a Bryan, una vez que logró visualizar la preocupación en su rostro, ella tiró su cabeza hacia atrás y dijo, “estoy bien, solo te necesito a ti amor.”

Ver su cabeza hacia atrás acompañado por los gemidos de placer que ella daba mientras repetía su nombre, incrementaba su excitación infinitamente.

Su ritmo se iba intensificando, y luego de poco ambos alcanzaron el clímax de su orgasmo.

Irene colapsó en los brazos de su amado esposo. El salió de ella y se movió de lado dejándola caer en la cama a su lado. Allí la tomó una vez mas en su abrazo y se acurrucó junto con ella.

“Prométeme que repetiremos la dosis,” le dijo ella débilmente.

“Yo no sé tu, pero yo tengo intenciones de seguir disfrutando en esta cama por un buen rato mas,” le dijo él con su sonrisa suave. Ella solo pudo darle un corto pico en la boca antes de quedarse dormida. Tenía que recuperar energías para el resto de su luna de miel.

Sobre Tu Piel
~ Van Mozart ~

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