destino

Capítulo 5

El gran día por fin había llegado.

Irene era realmente un manojo de nervios. No podía lidiar consigo misma, pero esperaba que todo mejorara con el paso del tiempo.

“Liz, pásame un pañuelo por favor.”

“¿Otra vez vas llorar? Se supone que uno llora en las bodas ajenas, no en la propia...”

Irene le siguió con la vista hasta que la tuvo justo en frente y le entregó el pañuelo. Ella lo tomó y limpió con él un rastro de maquillaje que estaba de más en su labio inferior.

Al notar Liz este marcado movimiento no pudo evitar reírse sonoramente. Así fue que contagió la risa a su nerviosa amiga y se alivianaron un poco sus ansias.

“¿Acaso escucho risas? ¿Terminamos la fase depresiva?”

“Muchas gracias Laura... Procuraba salir un poco de ese tema, ¿sabes?” Le dijo Liz sin mirarle a la cara.

Los minutos pasaban lentamente... la hora se acercaba.

Laura, Mariel, Liz e Irene se encontraban en un gigantesco cuarto en el que se habían arreglado.

Todas estaban bellísimas. El blanco vestido de Irene era la envidia de toda mujer que pensara casarse o que ya se hubiese casado; mientras que los vestidos de sus amigas no dejaban de ser muy bellos aunque no eran nupciales.

La ceremonia religiosa empezaría a las siete en punto... bueno, o a la hora que Irene llegara.

Faltaban apenas diez minutos para las siete, y todas las chicas estaban físicamente listas; solo físicamente, porque psicológicamente Irene necesitaba al menos dos semanas extras.

A las siete menos cinco Kian llamó a Liz para avisarle que Bryan ya estaba en la Iglesia y que Irene debería empezar a salir.

Irene reunió sus fuerzas y estuvo lista para salir a las siete en punto. Dado que la iglesia no quedaba muy lejos pudieron llegar en muy poco, tomando en cuenta los repetidos intentos de Irene por lograr de su corte cinco minutos más.

Pero apenas llegó al Altar todo cambió.

La ceremonia fue simplemente mágica. Cada detalle había sido minuciosamente cuidado, empezando por le tamaño y la posición de las rosas hasta la delicadeza de los asientos de los novios.

Bryan había preparado una sorpresa más para incrementar el valor de esta noche ya de por sí muy especial. Había escrito una canción para su futura compañera eterna, su amor inolvidable e inquebrantable. Cuando terminó el primer coro, se podía notar lágrimas en casi todas las mejillas. El corazón de Irene había sido tocado una vez más por aquel a quien ella amaba... era indescriptible como irradiaban sus ojos tanta felicidad.

La recepción era un punto aparte. La verdad era que no dejó por ningún motivo de ser tan o más mágico que la ceremonia religiosa.

Todos charlaban animadamente y se divertían, todos menos una persona.

Mariel trató cuanto pudo el aparentar que estaba bien, pero su corazón se rompía a cada segundo. Seguro, ella estaba muy feliz por Irene y Bryan; ese no era el punto. El culpable era Mark.

Todo se iba acumulando... el resentimiento y la pena que sentía eran enormes, demasiado grandes para sostenerlos sola. Mariel se levantó de la mesa donde estaban todos.

“Ya regreso, voy un momento al baño...” Dijo.

“Está bien, ¡te esperamos!” Respondió Bryan.

Tomó su bolso y se dirigió al baño. Mark la observaba desde la barra. Entonces se levantó y la siguió. Cuando iba por el pasillo, Laura salió del baño de mujeres y él fingió dirigirse al baño de hombres.

Mariel vio que Laura había olvidado algo, y se devolvió a llamarla. Pero para su sorpresa se tropezó con Mark en la puerta.

“Permiso, por favor.” Dijo sin mirarlo, pero Mark no se movió. Mariel intentó empujarlo pero no lo logró, Mark se mantenía firme en su posición.

“¿Qué diablos te pasa?” Dijo Mariel irritada. “Este es el baño de mujeres...”

“No, Mariel” Le respondió él “¿Qué diablos te pasa a ti?” Mark entró al baño y cerró la puerta. “¿Por qué me estás evitando?”

“¿Y todavía lo preguntas?” Un defecto de Mariel era su temperamento volátil... Ya comenzaba a enojarse, pero quería evitar un enfrentamiento a toda costa. No era el momento ni el lugar apropiado. “¿Sabes que? Déjame en paz...” Mariel se hizo a un lado y se dirigió a la puerta pero Mark la detuvo tomándola del brazo.

“Tenemos que hablar Mariel” Dijo él muy serio.

“No hay nada de que hablar, Mark... Ahora déjame ir por favor” Dijo ella soltándose.

“¿Qué está pasando Mariel?” Dijo Mark suavizando su tono de voz. “No entiendo por qué actúas de este modo...”

Mariel lo miro directo a los ojos, furia y dolor mezclados en sus ojos, "¿No está claro que no quiero nada que tenga que ver contigo?"

"¿¡Cuánto tratas de convencerte a ti misma con eso!?" Dijo él.

Mariel lo miro esta vez indignada, "¡Aléjate de mí!" Le dijo dándole un empujón.

"¿Por qué tendría que hacerlo?" Dijo él acercándose más.

"¡NO TE ATREVAS A TOCARME!" le dijo ella tomando su bolsa dispuesta a lastimar con ella a Mark.

Mark la miró sorprendido y dijo, "¿Cuánto más tengo que hacer para que te des cuenta de que las cosas son diferentes aquí adentro?" Dijo él poniendo una de sus manos en su pecho y buscando con la otra acariciar la mejilla de Mariel.

Mariel soltó su bolso y reafirmó su mano sobre la de Mark para apartarla de su mejilla. Ella soltó un susurro de pena, casi imperceptible, pero Mark pudo oírlo, y pudo sentirlo como una daga hiriendo su corazón. Mariel sacudió la cabeza y dio media vuelta para salir, pero Mark la detuvo colocando una mano sobre su hombro.

"¿A donde vas?" Preguntó.

"A cualquier lugar que este lejos de ti..." dijo ella y dio un paso.

"¡No lo hagas!" Dijo él firme.

Mariel regreso a mirarlo esta vez con rabia naciendo en su expresión. "¿Acaso no entiendes que no quiero nada contigo?"

“Mariel, ¡yo te amo!”

Mariel lo miró una vez más. “¿Sabes que es lo que más me duele, Mark? Me siento como una estúpida, creyendo en tus mentiras...” Mariel intentaba contener las lágrimas.

“Pero es la verdad, Mariel... ¡TE AMO!” Dijo él.

“¡CALLATE MARK!” Dijo ella en voz alta, bastante alterada. “¡Amar es una palabra demasiado fuerte e intensa para que la ensucies de esa manera!” Dijo e intentó salir una vez más del baño pero Mark la abrazó.

“¡SUÉLTAME!” Dijo ella y comenzó a forcejear. “¡TE ODIO MARK! ¡TE ODIO!” Le dijo, pero rompió en llanto dejándose enredar en los brazos de Mark. Él comenzó a acariciar su cabello en silencio. Estuvieron así por un par de minutos, hasta que el llanto de Mariel se convirtió en sollozos. Luego se separaron y Mark puso una mano en su mejilla.

“Mariel, mírame a los ojos... por favor” Dijo él casi como un susurro. El solo verla en ese estado le rompía el corazón. Mariel lo miró renuente y sacudió la cabeza.

“No, Mark... Por favor no me hagas esto...” Dijo ella. Mark se le acercó lentamente hasta que sus labios hicieron contacto. Al principio fue un beso tierno, apenas si sus labios rozaban. Mariel pudo sentir como un escalofrío recorría su espalda, y una sensación de mariposas en su estómago la invadía. Poco a poco se dejó llevar y el beso se hizo más apasionado y profundo. Mark la asió por la cintura y la pegó a su cuerpo.

“Si después de ese beso aún me quieres lejos de tu vida entonces me alejaré de ti...” Le dijo en voz baja cuando el beso terminó. Mariel cerró los ojos.

«¡Dios! ¿Qué tiene este hombre que me afecta de esta manera?» Pensó ella. Y sin pensarlo dos veces colocó su mano en el cuello de Mark y lo haló hacia ella. Lo besó de nuevo.

Mientras se besaban, escucharon que alguien se acercaba al baño. Rápidamente Mark la tomó de la mano y se escondieron en uno de los cubículos. Mark puso su dedo en los labios de Mariel, para que permaneciera en silencio y los demás no se enteraran que ellos estaban allí. Ella sonrió y lo miró a los ojos. Una vez que la costa estaba despejada nuevamente, Mark habló.

“Me alegra que hayas tomado la decisión correcta...” Dijo y sonrió. El corazón de Mariel revoloteó y se sonrojó.

“Yo también...” Admitió. Mark la tomó de las manos, la miró directamente en sus profundos ojos verdes y le abrió su corazón.

“Mariel, no te imaginas el sufrimiento en el que me encontraba al estar sin ti... ¡Te amo! Jamás dudes de eso por favor...” Dijo.

Mariel se quedó callada por un par de segundos. Luego se acercó y lo besó una vez más en los labios. “Yo también te amo, Mark..”

Se besaron de nuevo. Esta vez el beso duró más y ambos tuvieron la oportunidad de sentir el efecto en su totalidad. Sus corazones latían muy rápido y sentían como si una casa llena de mariposas estuviera dentro de ellos. Mark intensificó el beso, probando la boca de ella con su lengua. Mariel respondió y sus lenguas comenzaron a juguetear.

Las manos de Mariel descendieron hasta el trasero de Mark, apretándolo firmemente y pegándolo a su cuerpo, sintiendo su excitación presionada contra su cadera.

“Quiero... hacerte... el amor... Mariel...” Mark susurraba mientras le daba pequeños y tiernos besos en la cara y el cuello.

Mariel sentía que su cabeza daba vueltas. Un gemido escapó de sus labios y solo logró musitar: “Sí... por favor”

Mark se tomó su tiempo en sentir como sus manos recorrían el cuerpo de Mariel. La acarició los brazos y sobre la delicada blusa que ella vestía; el efecto de los escalofríos que le causaba eran claramente visibles en sus brazos, que no estaban cubiertos por la tela.

Luego Mark capturó la boca de ella con la suya; introduciendo su lengua una y otra vez, demostrándole así lo que anhelaba hacer. Sus manos encontraron los botones de la blusa de Mariel y comenzó a desabrocharlos, muy lentamente, y con cada botón suelto la respiración de ella se tornaba más acelerada y más irregular. Por suerte no usaba brassier.

Ella imitó sus acciones, comenzando a desabrochar su camisa lentamente, introduciendo su mano de vez en cuando para acariciar su pecho, el cual estaba ligeramente cubierto con vellos oscuros.

Mark bajó la cabeza y sus jugosos labios comenzaron a recorrer el cuello de Mariel dejando un rastro húmedo en su recorrido, mientras sus tibias manos le acariciaban los senos, y sus pulgares rozaban sus pezones. Entonces Mark dejó que sus manos descendieran hasta las caderas de ella, y después acarició su trasero atrayéndola hacia él. Presionó su sexo contra ella y dejó escapar un gemido.

“Te quiero... ¡ahora!” Le susurró al oído.

Automáticamente las manos de Mariel se movieron y comenzaron a desabrochar su pantalón y bajó el cierre.

Rápidamente Mark hizo que cambiaran de posición dentro del pequeño cubículo y él se sentó en el asiento del inodoro. Mariel se colocó frente a él, una pierna a cada lado, y observó como sus dedos levantaban su ya de por sí corta falda, y encontrando su pequeña tanga. Mark sonrió y la hizo a un lado. Luego la asió por las caderas e hizo que descendiera, flexionando las rodillas. Lentamente ella se sentó sobre él y ambos gimieron cuando Mark entró en ella.

Comenzaron a moverse a medida que el placer se intensificaba. Mark se aferró a las caderas de Mariel, moviéndola de arriba hacia abajo, cada vez más rápido.

“Mark... ya casi...” Dijo ella entre gemidos y jadeos. Mark sabía a lo que Mariel se refería pues el también podía sentirlo.

“Hagámoslo juntos...” Le respondió y la besó. Ambos alcanzaron el clímax al mismo tiempo. Mariel colapsó en los brazos de Mark, lo abrazó y se mantuvieron un silencio por un par de minutos, descansando y recuperando la compostura.

“Te amo, Mariel...” Mark le susurró al oído y ella lo miró a los ojos, sonrió y lo besó.

Mark dejó el baño primero, no sin antes darle un beso a Mariel. Ella permaneció un momento más, analizando lo que había sucedido. Había tenido relaciones sexuales con Mark... en el baño de mujeres de un prestigioso club... ¡Qué rayos estaba pensando! Aunque en el fondo no se arrepentía de nada, lo amaba y lo que más deseaba era poder ser feliz a su lado.

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