destino
Capítulo 12
Mark paseaba impacientemente en el pasillo, frente al ventanal que daba muestra de los recién nacidos que se encontraban en el hospital. Apenas había llamado a Kian y había regresado junto al ventanal.
«No es nada especial,» pensó él mientras bebía la imagen del niño a través del grueso vidrio de la maternidad.
"¿No quiere cargar a su hijo señor?" La enfermera que había ayudado a Mariel con el parto se le acercó.
Mark abrió la boca para decirle que él no era el padre, pero una sensación extraña se apoderó de él. Su cuerpo empezó a quemarlo con la necesidad de tener al bebé cerca.
"Si, por favor," dijo él un poco vacilante.
"Sígame señor," le dijo la enfermera, reasegurando su confianza un poco.
Mark no entendía por qué había mentido. A fin de cuentas, no existía una razón por la cual tendría que importarle un niño ajeno, y menos un niño que desde su concepción le había causado tanto dolor. Tal vez era la mera curiosidad... tal vez otra cosa. Él no estaba seguro de nada en ese momento.
Una vez con el niño en sus brazos, le dirigió la mirada muy fijamente, como si quisiera leer cada espacio de su ser. Verdaderamente era un bebé hermoso. “Hola Patrick, soy Mark,” musitó. El bebé se veía tan tierno y tan desprotegido... y por alguna razón se veía tan apacible en sus brazos. Era como si el niño supiera que en aquellos brazos podría encontrar felicidad.
De repente, pudo sentir como se sonrojaba, solo analizando que estaba hablándole a un recién nacido le hacía sentir raro, cometiendo una locura... una locura que le robó una sonrisa; se sentía bien hablándole al bebé, así que no se detuvo por más ridículo que le resultara.
"¿Sabes?" Dijo él rozando su tierna mejilla con un pulgar, "hace tiempo que veo a Kian," apretó los ojos y tragó saliva antes de continuar, "tu ORGULLOSO PADRE... él habla siempre de ti, de cuanto te espera; también lo he visto pararse en todas las jugueterías para comprarte regalos de todo tipo..."
Mark se detuvo al ver que el niño probaba abrir y cerrar sus diminutos deditos. Mark sonrió y suspiró profundamente, "no he podido dejar de pensar que sería si tu hubieras sido mi hijo..."
Mark sintió un nudo en su garganta, y en sus ojos se apilaban las lágrimas luchando por ser liberadas. Su espíritu estaba decaído; en ese momento recordó todas aquellas promesas y sueños rotos... respiró profundamente una vez mas y repitió para sí mismo, "Pero no hay duda que Dios sabe lo que hace."
"Yo no sería el padre que tu te mereces," le dijo mientras sentía una corriente fría recorriendo su espalda. Pasó su dedo índice lo más delicadamente que pudo sobre su frente, y siguió el pequeño camino hasta llegar a su nariz, pasar por su diminuta boca y terminar en su aún pequeñísima quijada, “eres un niño muy especial Patrick, lo sé.” Cerró los ojos firmes y continuó, "te mereces un gran padre, como Kian. Él es un gran hombre. Tú y tu madre tendrán una hermosa vida a su lado." Sintió como el niño se movía ligeramente en sus brazos. "Conmigo no hubiera sido así," dijo finalmente con la voz ronca sintiendo como temblaba su labio inferior.
La convicción en sus propias palabras lo perturbaba.
En ese momento, volvió la enfermera y se llevó al bebé. Mark estaba confundido, frustrado y herido. Sentía una impotencia tan grande, que sus rodillas se pusieron débiles.
Al salir de la sala, lo acosaba una frase que se repetía y retumbaba en su cabeza cada vez con más fuerza, "no los merezco, él si... Kian los merece."
Mark cruzó el pasillo para dirigirse al elevador, y pasó por el cuarto de Mariel. Aún nadie había llegado. Él no podía por ningún concepto permitirse dejarla sola. ¿Que tal si se despertaba asustada? ¿Qué si surgía algún problema? Mark decidió quedarse por lo menos hasta que alguien más llegara.
Él la miró expectante. Estaba tan hermosa... su dulce Mariel. Sus mejillas algo sonrojadas, sus labios rojo intenso y llenos de vida... Mark había oído decir que cuando una mujer da a luz, se pone más bonita; pero la vista que tenía ante sus ojos era indescriptible.
No pudo resistir la tentación; tenía que tocarla. Extendió su mano y apenas rozó su mejilla rosada.
Mariel despertó sobresaltada, sus ojos se abrieron de golpe revelando a Mark parado a su lado, acariciando su mejilla.
"¡Mark! ¡El bebé! ¿Qué paso? ¿Dónde esta?"
"Cálmate Mariel, el niño esta muy bien."
Mariel sonrió, añadiéndole brillo a su belleza, "¿ya lo viste? ¿Está sano? ¿Me lo juras?"
Mark le sonrió de vuelta y pasó su pulgar una vez mas por su mejilla, "Si, es un niño sano y hermoso." Hizo una breve pausa y la miró a los ojos, "hermoso como su madre."
Mariel volvió a sonreír. En ese momento todo el amor que Mark sentía por ella la golpeó. La amaba. La idolatraba. No le importaba nada, él la quería a su lado. Podría perdonar el engaño, podría olvidarlo todo. Lo único que quería era tenerla a su lado. Junto a él para siempre...
Mark tomó las manos de Mariel en las suyas. Abrió la boca, listo para decirle cuánto la amaba... cuánto la necesitaba... cuánto en este mundo estaba dispuesto a dar para que ella estuviera a su lado.
"¡Mariel! ¿Estas bien?"
Antes de que pudiera musitar una sola palabra, la voz de Kian había inundado la habitación desde la puerta.
"Kian, el niño ya nació," respondió ella moviendo sus ojos ágilmente de los de Mark, a Kian.
"¡Lo he visto ya Mariel! Es divino," dijo
Kian acercándose a la cama para abrazar a Mariel.
Mark sintió cómo se recobraba y lo golpeaba la realidad una vez más. Esa no era
su familia. Mariel y Patrick no eran parte de su vida, mas lo eran de la vida de
Kian. Sin mirar hacia atrás por un segundo, se dirigió a la puerta y salió de la
habitación sin ser notado.
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