destino
Capítulo 16
“Shhh.… es la canción de papá,” sentenció un guapísimo joven de apenas catorce años.
“Esta es en la que cantan mamá y papá juntos.” Secundó una muchacha rubia sentada a su lado.
“¿Oye, no es Paula quien está entrando?” preguntó el muchacho.
En efecto, una chica de cabello moreno y hermosos ojos azules había ingresado al bar, y se acercó a su mesa.
“Catherine, Patrick... no me van a creer lo que acabo de oír.”
“¿La canción que escribió tu madre?” Se mofó Catherine.
Paula paró un segundo para oír la canción que sonaba alto en los parlantes junto a la barra del bar. Liz, su madre, había escrito esa canción un mes después de casarse con Kian, y había convencido a Westlife para que la cantaran con Irene. Era una canción de más preciosa, pero siempre le hacía ponerse triste por alguna extraña razón. Trataba de una separación y un nacimiento... nada concreto, pero la mente de Paula le daba un sentido derecho que encajaba con conversaciones que oía a su madre, en especial cuando estaba con su madrina, Irene, y con la madre de Patrick, Mariel.
Y finalmente, todo encajaba con una conversación que había oído la noche anterior mientras estaba recostada bajo las estrellas en aquella playa.
Después de terminada la canción Paula tomó asiento al otro lado de Patrick y le preguntó “¿Sabes algo de una Maggie?”
Patrick la miró extrañado. “No, ¿quién es?”
“Era la novia de tu padre antes de que conociera a mi madrina.” Interrumpió Catherine.
“¿Qué?” preguntó él asombrado.
“¿Cómo lo sabes?” Paula la miraba sumamente intrigada.
“Pues eso lo oí una vez de mis padres. Papá dijo que era bonita, pero que solo tenía un cerebro para maquinar cosas idiotas.”
Patrick y Paula miraban a Catherine con la boca abierta. Ninguno de los dos sabía nada de esta tal Maggie, menos que había estado muy cerca de Westlife... y mucho menos que había sido novia de Mark.
“¿Por qué preguntaste?” rompió Catherine el silencio.
“Vengan conmigo.” Comandó Paula mientras se levantaba de la silla y caminaba hacia la salida.
Ambos chicos la siguieron bajo la despejada mañana que inundaba de sol cada rincón del lujoso hotel en el que estaban pasando vacaciones ellos y sus padres.
Pasaron cerca de la piscina, en donde se encontraron a Mark, Mariel, Bryan, Irene, Kian y Liz. Los saludaron con la mano mientras Bryan le recomendaba a Catherine que usara protector solar, y Kian le encargaba a Patrick la seguridad de su hijita de trece años.
Pasaron el área de la piscina y llegaron a unos jardines espectaculares donde había muchas parejitas que compartían dulces besos, ancianos que se sentaban junto a la pileta, niños que corrían por los senderos y un par de amigas que conversaban animadamente sentadas en una banca junto a un gigantesco árbol.
“¿Pueden ver a la mujer del cabello rojo?” Preguntó Paula en un susurro.
Catherine y Patrick asintieron mirando a la mujer en cada uno de sus detalles. Aunque se la veía muy mayor podía figurarse claramente que en su juventud había sido muy bella.
“Ella es Maggie, y su amiga, la de cabello oscuro, se llama Laura.” Siguió susurrando Paula.
La boca de Patrick podía llegar hasta el piso por el asombro. Aún no sabía lo que había hecho esa mujer, pero desde el momento en que la vio sintió un recelo que no conocía ni sabía explicar.
“¿Qué es lo que sabes?” Preguntó Catherine mientras se sentaba junto al árbol tras el cuál estaban escondidos.
Paula se sentó y jaló la mano de Patrick para que la imitara y justo cuando él se hubo sentado a su lado y las miraba con atención ella empezó a hablar.
“Anoche pedí permiso a mi madre para ir a verlos. Quería mostrarles un lugar fantástico que encontré al otro lado de los jardines. Pero cuando llegué a tu cuarto,” dijo dirigiéndose a Patrick, “tu madre me dijo que estabas durmiendo. Y en tu cuarto,” continuó mirando esta vez a Catherine, “mi madrina me dijo lo mismo. Así que fui yo sola.
“Llegué y me recosté. Llevaba cerca de diez minutos cuando oí pasos tras de mi. Me levanté de golpe cuando vi a aquellas dos mujeres que me dijeron que no me asustara. Entonces volví a recostarme y las vi alejarse un poco para conversar.
“La noche estaba silenciosa, entonces fue sumamente fácil oír sus nombres y hacer retazos de aquella conversación.
“Hablaron principalmente de tío Mark y tía Mariel... Laura contaba que tía Mariel solía ser bailarina y que ella era su compañera, y después empezaron a recordar entre risas cosas que a mi me parecieron horribles.”
Patrick miraba de vez en cuando en dirección de Maggie y Laura. No podía detener su cerebro mientras este formulaba horribles escenarios en los que su padre estaba con ella en lugar de estar con su madre.
“Laura y Maggie reían y se llamaban insultos entre ambas. Finalmente Maggie habló de mi padre. Dijo que hubiera preferido en cierto modo que él se hubiera quedado junto a tía Mariel, y así todo hubiera funcionado a su modo.”
“Un momento, ¿tío Kian y mi mamá?” interrumpió Patrick asombrado.
“Claro, eso fue durante la pelea... tío Kian se quedó con mi madrina, tío Mark estaba aún con Maggie, y tía Liz estaba de viaje en Chicago.” Dijo Catherine.
Paula y Patrick la miraron sin pestañear. ¿Cómo era que ella sabía tantas cosas?
No se habían dado cuenta, pero momentos antes se había acercado Liz por detrás del árbol y había escuchado lo que Catherine intentaba explicarles a sus dos mejores amigos.
“¿De qué se trata esto?” Preguntó Liz mirando principalmente en dirección a Paula.
Los tres se quedaron callados por varios minutos, durante los cuales nadie se movió. Liz seguía acosándolos con la mirada tal y como lo hubiera hecho si ellos hubieran destrozado una de sus libretas de canciones.
Alguien más había estado vigilando la escena desde lejos y se acercaba poco a poco al grupo. Maggie al fin pudo reconocer a Liz, y encontró su parecido con la joven que había visto la noche anterior.
Maggie regresó hasta sentarse nuevamente con Laura y le sugirió que se movieran rápidamente.
“Tenías razón.” Le decía mientras desaparecían bajo un techo cubierto de flores. “Realmente se parece a ella, y tiene también los ojos de Kian.”
“Sabía que esos dos se habían casado.” Repuso Laura al salir del túnel.
“Entonces ese jovencito debe ser el hijo de Mark. Se parece mucho a él.”
“Y la otra chiquilla tiene que ser hija de Irene y Bryan.”
“¿Piensas que la hija de Liz y Kian pudo oírnos ayer?”
“No lo sé. No fue como si estuviéramos hablando muy alto. De todas formas yo no quiero correr riesgos. Desaparecimos de sus vidas hace mucho tiempo y prefiero dejarlo de esa forma. Voy a mi cuarto para empacar.”
“Yo también me voy. Frank debe estar loco cuidando a los niños y yo aquí de paseo.” Dijo Maggie con una triste sonrisa en los labios.
“Antes de irnos termina de contarme. Te fuiste del departamento, ¿y?”
“Y me encerré en la casa de mis padres en Sydney. No quería ir allí, pero era la única forma en la que estaría completamente lejos de Westlife y de sus vidas.
“Meses después conocí a Frank. Él salía de una relación casi tan tormentosa como la mía, pero decidimos no hablar de nuestros pasados y solo nos dedicamos al futuro.
“Fui una completa estúpida al pensar que Mark era el hombre para mi. Bueno, aunque la obsesión sea muy fuerte, puedo decir gratamente que el destino maneja todo hasta ponerlo en su correcto lugar.
“Mark no era para mi. Ojalá pudiera retroceder el tiempo y decirle cuánto lamento todo lo que pasó... pero comprendo bien que hay errores que se pagan y hay cosas que simplemente no tienen perdón.”
Maggie miró nuevamente en dirección al área de la piscina y sus ojos se encontraron por un segundo con los de Mark.
Ella dio media vuelta y entró al hotel para preparar sus maletas e irse. Había abandonado por segunda vez aquella historia para la cual el destino ya tenía escrito un final feliz.
Fin
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