destino
Capítulo 3
Mark se despertó aquella mañana un poco alterado. Recordaba en su pesadilla haber hablado de un hijo, pero del resto del sueño no se acordaba en lo absoluto. A fin de cuentas no importaba mucho; había sido sólo un sueño.
La falta de Maggie en la cama no le sorprendió en absoluto. Ella tenía por costumbre levantarse más temprano y salir al balcón con un cigarrillo y una taza de café. Él solía acompañarle mientras se tomaba una taza de té, pero esta vez fue directamente a la ducha.
Había podido ver a Mariel algunas veces más el día anterior en la fiesta de compromiso de Irene y Bryan; hablando con sus amigas, bailando con Kian, luego con Shane, camino al sanitario, charlando en la barra... la había buscado toda la tarde con la mirada. Mariel había despertado en él un interés desconocido hasta entontes. El solo hecho de mirarla le hacía sentir en paz y feliz... inclusive ansioso.
“Mark, tu té está listo sobre la mesa. Tengo que salir de compras,” dijo Maggie a través de la puerta cerrada en cuanto la ducha se había apagado.
Maggie no se sentía bien desde la noche anterior. A pesar de que Mark había permanecido a su lado todo el tiempo, pudo notar que estaba muy distante, totalmente concentrado en otro asunto diferente a ella.
Todo había empeorado cuando al despertar oyó a Mark murmurando repetidas veces, “mi hijo.” El problema era que varios años atrás, ella había perdido un bebé. Las complicaciones del aborto fueron lo suficientemente graves como para dejarla estéril permanentemente. A pesar de que el trauma había alivianado con el paso del tiempo seguía presente y vivo. Mark lo había revivido una vez más.
Para colmo de la situación, Maggie había
permanecido sola en el balcón cerca de una hora hasta que oyó el ruido de la
ducha y supo que Mark no la acompañaría.
Las compras eran solo un triste pretexto para salir de casa y poder caminar; sin
rumbo, sin pensamientos, sin sentimientos...
Mark escuchó lo que le dijo Maggie, pero fue casi como oír llover. El hecho de que estuviera en casa aquel día le afectaba en muy poco o nada. Tal vez podía haberse sentido mal por ello, pero auto analizándose no encontró ningún remordimiento por su desdén.
Al terminar de vestirse tomó su acostumbrada taza de té y salió al balcón. Maggie había fumado casi el doble de lo habitual, pero Mark no lo notó. Él solo se sentó y ojeó su periódico, pero no como lo hacía usualmente; vislumbró letras pero no intentó comprender o analizar una sola palabra... su mente estaba ocupada, y la culpable era Mariel.
Maggie caminó un largo tramo sin pensar a dónde iba, y de pronto se encontró parada a la entrada de la casa de Vanesa, su mejor amiga. Normalmente hubiera entrado; le tenía mucha confianza por todo su tiempo de amistad. Vanesa había estado a su lado en los momentos más difíciles, sabía todos sus secretos, sus triunfos y sus derrotas. Sabía todo sobre ella.
A pesar de todo, se dio la vuelta y siguió caminando. Caminó sin parar, esta vez segura de cuál sería su parada. Al llegar a la entrada tocó el timbre tres veces como acostumbraba hacerlo en esa casa.
Apenas se abrió la puerta ella empezó diciendo, “siento haber venido así, no lo planeaba y-.”
“No te preocupes,” le respondió Shane, “hablé con Mark hace unos minutos y me dijo que habías salido. Me imaginé que vendrías.”
Shane la tomó por la mano y la llevó a una de las habitaciones arriba. Ella subió sin protestar, con pleno conocimiento de lo que iba a pasar.
“Sabes lo mucho que me agrada que vengas, ¿verdad?” Hizo una pequeña pausa y la interrogó. “¿Qué fue lo que pasó?”
Maggie se quedó callada por un rato. No podía creer todavía que sus visitas a Shane le parecieran tan normales. La verdad no lo eran. En un comienzo había sido porque Shane era el único que la trataba y la estimaba de entre el resto de los compañeros y amigos de Mark. Visitas de cortesía y aprecio. Poco a poco ella y Shane fueron compartiendo más su vida íntima hasta llegar al punto en que Maggie acudía a él cada que sentía un problema con Mark.
“Mariel es bonita,” susurró Shane.
“¿Por qué supones que es a causa de Mariel?”
“No pongas palabras en mi boca cariño. Yo solo dije que es bonita,” aclaró él y continuó: “¿qué hizo ahora nuestro querido Marky?”
“Esa niña quiere quedarse con él. Yo lo sé... Pero no va a poder. Nadie pasa sobre mi tan fácil-”
“Esa niña, como tu la llamas, no ha hecho nada. Yo solo la vi divirtiéndose y tratando de hacer amigos.”
“Eso es lo que dices Shane, pero yo sé por qué lo haces... Te vi bailando con ella. Te gusta, te gusta tanto o más que a Mark-”
“Es bonita, pero no es en absoluto tan sexy y encantadora como tú,” le dijo mientras ponía una mano en su pierna y la acariciaba.
Y mientras Maggie trataba de buscar un buen argumento para defender sus ideas ante Shane, Mariel era abordada por Liz en un cuestionario bastante presionante para su gusto.
“No puedo decir nada más que eso,” replicaba Mariel, “solo intenté divertirme con todos en la fiesta...”
“¿Quieres decir que Mark no volvió a habar
contigo?” Repetía Liz aún sorprendida.
“No, y eso es lo que he estado intentando decirte desde hace un rato.”
“Bueno, no hay problema,” dijo Liz como
para sí misma con una pícara sonrisa.
“No te entiendo, ¿qué quieres decir con eso?”
“No mucho, solo pienso que he mejorado mis habilidades de Celestina en estos últimos años, y además, Mark está cooperando.”
“¿Te llamó?’” La cara de Mariel se iluminó repentinamente aunque ella quiso ocultarlo.
“Pues si, hace unos instantes. Y te sugiero que te pongas linda para el almuerzo,” Liz le guiñó un ojo y se levantó para irse.
“Pero Liz-” empezó a reclamar Mariel.
“Ya te he dado demasiada información. Ahora está a tu cargo prepararte para el almuerzo. Solo seremos cuatro contando con Kian. Irene salió con Bryan y dudo que Laura regrese de su cita hasta entrada la noche. Voy a prepararme yo también para la comida, y que conste que cumplí con advertirte a tiempo.”
Liz había dejado a Mariel helada en una sola pieza. No podía creer que lo volvería a ver tan pronto. Desde el primer segundo, Mark le había parecido una persona muy simpática de carácter y físicamente. Esperaba su encuentro con marcada ansiedad.
Mientras, Mark respondía el teléfono al quinto timbre, dejando a un lado la sección del periódico con los comentarios sobre la fiesta de compromiso de Bryan e Irene.
“Mark, soy Maggie. Solo te llamaba para decirte que me encontré con una amiga y voy a quedarme con ella hasta tarde.”
“Me alegro que hayas llamado. Voy a salir con Kian esta tarde. Tal vez almuerce en casa de Liz e Irene.”
“De acuerdo, nos vemos entonces.”
“Adiós.”
Apenas Maggie colgó, sus labios se encontraron con los juguetones labios de Shane. Cuando el beso se rompió Shane le preguntó, “¿te creyó?”
“Espero que sí. La verdad no creo que haya estado muy interesado en mis planes...”
“¿Qué va a hacer?”
“No lo sé, no puedo poner atención mientras me acaricias...”
“¿Y que tal cuando te beso?”
Maggie lo besó apasionadamente al mismo tiempo que Mark encendía su auto para dirigirse a casa de Irene y Liz.
Estaba feliz una vez más por su carácter impulsivo. Había llamado a Liz para preguntar por Kian, ya que él no estaba en su casa. Pero mientras conversaba con ella se le ocurrió hacerle una visita a su amiga Mariel.
Por lo visto, Liz se mostraba muy dispuesta a ayudar a Mark en cualquier asunto que influyera que él y Mariel estén juntos.
Al llegar se encontró a Kian y Liz sentados
en el pórtico. Después de saludar, entraron juntos y se encontraron a Mariel
leyendo el periódico muy distraídamente.
“Hola Mark,” saludó ella cuando por fin levantó la cabeza al oír a alguien
aclarando su garganta.
Mark se le acercó y la besó en la mejilla después de responderle el saludo. Se sentaron en la sala a comentar sobre el artículo de periódico.
El almuerzo pasó muy animadamente con una discusión sobre las nuevas modas en bailes como al que apenas asistieron el día anterior.
Kian y Liz desaparecieron al terminar la comida, dejando a Mark solo para congeniar con Mariel.
Mientras, Maggie descansaba su cabeza sobre el desnudo pecho de Shane. Él dormía profundamente mientras ella se decidía entre quedarse unos minutos más o salir corriendo al instante. Siempre hacía lo mismo y generalmente lograba salir antes de que Shane despertase.
Aquella tarde no fue la excepción. Caminó lo más rápido que pudo a la casa de Vanesa y esta vez entró e hizo uso de su ducha. Cuando terminó de arreglarse lo conversó todo con Vanesa. Ella nunca la juzgaba, por lo cual estaba totalmente agradecida.
Después de terminar una comida a medias con Vanesa, Maggie salía rumbo a su propia casa mientras Mark se despedía de Mariel con un beso en la mejilla. Ambos estaban creando sendas diferentes partiendo del camino que habían construido juntos. Pero la verdad es que aún les quedaba mucho que recorrer unidos.
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