destino

Capítulo 2

El cielo claro y despejado leía sin error alguno lo importante de aquel día.

Bryan e Irene habían salido un poco retrasados, pero la ligereza del tráfico los puso a tiempo otra vez. Su fiesta de compromiso se iba a celebrar en uno de los salones de un club muy reservado, y por tanto muy lujoso.

“Wow Bryan, ¡te vez reluciente!... en serio parece que te fueras a casar algún día,” bromeó Kian tomando el brazo de Liz, mientras Mariel y Laura estaban a su lado cerrando él círculo de la conversación.

“Gracias amigo, ojalá pudieras seguir mi buen ejemplo.” Respondió él guiñándole un ojo a Liz.

“¿Estamos hablando acaso del ejemplo de no saludar con los invitados?” Interrumpió Irene reprendiéndolo.

“Lo siento, no lo vuelvo a hacer...” dijo Bryan mientras la seguía camino a la puerta principal del salón. Miró hacia atrás por unos instantes y se disculpó con sus amigos.

“Bueno señoritas, busquemos una mesa.” Sugirió Kian.

Encontraron casi al final del salón una mesa bañada por la luz brillante del sol. Después de acomodarse empezaron a conversar sobre los últimos preparativos para la boda.

Mientras estaban sentados se acercó Shane. Él, así como Mark y Nicky (a quienes Mariel y Laura no conocían aún) eran compañeros de Kian y Bryan en Westlife. Los cinco eran excepcionalmente buenos amigos.

Shane se presentó muy galante, en especial a Mariel y ella le contestó muy cortésmente. Después de conversar con ellos por unos minutos se levantó llevando consigo a Kian.

Entre tanto, Mark estaba cruzando el umbral de la puerta principal del salón. Él y su novia Maggie iban muy elegantes tomándose la mano en una forma muy cariñosa y respetuosa a la vez.

Maggie era una chica bastante bella, alta y morena. Amaba muchísimo a Mark. Tal vez hasta demasiado. Era profundamente celosa, no podía consentir por ningún motivo que Mark esté lejos de ella. Tal vez era muy dependiente de él, o creía que él era muy dependiente de ella. Fuese lo que fuese, su inconsciente actitud posesiva le había creado una mala relación con los compañeros de trabajo de Mark, e inclusive con Liz, Irene y Georgina, esta última esposa de Nicky.

Al entrar, se encontraron con los futuros esposos, a quienes saludaron antes de vislumbrar a Shane y Kian acercándose.

Inmediatamente después de saludar, Kian se disculpó para ir a buscar a Liz, la verdad es que no quería tener que quedarse a inventar una conversación con Maggie.
Cuando Kian llegó a la mesa donde había dejado a las chicas, descubrió que Mariel se había retirado al tocador. Kian se llevó a Liz dejando a Laura sola por un momento.

Casi inmediatamente después, Irene se acercó a la mesa buscando a Liz. Al ver que no estaba le pidió ayuda a Laura prometiéndole que la dejaría volver en tan solo un instante. Laura acepto confiando en que cuando Mariel llegara a la mesa no se molestara por el hecho de que no había nadie.

Efectivamente cuando después de unos instantes Mariel regresó a la mesa se asombró por haberla encontrado vacía, pero no lo tomó a mal y solo se sentó a esperar que sus amigas regresaran.

Entre tanto, Shane hablaba muy animadamente con Maggie mientras Bryan ya se había alejado un poco con Mark.

“Se te ve muy bien, amigo,” le dijo Mark.

“¿De veras? Qué bueno, no querría arruinar este día para Irene ni siquiera con mi mala y ojerosa apariencia,” respondió él riéndose.

“¿Y por qué se supone deberías estar ojeroso?”

“Familia, Feehily... familia lejana haciéndome compañía en momentos como este.”

“Vaya problema amigo, ¿qué se puede hacer?”

“Me has dado una idea Mark... mataré varios pájaros de un solo tiro...”

Mark percibió la mirada de Bryan y al momento dejó de gustarle el plan, pero Bryan lo detuvo y le aseguró que no era nada malo.

“Míralo desde este ángulo; tu necesitas un descanso de tu pareja, y yo necesito quedar bien con mi familia.” Dijo Bryan a pesar de la mala cara que Mark puso. “Tú podrías pasar unos momentos con mi prima. Nada complicado, solo no dejes que se aburra por cinco minutos. Eso me dará unos puntos extra con la familia.”

“¿Y cómo pretendes que le explique eso a Maggie?”

“¿Qué vas a explicarle? Ella está perfectamente acompañada por Shane; y por otro lado, si se molesta por algo yo saco la cara... me estarías haciendo un gran favor.”

“Esta bien, pero será sólo un momento.”

“Perfecto. Ahora déjame explicarte como encontrarla.” Le dijo Bryan alejándose aún más de Shane y Maggie.

Mark caminó un corto tramo hasta que finalmente la vio sentada en una mesa un tanto alejada. Llevaba un vestido lila, tal y como Bryan le había indicado. Se veía más como un monumento. Su presencia era delicada e imponente a la vez. Definitivamente su belleza le estaba robando el aliento con cada paso que tomaba acercándose a ella.

“Hola, ¿cómo estas?” Le preguntó él tomando asiento directamente al otro lado de la mesa.

Mariel levantó la mirada para encontrarse con un par de hermosos ojos azules coqueteando con los suyos. Ella revisó su cara. Era definitivamente un hombre muy guapo, pero aún así todavía era un desconocido... era mejor empezar despacio.

“Bien, gracias. ¿Y tu?” Respondió ella muy educadamente.

“Bien. Muchas gracias,” le dijo él acomodándose en su silla.

Mark la estudiaba silenciosamente. Tenia una voz encantadora que podría mantener a cualquiera embotellado en una conversación por horas; pero no estaba diciendo nada.

El silencio que los rondaba no fue largo, pero si incómodo. Mark tenía que poner manos a la obra si quería hacer que la prima de Bryan se sintiera cómoda.

“¿Y desde hace cuanto conoces a Irene?” Preguntó súbitamente Mark.

Mariel sonrió para sí misma con las memorias felices que trajo la pregunta a su mente. Ella solo respondió con un tono confidente, “Desde hace mucho.”

Mark no pudo evitar sonreír al ver la sonrisa que le ofrecía aquella muchacha sentada frente a él.

“Yo la conocí también hace mucho tiempo. Recuerdo que fue en una de las fiestas de la firma discográfica con la que trabajamos,” dijo él.

“¿Eres cantante o algo así?” Inquirió Mariel con inquietud brillando en sus ojos.

Mark no pudo evitar reírse nuevamente, “No sabes quien soy, ¿verdad?”

“Lo lamento, no,” confesó ella sonrojándose ligeramente.

Él soltó una pequeña carcajada. Al ver que ella también se estaba riendo decidió cambiar de tema, “¿Y tu a que te dedicas?”

“¿Yo?” Repitió ella calmando un poco su risa, “yo soy bailarina.”

Mark no pudo contener su asombro. Estaba seguro de que su quijada había caído al suelo. Y sus ojos se deslizaban sin control por todos lados del escenario delante de él.

“¡No esa clase de bailarina!” Le dijo Mariel estallando una risa mezclada con su frase.

“¿Y como sabes que clase de bailarina estaba yo pensando?” Inquirió Mark con ojos pícaros.

“Solo era cuestión de mirar tu expresión inmediata,” le respondió Mariel sosteniendo su mirada.

“¿Soy tan obvio acaso?” Preguntó él tratando de componer su expresión.

“La verdad tu cara de susto hablaba sola,” le repitió ella y siguió riéndose.

Mark se rindió tratando de dar marcha atrás en su expresión, así que se rieron juntos. “Linda profesión, ¿verdad?” Le preguntó él calmando un poco la risa.

“No, en absoluto. La odio,” dijo ella poniéndose seria al instante.

“Metí la pata otra vez, ¿no?” Preguntó él haciendo una mueca para esconder un poco lo avergonzado que se sentía.

“No te preocupes, no es importante. La verdad es que solo lo hago para sostenerme mientras estudio,” le aclaró ella al descubrir cómo estaba él contorsionando su cara.
“¿Y que estudias?” Le preguntó él tratando de redimirse.

“Ciencias políticas,” respondió ella aparentando seriedad.

“¿De veras? Eso debe ser difícil,” dijo él con tono curioso.

“Claro, y eso no significa que me vaya bien,” le dijo ella guiñándole un ojo.

“Con esa cara créeme yo votaría por ti,” le dijo Mark tomando su mano por sobre la mesa.

“Ya quisiera yo, pero no se trata de caras,” le dijo ella frunciendo el ceño.

“Cierto, pero tú eres más que una cara bonita,” le dijo él acariciando su mano con un pulgar.

Mariel no pudo evitar sonrojarse a un extremo.

Mark le sonrió y continuó, “Dios mío, ¡Qué locura este compromiso!”

“¿Por qué lo dices?” Inquirió ella recobrando un poco su color original.

“En este mundo que vivimos, y en esta sociedad moderna casarse es tan antiguo como decir que la tierra es redonda,” le dijo Mark soltando su mano cuando vio que se acercaba un mesero a servirles bebidas. “Después de todo,” siguió él, “¿para qué diablos sirve un papel o que un cura te diga que ya están unidos?”

“La gente no se une por un papel o por costumbre,” protestó Mariel, “la gente se une porque se ama; porque quieren gritarle al mundo que ya no necesitan a nadie más, que ya encontraron a su otra mitad...”

Vaya que era hermosa, y tan lista; Mark no dejaba de admirarla cada vez más. Su primera impresión había sido correcta en lo absoluto; él podría escucharla por horas sin cansarse.

“Y que no se quieren dejar nunca,” dijo ella.

Mariel se dio cuenta que había tomado la palabra en la conversación, pero decidió continuar aún si eso representaba monopolizar la conversación, “Como Irene y Bryan. Ellos se aman infinitamente y lo único que quieren es estar juntos en esta vida y en la siguiente si es que existe.”

“Sabes mucho del tema,” mencionó él casualmente. “¿Acaso tú amas a alguien de esa forma?”

“No, pero me encantaría hacerlo algún día,” le respondió ella con algo de pena en sus ojos.

Mariel levantó la mirada al distinguir la figura de Liz atravesando el salón. Ella se preguntó si Liz estaba buscando a alguien, y asumió que era a ella, así que levantó una mano y le hizo señas.

“Gracias a Dios que te encuentro,” le dijo Liz recuperando el aire, “tienes que venir conmigo AHORA MISMO.”

Liz tomó la mano de Mariel y le ayudó a ponerse de pié.

“Lo lamento caballero, te juro que te la robo solo un momento,” le dijo Liz a Mark guiñándole un ojo mientras se avanzaba unos cuantos pasos con Mariel.

“¡Hey!” Mariel se paró al momento y regreso su mirada a Mark, “nunca me dijiste tu nombre.”

“Soy Mark, ¿cuál es tu nombre?” dijo él sin abandonar sus ojos por un segundo.

“Me llamo Mariel, mucho gusto,” respondió ella sintiendo que Liz le estaba jalando el brazo. Ella se dio vuelta para seguir caminando con su amiga.

Mark siguió la silueta de Mariel hasta que salió de su campo visual. Indudablemente era muy bella. Mark se encontró a si mismo repasando varias veces su conversación; era inevitable no recordar su sonrisa y la forma coqueta en la que pestañeaba mientras mantenía sus ojos fijos en los suyos propios. Era una persona simplemente encantadora de todos los puntos de vista; su carácter era muy agradable y suave, y aún así sentía la fuerza y pasión que llevaba dentro. Mark sonrió para sí mismo cuando se dio cuenta de que estaba hablando de una mezcla explosiva. Esa mujer era una bomba.

“¡Qué demonios haces allí sentado?!” Bryan rompió entre los pensamientos de Mark en una forma sorpresiva. Antes de que tuviera tiempo de reaccionar Bryan continuó violentamente, “si no querías hacerme el favor de acompañar a mi prima debías habérmelo dicho.”

“¿Pero de que hablas? ¡Yo acabo de estar con ella!” Le reclamó a Bryan.

“No estarás hablando en serio, ¿verdad?” Inquirió Bryan confundido.

“Si, y acaba de irse con Liz,” confirmó Mark.

“Liz no conoce a mi prima...” mencionó él casualmente.

Bryan interrogó a Mark hasta que descubrió que efectivamente él había estado acompañando a una chica, pero no era su prima en lo absoluto.

En medio de la conversación llegó Maggie y sacó a bailar a Mark.

Maggie era excelente en la pista de baile. Su figura desfilaba en forma muy femenina y denotando mucha sensualidad. Sus curvas se movían con mucho ritmo; Mark había descubierto que esto volvía loco inclusive a quien estuviera solo mirándola bailar.

Pero este baile en particular él estaba muy lejos de disfrutar de los definidos movimientos de su pareja en la pista... su mente estaba completamente en Mariel. No podía sacársela de la cabeza, e incluso se puso a pensar en la forma que él bailaría con ella. Mariel le había contado que ella era bailarina, esto le provocaba una corriente fría bajando por la espina... era muy tentador, él quería bailar con ella.

“Mark, te pedí que nos moviéramos más hacia el centro,” dijo Maggie interrumpiendo sus pensamientos que se hallaban en Mariel.

“Perdona, no te había oído,” respondió él mientras la seguía.

“Estás muy distante hoy, ¿te pasa algo?” Preguntó ella rondando su cuello con sus brazos.

“Nada en absoluto,” afirmó él con una sonrisa plantando un beso en su frente.

“¿Sabes? Irene me contó que se había encontrado con una amiga de su infancia,” dijo ella en tono un poco burlón.

“¿Qué es tan gracioso acerca de eso?” Preguntó Mark levantando su cara.

“Es muy ingenuo creer que una persona a la que conociste durante tu infancia no ha cambiado y que sigue siendo tu amiga,” le respondió ella más seria.

“Es cierto, la gente cambia; pero no toda la gente cambia para mal, y además existen amistades que nunca mueren, así como existen amores que nunca mueren,” repitió él casi para sí mismo.

“Apréndete esa frase de memoria cariño, y adjúntale la fecha y la hora,” se rió ella mientras lo soltaba para bailar una pieza más movida.

La fiesta transcurría lentamente, Maggie había bailado con Mark por un buen rato hasta que decidió que necesitaba darle una vuelta al local. Mark por su parte, había decidido sentarse para recuperar energías del baile. Su mente terminó otra vez pensando en ella. Mariel era un pensamiento muy inherente a él después de un par de horas de haberla conocido. Era gracioso pero a la vez muy realista, esto realmente estaba pasando, no podía sacarse a esa mujer de la cabeza.

“Amigo, nunca te había visto tan distraído. Sentado o bailando con Maggie... eso fue raro,” mencionó Nicky.

“Solo estoy pensativo, no distraído,” respondió Mark intentando evadir la conversación a la que Nicky lo estaba llevando. Él sabía dónde quería terminar Nicky.

Desde el día en que él les presentó a Maggie a sus compañeros, había advertido la actitud hostil, pero política en la cual se trataban ambos bandos. Shane nunca se había atrevido a juzgarlo, e inclusive parecía que apreciaba a Maggie, pero en especial Kian y Nicky no podían estar cerca de ella por mucho tiempo. No se simpatizaban, y al parecer era mutuo a pesar de que quisieran disimularlo... era simplemente muy obvio.

Nicky siempre estaba preocupado de que Mark conociera a gente nueva. Él tenía la firme convicción de que el amor que Mark buscaba estaba por allí afuera... era solo que aún no la encontraba.

“Conque pensativo...” repitió él, “¿ se puede saber en que?”

“En una chica que conocí,” respondió Mark sin dar aviso de medida a sus palabras.

Para cuando quiso retractarse se dio cuenta de que el mensaje había llegado claro para Nicky, “¿y cómo se llama? ¿Esta aquí? Llévame a verla.”

“No sé dónde esta, Liz se la llevó,” dijo riéndose de la actitud apresurada de su amigo.

“Bueno, pero sabes su nombre, ¿verdad?”

“Si, se llama Mariel,” dijo y su cara se tornó soñadora al momento.

“Un nombre nada común... y asumo que es muy bella por la cara que pusiste,” le dijo Nicky codeándole.

“Lo es,” afirmó él.

“¿Y cuándo van a volver a verse? ¿Para cuándo es la cita?”

“¿Cita? Pues... solo le pregunté su nombre...” murmuró Mark razonando la estupidez de lo que decía.

“¡Que?!?! ¿Solo sabes su nombre?!” Le reclamó Nicky y antes de que Mark pudiera abrir la boca siguió, “gracias a los santos parece que es amiga de Liz, ella puede aclarar las cosas.”

“Seguro que si,” dijo Mark aliviado por la posibilidad.

“¿Y dónde está tu amada tormenta... digo, tu novia?” se rió Nicky.

“Fue a dar una vuelta, seguro debería ir a buscarla,” Mark se levantó, y dejando atrás a su amigo salió a buscar a Maggie.

No era en absoluto que quería ir a buscarla de inmediato, Maggie no era una niña pequeña a la que tenía que cuidar; pero Mark quería evitar decir algo medio estúpido que pudiera comprometerlo con Maggie o alguna otra persona.

A la distancia, logró distinguir a Mariel, parada conversando con Maggie... ¡Dios! ¿qué estaría pasando? Se apresuró a llegar junto con ellas y sonrió profundamente a Mariel.

“Hola,” le dijo Mariel tímida otra vez.

“Hola, ¿cómo la estás pasando?” respondió él.

“Bien, pues asumo que ustedes ya se conocían. Mark, ella es la amiga de Irene de la cual te hablaba,” le dijo ella mirando con el rabillo del ojo a Mariel.

“Así es, Liz e Irene son mis mejores amigas desde la infancia,” afirmó ella.

“Y para tu información querida, este hombre aquí presente es mi novio,” le dijo mientras abrazaba a Mark por la cintura.

Mariel miró contenta a Mark y dijo, “gusto saberlo.”

Maggie entonces se dio vuelta y tomó a Mark por el brazo, “sigue disfrutando de la fiesta, nos veremos después.”

“Esta bien, adiós,” respondió Mariel confundida antes de quedar sola.

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