destino
Capítulo 14
El auto de Bryan parecía volar. La velocidad era mucho mayor a la permitida en aquella carretera, pero eso poco le importaba. El bebé de Irene estaba a pocos momentos de nacer.
Mark había acompañado a Bryan, quien parecía haber olvidado todo lo aprendido a lo largo de su vida y bien podía estar padeciendo de los mismos dolores que su esposa.
Entraron al hospital e Irene fue internada inmediatamente. Bryan apenas pudo manejar el papeleo cuando le avisaron que su esposa necesitaba verlo.
“Llama a Liz y dile que es hora.”
Irene no podía dejar de compartir un evento así con su mejor amiga y Bryan lo sabía, así que la llamó y solo pudo estar un poco más tranquilo cuando ella le dijo que tomaría el primer vuelo disponible para Irlanda.
En lo que a Bryan le había parecido el doble del tiempo que había vivido ya, habían pasado varias horas, pero la situación no había cambiado. Él seguía fuera sentado en una sala de espera con Mark que intentaba calmarlo a pesar de que él mismo no se había calmado con su propia situación.
De pronto se abrió la puerta suavemente y apareció una enfermera que apresuró a Bryan a ponerse una bata para que acompañara a su esposa.
Mark se quedó solo en sala. Su mente se llenó de los acontecimientos de la noche anterior e intentó imaginar la expresión de Mariel al enterarse que él conocía la verdad. Pero a pesar de todas sus ganas de salir corriendo a buscarla le pareció que era más importante apoyar a su amigo en esos momentos. Bryan lo había escuchado hasta muy entrada la noche. Intentó calmarlo, intentó confortarlo, y aunque lastimosamente todo resultara en vano, se sentía muy comprometido y agradecido por ese apoyo.
El tiempo había pasado sumamente rápido, contrario a lo que le pasó a Bryan. Mark pudo haber pasado días sentado allí sin darse cuenta en absoluto... pero apenas fueron un par de horas de espera que terminaron con la feliz reaparición de Bryan en la puerta de la sala.
“Es una niña.”
Liz había salido de su departamento justamente el momento en que Bryan le llamó. Consiguió un vuelo inmediatamente y pudo asegurarse de que había hecho todo lo posible para no desperdiciar un segundo.
Durante su vuelo no pudo conciliar el sueño que tanta falta le hacía considerando la diferencia de horarios... Había salido de Chicago a la una de la mañana y tenía mucho sueño, pero la expectativa de volver a Irlanda le perturbaba. Sabía que existía la posibilidad de ver a Kian una vez más... y no como parte del público en un concierto, sino cara a cara.
Esperaba que no llegara el momento de encontrarlo; pero en el fondo de su corazón, verlo era lo que más quería.
Cuando llegó al hospital encontró a Bryan recibiendo felicitaciones mientras él y Mark miraban a una preciosa niña frente al ventanal que mostraba a los recién nacidos. Liz se lanzó a abrazarlo y confirmó a sus sospechas que la hija de Irene se llamaba Catherine.
Apenas Bryan hubo soltado a Liz, quien no se cansaba de felicitarlo, Mark la abordó. Se vieron en un comienzo como un par de extraños, pero un segundo más tarde se abrazaron como lo hubieran hecho después de escuchar la terrible noticia que escucharon meses atrás. La diferencia hubiese sido que antes ambos estaban engañados, pero hoy, Mark sabía la verdad.
No hay rosa que me devuelva el placer
Ni gesto que me permita revivir
Las ansias
Todo el deseo
De tocarte
De volar junto a ti...
Irene había despertado ya y se encontraba en perfecto estado, esperando que le devolvieran a su pequeña. Liz entró justamente en el momento en que su amiga disfrutaba de la compañía de su hijita.
“Es realmente preciosa. Muchas felicidades, ambos deben estar muy orgullosos.”
“Me alegra tanto que pudieras venir... y lo hiciste tan rápido.”
“Oye, ¿para qué son las amigas entonces?”
Pasaron una tarde muy cansada pero tierna a la vez. Catherine había logrado que cualquier problema existente se esfumara, al menos por el momento.
Irene pudo volver a casa a la mañana siguiente con una advertencia de quedarse en cama, cosa que realmente no le importaba siempre y cuando pudiera permanecer con su bebé todo el tiempo.
La euforia del momento pudo pasar un poco por la noche, que fue cuando Bryan sugirió a Mark que averiguase que había sido de Maggie. Mark le aseguró que no le importaba lo que fuese de ella, pero Bryan necesitaba saberlo por la seguridad de Mariel y su hijo.
Mark condujo hasta su departamento y al llegar se dio cuenta que el lugar estaba vacío, excepto por unos cuántos muebles. Mark llamó a Vanesa y ella le informó que Maggie había salido del país, y que prefería no volver a saber de él.
Al regresar a casa de Bryan, Mark le dio las nuevas noticias que fueron recibidas con la mayor felicidad por parte de su anfitrión.
Bryan esperó a que despertara el nuevo día y corrió a llamar a Kian, con quien no había hablado desde que le advirtió del peligro de Maggie. Le contó que felizmente había un nuevo miembro en su familia, y que la amenaza de Maggie estaba lejos de cumplirse ahora y que se había ido.
Mark no podía estar más que feliz por todos los acontecimientos, pero aún estaba muy ansioso. Aún no había hablado con Mariel, y le urgía saber la razón exacta por la que ella y Kian se habían burlado de él.
Salió una vez más de casa de Bryan hacia la de Mariel. Esta vez se encontró con ella, Kian y Patrick apenas entrando a la casa.
Mariel no sabía nada aún. Kian sabía que una mujer recientemente embarazada podía sufrir de estragos por presiones psicológicas o simplemente nerviosas, así que prefirió reservarse la información sobre el acechante peligro. Apenas se lo iba a mencionar, incluyendo en la historia el final feliz, cuando llegó Mark.
Mariel lo miró y le sonrió.
Mark caminó lentamente en la mayor seriedad. Esto asustó un poco a Mariel, pero se calmó cuando le oyó decir en voz muy pasiva que necesitaba hablar con ambos, ella y Kian.
“¿De qué quieres hablar?” Preguntó Mariel sentándose en el sillón de la sala con su hijo en brazos.
“¿Estás seguro que no es algo que quieras discutir solo conmigo o en otro momento?” Le cuestionó Kian.
“No Kian, es un asunto muy apremiante y nos concierne a todos aquí.” Mark tomó aire y preguntó directamente y sin rodeos. “Quiero saber por qué me negaron la paternidad de mi hijo.”
No puedo reconstruir
Lo que el tiempo ha borrado en mi
“¿Pero de qué estas hablando?” Le dijo Mariel un poco afectada.
“No mientan más... sé que es mi hijo. Maggie me lo dijo.”
Mariel y Kian se miraron antes de volver la mirada a Mark. Mariel estaba totalmente perdida... Mark sabía.
“¿Puedes asegurarnos que Maggie se fue?” Le preguntó Kian.
“Si, y además, no quiere saber nada de mí.”
Mark les refirió brevemente su historia.
Mariel se sintió muy mal por él y rompió en llanto.
“No pude creerlo cuando me dijo que había sido ella quien te obligó a negarme a
mi hijo, pero aún no sé que fue lo que hizo.”
Mariel tragó saliva y cerró sus ojos. Kian la miraba expectante, el tampoco sabía toda la historia.
“Me citó una tarde en mi casa. Yo no sabía de qué se trataba, hasta ese momento yo pensé que los únicos que sabían de mi embarazo eran Laura y tú, y confiaba en que tú no le dirías nada a Maggie. Ella se sentó mientras yo le servía café.
“«Sé que clase de mujer eres,» me dijo cuando me acerqué con la taza. «Sé que estás embarazada, y no dudo que sea de Mark.»
“Yo me quedé pasmada, no sabía que decirle, y ella continuó diciéndome: «Mark es lo suficientemente tonto como para pensar que alguien como tú podría hacerlo feliz. Pero yo sé como son las cosas Mariel. Tú no lo amas. No lo amas como yo... Si lo amaras lo hubieras dejado en paz.»
“Traté de defenderme, pero me sentía un poco débil e inclusive tuve que sentarme para poder mantenerme conciente.
“«Y eso es exactamente lo que harás... Lo dejarás en paz si es a tu hijo a quien quieres.» Fue lo que me dijo.
“«No te atrevas nunca a decirle a Mark que este hijo es suyo, o el recién nacido lo pagará.»
Mark estaba inmóvil. Sonaba imposible que Maggie haya hecho algo así, pero ahora por fin sabía que con ella todo era posible.
“¿Entonces fue por eso que mintieron?”
“Kian, ¿puedes llevarte al niño y hacer que se duerma?”
Kian tomó al niño y subió por las escaleras. Se habían quedado solos; solos, solo mirándose directamente a los ojos sin que nada ni nadie los perturbara.
“Mark, te amo. Siempre te he amado, y fue por eso que no pude arriesgar al niño. Por ti. Sé que no me hubieras perdonado que le pasara algo al niño... Yo misma no me lo hubiese perdonado...”
Mariel empezó a llorar silenciosamente. Se había levantado e hincado justo frente a Mark. Él tomó su cara entre ambas manos y le dio el beso más tierno que jamás haya recibido.
Si alguna vez te amé
Si ya no queda nada
Si alguna vez te di
Lo que hoy solo son palabras
Déjame recordar
Lo bueno que fue ayer
Déjame sentir que aún
Llenamos el mundo
Tu y yo
Al romperse el beso ambos abrieron sus ojos llenos de lágrimas.
“¿Podrás perdonarme algún día?”
“¿Acaso no te dijo nada el beso?” Le respondió Mark. “Te amo Mariel. Nunca pude odiarte a pesar de que intenté y nunca he dejado de creer que este amor que tenemos es más fuerte que nada y que no moriría.”
Mark y Mariel estaban juntos nuevamente. Kian había dejado dormido al pequeño y bajó sin ser oído hasta salir de la casa. La escena había sido conmovedora, y le alegraba mucho por Mariel; pero aún así no pudo evitar el estar celoso porque aquello no pasara con Liz.
Estaba conduciendo hacia su casa cuando recordó los dos motivos por los que Bryan había llamado. Bryan era padre. Si Irene había dado a luz, su mayor deseo habría sido el compartirlo con la gente que amaba, y Liz estaba en ese grupo.
¿Era acaso posible que estuviera en Irlanda? La duda, y la emoción más grandes lo atacaron mientras cambiaba de ruta para ir derecho a casa de Bryan.
Kian fue recibido por el orgulloso padre quien no pudo esperar para presentarle a su amigo su querida hija Catherine. Kian la miró y una vez más tuvo envidia de la felicidad ajena; envidia que no pudo ocultar cuando felicitó a Irene.
Bryan e Irene habían tenido esa mañana una plática sobre la situación de Mark. Bryan por fin le había contado lo sucedido y ella comprendía que a fin de cuentas Kian no había tenido la culpa y que él y Liz no tenían razón de estar sufriendo.
“Tienes una niña muy hermosa.”
“Te lo agradezco. Espero que puedas gozar la dicha de tener hijos propios muy pronto.”
Kian la miró desconcertado. Irene se dio cuenta que había dado en el blanco y le advirtió que conocía lo suficiente como para no culparlo de lo que había cometido.
Él no pudo resistir su felicidad al saber que Irene estaba de su lado una vez más, y no esperó más tiempo para preguntar sobre el paradero de Liz.
No hay rosa que me devuelva el placer
Ni gesto que me permita revivir
Las ansias
Todo el deseo
De tocarte
De volar junto a ti...
Después de tanto tiempo fuera, Liz apenas y pudo reconocer su casa. El paso del tiempo le había golpeado un poco, pero no le afectó demasiado. Sacó sábanas limpias de su maleta y tendió su cama, se metió en ella y por primera vez en meses se había quedado dormida profundamente y sin pesadillas que le perturbaran.
Kian llegó mas o menos a las once de la mañana y tocó el timbre. Pudo ver un auto parqueado fuera de la cochera, e inmediatamente se dio cuenta que el timbre seguía desconectado desde que Irene recogió las cosas de Liz para dejar la casa prácticamente abandonada.
Intentó tocando la puerta un par de veces, pero al pasar de los minutos no pudo oír nada. De pronto recordó aquella vieja costumbre de esconder las llaves sobre el marco de la puerta. Kian tanteó buscando las llaves y mucho antes de lo que esperaba las encontró. Liz debió haberlas colocado allí inconscientemente.
Entró a la casa sin hacer ruido. Cerró la puerta y subió directamente al cuarto de Liz.
La encontró profundamente dormida. Nunca la había visto así, tan pacífica, tan feliz, y aunque dormida, tan cansada. Tomó una silla que se encontraba en la habitación y la movió junto a la cama. Allí se sentó contemplándola solamente, y sintiéndose así el hombre más afortunado del mundo.
Casi media hora más tarde, Liz empezó a moverse y parpadeó vagamente cerca de ocho veces. En su pesado despertar se pudo distinguir que repetía en voz un poco ronca y baja pero bastante dulce: “Kian.”
Al abrir bien los ojos dio un salto y repitió: “¡Kian!” Mucho más alto y claro que anteriormente.
No puedo reconstruir
Lo que el tiempo ha borrado en mi
Él trató de tranquilizarla antes de que tomara el teléfono o huyera de él.
“Tú eres mi sol, eres mi luz, y eres el único pensamiento que puedo concebir en mi vida... Pudiste oírlo ¿verdad?” Le preguntó.
Ella se quedó inmóvil. Solo quería llorar y abrazarlo, pero su mente trabajaba mucho más rápido y pudo recordarse a sí misma el motivo de su separación.
“¿Qué estás haciendo aquí?”
Kian bajó de su silla y se hincó en el piso justo frente al lugar en que ella se encontraba sentada, y le dijo en voz muy baja: “vengo a decirte la verdad.”
“¿De qué verdad hablamos ahora?... Te recuerdo Kian que tu tienes un compromiso con otra mujer y con tu hijo-“
“No Liz, no tengo ningún compromiso con nadie, excepto contigo... es más, ni siquiera tengo un hijo.”
“Perfecto, ahora me dirás que el hijo de Mariel no existe, o algo así...”
“El hijo de Mariel existe, Liz... el hijo de Mark y Mariel existe.”
Liz se quedó de una sola pieza. No sabía cómo debía reaccionar, es más no sabía si reaccionar. No le constaba que Kian pudiese estar diciendo la verdad.
Él pudo advertir la actitud de Liz y se adelantó, “esta mañana Mark fue con Mariel y arreglaron las cosas. Deben seguir juntos ahora.”
Dado que ella aún no musitaba una letra, Kian tomó la palabra una vez más y le contó todo lo que había pasado desde hace tres días. Liz escuchaba atentamente sin perder una sola palabra... Y cuando Kian terminó, el único pensamiento que habitaba en su cabeza era que Kian jamás le había engañado con Mariel; y mucho más importante, que Kian la amaba.
Si alguna vez te amé
Si ya no queda nada
Si alguna vez te di
Lo que hoy solo son palabras
Déjame recordar
Lo bueno que fue ayer
Déjame sentir que aún
Llenamos el mundo
Tu y yo
Estos eventos tardaron muy poco en darse a conocer. Liz y Mariel se reunieron esa misma tarde y se abrazaron, lloraron y se alegraron por lo ocurrido.
Liz conoció a quien sería su ahijado, pero no pudo verle bien dado que Mark lo sostenía y no se veía ansioso por alejarse un centímetro de él.
Kian supo tomarlo con calma. Sabía que Liz estaba aún renuente de creerle completamente incluso después de comparar su historia con las versiones de Bryan, Mark y Mariel. Pero el tiempo de espera valió la pena, ya que casi una semana más tarde Liz habló nuevamente con él y le anunció que todo estaba perdonado justo antes de certificarlo con un beso.
“Si Alguna Vez te Amé”
Juan Fernando Velasco
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