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GALATAS
Introducción
1. Autenticidad
La epístola a los galateos es universalmente reconocida como una genuina carta del apóstol Pablo. Los pocos intentos que recientemente se han hecho para desacreditarlo, han encontrado muy poco apoyo y, consecuentemente, la autenticidad de la epístola permanece sin ser cuestionada. En espíritu y probablemente en el tiempo, esta epístola paulina, pertenece al gran grupo de las doctrinales y argumentativas, en las que se incluyen 1ª y 2ª a los Corintios y Romanos. Internamente lleva el sello de la personalidad del apóstol y se ajusta al molde de su forma de vida y de pensar. Podemos encontrar una evidencia externa de su autenticidad en Policarpo, Ireneo, Clemente de Alejandría y Justino el Mártir. Los primeros citan los versos 4:26 y 6:7, sin mencionar el origen; los demás citan la epístola como perteneciente al apóstol, sin ponerlo en duda.
2. Los destinatarios
Este tema ha dado lugar a una considerable controversia y de alguna manera, hasta hoy día se sigue discutiendo.
(1)Unos eruditos, tomando el nombre de Galacia como el nombre de un reino pre – romano en el NE de Asia Menor, mantienen que la epístola fue escrita a las iglesias fundadas por el apóstol Pablo en su segundo viaje misionero (Hechos 16:6) siendo sus ciudades principales: Ancira, Tavium y Pesius. Alguno podría inclinarse hacia esta teoría pero, no obstante, se encuentra abierta a serias objeciones: Por ejemplo, no existe mención alguna a estos lugares en el libro de los Hechos y la primera vez que se menciona a estas iglesias es un siglo y medio más tarde.
(2)Es, por tanto, más seguro tomar el punto de vista de los demás afirmando que Galacia es la provincia romana de ese nombre. En tiempos del apóstol, incluía, además del reino así denominado, las regiones de Paflagonia, Pirgia, Isauria y partes de Licaonia y Pontus. Al sur de esa gran provincia, se encuentran las ciudades de Antioquía de Pisidia, Iconio, Derbe y Listra. Estas ciudades sí fueron visitadas por el apóstol y comunidades cristianas fueron fundadas en su primer viaje misionero (Hechos 13:13; 14:25); al comienzo de su segundo viaje, las visitó de nuevo y confirmó la fe de sus conversos. Por tanto, podemos asumir que la epístola a los Gálatas estaba dirigida a ellos. Confirmación a esta hipótesis la encontramos en 2:5, donde el apóstol dice que se había enfrentado a falsos hermanos para que “la verdad del evangelio continuara con ellos”. Las ciudades incluidas en Hechos 13 y 14 sabemos son las únicas que él visitó en Galacia y, por tanto, nos inclinamos a creer que su referencia es a ellas.
La población de estas ciudades era completamente pagana (4:8) y consistía en parte de nativos de la zona y en parte de colonizadores griegos y romanos. La proporción de judíos era muy pequeña (Hechos 13:44 – 48; 14:1). En Listra, el primer lugar visitado por el apóstol, Banabás fue tomado por Júpiter y Pablo por Mercurio (Hechos 14:11—12). Los sacerdotes paganos controlaban el pueblo y los mantenían sujetos a una ley ceremonial, tan dura como aquella de los judíos. El apóstol se refiere a esto en su epístola (4:8) y les pide que se mantengan libres del yugo de la esclavitud al que una vez estuvieron sujetos (5:1).
La historia de las iglesias de Galacia es como sigue: En su primer viaje misionero, el apóstol Pablo, acompañado por Barnabás y Juan Marcos, después de visitar Chipre, navegan hacia Perga en Panfilia. Al llegar a este punto, Juan Marcos se vuelve de regreso y, los dos, hacen el resto del viaje solos. No predicaron el evangelio en Panfilia, como parecía ser su primera intención (Hechos 13:12), pues debido a una enfermedad que acogió al apóstol (4:13), abandonaron la costa y marcharon hacia lugares más altos en las montañas del interior, visitando y creando las iglesias de Antioquía de Pisidia, Iconio, Listra y Derbe (Hechos 13:14, 51; 14:6, 20). A su regreso, visitaron esas mismas ciudades en orden inverso, dando un tipo de organización a las incipientes iglesias, nombrando ancianos sobre ellas para vigilar sus intereses y guiarlas (Hechos 14:23); al mismo tiempo de exhortar a los discípulos a ser fieles y constantes, en especial, frente las vicisitudes, el sufrimiento y el peligro (Hechos 14:22). En su segundo viaje, el apóstol, acompañado esta vez por Silas, visitó de nuevo estas iglesias. Venía del, recién celebrado, Concilio de Jerusalén (Hechos 15:6—29) el cual declaraba a los gentiles, libres de la ley ceremonial judía. Él hizo entrega de este mensaje al consejo de las iglesias de Galacia e introdujo nueva fuerza y vida en sus miembros (Hechos 16:1—5). Durante esta visita, el apóstol sintió razones de ansiedad por el futuro de aquellos ardientes, pero inestables cristianos y, con mucho cuidado, les previno de los peligros y tentaciones que, en su interior podía prever, se les presentarían en el futuro (1:9; 5:2). En otro versículo, Hechos 18:23, se menciona una tercera visita a Galacia al comienzo de su tercer viaje. La primera epístola del apóstol Pedro está dirigida a los elegidos de Galacia, a la vez que a otras partes del Asia Menor.
3. Motivo de la epístola
A través de toda la iglesia circulaba la pregunta de, si los creyentes debían observar o no la ley judía, una vez se convertían en seguidores de Cristo. En su mayoría, esta discusión se centraba en la circuncisión, ya que esta exteriorizaba, la muestra más patente de la adopción al judaísmo. Esta aceptación implicaba el cumplimiento de la Ley, e imponía sobre el creyente la obligación de su total cumplimiento. Las iglesias de Galacia habían sentido, desde muy temprano, la presión de esta controversia. Desde un principio existieron problemas con ello (Hechos 13, 14). Estos problemas comenzaron a acentuarse, en gran manera, después de la segunda o tercera visita del apóstol, donde ciertos Cristianos judíos, judaizantes, como eran llamados, aparecieron entre ellos, insistiendo sobre la necesidad de cumplir la ley judía, especialmente la circuncisión, como acto necesario para la salvación. Estos judaizantes, parecían haber sido personas importantes, al menos a los ojos de los galateos (5:10), sobre los que pronto adquirieron considerable influencia (3:1; 5:7). Desacreditaron las enseñanzas y obra del apóstol (1:12) y afirmaron su dependencia sobre otros apóstoles para su conocimiento y autoridad (2:6, 8, 9). Los galateos cedieron a sus argumentos y comenzaron a pensar en adoptar la circuncisión (5:2, 3), los ayunos judíos y las fiestas (4:9, 10). Para el apóstol Pablo, todo esto era una práctica negación de la eficacia de la fe en Cristo y la substitución de la gran verdad de la justificación por medio de la fe solamente, por la doctrina de la justificación por medio de las obras de la Ley (2:16, 21; 3:5; 5:4, 6). Inmediatamente después de recibir la noticia sobre la apostasía de los galateos, el apóstol les escribió esta carta.
4. Características
Para escribir sus cartas, el apóstol, generalmente utilizaba un amanuense (Romanos 16:22) y solamente escribía el saludo final (1 Corintios 16:21; Colosenses 4:18; 2 Tesalonicenses 3:17). La epístola a los Gálatas fue escrita por su propio puño (6:11). Está escrita con sentimiento y vehemencia. Su cólera hacia los seductores y su ansiedad por los seducidos, se manifiesta en cada frase de su carta. Es la más autobiográfica de todas sus cartas, puesto que los cargos que se le hacen acerca de su apostolado le obligan a justificar su autoridad trayendo a la luz su carrera como cristiano y sus relaciones con otros apóstoles (1:15 – 2:14). Doctrinalmente, está cercanamente pareja a la epístola a los Romanos. En ambas, están presentes las grandes ideas de la teología del apóstol. La doctrina de la justificación por medio de la fe solamente, es la piedra angular de todos sus argumentos. (Comparar 2:16, 21; 3:2, 5, 11 con Romanos 1:17; 5:1, 9; 8:1,2 y 10:11,12). Encontramos la misma doctrina de la adopción (Comparar 4:6 con Romanos 8:15). La lucha de la carne con el espíritu está, de igual manera, mencionada en 5:17 y Romanos 7:14—25 y la ilustración de la fe de Abraham es utilizada en ambos, en el capítulo 3 y en Romanos 4.
5. Fecha
Varias fechas son dadas como válidas sobre el tiempo en que la epístola fue escrita. Fue después de la segunda visita del apóstol cuando surgieron los problemas en las iglesias de Galacia. Puede ser que haya escuchado sobre ellos a su llegada a Antioquía al final de su viaje (Hechos 18:22) en cuyo caso la carta podría haber sido escrita desde allí, probablemente en el año 53 D.C. Por otro lado, no fue hasta después de su tercera visita (Hechos 18:23) cuando tuvo lugar la deserción; el apóstol probablemente oyó sobre ella durante su estancia en Éfeso (Hechos 19:1, 22) y escribió la carta desde allí durante el viaje que Timoteo hizo a Corinto, el cual terminara desastrosamente en los años 55 o 56. Cualquiera de esas fechas puede darse por válidas. Algunos, no obstante, la fechan tan temprano como al fin del primer viaje apostólico, en los años 49 o 50 D.C.; en tanto que otros lo hacen después de 2 Corintios y hasta después de Romanos en los años 57 y 58 D.C. pero creemos que ninguna de esas fechas parecen ser probables.
6. Enseñanzas
El gran objeto de la epístola es la superioridad del Evangelio sobre la Ley. Los maestros judíos que querían pervertir a los galateos habían abrazado el cristianismo sin haber llegado a conocer debidamente su antigua religión. Para ellos Jesús era el Mesías y Salvador de la raza judía y no de todo el mundo; por esta razón los gentiles, antes de poder recibir las bendiciones de Cristo, tenían que convertirse en judíos. Las enseñanzas del apóstol Pablo se fundaban en todo lo opuesto a esta doctrina. Él muestra cómo la Ley, es decir, la revelación del Antiguo Testamento, con todas sus leyes y sanciones, no pudo hacer justo al hombre (2:16; 3:11), debido a que no proveía un principio de vida (3:21). En su lugar, con sus rigurosas demandas (3:10), paralizaba el corazón de los hombres. No obstante, tenía su utilidad y cumplía un propósito puesto que educaba y daba disciplina al hombre para una mejor revelación (3:24); les hacía reconocer sus pecados (3:10); les hacía sentir su esclavitud (4:3) y de esta manera los preparaba para ser hijos de Dios (4:5,6). Por otro lado, el evangelio de Cristo, trajo a los hombres a un nuevo principio de vida. Ese principio es la fe. Por medio de ese principio, se puede obtener la justificación, cosa que la Ley no podía hacer (2:16). La fe une al hombre a Cristo, cuya justicia le imparte, puesto que Cristo vive en él y él en Cristo (2:20). Él está justificado por su fe en Cristo de una forma que no podía obtener por las obras de la Ley. En verdad el esfuerzo que constituye vivir por la Ley, solo debilita la vida espiritual al relajar nuestra dependencia en Cristo (5:2 – 4). El evangelio suministra el principio espiritual y hasta el motivo moral de poder, que está ausente en la Ley. El impulso derivado como consecuencia de habitar Cristo en el hombre, le hace a este a amar a sus semejantes (5:6), renunciar a los trabajos de la carne (5:16, 20, 24) y a producir los frutos del espíritu (4:22, 25).
Además de la justificación por la fe, otras grandes verdades del cristianismo son incidentalmente mencionadas: La Encarnación (4:4), la Crucifixión (6:12, 14); los dones del Espíritu Santo tales como son experimentados por los galateos (3:2, 3, 5 y 5:25)
7. Resumen
La epístola puede dividirse en tres secciones:
(1)La parte apologética, 1:1 – 2:21, en la que el apóstol defiende la validez de su apostolado, mostrando que su llamando fue de Cristo y que fue totalmente independiente al de los otros apóstoles, tanto en enseñanza como en comisión.
(2)La sección polémica, 3:1 – 5:12, en la que contrasta la fe con las obras, como método de salvación y prueba; y tomando como base el Antiguo Testamento, demuestra que la fe es suficiente.
(3)Sección exhortatoria, 5:13 – 6:18, en la que aplica las verdades que él ha estado estableciendo a las diferentes relaciones y obligaciones que tenemos en vida.
Una detallada secuencia de su línea de pensamiento es la siguiente:
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Secció n
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Capítul o
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Versículo s
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Tema
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I
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1
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1 - 5
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Saludo
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1
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6-16
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La independencia del apóstol Pablo con respecto a los otros apóstoles, se demuestra por la naturaleza de su conversión.
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1
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17-24
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Y por su forma de actuar después.
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2
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1-10
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Como también por la actitud de los apóstoles de Judea durante su segunda visita
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2
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11-21
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Y por su reproche al apóstol Pedro por su inconsistente actitud en Antioquía
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II
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3
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1-5
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Que el nuevo principio de vida en el Espíritu viene por medio de la fe, es probado por su propia experiencia.
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3
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6-10
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Y también por el caso de Abraham
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3
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11-14
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La Ley trae maldición, de la cual Cristo nos redimió.
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3
4
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15
17
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El uso y la necesidad de la Ley tenía un propósito temporal y este es ilustrado y demostrado.
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4
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8-20
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Hace un llamado a los galateos para que no retornen a la esclavitud después de haber logrado la libertad en Cristo
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4
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21-31
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En sentido alegórico trata el testimonio nacido de la Ley hacia la libertad del Evangelio.
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5
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1-2
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De nuevo les hace otro llamado para que conserven su libertad
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III
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5
6
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13
10
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La aplicación del principio de libertad hacia los deberes comunes de cada uno.
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6
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11-18
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Un último llamado por la libertad de la fe.
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CAPITULO I
El apóstol mantiene la validez de su apostolado y la verdad de su Evangelio
1 – 5. El apóstol envía sus saludos y los de los hermanos que están con él, a las iglesias de Galacia, recordándoles que su autoridad apostólica no tiene un origen humano, sino divino.
Parafraseando. (1) Yo, Pablo, sin ser un misionero nombrado por ser humano alguno, sino apóstol llamado divinamente por Cristo y por Dios, que le resucitó de entre los muertos, (2) envía sus saludos a las iglesias de Galacia y se unen enviando sus saludos también, todos los hermanos que se encuentran conmigo. (3) Que todas las bendiciones espirituales de Dios y de Cristo sean con vosotros, (4) quien se ofreció como sacrificio viviente por nuestros pecados con objeto de sacarnos de la esclavitud espiritual producida por este mundo y su lujuria. (5) Que toda alabanza y gloria le sea dada a Él eternamente. Amén.
Apóstol. El título que utiliza está hecho en su sentido técnico y él utiliza para equipararse a los otros Doce. Siempre lo usa para dirigirse a iglesias donde se cuestiona su autoridad o en las que no es conocido personalmente, nunca en las que es conocido. Su significado es simplemente “enviado”; y en este caso específico está indicando que él no ha sido enviado por hombre alguno, sino por Dios.
6 – 10. En estos versos el apóstol abruptamente les increpa por su alejamiento de la verdad (la salvación por medio de la gracia), por estar bajo la influencia de una falsa enseñanza. Solamente existe un Evangelio; cualquiera otra enseñanza que rivalice con este, bien sea enseñado por hombre o ángel, es falso. Aquí se muestra la ruda franqueza y confianza del apóstol.
Parafraseando. (6) Me sorprende que tan rápidamente hayan abandonado la verdad que yo les enseñé, cambiándola por otra que es falsa. (7) Y esta falsa enseñanza viene de falsos maestros. (8, 9) Puesto que si nosotros los apóstoles y hasta, mírenlo bien, si un mismo ángel, les enseñara otra doctrina que no sea la de la salvación por medio de la gracia y la fe, yo mismo le pondré maldición. (10) Estoy convencido que, en mis enseñanzas, no busco el favor de ningún hombre, sino que obedezco la voluntad de Dios en servicio de Cristo.
11 – 17. El Evangelio que predica el apóstol no tiene origen en ningún ser humano. Dos hechos lo demuestran:
(1)A través de toda su vida, el apóstol fue, sobre todo, un celoso judío y perseguidor de los cristianos. Solamente una revelación divina puede haberle hecho cambiar.
(2)Después de su conversión él había permanecido alejado de los hombres de los que supuestamente debería haber recibido el mensaje.
Parafraseando. (11, 12) Con toda solemnidad les aseguro, que la doctrina que les he enseñado no es de origen humano o una derivación de otra proveniente de humanos, sino que es producto de la revelación que me hizo Cristo mismo. (13, 14) Como prueba de ello, consideren lo totalmente improbable que yo, un profundo y celoso judío, siendo además perseguidor de los cristianos, haya sido transformado, por un ser o por medios humanos, en predicador de Cristo. (15, 16) Pero cuando Dios, quién me eligió desde antes de mi nacimiento y por medio de su gracia me llamó, puso a Cristo en mi corazón y me designó como Su mensajero, en ese momento no me dirigí a alguna autoridad humana con objeto de aprender el mensaje que tenía que enseñar; (17) sino todo lo contrario, pues me alejé de ellos y me recluí en Arabia para después regresar, no a Jerusalén, sino a Damasco.
18 – 24. Pasó bastante tiempo antes de que el apóstol Pablo conociera a los apóstoles originales. Cuando finalmente lo hizo, fue en su visita a Jerusalén, y solamente conoció a los apóstoles Pedro y Santiago. Después partió a regiones remotas lejos de Jerusalén. Los cristianos judíos, no le conocían ni de vista.
Parafraseando. (18, 19) Después de mi conversión, mi camino fue tal, que prueba mi independencia de maestros humanos. Pasaron tres años, antes de que visitara Jerusalén. Entonces fui a conversar con Pedro y mi estancia allí fue corta. Al otro apóstol que vi fue Santiago y a nadie más. (20) Con toda solemnidad afirmo la verdad de esto que estoy diciendo. (21) Después de esto viajé a Siria y Cilicia, mi provincia natal. (22, 24) Hasta este tiempo era poco conocido de los cristianos judíos; solamente habían escuchado de mí que yo, el fiero perseguidor, me había convertido ahora en predicador del Evangelio y daban gracias a Dios por mi conversión.
CAPITULO II
Su autoridad reconocida por los apóstoles en Jerusalén y mantenida durante su disputa con el apóstol Pedro.
1 – 10. No fue hasta su segunda visita a Jerusalén, catorce años más tarde, en la que el apóstol tuvo la oportunidad de presentar su Evangelio antes las autoridades de allí y estas aprobaron todo lo que había dicho y hecho.
Parafraseando. (1) Catorce años después, visité Jerusalén acompañado de Barnabás y Tito. (2) Fui impulsado por el Espíritu, quién me empujó a explicar mis enseñanzas a los líderes, con objeto de ver si las aprobaban. (3) Que así lo hicieron, está demostrado en el hecho de que no obligaron a circuncidarse a mi acompañante, Tito, a pesar de ser gentil. (4) No dudo que algunos lo deseaban por satisfacer a los judaizantes que estaban tratando de traer la esclavitud de la Ley sobre nosotros, (5) me opuse rotundamente puesto que si lo hubiera permitido, hubiera puesto en compromiso la verdad del Evangelio. (6) Pero los dirigentes más importantes de la Iglesia de Jerusalén, sea su autoridad la que fuera, ya que esta no afecta la verdad de la aprobación divina de mis enseñanzas, no tuvieron deseo alguno de corregir o agregar nada a mis puntos de vista, (7) pero sí reconocieron que tenía un área de trabajo designada entre los gentiles, en la misma manera que Pedro la tenía entre los judíos, (8) y que cada uno era exitoso en su propio campo. (9) No solamente eso, sino que estos líderes, Santiago, Pedro y Juan me dieron la mano derecha de hermandad como prueba de aprobación y simpatía y nos desearon la bendición Dios en nuestra misión en tierras extrajeras mientras que ellos tratarían de evangelizar a los judíos, (10) solamente nos pidieron contribuciones para los pobres de Jerusalén, lo cual nosotros estamos dichosos de hacer.
Catorce años más tarde. Hay bastante diferencia de opinión acerca de a qué visita a Jerusalén con respecto a las descritas en el libro de los Hechos, se está refiriendo. Muchos eruditos mantienen que esta visita se refiere a la narrada en Hechos 15 al final del primer viaje misionero. Otros, especialmente Ramsay, identifica esta visita con la que se narra en Hechos 11:27 – 30 y 12:25. Barnabás fue su compañero en ambas ocasiones. Tal como se menciona en Hechos 11:27 – 30, su segunda visita, fue a causa de una revelación. Pero fue en su tercera visita, Hechos 15, la relación directa con las discusiones sobre la aplicación de la Ley a los gentiles, una de las razones a la que el apóstol aquí alude. Tito. Era quizá el compañero de mayor confianza del apóstol. Siempre que había necesidad de llevar a cabo algún trabajo delicado, en los que se requería experiencia y tacto, Tito era el elegido para el propósito. Es increíble que su nombre no sea mencionado en el libro de los Hechos.
Por revelación. El apóstol quiere establecer la diferencia entre una revelación directa de Jesucristo y una inspiración profética.
Pero ninguno ( o “ni siquiera”) Tito fue obligado... Este es el punto crucial de la aplicación del principio en discusión. Una demanda había sido hecha por los rigurosos judaizantes de que Tito debía ser circuncidado. La demanda venía basada en la obligación que tenían los gentiles de guardar la ley judía, a la que el apóstol se opuso firmemente. En este punto encontramos una aparente inconsistencia entre su oposición y rechazo a la demanda y su consentimiento por la circuncisión de Timoteo en Listra (Hechos 16:3) “por los judíos que se encontraban en aquellas partes”. Esta inconsistencia, no obstante, es sólo aparente. En el caso de Tito se estaba oponiendo al principio de la observación de la ley judía por parte de los gentiles (y a la circuncisión como su símbolo más demostrativo), como necesaria para su salvación. Esta era una doctrina mantenida por parte de los cristianos – judíos y el apóstol Pablo ni siquiera quiso ponerlo en consideración. En el caso de Timoteo, este principio, no se encontraba en discusión. No había cristianos – judíos, solamente habían judíos, y al ser Timoteo de nacionalidad judía, por parte de su madre, debería llevar el signo demostrativo de su nacionalidad. En este caso el motivo es simplemente racial y no religioso. El apóstol circuncidó a Timoteo simplemente por razones prácticas. Podemos comparar su actitud personal en materias similares (Hechos 18:18; 20:16; 21:23) como muestra de que él continuaba practicando algunas de sus costumbres judías, inclusive acerca de prácticas religiosas, a pesar de que él no las consideraba necesarias para la salvación y, por tanto, ni siquiera pensaba en imponérselas a los demás. Debemos tomar en cuenta, que en los casos descritos anteriormente, Timoteo era medio judío, cuando Tito era gentil puro y el tema en discusión concernía exclusivamente a los gentiles.
5. Otra manera de parafrasear este versículo sería: “Mantenemos firme nuestra posición con objeto de preservar para vosotros y para todos aquellos que son como vosotros, la indiscutible verdad del Evangelio que es esta: La fe en Cristo es la única condición requerida para nuestra salvación.
11 – 16. No solamente queda establecida la independencia del apóstol Pablo de los otros doce apóstoles, por las circunstancias mencionadas, sino que, además, en una ocasión memorable, se sintió obligado a llamar la atención al apóstol Pedro, por la inconsistencia de sus actos (demostrando con esto la independencia de su autoridad), recordándole que era solamente mediante la fe, por la que se podrían salvar.
Parafraseando. (11) En otra ocasión, en Antioquía, de la misma manera, mantuve mi independencia de los apóstoles de Judea, establecida en circunstancias anteriormente mencionadas, puesto que, en su propia cara, testifiqué en contra de la deshonrosa acción del apóstol Pedro. (12) Cuando llegaron, al principio, se unían alegremente para celebrar en fiestas con los gentiles conversos; pero con la venida de algunos judíos cristianos de Jerusalén, se desasociaron de los gentiles por temor a ser criticados. (13) Otros judíos, incluyendo hasta a Barnabás, fueron seguidos por su ejemplo. (14) En vista a su inconsistencia, yo públicamente me encaré a Pedro diciéndole: Si anteriormente no has tenido problemas en asociarte libremente con los gentiles de acuerdo a su forma de vida, ¿por qué ahora te mantienes alejado de ellos, indicando como si estos hermanos tuvieran que adoptar la Ley de Moisés antes de poderles admitir en tu compañía? (15) Tu y yo, siendo judíos y no gentiles marginados, (16) sabemos, por nuestra propia experiencia, que es por la fe en Cristo por la que somos salvos, y no por las obras de la Ley.
17 – 21. Aquí el apóstol pasa imperceptiblemente, del enfrentamiento con el apóstol Pedro a la más amplia pregunta de las obligaciones de la Ley y da su apasionado testimonio de cómo él vive por la fe.
Parafraseando. (17) Pero algunos dicen que, a pesar de su confianza en Cristo, han caído en el pecado (y por tanto necesitan de la guía de la Ley). ¿Es entonces Cristo o el Evangelio la causa de su pecado? Sea cual quiera la conclusión a la que lleguemos, esto es totalmente absurdo. (18) Puesto que todo aquél que regresa a la Ley en busca de guía, después de haber puesto su confianza en Jesucristo, es un flagrante transgresor. (19) Yo fui llevado por la Ley para saber de mis pecados y poner mi confianza en Cristo, y con ello poder llegar a vivir en Dios; puesto que al ser salvado por Él del pecado, ya no tenía necesidad de la Ley – es decir, estaba muerto para ella. (20) Por medio del poder de la Cruz de Cristo yo había muerto a mi antigua vida; y ahora vivía de una forma más verdadera a la anterior; por tanto, es como decir que ya no era yo quien vivía, sino que es Cristo quien vive en mí; y si acaso puedo hablar de vivir, se refiere exclusivamente a la vida que llevo en mi fe por el Hijo de Dios, el cual es la fuerza y soporte de mi vida, un inherente poder de justicia. (21) No quiero, con esto, decir que la gracia de Dios carece de efecto y tal sucedería si me aferro a la Ley, puesto que si así fuera, Cristo habría muerto sin necesidad por nuestra salvación.
17. Este es un pasaje difícil. Parece que el apóstol está contestando a una objeción hecha por los judaizantes acerca de que la fe en Cristo es insuficiente para apartarme del pecado. O posiblemente se está enfrentando a un argumento presentado por los propios galateos indicando que su fe en Cristo era insuficiente para vencer a las tentaciones que se enfrentaban. De cualquier manera, el apóstol estruja el argumento hasta llegar a una conclusión lógica demostrando ser absurdo[1].
20. Crucificado con Cristo. El apóstol se identifica con la muerte de Cristo en la Cruz. El morir con Él en la Cruz implica el cese de su antigua vida sujeta al pecado a la vez de la búsqueda de la salvación por medio de la Ley. Ahora su vida es una vida de fe en unión a Cristo. “La fe que está en el Hijo de Dios”. Aquí el apóstol declara su doctrina de su mística unión a Cristo. Él vive exclusivamente bajo Su influencia y considera que sus pensamientos, palabras y obras son promovidas por el Salvador. Todo lo que él es, se lo debe a Cristo que habita en él. La relación espiritual que existen entre Cristo y él, es tan íntima, que solamente la puede describir como Cristo viviendo en él (comparar con Romanos 6:1—11).
CAPITULO III
La justificación es por la fe y no por las obras
1 – 14. El apóstol recrimina a los galateos por su rápido cambio de la fe hacia el legalismo, recordándoles que habían recibido el Espíritu, no por medio de las obras de la Ley, sino por su fe y para ello apela a sus propias conciencias, trayéndoles el paralelo histórico de Abraham.
Parafraseando. (1)¡Gálatas insensatos! Parece como si hubierais sido embrujados. Con toda claridad os expliqué cómo Cristo murió por vuestros pecados y aceptasteis esta salvación. ¿Por qué ahora os habéis alejado de vuestro Salvador? (2) ¿Fue por obedecer la Ley judía o por confiar en Cristo por lo que recibisteis los dones del Espíritu que de tal manera se manifestaron cuando creísteis? (3) ¡Qué locura es abandonar la vida del Espíritu por la observancia de una ley exterior! (4) ¿Por qué sufrir persecuciones por el Evangelio si lo tenéis en tan poca estima? (5) ¿Acaso no han sido todos vuestros dones espirituales y los poderes milagrosos manifiestos entre vosotros, debidos enteramente a vuestra fe? (6) Habéis leído en las Escrituras que a Abraham su fe le fue contado por justicia, y vosotros habéis experimentado una ilustración del mismo principio (7) Vosotros queréis ser hijos de Abraham, y yo os digo que sus verdaderos hijos espirituales son aquellos que tienen una fe como él tuvo. (8)En la promesa hecha a él, debido a su fe, escuchan el principio del Evangelio que se anuncia adelantadamente. (9) Son, por tanto, aquellos que basan su vida en la fe quienes comparte las bendiciones que a él se le prometieron. (10) Por otro lado, la Ley, no tiene el poder de bendecir, sino todo lo contrario, tiene el poder de maldecir; puesto que pronuncia su maldición sobre todo aquel que no la obedece en todo detalle (11) La imposibilidad de salvarse por medio de ella está claramente explicada en las Escrituras (12) La ley no descansa en la fe. Solamente justifica a aquellos que la cumplen por medio de sus obras. (13) Pero Dios ha venido a redimirnos de la maldición que la Ley pronuncia sobre nosotros; ya que Él la cumplió, al tomar la maldición sobre Él, tal como pone en evidencia su crucifixión. (14) Y el propósito de Su muerte salvadora fue para asegurar a los gentiles que pudieran recibir, por medio de la fe, las bendiciones que Abraham recibió por medio de la suya y ganar con ellos los dones del Espíritu.
11 y 12. Aquí el apóstol está dando más confirmación a lo que dice utilizando Habacuc 2:4 “... pero el justo por la fe vivirá”.
13. La figura que utiliza en la palabra “redimirnos” es la misma que se utilizaba al poner libres a los esclavos. Maldición. Se refiere a la pena que hay que pagar a la Ley como consecuencia de haber pecado. El apóstol llega más lejos aún, al explicar Deuteronomio 21:23, en la que la Ley declara que es maldito por Dios todo aquél que es muerto colgado de un madero. Esta fue la muerte de Cristo, por tanto fue maldito según la Ley. El apóstol asocia esta maldición que surge de una profanación ceremonial con la maldición que cae sobre el hombre a causa de sus pecados y, por tanto, considera que Cristo está llevando sobre Él el peso de nuestros pecados. La muerte de Cristo fue utilizada para rescatar al hombre de la maldición de la Ley. Entonces Dios, por medio de Jesucristo, impartió la bendición de Su Espíritu sobre todos aquellos que pusieron su confianza en Su Hijo y busca llevar una vida unida a Él. La Ley no era más que una serie de mandamientos exteriores que buscaban la obediencia del hombre por medio de promesas como premio y de penas como castigo. Cristo substituyó la lealtad a Él por obediencia a la Ley; y, de esta manera, al introducir el elemento personal del amor, trajo una poderosa influencia para ser llevada por su pueblo y les inspiró con un nuevo poder para poder vencer al pecado que de continuo les acosa.
15 – 22. El principio del Evangelio – salvación por medio de la gracia con la única condición de la fe – precede y es sobrepuesto a la ley.
Parafraseando. (15) Tomemos un ejemplo familiar: El testamento de una persona, una vez que es firmado y legalizado, ninguna otra persona puede anularlo o modificarlo. (16) Ahora pues, la promesa de gracia hecha por Dios a Abraham y su descendencia ahora se lleva a cabo solamente por medio de Jesucristo, en el que todos los creyentes se aúnan. (17) El sistema legal, es decir la Ley, se impuso mucho después de la promesa, no puede de forma alguna anular la promesa; (18) por tanto la salvación, es decir la herencia prometida, puede ser por medio de la Ley o por medio de la gracia, siendo este último método probado en el caso de Abraham; (19) Si entonces la Ley no podía salvar, ¿qué propósito cumplía? Tenía un propósito temporal y educativo. Estaba diseñada para provocar en el corazón del ser humano la conciencia del pecado, mostrándole la necesidad de su salvación y mostrándoles el camino, que es Cristo; fue un sistema dado al pueblo, no directamente por Dios, sino indirectamente por medio de ángeles a Moisés, que a su vez lo entregó a su nación. (20) Ahora bien, cuando se emplea un mediador, quiere decir que hay dos haciendo un acuerdo; pero en el caso de Abraham, solamente había uno: Dios, haciendo una promesa libremente por Su propia voluntad. (21) Es evidente, entonces, que la Ley no puede afectar a la promesa hecha por Dios. La ley está subordinada al Evangelio, pero sirve a los propósitos de éste, de lo contrario hubiera sido suficiente solamente con la Ley, y el Evangelio nunca se nos habría entregado. (22) Y la forma en que sirve los propósitos del Evangelio es condenando al hombre de sus pecados forzándole a darse cuenta que solamente puede ser salvo con la gracia de Dios por medio de su fe en Cristo.
15. Pacto. La palabra es herencia puesto que lo que está en discusión es la herencia (v. 18). De acuerdo a Ramsay, esta palabra, testamento, como era entendida en la ciudades de Galacia, significaba “una provisión para mantener a la familia dentro de sus obligaciones religiosas... El nombramiento de un heredero era la adopción de un hijo y esto era final e irrevocable en el territorio de Galacia”
16. La simiente que es Cristo. Aquí el apóstol argumenta sobre el hecho de que se utiliza la palabra “simiente” en singular, pero esto no afecta al argumento ya que la palabra es colectiva. Él considera a Cristo incluyendo a todos lo que están unidos a Él por medio de la fe, los que pertenecen a la verdadera simiente de Abraham.
20. No hay lugar para un mediador cuando es solamente una persona tomando una decisión. Al hacer Su promesa a Abraham, Dios se muestra como independiente y Uno. El punto que hace, es mostrar el contraste de las condiciones en las que se dieron la Ley y las condiciones en que se dio la promesa. La primera está sujeta al cumplimiento de un contrato – un contrato que el hombre no pudo cumplir; la otra no tiene contrato alguno, sino que es un regalo, es gratis, es dado por la gracia de Dios.
21. No quiere decir que por estar la Ley y la Promesa en diferentes rangos, estas estén opuestas.
22. La enseñanza del Antiguo y del Nuevo Testamento es la misma y esta es, que todos necesitamos de una salvación por medio de la gracia. Tanto la Ley como la promesa, contemplan el mismo fin. La conexión del argumento es que si la Ley pudiera haber dado al hombre la vida espiritual con objeto de cumplir con sus preceptos, en verdad lo hubiera hecho; pero la ley no pretende esto, por el contrario, muestra la impotencia de su naturaleza contrastándola con sus exigencias, ya que pedía al hombre hacer algo sobre lo que ella misma no estaba preparada para capacitar[2].
23 – 29. La ley tenía una trabajo preparatorio que ahora sería cumplido por el Evangelio.
Parafraseando. (23) Antes de la venida de Cristo la misión de la Ley era poner prisionero al hombre, por medio de la condenación del pecado, hasta la llegada de la fe que les pondría en libertad por creer en Él. (24) De esta manera, la Ley era como un maestro severo y disciplinario cuya misión era prepararnos para estar dispuestos y deseosos de recibir la gracia de Dios y Su Evangelio. (25) Pero ahora que nos encontramos en la libertad de la fe como hijos de Dios, estamos exentos de las ataduras y disciplinas de la Ley. (26, 27) Por medio de la fe, nos encontramos unidos a Cristo y nos convertimos en hijos de Dios y esto queda simbolizado en nuestro bautismo. (28) En Él, han desaparecido las nociones de nacionalidad, raza y condición social. (29) En Él, todos los creyentes son iguales pues se han convertido en herederos de la promesa de gracia hecha a Abraham, nuestro ejemplo como hombre de fe.
CAPITULO IV
La esclavitud de la Ley. La libertad en Cristo
1 – 7. Bajo la ley somos esclavos; bajo el Evangelio hemos recibido la libertad como hijos.
Parafraseando. (1) Antes de cumplir la edad para obtener su herencia, aun siendo dueño de ella, el heredero tiene los mismos derechos de ella que el esclavo. (2) Y tiene que continuar en su situación de subordinado, bajo la autoridad y enseñanza de otros. (3) De la misma manera nosotros, cuando nos encontrábamos bajo los rudimentos de la Ley, nos encontramos en la misma situación que el heredero. (4) Pero una vez que llegó la hora, Dios envió a Su Hijo, sujeto no solo, a la condición humana, sino también a la Ley judía, (5) para que Él pusiera en libertad a todos los que se encontraban esclavos bajo la Ley y les diera la autonomía y plenos derechos de hijos de Dios. (6) Y Dios también nos dio el Espíritu de Su Hijo y nos impartió el sentimiento de sentirnos hijos de Él (7) para que no nos consideremos por más tiempo esclavos de la Ley, sino hombres libres y herederos de la salvación a la que, como hijos, tenemos por derecho propio y la cual, estamos destinados a poseer.
8 – 11. En el pasado los galateos habían sido idólatras, siendo esclavos de dioses que, en verdad, no lo eran. Ahora querían regresar a la misma clase de esclavitud.
Parafraseando. (8) Antes de vuestra conversión, vosotros los gentiles erais víctimas de la idolatría; (9) pero ahora que el verdadero Dios se os ha revelado en Cristo, ¿cómo podéis desear el regreso a un plano inferior de conocimiento y prácticas religiosas? (10) Pues eso estáis haciendo al adoptar las formas judías ceremoniales y de observación de los días festivos. (11) Estos actos me ponen en el temor de que todos los trabajos que hice con ustedes han sido en vano.
12 – 20. Es apóstol suplica a sus lectores que regresen a su antigua fidelidad por el Evangelio.
(12). Les ruego que vean mi punto de vista hasta daros cuenta de que yo, al renunciar a la esclavitud de la Ley, me he convertido en un gentil para vosotros los gentiles. (13) Espero que por esto, basado en vuestra antigua fidelidad y amabilidad hacia mí, recordéis que fue debido a una enfermedad por la que fui llevado a ser vuestro maestro cristiano, (14) pero vosotros no me considerasteis ser una carga en aquel momento, sino que me recibisteis y tratasteis con gran honor y deferencia. (15) ¡Cuánto habéis cambiado desde aquel tiempo cuando habíais hecho cualquier cosa por mí! (16) ¿Me consideráis hostil ante vosotros porque os pido que mantengáis vuestra fidelidad a Cristo? (17) Los judaizantes que os acosan lo hacen para convertiros en a su partido y lograr vuestro apoyo. (18) Y bueno es ser objeto del interés de los demás para una buena causa – en todo tiempo y no solamente cuando me hallo entre vosotros. (10, 20) Os aseguro de mi deseo es intenso, de que seáis formados de acuerdo a la forma de Cristo y que de buena gana os visitaré y adoptaré un tono un poco menos severo con objeto de ganaros de nuevo a mi lado.
13. A causa de una enfermedad. “La primera vez” bien traducida del griego, indica que el apóstol había visitado la zona en dos ocasiones anteriormente de escribir esta carta. La primera se registra en el Libro de los Hechos 13:14 a 14:24. Probablemente él tenía la intención de predicar en Perga cuando llegó allí; pero habiendo sido afectado por una enfermedad fue obligado a abandonar las tierras bajas de Pamfilia para buscar la salud y la fuerza en las tierras altas de tierra adentro. Su viaje le llevó, desde la Antioquia de Pisidia, hasta Iconio, Listra y Derbe. En su regreso a Perga, de regreso a Antioquia de Siria, predicó el evangelio allí ya que no lo pudo hacer en su viaje de ida.
21 – 31. Este pasaje es un ejemplo del estilo rabínico de interpretación que encuentra un sentido escondido, de forma e intención, en muchas partes de las Escrituras. Aquí se toma una narrativa histórica que revela la verdad de que aquellos que se aferran a la Ley se encuentran esclavizados y los que viven por la fe en Cristo, libres.
(21) Vosotros que tan celosos sois de la Ley, estoy seguro que habéis tomado una lección de la ley misma. (22) Sabéis que la historia de Abraham nos narra que tuvo dos hijos, Ismael e Isaac (23) el primero de la esclava, Hagar, el último de Sara, nacido de acuerdo a la promesa divina. (24) Estas dos mujeres representan, de forma alegórica, las dos alianzas, la antigua y la nueva. Hagar representa la Ley, cuyo símbolo es el monte Sinaí, ya que sus descendientes, seguidores del Antiguo Pacto, nacen en estado de esclavitud. (25) No en vano el nombre del monte Sinaí, en Arabia, es Hagar y corresponde a la Jerusalén actual donde se encuentra el sitio sagrado del sistema de la Ley que, una vez más es símbolo de esclavitud. (26) Pero la Jerusalén espiritual, respondiendo al nombre de Sara, es como ella, la madre del libre. (27, 28) Puesto que nuestra madre espiritual cumplió con la promesa de la Escritura para la estéril, haciéndonos a nosotros como a Isaac, los herederos de la promesa de gracia de Dios. (29) Pero ahora, al igual que entonces, lo que no es espiritual persigue a lo espiritual. (30) Y de la misma manera que entonces los ismaelitas fueron rechazados de su heredar las promesas, ahora Dios rechazará a los esclavos de la Ley; (31) pues son los creyentes cristianos los que son los hombres libres de Dios y herederos de Sus promesas.
CAPITULO V
La naturaleza de la libertad cristiana
1 – 12. La inutilidad de buscar la justificación cumpliendo con las demandas de la Ley Mosaica; la inconsistencia entre las obras y la fe como métodos de salvación.
Parafraseando. (1) Y ya que Cristo nos ha liberado de la necesidad de obedecer esas demandas legales y sus costumbres, mantengamos consistentemente el uso de nuestra libertad. (2) El ser circuncidado como forma necesaria de salvación es renunciar a nuestra fidelidad a Cristo, (3) ya que la sumisión a este rito le obliga a uno a someterse y observar la totalidad del sistema legal. (4) Al dar ese paso, estáis renunciando y rechazando la libertad que, por gracia, os da Dios; (5) pues es por medio del Espíritu Santo, no con marcas en la carne, y en consecuencia de nuestra fe en Cristo, y no por obras que llevar a cabo, que tenemos nuestra esperanza de justificación ante Dios. (6) La circuncisión es algo totalmente sin importancia; la sola condición para la salvación es la fe, que encuentra todo su poder en el amor. (7) Progresabais en vuestra vida cristiana; ¿quién os ha descarriado para haceros desleales al Evangelio? (8) Esa enseñanza que habéis recibido y os ha sacado de vuestro camino, no es de Dios; (9) y a pesar de que ahora, os ha hecho poco daño, se extenderá como la levadura lo hace en la masa. (10) Sin embargo, tengo la buena esperanza de que hagáis caso a lo que os digo, pues el autor de este acto de división recibirá un pesado castigo. (11) En cuanto a la acusación de que algunas veces yo ordeno la circuncisión, si fuera por eso ¿seguirían persiguiéndome los judíos? Si esto fuera verdad, no continuaría ofendiéndoles por medio de mi predicación de que el Cristo crucificado es nuestro solo autor de salvación. (12) Pero ya está bien, solo deseo que aquellos que pervierten vuestra fe insistiendo sobre la circuncisión, se mutilen ellos mismos completamente.
13 – 15. Libertad de los requisitos de la Ley no significa desobediencia al espíritu de ellos que es el amor de unos a otros.
Parafraseando. (13) Aferraos, entonces, a la libertad de las reglas y costumbres de la Ley, pero recordad que libertad no significa licencia, sino servicio en amor. (14) Pues amor es la esencia de la Ley de Dios, (15) donde la murmuración y el odio solo pueden terminar en la destrucción de la vida espiritual de unos y otros.
16 – 26. Contraste de la vida carnal y la vida espiritual.
Parafraseando. (16) En la vida, que está amparada bajo el Espíritu, encontraréis vuestra verdadera seguridad contra los ataques del maligno sobre los que os estoy previniendo. (17) Puesto que entre las puras aspiraciones del Espíritu y los impulsos pecaminosos de la carne, existen conflictos agudos e incontrolables. (18) Si vives bajo la influencia del Espíritu de Dios, no tienes necesidad de buscar la guía de la Ley. (19 – 20) Contrastar el pecado que surge de los impulsos carnales (21 – 24) con las virtudes que surgen como consecuencia de ser guiados por el Espíritu. Aquellas nos excluyen del reino de Dios; el cristiano debe abjurar de ellas; pero, por el contrario, las últimas no pueden ser condenadas por ley alguna. (25) Por tanto, si poseemos el Espíritu en nuestros corazones, dejemos que nuestras acciones se lleven a cabo bajo su guía, y (26) apartémonos todo tipo de vanagloria y cualquier de sentimiento de sentirnos superiores que pueda ofender a otros y puedan encender en ellos rivalidad y celos.
CAPITULO VI
Consejos prácticos
1 – 5. La naturaleza y los requisitos de la ley del amor.
Parafraseando. (1) Si el pecado se sobrepone sobre uno de vosotros, tratar de corregir la falta con delicadeza, recordando que vosotros mismos podéis necesitar del mismo tipo de trato y perdón. (2) Compartir unos con otros los cuidados, alegrías y penas y con ello cumpliréis la ley de amor de Cristo (3) Eludir la decepción que sentimos al ver que no somos nada, pues esto viene como consecuencia de nuestro orgullo al sentirnos más de lo que somos. (4, 5) Que cada uno pruebe sus acciones por sus propios méritos y no comparándolas con las de otros hombres, pues cada uno deberá de sobrellevar su carga de responsabilidad.
6 – 10. El principio de la cosecha espiritual
Parafraseando. (6) Compartir con vuestros maestros. (7, 8) Si rehusáis obedecer la ley del amor, el resultado será un derrumbe moral; pues su observación nos lleva a una existencia de bendición. (9, 10) Nuestro premio está seguro si descargamos nuestro amor sobre todos los hombres y en especial sobre nuestros hermanos cristianos.
11 – 18. El terreno de la gloria.
Parafraseando. (11) Observar el tono abierto y desenfadado de mi carta, en el que os escribo como prueba de mi anhelo por vuestra salvación. (12) En resumen: Aquellos que insisten en vuestra circuncisión, lo están haciendo para obtener el favor de los judíos, puesto (13) que como cristianos, ellos no guardan la Ley consistentemente, pero están haciendo una muestra de su celo al inducir que vosotros sobrellevéis su carga. (14) Pues el único terreno de nuestra glorificación es la cruz en la que fui muerto para el mundo de pecado. (15) El tema de la circuncisión, no tiene nada que ver, la nueva vida en Cristo es lo que importa. (16) El favor de Dios caerá sobre todos aquellos que prueban sus vidas sobre este principio, demostrándose así que son verdaderos israelitas. (17, 18) ¡No me den más acusaciones! La prueba de que soy apóstol de Cristo está en las cicatrices que llevo como consecuencia de mi servicio a Él. ¡Que sus bendiciones caigan sobre vuestros corazones.
“GALATIANS” Traducido por Eloy García Calleja del libro “A commentary on The Holy Bible” por varios autores, editado por J. R. Dummelow M.A. Queens’ College, Cambridge (1908)
[1] Scofield parafrasea este versículo de la forma siguiente: “Si nosotros los judíos, buscando ser justificados por la fe en Cristo, tomamos nuestro lugar como meros pecadores al igual que los gentiles, ¿es, por esto, que Cristo nos hace pecadores? De ninguna manera. Es por colocarnos nosotros mismos otra vez bajo la ley, que actuamos como si fuésemos todavía pecadores no justificados, que andan buscando llegar a ser justos por medio de la ley (Comp. Gálatas 5:1-4) (N. Del T.)
[2] (N del T.) Lo que el escritor trata de explicar es que para el cumplimiento de la Ley, se requería de una parte espiritual, la cual, esta, no estaba preparada para regular, enseñar ni cabía dentro de sus funciones. Es como si un joven, una vez graduado de secundaria, pasara a estudiar ingeniería con el mismo profesor de secundaria.
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