tu letra podré acariciar
Capítulo 7
La Fuga
De pronto, Beth había dejado de escribir como siempre. Kian leía sus cartas llenas de consejos y expresiones de felicidad por todo lo que estaban logrando como grupo. Pero ni una sola palabra sobre sí misma.
Kian podía leer que estaba demasiado deprimida para ponerlo en palabras. Podía comprender el hecho de que estuviera mal, pero lo que no entendía era por qué ella no podía decirle nada... siempre habían compartido todo.
Beth tenía el poder de sentarse a responder una carta para John siempre dándole ánimos y llenándolo de energía para continuar con sus proyectos, pero no tenía la fuerza suficiente para enfrentarse a su propia vida, a su propia realidad.
Todo era lo mismo... y eso era exactamente lo que estaba terminando con su ahora poca paciencia.
Los días, las semanas, los meses pasaban. A veces lentamente, otras en un soplo; pero era siempre lo mismo. Su única distracción eran las cartas de John, Nicky y Matt. No lograba verle otro objetivo a su vida. Pareciera que sus sueños (los pocos que tenía) se habían esfumado y que carecía de ambiciones. No pensaba en nada, nada le alegraba, ya ni le importaba que sus compañeras la ridiculizaran o que la directora se pasara esta vida y la siguiente alabándola... no se sentía como una persona normal.
Pasaba días horribles en los que solo se dedicaba a escuchar el tape que le había enviado John. No tenía nada más que quisiera oír.
Pero llegó un día en el que finalmente no pudo más. No se sentía lista para soportar mucho tiempo más encerrada, sometida al yugo de un montón de autoridades que con el permiso de sus padres le hacían la vida difícil.
Su plan estaba formulado y lo único que tenía que esperar era la oportunidad adecuada... y esta llegó precisamente con el correo del domingo.
Hola Bethy!
No sé que puedo decirte pequeña… todo esta muy bien por aquí! Mi única queja sigue siendo que no me escribes mucho sobre ti últimamente. Qué es lo que pasa?
En la banda todo va increíblemente bien. Ha habido varias personas interesadas en nosotros después de escuchar el tape. No sé si sea pura suerte... pero lo que sea, bienvenido sea!
Uno de estos hombres que quiere vernos dijo que quiere que nos vean todos sus socios, así que a fin de mes estaremos en Londres. Te prometo que buscaré la dirección del internado e iré a visitarte. Por eso quiero que me digas los mejores días y las mejores horas para ir a verte.
Wow, he querido darte esa noticia primero. Estoy muy ansioso por verte. La verdad es que me carcomen las ganas de verte!
Bueno, esta es carta corta. Tengo a Shane respirando sobre mi hombro rogando que me apresure.
Un beso.
John
Era perfecto... era simplemente perfecto!
John,
Espero que esta carta pueda llegar a ti antes de que salgas de viaje. Te juro que no podías haberme dado una noticia mejor... porque tengo un plan y te incluyo en él tomando en cuenta nuestra larga amistad y el hecho de que las ganas de vernos son mutuas.
Busca la dirección del internado y ven el último día del mes. Te darás cuenta de que el instituto ocupa todo un bloque (es un bloque bastante grande), así que dudo que te pierdas. En todo caso, desde la puerta principal camina por la calle hacia tu derecha y gira en el callejón. Sigue caminando hasta que encuentres el arbusto más alto. No creo que sea posible perderse de eso tampoco; justo frente al arbusto, en la calle hay una viga metálica apoyada en el edificio.
A las once treinta en punto de la noche treparé al árbol y saltaré la cerca.
Espero encontrarte allí. Si no estás podré entenderlo, no te preocupes; pero realmente me gustaría mucho salir y verte.
Estoy muy feliz por ti y los chicos. Se están ganando todo lo bueno que les pasa. Todo esfuerzo rinde frutos.
Si te es posible respóndeme antes de la fecha fijada.
Espero verte.
Beth
Kian se quedó parado en seco cuando terminó de leer la carta.
“Estás bien amigo? Estás un poco pálido,” dijo Mark en un tono bastante preocupado.
Kian dobló el papel y volvió a guardarlo en su sobre. Entonces empezó a hablar para sí mismo. “Estamos a veintiséis... viajaremos el treinta y volveremos el primero del mes entrante...”
“Oh, si. Eso lo aclara todo amigo.” Se refirió Shane en un tono sarcástico mientras intentaba concluir el por qué de las aclaraciones de Kian sobre su próximo viaje.
“Ella quiere escaparse!” Dijo en una explosión de emoción.
“Qué?” Replicaron a unísono sus amigos.
“Ella me escribió y me dijo que la esperara a las once treinta fuera del internado el treinta y uno! Va a fugarse del internado!”
Beth revisó su plan una vez más. Tenía un montón de dinero guardado... no sería difícil comprar su pasaje hasta Dublín. Podría quedarse en casa de Matt por un tiempo, después ya vería qué hacer.
No necesitaba mucha ropa, y después de todo no tenía mucha... solo la usaba los fines de semana, el resto del tiempo tenía que usar el uniforme del instituto.
Su maleta estaba lista en la mañana del treinta... era liviana, pero no tenía mucho que fuera importante llevar aparte de un poco de ropa y las cartas de John que atesoraba en un álbum.
Kian había llegado a la ciudad la noche del treinta y a la mañana del día siguiente se dirigió con sus amigos a un pequeño show que habían preparado para que ellos se presentaran. Todo había salido perfecto, así que con una sonrisa de satisfacción salió después del almuerzo temprano a buscar el internado.
El taxi lo dejó frente a una inmensa puerta negra que sobresaltaba ante las paredes impecablemente blancas del instituto. Lo primero que hizo fue seguir las instrucciones de Beth caminando hacia la derecha, girando en la esquina, y llegando hasta el punto en que el gran arbusto y la viga se encontraban el uno frente al otro, tal y como Beth lo había señalado.
Kian se asombró al pensar en cuán bien estructurado estaba el plan. Saltar por allí no sería nada difícil, y si Beth tenía una buena condición física estaría del otro lado en segundos. Solo esperaba que no llevara mucho equipaje.
Seguido entró al instituto y le atendió una señora algo mayor que estaba sentada en la portería.
“Lo siento muchacho, las visitas a las internas empiezan a las tres.”
“No se preocupe, solo pensaba dejar una nota a una de las chicas. Sería posible que se la entregue?”
“Para eso llegas con suerte, soy la encargada de vigilar el comedor durante el almuerzo. Seguro que puedo entregar la nota.”
“Podría prestarme un papel y un lápiz.”
La señora se los facilitó y esperó pacientemente a que el chico doblara cuidadosamente la nota y se la entregara.
“Para quién es?” Preguntó tratando de no sonar muy interesada.
“Elizabeth Ohara.”
“Tu eres John o Nicky?”
Kian se volteó para mirarla con una expresión interrogante.
La señora le sonrió, “yo entrego el correo cada mañana a las alumnas. Beth recibe correo más seguido que cualquier otra estudiante, y sé que solo recibe correspondencia de John, Nicky y su hermano Matt.”
Kian dio media vuelta una vez más y salió en busca de un taxi. Volvería más tarde.
Beth estaba sentada en una banca alejada sonriendo tristemente pensando que ese sería su último almuerzo en aquel lugar. Vio cuando entraba la señora que entregaba el correo en las mañanas, así que levantó su mano en un saludo. Ella era una de las pocas personas que se merecían sino afecto, respeto, dentro del instituto.
Con asombro descubrió que la señora se acercaba directamente hacia su mesa.
“Hola niña, cómo estas?”
“Un poco cansada, creo que iré a dormir largo y tendido después de la clase de la tarde.” Mintió ella. “Y usted?”
“Feliz. Acabo de ver a un chico guapísimo.”
Beth le devolvió la sonrisa de complicidad.
“Desgraciadamente no venía a verme a mi. Quería dejar un mensaje para una de las internas... pero era realmente apuesto... Todo un placer verlo!”
Una pequeña carcajada salió de la boca de Beth. “Entonces para quién era el mensaje?”
“Para ti.”
Beth paró de sonreír abruptamente mientras la señora le extendía la mano conteniendo un papel doblado delicadamente.
Te estaré esperando.
John
“Un corto mensaje, pero creo que significa mucho.” Le dijo la señora antes de levantarse para continuar con la ronda.
Beth seguía sosteniendo la nota en su mano, anonadada por lo que acababa de suceder. Entonces se volteó hacia la señora que casi había pasado su mesa. “En serio era guapo?”
“Oh si cariño! Si tuviera unos cuántos años menos no dudaría en hacerte la competencia.”
A las diez y treinta Beth volvió a revisar los pasillos. Por fin ya no quedaba más que una luz encendida, la suya propia.
A las once el silencio dominaba todos los rincones. Entonces fue que Beth decidió que era hora de salir a los jardines.
Le tomó cerca de veinte minutos llegar a los jardines sin que nadie se diera cuenta. Pero una vez que llegó empezó a caminar aún más despacio dirigiéndose hacia el arbusto del cuál saltaría hacia su libertad.
Kian había llegado a las once en punto. Mark y Shane estaban a su lado. No pensaban que el plan iba a fallar, solo querían asegurarse de hacer lo posible porque todo saliera tal y como debía.
“Once y veinte.” Anunció la voz de Shane mientras caminaba junto a la viga metálica.
“Estas nervioso?” Preguntó Mark poniendo una mano sobre su hombro.
“Mucho. He soñado con conocerla desde hace mucho... y ahora no puedo esperar.” Declaró Kian reclinándose en la pared que cubría al arbusto.
“Será mejor que hagamos silencio. Se asustará si escucha voces.”
Kian asintió y se quedó mudo esperando que llegara la hora pactada.
Después de unos minutos Shane hizo una señal con la mano indicando que eran las once treinta. Kian agudizó sus sentidos intentando percibir cualquier rastro que le indicara que Beth estaba saliendo.
El primer ruidito paralizó su corazón. Una rama estaba moviéndose tras el muro en el que estaba recostado. A un segundo ruido semejante le siguió una respiración agitada. Era ella.
Hubo un tercer ruido del arbusto moviéndose y la pared crujió cuando ella empezó a apoyarse en ella, pero después un sonido estridente llenó los oídos de los tres amigos.
“Se ha subido al árbol! DETÉNGANLA!”
Era la voz de una chica que chillaba desesperadamente mientras miles de pasos se acercaban corriendo hacia el muro.
“Dios!” Exclamó una voz muy asustada que Kian supuso era la de Beth.
Kian no pudo resistirlo. Lo único que se le ocurrió fue subirse en la viga inclinada. Pero ya era muy tarde.
Todo lo que pudo ver fue la sombra de una figura joven que temblaba, estaba terriblemente asustada. Sintió que Beth lo miró directamente a los ojos por un segundo. El sonido de un objeto que volaba hacia ella hizo que volteara su mirada hacia dentro del patio.
Entonces las luces de varias lámparas enfocaron el lugar donde ella se encontraba y la escuchó gemir de dolor cuando el objeto volador chocó contra su cuerpo. Beth cayó del árbol y con lo último que le quedaban de fuerzas empezó a gritar desesperadamente. “VETE!!! VETE DE AQUÍ!!!”
Kian estaba aún tratando de vislumbrar algo, tratando de comprender a quién le estaba gritando; cuando Shane tiró de su suéter e hizo que resbalara de la viga. Apenas y había caído en cuenta que el llamado había sido para el. Empezó a correr desesperadamente. Llegaron a la calle en que se encontraba la puerta principal y siguieron de largo hasta llegar a tomar un taxi.
Beth estaba en el suelo rodeada de gente y ahogada de dolor. Había trepado fácilmente el árbol y estaba a dos pasos de saltar cuando escuchó la voz de alarma que daba Sophie. Seguramente le había seguido.
Pensó que todavía podía salirse con la suya, entonces se decidió a saltar. Vio delante suyo la sombra de un chico que estaba parado sobre la viga, pero la distrajo el zumbido de algo que se acercaba rápidamente hacia ella.
No sabía qué era lo que le había golpeado, pero sintió un dolor punzante en su pierna derecha y cayó del árbol al piso. Había caído justo sobre la pequeña maleta con la que intentaba escapar y pudo oír claramente cómo con el peso de su cuerpo el tape de John se partía. Además sentía que se le habían quebrado ambas piernas y su brazo izquierdo.
La única imagen en su mente seguía siendo el chico parado sobre la viga y en ese momento vio que Sophie se subía al arbusto en el que ella había estado segundos antes. Ella podía llegar a ver a John... no podía permitirlo. Entonces gritó al tope de lo que sus fuerzas le permitían. Pero después de lanzar unas pocas palabras una mano fuerte se cerró sobre su boca.
Entonces allí estaba, recostada en el piso sintiendo un dolor espantoso mientras tenía un montón de gente a su alrededor mirándola acusadoramente. Ese sería su final.
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