tu letra podré acariciar

Capítulo 19

Visitas

Las siguientes semanas pasaron relativamente mucho más calmadas. Kian despertaba cada mañana junto a Beth y salía directo a trabajar en la filmación de su nuevo video o al estudio para la grabación de algunas otras canciones.

Mark ya le hablaba, pero no se había pronunciado con él acerca del asunto de Beth. Lo único relevante que pasó respecto a eso fue un comentario mientras Kian les contaba a los demás sobre el regalo de cumpleaños que pensaba comprarle.

“Creo que mejor me voy...” había dicho de forma despectiva. “Después de todo, cualquier cosa relacionada con ella no me importa. Ella no me importa.”

Beth por otro lado, era muy feliz relativamente. Despertaba cada mañana junto a Kian, y salía de casa pocos minutos después de él. Tal vez estaba más tranquila porque tenía su mente ocupada... eso no lo sabría nunca, pero era un hecho que estaba cargada de trabajo. Había logrado cumplir su sueño de ser abogada en la firma discográfica, aparte se encargaba de los muchos asuntos legales de Nicky y Georgina, y era la cabeza legal en la empresa de su hermano mayor.

“Crees que Nicky se esté inventando todas estas demandas para mantenerme ocupada?” Preguntó una noche mientras cenaban frente al televisor.

“Lo dudo. Conocí a quien fue su abogado antes de que tu te encargaras... me pareció que estaba realmente agradecido de dejarlo... dijo que con todo lo que Nicky tenía pendiente él no podía concentrarse ni siquiera en su familia.” Se rieron juntos.

“Entonces crees que los chicos se estén inventando este nuevo disco solo para que salgas temprano de la casa y regreses muy tarde?”

“La verdad eso me lo invento yo. Ya sabes, me aburro rápido de ciertas personas.”

“Tonto!” le dijo mientras tiraba una almohada.

“Ingenua! Cómo vas a creer que yo quiera estar alejado de ti?”

“Eres cruel. Siempre me juegas bromas tontas como esa.”

“Es solo para verte sonreír... sabes bien que me encanta.”

Se acercaban poco a poco para besarse, pero cuando estaban a menos de un centímetro de distancia el timbre de la puerta repicó en sus oídos.

“Acaso Matt venía hoy?”

“Yo no le llamé y el no me ha llamado. Tu no invitaste a nadie?”

“Beth... Cómo podría invitar a alguien?... esta no es mi casa-”

“Oficialmente.” Completó ella.

El timbre volvió a sonar. Quien fuera que estuviera esperando era bastante impaciente.

Beth fue la primera en levantarse, y se dirigió a abrir la puerta mientras Kian acomodaba los almohadones en su respectivo sillón.

“Marie?!”

Kian se acercaba de a poco al vestíbulo. La voz que oía no se le hacía conocida, y aunque el nombre no era uno comúnmente pronunciado en casa de Beth, sabía perfectamente a quién se refería.

“Hola hermanita. Linda casa, o al menos se ve linda de fuera.”

Beth apenas y podía articular una sola palabra. Qué hacía su hermana en la puerta de su casa? Se supone que debían estar en Londres.

“Bueno, me vas a dejar pasar ya? No quiero que mis padres me llamen para ayudar con las maletas.”

“Mis padres?”

“Si, no los ves? Están bajando del taxi.”

Beth solo quería desaparecer en ese momento. Realmente eran sus padres los que se acercaban con un montón de maletas... tenía la horrible sensación de que aquella noche no dormiría feliz con Kian.

“Woa! No sabía que tenías visitas... Hola, soy Marie... y tu, macho?”

“Marie, el es mi novio Kian.” Dijo Beth girándose para rescatarlo.

“O sea que contra todo lo que te he enseñado, tienes novio...” fueron las primera palabras de la madre de Beth que apenas y estaba entrando en el recibidor.

“Hola mamá, papá. Qué gusto verlos. Les presento a-”

“Si, si... solo dime dónde dejo todas estas maletas.”

“Van a quedarse?”

“Nos ves esperando un taxi para ir a un hotel?”

Beth suspiró profundamente mientras Kian colocaba una mano sobre su hombro como apoyo. “Creo que encontrarán que la primera y la segunda habitación a la derecha en el segundo piso, son bastante cómodas.”

“No vas a cederles tu cuarto a mis padres?” cuestionó Marie burlonamente.

“Deja en paz a tu hermana. Primera y segunda a la derecha, verdad?” Fueron las primeras palabras de su padre.

La aludida asintió y los vio desaparecer a los tres tras subir las escaleras.

“Estás bien?” Kian realmente no sabía qué preguntar.

“Supongo que sí. No me esperaba que vinieran... bueno, no es como si siempre me dijeran lo que hacen o dejan de hacer. Tu estás bien?”

“Estoy contigo, estoy bien.”

“Gracias.”

“Bueno, el de mañana no será el mismo amanecer que me hace sonreír.”

“Desearía más que nada que te quedaras.”

“Puedo quedarme un rato más si quieres.”

“No creo que sea lo mejor... al menos no para ti. Como nunca he tenido novio, no sé como vayan a reaccionar, pero apostaría que no te hacen sentir bienvenido a la familia como mi hermano.”

“Podrás tu sola?”

“No tengo idea, pero no lo sabré nunca si no lo intento.”

“Qué demonios hiciste con tu cuarto?!?!” Retumbó la voz de su madre desde el piso superior.

“Te acompaño hasta la puerta?” susurró ella tomándolo de la mano.

Aquella noche había sido un completo tormento. Beth aguantó uno más de los famosos sermones de su madre. Claro que Marie estuvo tan activa durante el sermón que cualquiera hubiera creído que no era su hermana, sino su malvada hermanastra.

“Cómo te atreves a desobedecerme?!” “Acaso no te he dicho que los hombres te distraerán de tu trabajo?” “Nunca podrás estar bien si estás con alguien... roban tu tiempo.” Fueron algunas de las frases que más calaron en su mente mientras trataba de ignorar los gritos descontrolados de su madre y hermana.

Beth consiguió al fin decir que estaba muy cansada para continuar con la discusión y que se iba a dormir, pero mientras entraba a su habitación pudo escuchar la queja de su madre que hablaba con su esposo: “Es una irresponsable. Sabía que eso del cantante la metería en extravagancias... la despidieron! La despidieron por no ser suficientemente seria con su trabajo... y aún con ese peso en su conciencia no es lo suficientemente lista como para dejar a ese muchacho!”

Cuando por fin cerró la puerta de su cuarto miró fijamente a su alrededor y se dio cuenta de que muchos de los adornos más bonitos de su habitación habían desaparecido. Solo suspiró y se dejó caer en la cama sintiendo un horrible deseo de escribir en su diario. Pero se detuvo antes de levantar el brazo siquiera... no lo haría. Lucharía contra todo y contra todos... no se dejaría vencer por sus padres una vez más.

A la mañana siguiente, su mobile la despertó sonando incesante sobre la mesa de noche.
“Buenos días princesa.”

“Kian... buenos días. Qué hora es?”

“Casi las ocho. Lamento llamar tan temprano, pero no pude resistir más la curiosidad. Cómo te fue?”

“Mmm... siendo justa... fue patético. No esperaba que Marie adoptara la misma estúpida actitud de mi madre. Prácticamente me dijeron que si no terminaba contigo me desalojarían de mi propia casa!” Beth lo decía en un tono un poco burlón pero no sonreía en absoluto.

“No tienes que quedarte y lo sabes. Ellos no pueden estar tras tus pisadas por siempre.”

“Kian... si me mudara al infierno ellos estarían a mi lado para asegurarse de que mi vida sea solo el trabajo y que ni el mismo diablo se me acerque y me distraiga.”

“No entiendo cómo-”

“Deberías al menos recordar todo lo que me hicieron mientras estaba en el internado... no han cambiado. Si alguna vez tuve esperanzas de ser libre y vivir feliz no será en esta vida.”
“Lo lamento cariño.”

“Tranquilo... por el momento lo estoy pasando mal, pero después buscaré la forma de solucionar las cosas.”

“Sería oportuno visitarte?”

“No lo creo... están por toda la casa revisando mis cosas. Tuve suerte de encontrar todo lo que te pertenece y dejarlo lejos de su alcance. Vas a creer que Marie entró ayer a mi habitación y se llevó mis adornos y algunas de mis joyas favoritas?”

“No tienes que quedarte ahí... ven a mi casa.”

“No es tan simple Kian.”

“Cómo que no es simple? No te fue simple hacerme vivir en tu casa el último mes?”

“Es diferente...”

“No es diferente, pero comprendo que no quieras.”

“No es que no quiera.”

“Sea por la razón que sea, respeto que no lo hagas; pero sabes que te estoy esperando y que desde ayer he marcado mi lugar y tu lugar en la cama.”

Beth sonrió para sí misma, pero después cayó en cuenta en el error que podía cometer. Al mudarse con Kian no solo que podía crearse problemas para sí misma, sino que también le llevaría a un agujero sin fondo a la persona que más quería en el mundo.

“Sabes? Me encantaría poder hacerlo, pero creo que antes de atreverme a dañarte, me largaría muy lejos... no soportaría verte infeliz luchando contra MIS monstruos. Desaparecería antes de exponerte.”

“Beth... no empieces...” Fue lo último que pudo decir Kian antes de que Beth cambiara de tema.

Cuando ella cerró el teléfono y se levantó a desayunar se dio cuenta de que la puerta de su cuarto no estaba cerrada como ella la había dejado.

“O sea que te mudas con él?” Se mofó Marie. “No va a pasar. Mi madre lo sabrá.”

Beth siguió a su hermana con la mirada hasta que empezó a bajar las escaleras hacia la planta baja. Ahora sí que lo había arruinado.

Pensó por última vez sus planes y analizó cada una de las posibilidades. Tomó una ducha y preparó su equipaje. Saldría de allí... Borraría a sus padres, a sus problemas y a su sufrimiento de una vez por todas.

Tomó el enorme libro de su mesa de noche y lo abrió en la última página que había escrito. Recogió su esfero e imprimió con letra clara y firme:

Mi amado Kian,...

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