tu letra podré acariciar

Capítulo 2

Un Nuevo Amigo

Beth había luchado toda la semana contra sus propias fuerzas para detenerse cada vez que su corazón le pedía volver a escribirle a John.

Una de sus profesoras le había explicado que el correo podía tardarse mucho en llegar a su destinatario, pero esto no la tranquilizaba. Muchas veces pensaba que había anotado mal la dirección, y muchas otras veces pensaba que John no quería responder.

Estaba Beth sentada casi al final de una mesa durante el desayuno. Había intentado hacer una amiga pero parecía que en aquella escuela a nadie le gustaban los irlandeses. En fin, aquella mañana le sorprendió que la señora que se encargaba de repartir el correo para las alumnas, le pusiera la mano en el hombro.

“Es de John!” Dijo exaltándose de alegría.

Tomó el sobre y empezó a leerlo sin importarle que otras estudiantes desaprobaran su alegría.

Hola Beth!

Me encantaría decirte que soy el mismo John a quien quisiste escribirle, pero no lo soy. La verdad solo abrí el sobre porque no tenía otra identificación que mi nombre y la dirección de mi casa.

Me sorprendió mucho recibir una carta cuando apenas y me he mudado a esta nueva casa. Palabra que no fue mi intención leer algo que no era mío.

En todo caso, me entristeció mucho leer que tu también te habías mudado hace poco y que no te gustaba el lugar donde vives. Lamento también que no te guste la escuela y que a tus compañeras no les guste la gente de Irlanda.

Es por eso que decidí contestarte. Sé que no soy a quién querías escribir, pero comprendo que necesitas un amigo para que te mantenga en pie mientras otros quieren verte caer.

Me llamo John Egan y tengo trece años. Acabo de mudarme a esta casa hace dos días y aún no conozco a nadie por aquí. Adoro ser irlandés y me gusta muchísimo el fútbol.

Si quieres que sigamos escribiéndonos respóndeme lo antes posible.

Espero sinceramente que todo mejore en tu nueva escuela.

John

Beth guardó la carta en su bolsillo para ir a su habitación. Tenía que lavarse los dientes y salir corriendo a su primera clase de la mañana. No tenía tiempo para contestar la carta por el momento, así que tenía toda la mañana para pensar.

Se sentía un poco frustrada por haber confundido la dirección de John, pero le alegraba mucho que este otro John le haya respondido.

Al llegar la hora del almuerzo subió directamente a su cuarto escondiendo el postre y un poco de fruta y empezó a responder a la carta de John.

Kian llevaba una semana en su nueva escuela. La verdad en un principio le asustaba mucho sentir algo parecido a lo que había sentido Beth, pero no había nada que temer. Todos en la pequeña escuela en Sligo eran buenas personas y le habían dado una cálida bienvenida.

“Mamá. La familia que vivía en esta casa antes que nosotros tenía un hijo que se llama John?”

“Creo que si hijo. Recuerdas la J grabada detrás de la puerta del cuarto de tu hermana? Ese solía ser su cuarto.”

En ese momento Kian vio acercarse al cartero y sin que nadie se lo pidiese fue directamente hacia el buzón para revisar lo que traía ese día.

Habían recibido una carta de la abuela, una revista para su madre, una carta del jefe de papá y una carta de Beth.

Subió a su cuarto y cerrando la puerta de golpe se sentó en su escritorio a leer el contenido de la nueva carta.

Hola John!

Gracias por escribirme. Aunque no hayas sido la misma persona a la que le escribí me da gusto que alguien haya respondido.

Mi nombre es Elizabeth Ohara, pero prefiero que me digan Beth. Tengo doce años.

Mis padres decidieron inscribirme en este internado porque según ellos es el mejor desafío al que me puedo enfrentar... Que tontería...

Te envidio, mudarte a esa casa significa que debes estar en mi antigua escuela. Me gustaba mucho, toda la gente es muy buena y te ayudan cuando te sientes mal. Muy distinto a lo que pasa aquí.

No me vas a creer... la gente aquí es extremadamente tonta. No solo que no tengo una compañera en mi clase que sepa una pizca de matemáticas o cualquier otra materia, sino que todas son unas engreídas y creen que tienen el mundo en sus manos por ser inglesas. No he podido hacer una sola amiga y ya llevo más de tres semanas de clases.

He estado triste últimamente y les he escrito a mis padres contándoles todo, pero solo me dicen que tengo que ser fuerte y que todo irá mejorando con el tiempo. Quiero creerles pero es difícil con compañeras como las que tengo.

Espero no aburrirte con mis historias. Mejor cuéntame más de ti.

Cuídate,

Beth

Así que había decidido escribirle...

Kian estaba muy feliz y fue a contárselo a su madre. Ella se alegró por el. Estaba orgullosa del buen corazón de su hijo al sentirse comprometido a ayudar a la pobre chiquilla.

Mientras tanto, Kian ya había empezado a escribir a su nueva amiga una vez más.

Beth estaba muy impresionada. La respuesta a su carta había llegado casi a la semana de ser enviada. Esperaba que el correo siguiera siendo así de eficiente.

Hola Beth!

Me alegra mucho que quisieras seguir escribiéndome.

Me parece impresionante que pensemos de la misma forma sobre la escuela de Sligo. Es muy bonita y tienes razón, uno puede siempre encontrar la ayuda que necesita.

Con respecto a John, sé que esta fue su casa antes de mudarnos. Descubrí una J grabada tras la puerta de la habitación de mi hermana. Prometo que intentaré averiguar dónde se mudó.

Pienso igual que tus padres... todo irá mejorando con el tiempo. Los padres siempre dicen esas cosas de ser fuerte para que aproveches lo que ellos hacen por ti. Deben estar haciendo un gran esfuerzo por mantenerte en esa escuela y tienes que dar lo mejor de ti para no decepcionarlos. Tienes que demostrarles que siempre serás la mejor doquiera que estés. Eso no solo les hará sentirse orgullosos, sino que te hará mejor persona.

Y bueno, sobre mi no puedo decirte mucho. Antes de mudarme aquí vivíamos en el centro de Sligo, y aunque mi familia sea grande dudo que hayamos tenido oportunidad de cruzarnos por ahí con la tuya.

Cuando leí tu apellido le pregunté a uno de los vecinos y me dijo que tu vivías hace poco en la casa junto a la mía. Podíamos haber sido vecinos si no te hubieras mudado o si yo hubiera venido antes.

Pareces ser muy simpática Beth, y por eso pienso que aunque en el comienzo no haya resultado fácil, harás amigos rápidamente.

Debo despedirme, pero espero poder seguir escribiéndote.

Cuídate,

John

Beth guardó la carta en su cajón y se cuidó de acomodarla delicadamente junto a la carta que su nuevo amigo, John, le había escrito por primera vez.

Era feliz de tener a alguien que le enviara palabras de ánimo. Era feliz de tener un nuevo amigo. Era feliz de meterse en problemas con sus compañeras por defender sus convicciones apoyadas por las letras de este niño. Era feliz al enviar una respuesta a esta nueva carta aquella misma tarde.

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