tu letra podré acariciar
Capítulo 17
El Chico De Las Cartas Y El Hombre Del Sentimiento
Cuando Kian estacionó su auto frente a la casa de Beth pudo distinguir una figura sentada en el último escalón, pero jamás hubiera adivinado quien era.
“Quién crees que sea?”
“No lo sé. No espero a nadie... Estoy asustada, puedes acompañarme?”
Kian se apresuró al otro lado para abrir la puerta de Beth y se sintió casi igual de asustado que ella cuando se dio cuenta que la figura se acercaba lentamente.
“Llegan tarde... dónde fueron?”
Kian estaba completamente agradecido de que Beth insistiera en que se cambiara de ropa... hubiera odiado que Mark lo viera salir con su chica en esmoquin.
“Fui a casa de Matt a ver los vestidos nuevos de Lauren, y el que usará para el bautizo de su sobrina.” Beth mentía un poco asustada de que Mark reaccionara mal ante el gesto que había tenido su hermano con Kian. Después de todo, Mark ni siquiera conocía a su hermano.
“Debe haber tenido una centena de vestidos.” Mencionó Mark tratando de sonar casual, pero se distinguía el dejo de sarcasmo.
“Y tu qué haces aquí? Quieres pasar a tomar una taza de chocolate caliente? Siento ganas de un poco.”
“Pues me encantaría pasar, pero quisiera poder hablar contigo a solas.”
“Por eso no te preocupes, solo la traje porque me quedaba cerca... ya me iba.” Mintió Kian que hubiera dado lo que fuera por compartir aquella taza de chocolate caliente con Beth. Y con un saludo de cabeza se volvió a subir a su auto y se fue directo a su casa.
“Entonces entramos?”
Mark no mostró ningún signo de emoción durante unos cuántos minutos. Era un comportamiento totalmente anormal en el, todo le era indiferente a pesar de que parecía querer poner máxima atención a las palabras de Beth.
“...entonces mi hermano decidió que no quería moverse de su casa y llamé a Kian.” Terminó ella de relatar una mentira perfectamente creíble.
“Tuviste buena noche entonces.”
“Bastante. Siempre me divierto mucho con Lauren y Matt. Pero cuéntame, que hay de ti?”
Él levantó las cejas levemente al mirarla aún con la cabeza agachada. “No me has llamado hace tres días. No nos hemos visto hace cinco días. No hemos salido hace más de una semana.” Suspiró y tomó un sorbo de su taza, “estaba preocupado.”
“Aww! Realmente Mark, eres el más lindo.”
“Pero no te parece suficiente, verdad?”
Beth levantó completamente la cabeza para mirarlo de frente con una expresión totalmente extrañada.
Mark dejó la taza sobre la mesa para poder colocar sus dos manos sobre sus rodillas. “Beth... necesito saber dónde estamos.”
“No sé a qué te refieres.”
“No te hagas la tonta!” Mark empezaba a levantar la voz.
“Me estás asustando...” dijo ella muy bajito.
“Sabes perfectamente de lo que estoy hablando Beth!... Qué significan todas aquellas salidas? Qué crees que signifiquen todos aquellos besos?... NO SOMOS NIÑOS!!! DÓNDE ESTAMOS?”
“No... no lo sé.” Estaba temblando ante la potente voz furiosa de Mark.
“Me quieres?” Dijo él bajando un poco el volumen de su voz.
“Claro que sí!” Le respondió sintiéndose un poco más confiada.
“Demuéstramelo.”
Lo que Beth oía era claramente un reto, pero no tenía idea qué clase de reto era. Quería no pensar en una propuesta rara, pero su mente no dejaba de darle vueltas a las opciones más evidentes, y por supuesto más inverosímiles.
Mark se sintió culpable al leer la expresión de su cara, pero estaba cansado de toda aquella situación.
“Te ruego que no me llames.” Fue todo lo que dijo antes de salir.
Hoy que llevo en la boca el sabor a
vencido
Procura tener a la mano un amigo
Que cuide tu frente y tu voz
Y que cuide de ti, para ti tus vestidos
Y a tus pensamientos mantenlos atentos
Y a mano tu amigo
Kian guardaba las llaves del auto mientras se apresuraba a la puerta donde se encontraba Beth esperándolo con una media sonrisa y los ojos llenos de lágrimas que quería derramar cuanto antes.
Se podía decir que lo estaba esperando. Solo había estado una media hora en su casa cuando recibió la llamada de Beth pidiéndole que la acompañara unos momentos.
Lo llevó hasta la sala y se sentaron juntos. Por unos segundos ella se quedó callada mirando las tazas de chocolate que no había recogido, pero no pudo soportarlo y se lanzó a los brazos de Kian a llorar.
“Shhh... tranquila, estoy contigo.” Susurraba mientras paseaba su mano entre aquella cascada de hermoso cabello rubio.
Su mente no podía abandonar la pregunta que le había hecho Matt un par de horas antes, y tampoco podía dejar de pensar en que jamás había estado tan cerca de ella como en esos momentos. Nunca tan cerca, pero tampoco así de triste.
A pesar de todo era hermosa. Hermosa como nadie que hubiera conocido antes.
Hubiera deseado que sus ojos no fueran tan parecidos a dos rayos de sol clamando su presencia, y que sus labios no fueran tan apasionantes e invitantes. Hubiera deseado que no fuera tan débil como para temblar cada vez que le escuchaba repetir su nombre, y que su sangre no hirviera cada vez que la miraba dulcemente sin que ella se diera cuenta.
Todo en ella era diferente y precioso, hasta el más insignificante de los gestos lo dejaba alucinando y buscando más. Era la chica de sus sueños... con quien soñaba noche y día desde siempre.
Casi una hora más tarde Kian se dio cuenta de que los sollozos habían cesado y que ella se había quedado dormida. La tomó en sus brazos y subió las escaleras con intenciones de dejarla durmiendo en su cama. Nunca antes había subido al segundo piso y no tenía idea de dónde quedara su habitación, así que tenía que intentar con las cinco puertas que se presentaban ante él cuando llegó al pasillo principal.
La primera puerta que abrió le reveló un escritorio rodeado de inmensos aparadores con una cantidad excepcional de libros para una sola casa. La segunda puerta apenas y se entreabrió mostrando un baño pequeño. Dudaba entre qué puerta abrir en el siguiente intento, ella se resbalaba de sus brazos de a poco; pero la tercera puerta se abrió mostrando el perfectamente ordenado cuarto de Beth.
La colocó sobre la cama y estaba dando vuelta para irse cuando la débil voz de la chica lo llamó.
“John, no te vayas.”
Kian se acercó y tomó la mano derecha de Beth. Ella jaló de su mano hasta que él cayó prácticamente a su lado en la cama.
“Por favor no me dejes sola... quédate conmigo hoy.” Suplicó ella abrazando la mano de Kian con la que lo había empujado hacia ella.
“No te preocupes,” le susurró él mientras colocaba su brazo libre sobre ella acercándose deliberadamente aún más.
La importancia de verte
Morderte los labios
De preocupación
Es hoy tan necesaria
Como verte siempre
Como andar siguiéndote con la cabeza
En la imaginación
Casi no pudo pegar los ojos hasta el alba. Ella seguía dormida a su lado mostrando una tranquilidad sobrenatural.
Dormida se veía aún más bella de lo que podía imaginarse, aún más tierna y encantadora y no creyó que podría contenerse.
Cuando despertó cerca de cinco horas más tarde se encontró con que ella estaba ya despierta mirando dulcemente sus ojos. Pero hubiera jurado que momentos antes las dos perlas brillantes se enfocaban directamente en sus labios.
“Buenos días muñequita.”
“Gracias por quedarte... hubiera sido una noche horrible si no hubieras permanecido a mi lado.” Declaró ella con un poco de vergüenza.
“No te preocupes... tus deseos son y serán siempre ordenes para mi, princesa.” Le respondió dejando un beso tierno sobre su frente.
Porque ¿sabes? y si no lo sabes no
importa
Yo sé lo que siento, yo sé lo que cortan
Después unos labios
Esos labios rojos y afilados
Y estos puños que tiemblan de rabia
Cuando estás contenta
Que tiemblan de muerte
Si alguien se te acercara a ti
Beth claramente no había pensado en las segundas intenciones que podían pensarse de algo como lo que pasó aquella noche con Kian. Su mente todavía era demasiado inocente para revelarle lo que hubieran pensado miles de un encuentro de esa naturaleza; pero en un segundo pensamiento pudo al fin descifrar que no hubiera sido propio o correcto, así que optó por no andar revelándolo a todo el que se cruzaba por su camino.
Pero aún era complicado. Aquella noche había sido la primera en mucho tiempo en que se acostaba a dormir tan profunda y tranquilamente. Se sentía segura a su lado. Se sentía completa y feliz.
Y lo peor había sido a la noche siguiente, cuando sintió la falta de su calor junto a ella.
Tres noches. Se debatió tres noches seguidas entre su corazón y su razón... se moría de ganas por llamarlo y pedirle que se quedara con ella durante la noche.
Por otro lado, Kian no se sentía muy diferente a ella. Sentía que el momento en que ambos decidieron oportuno levantarse de la cama había sido el peor de su vida. Quería desesperadamente volver a su lado y sentirla cerca.
Se resistió durante tres noches a llamarla. Se resistió durante tres noches seguidas a ir directamente a su casa y reclamar como suyo el espacio a la derecha de su cama. Se resistió a correr y encontrar sus labios tal y como había resistido durante aquella larga y placentera noche recostado a su lado.
Hoy procura que aquella ventana
Que mira a la calle en tu cuarto se tenga cerrada
Porque no vaya ser yo el viento de la noche
Y te mida y recorra la piel con mi aliento
Y hasta te acaricie y te deje dormir
“Estas mejor?” Preguntó Kian en la puerta de la casa de Beth después de no haberla visto hacía tres días.
“Si. Cómo has estado tu?”
“Un poco preocupado. Nunca me dijiste qué era lo que te tenía tan triste la otra noche.”
Beth reflexionó silenciosamente. No había pensado mucho en Mark después de estar con Kian, pero definitivamente no podía decirle eso.
“No es nada. Bueno, es importante, pero hay cosas que pueden preocuparme más.”
“Si fue algo que dijo Mark juro que-”
“No! No, no... Mark solo me abrió los ojos un poco... creo...”
“Bueno, pero estas mejor?”
“Si. Ahora que estas aquí estoy mucho mejor.” Respondió ella muy sinceramente con un abrazo efusivo.
Kian había visto a Mark la tarde anterior y lo que más le llamó la atención fue su actitud aprensiva hacia él. O tal vez lo que más llamaba la atención del grupo en general era el hecho de que no quisiera mencionar una sola palabra acerca de Beth.
“Te extrañé mucho John!” Exclamó ella mientras lo arrastraba con la mano hasta dentro de la sala.
“Yo también te extrañé Bethy.”
“Entonces te quedarás hoy conmigo?” Las palabras habían salido de su boca mucho antes de que pudiera darles un pensamiento.
“Siempre que tú lo quieras.” Fue lo único que respondió él ante la mirada atónita de una Beth muy avergonzada.
Y me meta en tu pecho y me vuelva a salir
Y respires de mí
O me vuelva una estrella y te estreche en mis rayos
Y todo por no hacerme un poco de caso
Ten miedo de mayo
Y ten miedo de mí
Y de repente todo estaba bien.
Kian conocía ahora la casa completamente. Todos los baños, los libreros, los armarios, los dos cuartos de invitados... ninguno de los cuales se había visto forzado a usar durante las dos semanas que había vivido prácticamente en casa de Beth.
Por muy inusual que pareciera en una muchacha como Beth, cada noche subían juntos a su habitación y tomaban caminos diferentes solo hasta cambiarse a sus ropas de cama antes de volver a verse bajo las sábanas de la misma cama envueltos en un fuerte abrazo.
“Qué es esto?” Preguntó curioso Kian que examinaba un pesado libro estacionado en la mesa de noche a su lado de la cama, mientras esperaba a que Beth saliera del baño.
“Oh, eso es tuyo.” Dijo mientras caminaba despacio hacia él.
“Mío? Estás segura?” Preguntó incierto mientras abría la pasta.
“Son todas las cartas que no he podido entregarte.”
‘Querido John,’
Ese era el contenido de la primera línea. Kian lo miró como hipnotizado antes de volver sus ojos hacia ella, pidiéndole que le explicara.
“Es mi diario. Antes no lo necesitaba porque tú eras mi diario, pero desde que no pude escribirte lo guardaba todo allí.”
“Dios, Beth. Cómo lo siento...”
“No debes hacerlo. No fue tu culpa para nada.”
Sus ojos estaban extrañamente conectados. Su mano estaba singularmente demasiado cerca e inevitablemente demasiado lejos... quería desesperadamente poder tocarla.
Entonces, antes de que se diera cuenta, su mano había tomado la cara de Beth acercándola solo un poco más y dejándola a meros milímetros de la suya.
“Beth... te quiero.”
“Yo también te quiero Kian.”
Kian no pudo resistir un segundo más estar lejos de ella.
No quería pensar en nada que no fuera en ella. No había dicho ‘te quiero John’... había dicho Kian! No se estaba refiriendo a su amigo de la adolescencia como tantas veces lo había hecho; estaba expresando sus sentimientos hacia él. No hacia la persona que había sido su mejor amigo por años, sino hacia la persona que se estaba enamorando de ella con cada segundo que pasaba.
Sus labios se encontraron tímidamente encerrándolos en un mundo completamente desconocido en el que solo existían los dos.
Porque no vaya a ser que cansado de verte
Me meta en tus brazos para poseerte
Y te arranque las ropas y te bese los pies
Y te llame mi diosa y no pueda mirarte
De frente y te diga llorando después
Por favor tenme miedo
Tiembla mucho de miedo mujer
Porque no puede ser
Cada beso, cada caricia, cada roce de su piel... se estaba volviendo loco solo de tenerla tan cerca y tan lista.
Ni siquiera se habían dado cuenta cómo pero ambos se habían deshecho de sus ropas y estaban explorando el cuerpo de su compañero casi tan ávidamente como si apenas tuvieran unos segundos para hacerlo.
La pasión y el deseo eran fuertes... pero hubieran sido solo un cúmulo de estupideces si no hubiesen estado acompañados por el amor que se profesaban ambos sin saber cuándo había empezado.
Su respiración se aceleraba y se tranquilizaba como si fuera la misma. Pronto estaban los dos recostados en brazos del otro aún cubriéndose con besos tratando de grabar eternamente el momento en sus memorias... tratando de imaginar que podían estar así para siempre, amándose sin tener que decir una sola palabra de ello.
Era el momento más mágico que hubiera vivido. Beth no quería dejar de sentir a Kian sobre toda su piel... era solo que se sentía tan correcto, como si aquella fuera la única cosa que había hecho verdaderamente bien en toda su vida.
Ni siquiera lo había pensado... Durante las dos últimas semanas solo se había recostado a su lado abrazándolo y anhelando que ese sentimiento tan fuerte que estaba creciendo dentro de su corazón fuera correspondido por él.
Nunca lo planeó, nunca se le ocurrió siquiera que terminaría entregándose en cuerpo y alma a Kian, pero no dudaba que estuviera bien.
“No sé cómo he logrado vivir sin ti durante todos estos años.” Susurraba Kian en su oído mientras seguía dejando rastros de sus labios en este.
“Yo tampoco lo sé... pero de lo que sí estoy segura es de que no quiero pasar otro día de mi vida sin que tu estés a mi lado.”
“Beth, serás mi novia?”
Hoy Ten Miedo de Mi
Fernando Delgadillo
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