tu letra podré acariciar
Capítulo 15
Miedo
Después de la llamada que recibió de Matt, Kian se había quedado sentado al pie de su cama solo pensando en todo lo que representaba Beth.
Cuando la encontró ella no era más su amiga de la adolescencia, sino que era una mujer impresionante que moría de ganas por descubrir... Y aparte era la mujer en la cual uno de sus mejores amigos había puesto sus ojos.
Estuvo horas tratando de juntar todo lo que pensaba y sentía, pero no lograba nada. Solo quería hablar con alguien.
Nicky había sido su primera opción; pero el había estado en su casa por la mañana y ya habían agotado todo lo que podían decirse. Matt hubiese sido el siguiente en lista de no ser porque también había hablado con él en la mañana. La idea de llamar a Shane era buena, lo malo era que no había forma de hablar con él; no estaba en su casa y su mobile estaba apagado. A pesar de que no sabía cómo hablar de Beth con Bryan, intentó llamarlo pero no estaba disponible.
Se resistió por un momento a llamar a Mark, pero al fin y al cabo terminó haciéndolo.
Kian dejó que sonara hasta que el tono de timbre murió. Mark no llegó a contestar, y él se sentía más solo que nunca.
En cierta forma se sentía aliviado de que Mark no contestara. Hablar con Mark era duro. No era solo el hecho de hablar de Beth, sino hablar de ella con él.
“Brindo por la niña perdida!” Exclamó Nicky riendo y levantando su copa torpemente al final del almuerzo que había preparado para Beth, su prima.
“Vamos, yo sé que puedes hacerlo mejor!” Le retó Georgina.
“Ah, puedo?... Pues muéstrame cómo podría.”
Georgina se iba levantando, pero Kian puso una mano sobre su hombro y la detuvo para poder levantarse el. “Queremos brindar por una amiga directa para algunos, indirecta para otros. Queremos brindar por un tesoro de persona que gracias a Dios ha vuelto a nosotros y esta vez para no alejarnos. Queremos brindar por sonrisas sinceras, abrazos fraternos y lazos que duren una eternidad. Seas bienvenida de nuevo Beth. Salud!”
Todos se levantaron y chocaron sus copas en aprobación. Beth no pudo evitar mirar a Kian, todo aquello había sido hermoso.
“Demonios Kian, será que puedes impartirle unas clases a Nix?” Le dijo Georgina en medio de las risas naturales del festejo.
“Aww Beth... bien sabes que no soy bueno con los discursos... Te lo he dicho millón de veces.” Intentó disculparse Nicky mientras la envolvía con un abrazo después del almuerzo.
“Mientes! Me dijiste que habías ganado como cien debates!” Le reclamó ella antes de empezar a reír.
“Bueno, pues más vale que sigamos con la historia. Dónde fue que nos quedamos?” Interrumpió Kian acercándose.
“Ustedes iban a contarme de cuando al fin John- Kian! Lo siento... cuando Kian al fin te escribió, Nicky.”
Kian hubiera querido no sonrojarse cuando Beth lo miró divertida al hacer la corrección de su nombre, pero seguro hubiera querido más que nada que Mark no se diera cuenta de esta mirada.
Nicky hacía un muy buen trabajo relatando la historia y Kian lo ayudaba de cuando en cuando solo para no parecer que estaba perdido en otro mundo. En los ojos de su recién encontrada amiga.
“... y eso es básicamente todo, creo.” Decía Nicky estirándose en el sillón. “Ahora si quieres saber cuán locos creía Bryan que estábamos los dos... bueno, esa es otra historia.”
“Locos por qué?”
“Por encontrarte.” Repitieron en unísono Nicky y Kian provocando un estallido de risas.
“Te ahorraré la pregunta. Siempre creí que los dos estaban locos de remate, y no confiaba plenamente en que existieras... a veces creía que no habías sido más que un fantasma o una especie de ángel.” Puntualizó Bryan abrazando fuertemente a su esposa.
Un momento de silencio dejó a todos los participantes de la conversación reflexionar un poco sobre lo dicho.
“Bueno chicos... Mañana tengo que viajar muy temprano a ver a mi madre y quiero descansar, así que para mi la reunión a culminado.”
Abucheos siguieron al anuncio de Mark, quien se había levantado y extendía su mano para que Beth hiciera lo mismo.
“No es muy tarde!” Se quejó Georgina.
“Podrías quedarte un poco más.” Pidió Gillian.
“Lo siento, en verdad estoy cansado y quiero estar fresco mañana.”
“Y tu Beth?” Preguntó Bryan.
“Yo qué?” Lo pensó un poco y ante la expectante mirada de todos empezó a hablar: “Pues vine con Mark y-” La verdad apenas y estaba pensando en que no tenía una buena razón para marcharse, y no quería hacerlo.
“Y nada! Sin excusas muchacha... Prometo que te llevaré a tu casa más tarde.”
Beth se disculpó y se apartó del grupo de la mano de Mark.
“Ellos tienen razón. No tienes que marcharte aún solo porque yo tengo que ir a casa. Seguro uno de los muchachos te llevará de vuelta a tu casa.”
“Estás seguro de que no te molesta?” Beth aún recordaba cómo se había portado con ella al teléfono aquella mañana.
“No habría razón. Hemos pasado mucho tiempo juntos y apenas encontraste a tu primo y un viejo amigo... apenas habrán comenzado a recontarse sus vidas.”
Ella se paró de puntillas hasta alcanzar a dejar un beso pequeño sobre la mejilla de Mark. “Eres un dulce.”
“Te quiero.” Mark lo había dicho casi sin darse cuenta, pero era una verdad.
Ella lo miró un poco inquieta agradeciendo que justo en ese instante Bryan y Shane aparecieran preguntando si todo estaba arreglado.
Beth regresó a la sala y se sentó junto a Kian mientras interrogaba a todos por turnos y mezclando preguntas. La noche se desvanecía ante ellos rápidamente y antes de que se dieran cuenta ya pasaba de media noche.
“Ha sido realmente un placer haberlos invitado.” Decía Nicky mientras bostezaba abierta y despreocupadamente al despedir a sus amigos.
“Nunca preguntamos por dónde vives... A ver a quién le queda más cerca.”
“No se preocupen chicos; su casa queda muy cerca de la mía, así que yo la llevo.” Explicó Kian mientras estiraba su brazo para que Beth lo tomara.
Y así todos partieron en rumbos diferentes. El camino a casa de Beth no era largo, pero de igual manera aprovecharon el tiempo para seguir conversando.
“Gracias por traerme. Le diré a Mark que has sido un buen niño.” Decía Beth cuando llegaron a la puerta de su casa.
“Mas te vale... De otra forma mi cabeza no se quedará en su lugar por mucho más tiempo.” Bromeó él.
Estaba una vez más perdido en su risa y conquistado por sus ojos cuando ella volvió a encantarlo más. “Gracias John.”
Ella besó su mejilla tiernamente y se alejó de él lentamente desviando la vista para obligarse a sí misma a buscar las llaves en su bolso.
Kian tuvo un impulso increíblemente fuerte. Quería acercarla nuevamente a él, pero no se atrevió.
“Oye, querrás salir a comer mañana? No tienes planes, verdad?”
“Me encantaría. Dónde nos encontramos?”
“No te preocupes por eso. Yo paso por ti a las doce.”
Kian y Beth salieron no solo ese día, sino en muchas otras ocasiones más. Mark sabía de estas salidas, pero como ella seguía con él no le había preocupado en un principio.
Pero, después las salidas de Beth con Kian se hacían incluso más frecuentes que las de Mark, y esto lo asustaba.
Durante el transcurso de los años, Mark había aprendido a conocer a la perfección a Kian. Mientras todavía se escribía con Beth su interés recaía en todas las otras chicas que tenía cerca y que podía ver. Más, una vez que el contacto con las letras sin rostro desapareció... pues el chico parecía haber quedado invadido por una fuerza sobrenatural que nadie conocía. Hablaba de ella todo el tiempo, de cuanto le gustaba que ella le escribiera, de lo miserable que se sentía desde que no sabía nada de ella... Mark deducía que soñaba con ella, y esta era una conclusión bastante sencilla dado que Kian deliraba tanto despierto como dormido.
Kian nunca pudo mantener una relación media estable. Y su pretexto mayor fue el haberse enamorado muy joven y de una chica de la cual nunca había visto el rostro y que jamás había escuchado bien su voz... sino solo visto su sombra a contraluz y oído su respiración entrecortada. Se quejaba de que nadie era como ella, y por eso no podía mantenerse con una chica poco más de dos semanas.
Alegar que le gustaba una chica invisible le fastidiaba a Mark... siempre creyó que Kian no podía enamorarse de la niña del internado y siempre creyó que lo de Kian no era más que un simple capricho insatisfecho.
Pero ahora que la chica no era invisible, ahora que era parte de su vida físicamente, ahora que todos la conocían... pues todo había cambiado.
Kian ahora no era solo un chico enamorado de una sombra de su pasado, sino que podía en verdad estarse enamorando de Beth. Todo era peligroso ahora... todo podía suceder. Pero Mark se había prometido a sí mismo no renunciar a ella y haría de todo para no dejar que sus pesadillas salieran al plano de la realidad.
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