bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Saffron x Severus = COM!
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Laia x Lucius = COM!
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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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MoonPixelDollz 1GREENEYE

· martes, enero 18, 2005

" De granos de arroz y alfileres " por Saffron ( 4:56 PM )
 
Algo había cambiado entre los dos. Algo pequeño, casi imperceptible.

Algo íntimo.

Algo se había instalado en el pecho de Severus desde aquella tarde en la cabaña de Hagrid y el se estaba dando cuenta ahora. Se daba cuenta del terror que había sentido al no encontrarla en su habitación, el terror de pensar que podía haberle ocurrido algo.

“Era algo perfectamente comprensible” se justificó ante sí mismo. Ella estaba a su cargo. Lo que no era tan comprensible era su posterior actuación, ni que esa preocupación rayara en el puro terror. Le había gritado, si, con todas sus fuerzas, y bien sabía merlín que había sentido deseos de abofetearla. Pero no era eso lo que le preocupaba, maldita sea. No era solo eso. Lo que le preocupaba era haberse acercado tanto a ella, haberle limpiado las lágrimas.

Por merlín bendito, él le había limpiado las lágrimas, con sus propias manos, y se había disculpado, o algo por el estilo, y aun recordaba como ella había reído, suavemente, y que su risa hacía que su pecho vibrara, y el no debía mirarle el pecho.

No, no, no.

Y algo pequeño, muy pequeño, como un grano de arroz, como la puntita de un alfiler, se había instalado en su pecho, y él sabía, por su sonrisa, que ahora era todo diferente. Aparentemente, nada había cambiado. No, para un espectador anónimo todo había seguido igual. Pero él lo sentía, allí, en el pecho, clavado, como un pequeño alfiler, y no sabía que podía hacer para desembarazarse de esa estúpida sensación.

Y le daba toda la impresión que hacer que Saffron se sentara a su lado durante la cena de halloween no iba a ayudar demasiado.

+++++++++

“Mierda”

Saffron se miró en el espejo, y que este se riera, literalmente, de ella no le pareció una buena señal. Por merlín, estaba horrible. Bien, horrible no era la palabra más indicada. Quizás la palabra mas indicada fuera “pareces-una-puta-de-cinco-sickles-la-hora-y-media”, aunque ni siquiera fuera una palabra. Y, lo que era peor, ya no le daba tiempo a cambiarse.

Bufó desesperada. La falda era demasiado corta, la camiseta tenía demasiado escote, y Severus llamaría de un momento a otro a la puerta para que bajaran a cenar. Se mordió los labios, agobiada. Si es que era tonta. Era una cría. Ahhh, por dios, estaba histérica.

“Tranquilidad, Saffron, tran-qui-li-dad. Es halloween, ¿no? La gente se disfraza en halloween...”

Quien demonios le mandaba ser tan estúpida... El caso era que después del desagradable incidente en la cabaña de Hagrid (se ponía muy nerviosa cada vez que se acordaba), ella había creído ver que Severus no era tan inmune a ella como parecía, y se había propuesto seducirle.

Sep, igual que en las novelas baratas.

Y ella había elegido un atuendo especialmente “provocador”, y el no tendría mas remedio que caer rendido a sus pies, diciéndole que la amaba y que la deseaba desesperadamente. Lástima que todo eso siempre sonaba mejor en su cabeza que cuando lo llevaba a la práctica. Volvió a mirarse al espejo: no estaba deslumbrante, estaba ridícula. Pero que tonta era...

Llamaron a la puerta, golpes secos, y Saffron supo que Severus ya estaba allí. Tuvo el tiempo justo de deshacer un poco el maquillaje y abrió la puerta con una sonrisa algo avergonzada.

- ¿Estas... lista? – y mirada directa ( y quizás algo incrédula) al escote. Carraspeó ligeramente y desvió la mirada hacia el jarrón que estaba sobre la mesa, que parecía haberle llamado poderosamente su atención.

Bien, al menos ahora sabía que no era gay.

Saffron asintió, y cogió una chaqueta, en un intento desesperado de recomponer su aspecto, mientras los dos salían camino del comedor. Ninguno de los dos dijo nada, y un silencio francamente incómodo se instaló sobre ellos. Saffron carraspeó, dándose cuenta ahora de lo difícil que iba a ser seguir su apretado paso a través de los pasillos con aquellas botas de tacón tan alto.

¿Y si se caía? ¿Y si se doblaba un tobillo y él tenía que llevarla en brazos hasta su habitación? Esperaba no pesar demasiado, por dios, que vergüenza. Se miró disimuladamente las caderas, y después se dio cuenta de que solo estaba pensando estupideces. Suspiró, buscando desesperadamente algo que decir. Sin embargo, cuando abrió la boca para decir algo, ya estaban en la puerta del comedor. Le dirigió una sonrisa franca cuando él la dejó pasar primero, y él le devolvió una mueca. “Algo es algo” pensó ella “lo importante es que se dé cuenta de que me gusta, que me gusta un montón, que me muero por él, vamos”

Que solo por el se había puesto aquella minúscula falda y aquella camiseta con tan poca tela. Y ahora se veía ridícula, y encima tenía frió. Miró la decoración del comedor, especialmente tenebrosa para esa noche, pero no podía evitar la odiosa sensación de que todo el mundo le estaba mirando el escote. Alguien silbó, y Saffron prefirió no saber quien había sido.

“Genial, te has convertido en el personaje pajillero del colegio. Enhorabuena bonita”

Es-tu-pi-da.

Caminó, lo mas deprisa que pudo, para llegar cuanto antes a su mesa. Sin embargo, cuando fue a sentarse, Severus la llamó.

- Hoy... – otra mirada al escote, rápida, huidiza, que hizo que Saffron sonriera. – Hoy no te sientas ahí. Tienes una silla en la mesa principal.

Su cara fue de profundo asombro. Tanto, que por un momento se olvidó de la falda tan corta, de las botas que le apretaban y la camiseta que enseñaba demasiado.

- ¿Sí? ¿De... de verdad?- su voz sonaba totalmente ilusionada, y ella era consciente de ello. Él hizo una mueca, lo mas parecido a una sonrisa, y eso la llenó de esperanzas vanas.- ¿Me siento contigo esta noche? ¿Por qué?.

¿Por qué?

Eso mismo había preguntado Dumbledore. Por qué. Él había carraspeado, y había murmurado algo sobre la seguridad, y otras cosas que ya no recordaba. Por qué. Ni siquiera él lo sabía, pero ahora estaba empezando a pensar que no era tan buena idea como le había parecido al principio.

- Porque Dumbledore quiere.- Dijo finalmente, y la cara de ella se arrugó momentáneamente.

Men-ti-ro-so.

- Oh... bueno, está bien, veré las cosas desde tu punto de vista- y le guiñó un ojo. A el. Delante de todo el colegio.

Severus anotó mentalmente que era la primera vez que una chica bonita y con minifalda le sonreía y le guiñaba un ojo. La primera vez en treinta y seis años. Y la verdad es que no estaba mal. No, no estaba mal del todo.

Lo que quizás si que estaba mal es que su mirada se escapara hacia su escote tantas veces seguidas. Por Salazar, que el no era un crío, que sabía controlar sus instintos, no como aquellos alumnos que...

Un momento.

¿Instintos? ¿Realmente estaba pensando en sus “instintos” con Saffron Bahn? Por Salazar bendito y la madre del cordero. ¡Se estaba convirtiendo en un degenerado! Respiró hondo, sin mirarla, preguntándose si por alguna remota casualidad ella había sabido leer sus pensamientos.

- Esto... Severus ¿nos sentamos?- ella atrajo su atención, su mano rozando la suya con suavidad. Y después, en voz baja, como una confesión pecaminosa- Me duelen los pies...

Él asintió, procurando mirarla a los ojos (“mas abajo, no, no, NO”), sintiéndose de repente extrañamente malhumorado. Que niña vana y estúpida, que se ponía aquella ropa solo para que la miraran. Que estúpida, que idiota, que...

Bonita.

Saffron Bahn era bonita, y el descubrimiento (que no era tal, el ya lo sabía) le golpeó como una pedrada en la cabeza. Le indicó su silla, mientras él tomaba asiento a su lado.

A su lado. Iba a cenar con él, a su lado. Y con otras mil personas mas en el bullicioso salón, pero que importaba eso. Se sentó, contenta, dejando un asiento vacío entre ella y el profesor Lupin, al que saludó con una gran sonrisa. Se sentía feliz. Para que iba a negarlo, estaba inmensamente feliz. Iba a cenar con Severus Snape, y este la había mirado el escote. Bien, en realidad todo Hogwarts le había mirado el escote, pero a ella le importaba él.

Y no una vez. Nop. Varias veces, que ella se había fijado. Y ahora iba a cenar con él, una suculenta cena a base de cosas dulces, y después, nunca se sabía. Saffron tenía planeado hacer algo. Aun no tenía ni idea pero estaba decidida a que esa noche pasaran un tiempo juntos... y solos. No tenía porque pasar nada (“ojalá”) pero el caso es que ella quería que pasara algo. No sé, podría decirle algo. Que le contara alguna historia de terror, por ejemplo. Podía contarle alguna milonga, como que en su familia tenían esa tradición, o cualquier tontería por el estilo. Cualquier tontería de esa para engatusarle. Por el amor de dios, un día era un día, ¿no?, Y ella estaba dispuesta a arriesgarse hoy.

Estaba pensando en estas tonterías cuando se dio cuenta que alguien había ocupado la silla que estaba vacía a su lado. Bajó de las nubes, dispuesta a saludar a quien fuera. Y entonces se dio cuenta.

Era “esa”. Charlotte Jenkins, la muy amiguita de SU (y lo subrayaría, por si a alguien no le había quedado claro) Severus. Y vestida con muy buen gusto, pero eso no venía al caso. Lo importante era que ella estaba sentada ente los dos y no dejaría de ninguna manera que monopolizase la conversación con él. JA: Para eso ya estaba ella. Le dedicó una mirada hosca, para que no se hiciera ilusiones.

Sin embargo, poco pudo hacer cuando él comenzó a hablar, dirigiéndose a Charlotte. Bueno, que hablara con ella, su voz parecía un poco irritada. Lo que estaba claro era que ella no iba a prestar ninguna atención a lo que dijeran. No, ninguna. Ella estaba muy por encima de esas cosas.

Bueno, quizás escuchara un poco. Pero solo un poco. Lo justo para enterarse si había algo de flirteo de por medio.

Que sorpresa tan grande cuando se dio cuenta de que hablaban de la familia. De la familia de ella, precisamente, a la que Severus parecía conocer muy bien. Un amigo. Severus era amigo de la familia, amigo de su madre. Eso simplificaba las cosas enormemente y hacía que Charlotte no pareciera tan amenazadora. Una punzada de lástima la recorrió cuando él comenzó a regañarla como si fuera una cría. Si, pobrecita, si Severus la conocía desde hacía tanto tiempo y siempre había sido tan gruñón, era digna de lástima. Casi deseó decirle algo a él, que dejara de regañarla, que era un día festivo, pero no tenía tanto poder sobre él. Lo miró, simplemente, para descubrir que él tenía la mirada fija en su copa, y la expresión ausente, mientras que a su lado una mosqueada Charlotte refunfuñaba contra su plato. Miró a Remus Lupin, quien se limitó a encogerse de hombros y sonreír de medio lado.

“Pues si que estamos bien” se dijo a sí misma. Y entonces tomó una resolución: no quería estar ni triste ni enfadada ese día, y eso solo se arreglaba de una manera: CHOCOLATE.
Así que, ni corta ni perezosa, cortó dos pedazos bien grandes de tarta de chocolate y le sirvió una a Charlotte y otra a Severus. Los dos la miraron interrogantes y ella se sonrojó.

- No os enfadéis, venga, y comeros un trozo de tarta, que está muy rica.

Vio a Remus riéndose disimuladamente, mientras Charlotte le daba las gracias de forma escueta y Severus enarcaba una ceja, su rostro impasible.

- No me gusta el chocolate.

- Pues esta tarta está muy rica, ya verás.

- No me gusta el chocolate, así que no me gusta la tarta de chocolate- su voz era calma, pero la irritación se traslucía a través de ella.

Sin embargo Saffron no se rindió.

- ¡Pero si no es tarta de chocolate corriente! Esta es especial.

- ¿Ah sí? ¿Y que es lo que lleva?

- Ehhh... pues... pues no sé lo que lleva, pero es diferente- su voz adoptó un tono lloroso, casi de cría, que ella sabía casi casi infalible- ¿Qué te cuesta probarla? Solo un bocadito...

Remus Lupin casi se atragantaba dela risa, disimulando que bebía de la copa y Severus lo fulminó con la mirada. Por Salazar, era como discutir con una niña de cinco años. Tan, tan estresante. Finalmente accedió. Una cucharada. Una pequeña cuchara y ella dejaría de gimotear. Era eso o un cruciatus, y realmente la tarta no tenía tan mala pinta. Cortó un trozo pequeño, pequeñísimo, y se lo llevó a la boca con evidente expresión de disgusto, mientras ella lo miraba fijamente. Se lo tragó casi sin sacarle el sabor.

- No me gusta- dijo finalmente. Aunque no estaba tan mal, pero no lo hubiera reconocido nunca en la vida.

- Pues está buenísima- sentenció ella, y Charlotte Jenkins lo corroboró.

Bah, mujeres. “Dales un pedazo de chocolate y estarán contentas durante un rato” pensó malhumorada. ¿Qué le pasaba? ¿Qué demonios le pasaba? ¿Porqué estaba tan irritable esa noche? No lo sabía, no tenia ni idea. Y, cosa curiosa, la miraba a ella y sentía que su irritación aumentaba. La miraba, riéndose de algo que estaba hablando con Charlotte Jenkins, comiendo dulces sin parar, el pelo rojo brillante, alisado para la ocasión, que ella se apartaba de la cara con un gesto mecánico. La miraba, tan bonita que no se daba cuenta de que la estaba mirando hasta que pasaban unos minutos, y volvía la cara, nervioso y más irritado aun.

Y el granito de arroz, la puntita del alfiler que tenía clavada en el corazón se hundía un poco, inexplicablemente, misteriosamente, y el solo sentía un ardor extraño en la boca del estómago, un ardor que trataba de apagar bebiendo, quizás demasiado, y mirando su plato fijamente, como si en el fuera a encontrar las respuestas a esas preguntas que el aun no conocía.

Y, de repente, ella le estaba tocando suavemente el brazo. Ya no hablaba con Charlotte, sino que esta estaba enfrascada en una conversación a todas luces muy personal con Remus Lupin. Les dirigió una mirada furibunda, pero ella lo llamó.

- Severus... ¿Has terminado de cenar? – de repente, ella estaba muy seria e inexplicablemente pálida. Asintió rápidamente, y ella dejó escapar el aire casi con alegría.- Es que me encuentro un poco mal ¿Podríamos irnos ya?

Volvió a asentir, y se puso de pie. Ella lo siguió, y casi pudo ver como se tambaleaba. La agarró del brazo discretamente. Se despidieron de los demás, y salieron del comedor, mientras ambos sentían como todas las miradas se clavaban en ellos, aunque solo fuera una ilusión óptica. Caminaron fuera lo mas discretamente posible.

Y una vez fuera, Saffron dejó escapar un fuerte suspiro y se agarró con fuerza a su brazo. Hubiera sido una excusa perfecta para estar solos, si de verdad no se sintiera tan mal. Se sentía tan mareada que estaba segura que de no haberse agarrado a el se habría caído al suelo. Lo miró con expresión azorada, mientras sentía que sus mejillas ardían. Una cosa era imaginar y otra era la realidad. Y esa siempre le daba una vergüenza terrible.

- Lo siento. Quizás te hubiera gustado quedarte un poco más.

Él negó con la cabeza.

- No, no me gustan estas fiestas. – la miró: ella estaba extrañamente pálida, mientras sus mejillas parecían pintadas en color rojo. Quizás tenía fiebre. Quiso ser condescendiente, ya que el también había bebido demasiado.- No te preocupes, a todos nos ocurre de vez en cuando. Quizás hayas bebido demasiado...

- Si.. si no he bebido nada... solo zumo de manzana y aguacate...

- Bien, quizás hayas comido demasiado. Esa tarta de chocolate no me daba buena espina...

Saffron negó con la cabeza aun más azorada. Iba a ser un poco... complicado explicárselo. Carraspeó ligeramente, y tosió con disimulo.

- No.. No, verás... es... un problema de chicas... ya sabes... - y sonrió, brevemente, mientras miraba hacia otro lado. Por merlín, estaba completamente mareada, y encima las botas le dolían tanto que ni siquiera se sentía los pies.

Él pareció no comprenderla durante un momento. Hasta que finalmente entendió. Carraspeó también, sin saber muy bien que decir. Ella volvió a sonreírle, muy brevemente, muy azorada, y el no supo que contestar.

- Ya.- dijo simplemente. Pero, como impulsado por un resorte (el vino, el vino) comenzó a hablar algo atropelladamente.- Yo... no sé mucho de esas cosas. El mundo femenino escapa a mi comprensión y como los hombres no tenemos esos problemas, quiero decir...

Saffron lo miró, con una sonrisa en los labios. Era la primera vez que lo veía azorado y era absolutamente adorable. Lo miró con ternura, pensando en ir en su rescate.

- Ya, ya lo supongo. Se encargará alguna de tus prefectas de estos temas, ¿no?.

De repente, él pareció completamente desubicado.

- ¿Cómo?- acertó a decir.

Saffron carraspeó, intentando explicarse mejor.

- Bueno, todo esto, explicárselo a las pequeñas. Entiendo que no lo hagas tu, que lo haga alguna prefecta- sin embargo, el no parecía saber de qué le estaba hablando. Saffron lo miró horrorizada- ¿Quieres decir que no hay nadie que le explique a las alumnas pequeñas qué deben hacer cuando les viene la regla? Por merlín, Severus. Las niñas pasan el año aquí. A no ser que sean MUY afortunadas, la regla les vendrá por primera vez durante el año escolar. Pobrecillas, completamente pedidas...

Si, definitivamente Severus debía haber bebido mucho, porque no entendía muy bien lo que le estaba diciendo, ni alcanzaba a comprender toda la gravedad del asunto. Y de repente, ella, Saffron, que hablaba sin parar aun estando enferma, que iba agarrada a su brazo, tropezaba y estaba a punto caer al suelo.

Casi a punto, si no hubiera sido rápido y la hubiera sujetado. Y, súbitamente, se encontraba casi abrazado a ella, en un frió pasillo, con la mirada de ella oscurecida por la penumbra, y clavada en sus ojos. Y su cuerpo contra el suyo, su cuerpo pequeño, que se estremecía levemente, sus brazos que se enroscaban a su cuerpo, casi como fueran serpientes, y su corazón que retumbaba contra su pecho. Y si, tenía que haber bebido demasiado, porque si no no entendía a que se debía ese ardor en el vientre, en el vientre y más abajo, mientras ella se pegaba a el, y su mirada resbalaba hasta su escote. Y lo sentía, su piel limpia, suave, lo bien que olía y su pelo, brillante, brillante y rojo contra su piel pálida y los labios también rojos y el ardor corriéndole por las venas. Y su voz, su voz saliendo de esos labios rojos y brillantes, casi febriles. Llamándolo.

- Severus- y, de repente, el terror. El terror de percatarse que aquello no era sano, ni natural, que aquello que sentía no debería sentirlo, no por ella, no precisamente por ella, que el ardor, ese ardor que sentía lo conocía bien, y no debía sentirlo. Y sus labios, brillantes, brillantes, que se acercaban a los suyos, formando palabras y él sentía, horrorizado, que no tendría la suficiente fuerza como para impedir que aquello ocurriese. Ella susurraba ahora, inesperadamente seria- Severus... creo... creo que voy a vomitar...

Fue suficiente para que él recobrara la cordura y la ayudara a sentarse en un banco cercano. La oía sollozar, pero no sabía que era de pura rabia. “Una situación perfecta” pensaba ella entre hipidos “una ocasión perfecta y yo lo tenía que estropear todo”. Lloriqueó aun más, cuando él la ayudó a levantarse de nuevo, porque esta vez no la abrazó tanto como antes.

No sabía que el aun estaba aterrorizado. Asustado como nunca. Casi en estado de shock. No entendía lo que había ocurrido. El vino, el vino. No debió tomar tanto. Había estado a punto de cometer una locura con una de sus alumnas. Por Salazar, que idiota, que estúpido. Ella enferma y el incapaz de controlar sus hormonas. Era un degenerado, eso era.

Llegaron a su habitación finalmente. Saffron lo miró un momento, indecisa. ¿Y si hacía de tripas corazón y le pedía que entrara un rato? Solo un rato. Quizás podían hablar, escuchar algo de música, jugar al ajedrez, hacer lo que fuera para que él no se fuese todavía. Sin embargo, cuando él habló, lo hizo de forma tan tajante que ella no se atrevió a protestar.

- Dejaré que descanses mañana por la mañana, y vendré a recogerte a la hora de la comida. Buenas noches.

Y antes de darse cuenta, el ya se había marchado. Se había marchado, escaleras abajo, y ella ahora estaba como un pasmarote, con la puerta de la habitación abierta, muriéndose de frío, y con los pies doloridos. Finalmente se rindió a la evidencia, cerró la puerta y se quitó las botas, tirándolas a la otra punta de la habitación. Y también antes de darse cuenta estaba llorando, como una cría, como una estúpida cría, sorbiéndose los mocos, y echando polvos floo en la chimenea para hablar con Guenolee.

- Hola bonita!! Me pillas fatal ¿eh? Pero.. ¿¡Pero que llevas puesto!? ¿Pareces una puta de cinco sickles la hora y media!!- y después se fijó en la cara llorosa de Saffron, el maquillaje corrido, y se preocupó- ¿Pero que pasa? ¿Qué ha ocurrido?

- Pasa que soy idiota- Saffron lloriqueaba, los churretones negros del rimel por sus mejillas- Era todo perfecta.. el.. el me había mirado el escote!! Y solo un poco mas, un poco mas y hubiera conseguido algo...

- ¿Y que ha pasado al final?

- Que me he puesto con la regla, y tengo ganas de vomitar y estoy hecha una braga. ¿Por qué estas cosas siempre me pasan a mi??

- Pues chica, no sé, es que ten en cuenta de quién estamos hablando... Jo, es que mira que tiene que ser difícil ligar con ese- Guenolee no pudo reprimir un escalofrío de asco, y Saffron rió un poquito- Niña, estas loca. Te lo digo en serio. Aun no me entra en la cabeza como puede gustarte ese... ese tipo...

Saffron se sorbió los mocos y sonrió tristemente.

- Pues me gusta mucho, Nolee, en serio.

- Mira niña, yo tengo que irme ya, pero escucha una cosa. Hoy ha demostrado que tu le atraes, ¿no?- Saffron torció la cabeza, dudosa.- Lo que tienes que hacer a partir de ahora es no dejar escapar ninguna oportunidad. Pero ninguna. Venga mujer, si te ligaste a aquel buenorro tailandés, ese que no recuerdo como se llama, puedes con Severus Snape. Vamos, seguro...


Saffron la miró, una sonrisa apenada, y se despidió de su amiga. Cuando ya estuvo sola, se cambió de ropa, se puso su pijama, y tomándose un par de gotas de poción para los dolores, se acostó, extrañamente deprimida. Se durmió enseguida, adormecida por la poción, pero no sabía que había alguien que no pudo dormir en toda la noche.

+++++++++++++++++++

Todo era tan extraño. Tan, tan extraño. Severus no durmió apenas aquella noche. No durmió, intentando aclarar un poco la mezcla de sensaciones que se confundían en su estómago. No sabía que le ocurría.

Mentira.

Si lo sabía, y por eso precisamente no lo soportaba.

Había decidido reconocer que ella era bonita. Porque lo era. Era una chica bonita, y el no ganaba nada negándolo. Así que Saffron Bahn era una chica bonita, mas o menos igual de bonita que algunas de sus otras alumnas. Quizás un poco mas, pero eso era irrelevante.

Pero no era solo eso. No. Severus era consciente de que había algo más. Algo, por pequeño que fuera, más. Algo que se estaba clavando en su pecho y hacía que el ardor que sentía en el estómago fuera francamente desagradable.

Que Saffron Bahn era una mujer, y él era un hombre, y el justo se había dado cuenta esa noche. Que antes era una niña bonita y ahora era una mujer bonita. Y la diferencia era notable. Y sus actos. Se vestía así, de esa manera, e iba caminando por el colegio como sí tal cosa. Recordaba sus labios, rojos, mordiendo la tarta de chocolate, su pelo, brillante, lo bien que olía y lo cerca que había estado de su cuerpo. Tan cerca, tan cerca que recordarlo ahora hacía que el fuego y el ardor nacieran de nuevo.

Esa clase de actos tenían unas consecuencias, maldita sea, y ella debería saberlo. Apretó con fuerza los nudillos e intentó dormir, sintiéndose como un bastardo degenerado.

Y a la mañana siguiente todo volvía a ser igual de extraño. Como si fuera un sueño y el aun no había despertado. Sentía una tirantez desconocida en su estómago, una especie de expectación, que terminó de ponerle de mal humor. Menos mal que no iría a por ella hasta la hora de comer.

Y realmente, deseó no tener que ir a recogerla para ir a comer. No tener que verla. Olvidarla, olvidarse de ella durante unos días. Olvidar que existía. Quizás lo hiciera. Quizás fuera a decírselo a Dumbledore. Aquel encargo le estaba sobrepasando por momentos. Y entonces recordó que había sido él quien se había ofrecido voluntario. Evidentemente, nunca había previsto que las cosas iban a salir así.

Y ya en su habitación, ella le abrió aun con el pijama, despeinada, como recién levantada. Vio sus ojeras, oscuras bajo sus ojos, pero no dijo nada. Se limitó a mirarla interrogante, mientras ella se recomponía un poco el pelo, en un arranque de coquetería. De repente, estaban los dos en silencio, mirándose levemente, casi como dos furtivos, sin saber muy bien que decir, mientras la luz inundaba la habitación. Finalmente fue ella la que habló.

- Ehh... Severus, creo que no voy a bajar a comer, ¿de acuerdo? No tengo hambre, y tampoco me encuentro muy bien...

Él asintió, simplemente.

- Vendré a por ti cuando termine la comida.

Ella sonrió, y él dio media vuelta para marcharse. Saffron supo que debía decir algo, pero no se le ocurría nada. Pensó, desesperada, decir cualquier cosa, lo que fuera, y que él estuviera un segundo mas allí.

- ¿Qué tal estas?- muy, muy inteligente no era, pero al menos él se había parado. Sí. Se había parado, y había enarcado una ceja, interrogante- Esto... por lo de anoche... ¿estas muy cansado?

Severus carraspeó, y le dio una mirada ligeramente culpable, aunque ella no supo interpretarla.

- Estoy bien, gracias. Y ahora, si me disculpas, tengo que irme. Después vendré a por ti.

- Claro, claro. Hasta luego.


Se marchó, y Saffron quedó con una sensación extraña en el pecho. El se había comportado de una manera muy rara, y su mirada tampoco parecía la de siempre, como si la rehuyera. Pensó en todo esto mientras se duchaba y elegía la ropa que se pondría esa tarde.

Severus, sumido en sus pensamientos. Ni siquiera se dio cuenta que Charlotte y Remus volvían a hablar a su lado, en voz baja durante la comida. Y el tiempo pasó, casi sin percatarse, y antes de darse cuenta, estaba de vuelta hacia la habitación de ella, para recogerla de nuevo.

Y tan sumido iba en sus pensamientos que no se dio cuenta de nada hasta que escuchó el ruido. Un ruido seco, sordo, y el cristal rompiéndose. El cristal roto, el viento entrando, y una naranja chafada contra el suelo. Una y más naranjas, usadas como proyectiles, contra los cristales y las paredes, y la risa de Peeves resonando por el pasillo.

-Peeeeves!!! – su voz tronó, pero al fantasma no pareció importarle.- Una mas, Peeves, una mas, y desearás no haber muerto...



La risa de nuevo, y una última naranja lanzada contra él. La cogió, al vuelo, y sonrió, satisfecho de la rapidez de sus propios reflejos. Con paso rápido se dirigió hacia la habitación de ella, aun hecho un mar de dudas.

Saffron ya se había duchado (él podía ver su pelo ligeramente húmedo), y se había vestido, abriéndole la puerta con una sonrisa en los labios. Y de nuevo aquella sensación extraña, aquel silencio entre los dos, instalado cómodamente. Carraspeó ligeramente, cuando la voz de ella sonó, de repente, ilusionada.

- Oh... ¿es para mí? – y señaló a la naranja que él llevaba en la mano, de la que ya casi se había olvidado. Ella sonreía, y había tanta ilusión en sus ojos que no se sintió con fuerzas para decirle que no. Le dio la naranja, y ella rió, con su risa cristalina, mientras rozaba su mano tenuemente- Muchas gracias.

El se encogió de hombros, quitándole importancia, mientras veía como ella pelaba la naranja. Sus uñas, clavándose en la piel crujiente, brillante, el olor dulzón que inundó la habitación, la sonrisa en los ojos de ella. Y la extraña sensación, los nervios en la boca del estómago mientras la mira como desgaja la fruta, y se la lleva a la boca, con movimientos tan lentos que a el le parece que están rodados a cámara lenta. Ella, ella que huele a naranjas algunas veces, que sonríe de esa manera y que pela la fruta como si fueran gestos íntimos, como si estuviera presenciando un ritual extraño y el no debiera mirar.

Y, de repente, la mano de ella se acercó a su boca, a la de él, y que él interceptó, en un movimiento casi defensivo. Agarró su muñeca, con fuerza, y se dio cuenta que estaba dañándola cuando vio que sus ojos se oscurecían por el miedo momentáneamente. Pero no se apartó, ni el ni ella, y continuó sujetando su mano con el trozo de naranja entre sus dedos.

Y todo se vuelve más íntimo, mas personal, mas extraño, el granito de arroz rompiéndose y echando raíces, la puntita del alfiler clavándose aun más profundo, cuando ella roza su barbilla con la otra mano, y habla.

- Pruébala- dice, y su voz es un susurro ronco- Seguro que te gusta...

Y no sabe por qué, no lo sabe, pero su boca lo acepta, y toma entre sus labios el trozo de fruta, los dedos de ella rozando sus labios, sus ojos enfrentados y oscurecidos, la sonrisa en los labios brillantes de ella. Y, de repente, todo se rompe, todo, todo, y Severus sabe que debe tomar una decisión, o acabará volviéndose loco.

Y está tomada, solo cinco minutos mas tarde la decisión está tomada, por su bien y por el de ella.
 
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