bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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MoonPixelDollz 1GREENEYE

· martes, octubre 12, 2004

" Descubrimientos " por Laia ( 3:25 PM )
 
Le habían dicho que el jefe de su casa le había pedido una reunión urgente. Laia dedujo para que sería; el problema personal entre ella y McGuillan. Sonrió nerviosa. No tendría problemas, Severus Snape le cedió el puesto a ella, no podía arrebatárselo ahora. Aún así, no podía dejar de sentirse incómoda, y quizás por eso estaba dirigiéndose tan rápidamente a las mazmorras. Cuanto antes empezara, antes terminaría.

Inspiró profundamente y golpeó la recia puerta del despacho del profesor.

Nadie contestó.

Laia respiró hondo otra vez e insistió. Nada tampoco. Al menos, tampoco estaba esa maldita Bahn.

Giró sobre sus talones y salió de las mazmorras. Solo había otro lugar en el que se podía encontrar al solitario Snape.

En el extraño despacho que solía frecuentar a veces en el tercer piso.

Ella tenía las llaves. En realidad, como prefecta, era la única con acceso a ese despacho. Lo había visto ella y pocos prefectos más. Ahora lo recordaba. No era el lúgubre despacho de las mazmorras a lo que les tenía acostumbrados Snape, tenía ventana, aunque siempre estaba corrida. Snape era un enorme murciélago que siempre huía de la luz.

Recogió las llaves con desgana del cajón de su habitación -por si acaso- y se dirigió al tercer piso. La puerta, por extraño que pareciera, no estaba cerrada. Ni siquiera estaba ajustada, sino un poco entreabierta. Laia no hizo más que empujar, temerosa.

Adelantó unos pasos, despacio, pero prefirió permanecer entre sombras.

Encontró con una sala completamente iluminada. Había un hogar tras una mesa con un bonito caldero de cobre gravado, y encima de la mesa había objetos muy extraños que era incapaz de reconocer, salvo una calavera y un pequeño planetario. Un mineral violáceo cercano le llamó la atención, pues se suspendía por si solo.

Nunca había visto esa sala en todo su esplendor. Observó la ventana. La cortina –cuyos colores, por lo que se percató, eran los de Gryffindor- estaba milagrosamente descorrida, y ante ella se encontraba el profesor Snape, mirando fijamente hacía el exterior.

- Severus…

Laia dio un respingo y miró alrededor. Ante el caldero había aparecido Bahn, con una probeta en cada mano. Observó como las colocaba lentamente en su lugar y se dirigía a Snape.

- Severus…

La concentración de Snape hacia lo que fuera que estuviera observando, estaba empezando a ser sospechosa, y más sospechosa fue cuando al insistir Bahn por tercera vez, tocando el hombro del profesor, éste se dirigió hacía la mesa que había ante el hogar y Bahn pasó a mirar también a través de la ventana, reaccionando ante lo que fuera que estuviera viendo.

Laia decidió que era el momento de dar a entender su presencia.

- Ejem…

Carraspeó y dio unos pasos al frente, dejando que la luz de la ventana iluminara su rostro.

Snape levantó sus ojos de la mesa y la mandó acercarse.

Laia pudo observar que la mesa también contenía bastantes papeles, escritos con una letra cuidada y femenina, que dedujo era de Bahn. Apuntes de Bahn. Snape la había traído para enseñarle el despacho. Bahn había entrado en un lugar teóricamente reservado a los slytherin.
La miró de reojo. Estaba hojeando libros de la estantería situada cerca de la ventana, pero Laia sabía que la chica iba a prestar toda la atención de la que fuera capaz.

La voz de Snape desvió la concentración de Laia.

- Señorita Wallravenstein -la negra figura imponía más con ese fuego tan potente a sus espaldas-, tengo varios puntos que comentarle. Primero, no tolero más problemas en el equipo de Slytherin. Gryffindor ha tomado el campo estas últimas semanas y está mejorando mucho. La profesora McGonagall no para de recordármelo. Haga el favor de resolver sus problemas con McGuillan. Por lo tanto…

Laia intentó interceptarle, dando un paso al frente.

- Profesor, usted me designó como nuevo guardián del equipo por la enfermedad de McGuillan, ahora se ha demostrado que soy mejor que él. Ravenclaw no pudo con nosotros.

Desvió la mirada y vio que Bahn la observaba expectante.

- ¿Qué quiere decirme con eso?

Laia le miró con expresión comprometida.

- Qué ahora todos quieren a McGuillan de guardián. Dicen que yo le enfermé aposta.

- ¿Y lo hizo?

- ¡No! –Mentía tan convincentemente…

- Lo hizo… -Pero a Snape era imposible engañarle. Quizás se parecían demasiado.

- El caso es… profesor –Laia intentó calmarse- que yo soy mejor guardiana. Si permite que… - intentó no parecer una manipuladora – quiero decir que si resulta que McGuillan es elegido guardián de nuevo, McGonagall estará contenta. El próximo partido es Gryffindor contra Hufflepuff, y todo el mundo sabe quien ganará.

Snape la miró entre sombras y luces provocadas por el fuego. Tenía un extraño brillo en los ojos.

- Usted es lista. Supongo que conseguirá ser guardián de nuevo –Laia sonrió, pero no duró demasiado- pero yo soy profesor, y usted es prefecta.

Bajó la mirada y hojeó unos papeles. Laia se dio cuenta que eran unos horarios.

- Tendrá guardia todos los fines de semana por la noche.

- ¿Qué? Un momento, yo cubro más días que Draco Malfoy. Yo tengo guardia los martes y los jueves y también cada dos viernes. Malfoy solo tiene los lunes y los miércoles, y los miércoles tiene turno de día.

Snape volvió a levantar la mirada, y le clavó sus ojos negros.

- Esto es un castigo, señorita Wallravenstein, por si no se ha dado cuenta todavía. Quizás lo que quiere es que le quite su insignia de prefecta, sería más rápido y se evitaría las guardias para siempre.

- ¡No!

¿Cómo se le ocurría? ¿Dejar de ser prefecta? Quizás no llegaría a tiempo de ser capitana del equipo de Quiddich y ni siquiera sería premio anual en séptimo, pero por lo menos era prefecta.

Snape continuó hablando.

- Bueno, resuelto este punto, vayamos a otro. La semana que viene hay una campaña emprendida por el Ministerio de Sanidad. Van a venir cuatro sanadores al colegio para vacunar a los alumnos de primero y de segundo.

Laia levantó ambas cejas, interrogante.

- A partir de ahora, esa vacuna se dará en los colegios. Quiero que vaya a la reunión de prefectos del sábado y que lo organicen todo. Por cierto, también convendría –Snape tomó una carpeta y se la tendió- que cada prefecto tuviera la lista de los alumnos a vacunar. También podrían darle una copia a Madame Pomfrey.

Esa furcia

Pensó Laia. Desde lo de McGuillan, esa maldita mujer la miraba mal. Pero tampoco era tan malo, así podría tener la excusa de merodear cerca de Charlotte.

- Se la daré yo misma.

Dijo Laia, cogiendo la carpeta con determinación.

Cuando Laia se disponía a irse, Snape hizo un inciso.

- Y por último… -su voz vaciló- teniendo en cuenta que este despacho solo lo utilizo yo y que el otro par de llaves del mismo le fue cedido a usted… le ruego que me las devuelva, Saffron –Snape hizo un gesto vago y descuidado hacia la dirección donde la pelirroja estaba leyendo otro libro, aunque ella casualmente se giró con rapidez- Saffron Bahn necesita esta sala. Le pido que se las de a ella. He supuesto que las traía, ya que siempre suelo cerrar la puerta.

Elevó un tono de voz y miró de reojo a Bahn. Laia supo que se refería a la tendencia despistada de la chica. Alguna vez agradeció la capacidad de la pelirroja de dejar armarios abiertos.

Pues hoy estaba abierta ¿Un descuido profesor?"

Susurró para si, molesta. Genial, ahora perdía el juego de llaves de ese asombroso despacho. Ya tenía menos poder. Y no era lo peor no, tenía que darle personalmente las llaves a… a ESA.

Respiró levemente y se dirigió a Bahn. Sacó las llaves del bolsillo de su túnica y las dejó caer encima del libro abierto que ella sostenía. Bahn le respondió con un escueto “gracias”. Ella la miró fijamente y respondió.

De nada

Y se giró, dirigiéndose tranquilamente a la puerta.

Cuando iba a cerrarla tras de si, oyó a Snape.

- Y Wallravenstein… no mencione a nadie nada de los objetos que ha visto aquí. De ninguno ¿Entiende?

Maldita sea, perdía las llaves justo cuando los objetos del despacho habían empezado a ser interesantes…

Un momento. Era cierto, Laia había entrado otras veces allí y nunca había visto tantas cosas extrañas. ¿Y si Snape le había pedido las llaves para que no entrara nunca más? ¿Acaso desconfiaba un poco de ella? Laia intentó recordar todo lo que había podido ver. El pequeño planetario, el complejo caldero, la calavera… y ese extraño mineral flotante, parecido al topacio.

Ese extraño mineral flotante nunca había estado allí antes.

Se quedó unos minutos de pie tras la puerta, intentando escuchar algún sonido del interior del despacho, pero el maldito lugar parecía insonorizado por la gruesa puerta de madera de roble.

De repente recordó la ventana abierta y a Snape observando el exterior por ella. Apretó a correr, para ver si aquello que había captado la atención de esos dos aún podía verse. Intentó abrir la sala contigua, pero estaba cerrada y ya no tenía llaves. Fue forcejeando puerta por puerta hasta que encontró el aula de Aritmancia. Ahora o nunca. Por suerte estaba vacía, así que se dirigió a los ventanales.

Demasiado altos.

Ella era tirando a bajita, pero no lo suficiente como para no llegar a una ventana. Lo que tenía ante si eran auténticos ventanales situados a dos metros.

Pilló la silla del profesor y se subió a ella. A duras penas pudo abrir la polvorosa ventana de vidrieras. Por Salazar, hacía siglos que nadie abría eso.

Un ruido desagradable y una nube de polvo precedió a la esforzada apertura. Apoyó las manos en el alféizar y se asomó. Justo debajo tenía la parte menos transcurrida del castillo. El lago se observaba a lo lejos y ante el enorme campo que lo alejaba del castillo, había tres bancos de piedra. El banco del centro estaba ocupado.

Aún estaba ocupado.

Reconoció rápidamente al profesor Lupin. Tenía el rostro volteado en su dirección, observando con serenidad a otra persona que ahora se llevaba un pequeño dulce a la boca. Ella también era fácilmente reconocible.

Charlotte Jenkins.

Y reía. Estaba riendo y Remus Lupin la observaba concentrado, perdido en la mirada de ella. Todo parecía ir lento y apacible… la suave brisa movía lentamente el prematuramente encanecido pelo de él, y el sol le daba un aspecto más joven, aún con las arrugas que ya surcaban su rostro. Jenkins volvió a reir. Laia podía oírla debido a la tranquilidad y silencio, y Lupin esbozaba ahora una leve sonrisa.

Eso era lo que el profesor Snape estaba mirando tan concentrado.

Charlotte Jenkins tenía una relación con Remus Lupin.

Laia no era de esas personas que iban por allí elucubrando sobre las probables parejas del colegio. Al contrario, lo odiaba. Pero esos dos allí abajo, tan tranquilos, sin nada aparente que pareciera preocuparles… Laia no pudo evitar un pinchazo extraño en el estómago.

Él es diferente. Él no haría nunca nada así

Lucius Malfoy apareció en su mente. Ella no quería nada como aquello que veía en ese banco, nada… “así”. A ella le gustaba el señor Malfoy por lo que era y por como era. No podría atraerle alguien que actuara completamente opuesto al señor Malfoy.

De repente, la supuesta pareja se levantó. Laia se fijó que algo cayó al suelo, algo rojo que diligentemente recogió Lupin. Una chaqueta. Se la puso en los hombros a Jenkins, cuidadosamente. Si, Laia se había levantado sutil esa mañana. Le parecía mentira que pudiera captar cosas tan insignificantes como ese gesto del profesor a Jenkins. Les vio alejarse.

Por Salazar, no soportaba eso. Había tenido demasiado exceso de azúcar por un día. Se dispuso a irse.

- ¿Qué haces aquí?

Laia se giró rápidamente, asustada. Vio algo borroso.

Distinguió una chica antes de perder el equilibrio y caer al suelo.

Se levantó pesadamente, mirando quien demonios la había asustado de esa manera. Ante ella, y con dos pares de libros bajo cada brazo, se encontraba Hermione Granger.

- ¿Qué haces aquí?

Granger insistió. Laia tenía tan poco interés en mentir a esa insignificante persona, que decidió contarle la verdad.

- Estaba curioseando fuera.

Lentamente, sin dejar de mirar a la gryffindor, Laia se dirigió a la salida del aula, no sin girarse disimuladamente y ver como la disciplinada y estudiosa Granger miraba los ventanales y la silla intentando no caer en la tentación.

_______

Al salir vio como los alumnos se acercaban a la clase de Aritmancia, que por lo que podía observar, empezaba a las cuatro. Eso le recordó que llegaba tarde a la suya de Adivinación.

El próximo jueves llegara tarde, señorita Wallravenstein

Le había dicho la profesora la semana pasada. Recordaba que oyó un “Esta profesora inútil siempre va sobre seguro” y reconoció la voz. No recordaba el nombre del muchacho, pero le ganó en un duelo. Ella siempre recordaba lo importante.

______

Fue el viernes por la tarde cuando decidió ir a ver a Madame Pomfrey, y de paso, vigilar a Jenkins.

Sus pasos se dirigieron lentamente a las escaleras, mientras el barullo se formaba a su alrededor. Mientras esperaba que cada una de ellas se colocara en el lugar correcto -¿Quien inventaría esa inutilidad?- mientras esperaba, abrió la carpeta que le había dado Snape y hojeó la lista de nombres de los alumnos de primero y de segundo.

Solo esperaba que Jenkins estuviera en la enfermería.

Entró sigilosamente. No hacía falta, Jenkins estaba sola y le prestó toda su atención cuando la vio entrar. La misteriosa muchacha estaba sentada en la cama.

- Buenas tardes.

Laia vio como Jenkins se dirigía a ella por primera vez. El hecho que acompañara una sonrisa neutra al saludo hizo ver a Laia que más valía disimular.

- Buenas tardes.

Respondió mostrando indiferencia y se dirigió a la otra punta de la sala. Abrió la puerta y se encontró el despacho de Madame Pomfrey.

No podía ser más perfecto ¡Madame Pomfrey no estaba! ¡Podía sentarse al lado de Jenkins y preguntarle cosas sin que nadie la echara a patadas!

Pero de repente, la sonrisa neutra y precavida de Jenkins apareció en su mente. No, no debía jugar con fuego. Si quería descubrir algo, tendría que ser a sus espaldas.

De repente, como si alguien hubiera querido cumplir sus sueños, oyó algo detrás de ella. La voz de Charlotte Jenkins se oyó clara y nítida.

- “Evolare

Laia se asomó lentamente y se fijó en Jenkins que, varita en mano, había realizado un sencillo hechizo de la misma naturaleza que el “evanesco”, con la única diferencia que el hechizo “evolare” únicamente hacía desaparecer escritura.

Escritura.

¡Charlotte Jenkins estaba escribiendo otra carta! ¡Y lo estaba haciendo en ese mismo instante!

Laia empezó a pensar con rapidez. Sus nervios afloraron de repente. Debía hacer algo, era el momento oportuno. Quizás no volviera a tener una oportunidad como esta.

Se asomó otra vez y vio que Jenkins estaba escribiendo otra vez. Laia deseaba que le costara mucho escribirla. Necesitaba tiempo para pensar.

De repente, otra vez la fatídica frase a sus espaldas.

- ¿Qué haces aquí?

Laia dio un respingo y se giró. Madame Pomfrey la miraba con extrema desconfianza.

Laia le tendió la lista de nombres de los alumnos como si fuera un arma.

Madame Pomfrey se acercó y cogió los papeles.

De repente, Laia oyó algo.

- ¿Me acompañas a enviar esto? – Reconoció otra vez la voz de Jenkins.

- Sí, claro. – Laia oyó la voz del profesor Lupin – Hilina no creo que esté para viajes. – Por Salazar, iban a envíar esa carta – No vamos a buscarla, ¿verdad?

Madame Pomfrey también oyó la conversación, y salió diligentemente. Laia se quedó sin saber que hacer. Necesitaba la respuesta de Pomfrey para que ella no sospechara que tenía prisa. Laia vio a la pareja salir de la enfermería con la carta, observando agónicamente como se perdía la oportunidad de su vida. La enfermera volvió rápidamente, con mal humor.

- Bueno, está bien. Aún así, tendré que hablar con todos los prefectos para conseguir que la organización sea perfecta. No quiero desmadres el día de las vacunas. Ahora vete por favor.

Laia no necesito los típicos empujones sutiles de la enfermera para salir de allí. Una vez fuera empezó a correr. La lechuza de Jenkins estaba malherida, así que decidió dirigirse hacia la lechucería del colegio.

Al salir del colegio corrió campo a través hacía el amplio habitáculo cubierto donde la escuela dejaba sus lechuzas. Encontró a los dos ante la lechucería y se escondió.

No hay momento más angustiante que el saber que tienes que hacer algo y NO puedes hacerlo.

Esos dos malditos idiotas estaban allí plantados, mirando como se alejaba la maldita lechuza. Cada vez más lejos, más lejos.

Iros, iros maldita sea

Pero de pronto Lupin llamó a Jenkins, y ésta dejó de mirar la lechuza como se alejaba. Parecía que se alejaban. Ah, bien, aún veía la lechuza.

Cuando ambos eran ya dos diminutos puntos, Laia salió de los arbustos y corrió campo a través. Corrió como nunca lo había hecho, sintiendo el intenso frío que suele hacer en esas fechas en Escocia. Casi se cayó dos veces, su mirada fija en el punto que era la lechuza.

Maldita sea, a esa distancia ningún hechizo que ella conociera serviría.

Llegó a la conclusión que lo mejor sería que su propia lechuza interceptara a la de Jenkins. Unió sus dos dedos índices y se rebajó a soltar un silbido de cabrera. Todo sea por el agradecimiento del señor Malfoy.

Búho respondió en el acto y salió disparado de esa apestosa jaula gigante para lechuzas en dirección a su víctima. Laia lo miró todo expectante, acercándose cada vez más, cada vez más, hasta que tuvo la pelea bajo su cabeza. Olvidando a Búho, decidió lanzar un hechizo.

- “¡Paralysis!”

Ambas lechuzas cayeron como dos sacos de harina al suelo, completamente tiesas.

Empezó a abrir la nota. Su cabeza bullía, toda ella bullía de la excitación. Leyó.

Por favor, avísales de que todo es correcto.”

Le entraron ganas de despedazar la maldita lechuza, pero ahora no hizo más que arrodillarse y suspirar trágicamente y con resignación. ¡Esta carta era peor que la anterior!

Cómo descubrir a quien iba dirigida la carta? ¿Se habría inventado un hechizo registra cerebros de lechuza para conocer a donde se dirigen? ¿Podría su propia lechuza engañar psicológicamente a la que había utilizado Jenkins para que la llevara a donde estaba la persona receptora de las cartas? Observó a Búho, tieso y quieto, tan patético. No, imposible.

Pero de repente recordó algo.

Evolare

Claro, ¡Los borrones! ¡Jenkins había borrado algo con ese hechizo! ¡Con un simple contrahechizo podría leer lo escrito anteriormente! Laia intentó recordar el contrahechizo, rezando para que no aparecieran solo faltas de ortografía.

- “¡Appareo!”

Vio brillar una línea escrita, luego dos. Se empezaron a formar algunas letras, y finalmente apareció un buen párrafo escrito.

Edward, tienes razón, siempre tienes la maldita razón. Merecería que fueses ahora mismo a ver al Sr. Stormwinkle y le dijeras que no estoy de vacaciones con mis padres

¡Dos nombres! ¡Qué suerte había tenido! No podía estar más excitada. Seguro que Lucius Malfoy conocía por lo menos a Stormwinkle. Ella trabajaba en el ministerio ¿no? Ese hombre debía ser su superior o algo por el estilo. En cuanto a Edward… si había suerte quizás también fuera alguien del ministerio. Lanzó un grito de excitación al aire e hizo aparecer una pluma y un pergamino y se decidió a escribir a Lucius Malfoy.

Tengo dos nombres

Esa misma noche tuvo respuesta.

Mañana a media noche en la parte más alejada del bosque

______


Si tuviera que resumir la reunión de la mañana del sábado, Laia no hubiera podido responder.

Ella solo tenía un pensamiento en mente.

Lucius Malfoy.

Le vería esa misma noche.

No podía evitar parecer una persona civilizada. Incluso sonreía un poco al saludar. ¿Qué le diría? ¿Le enseñaría sus descubrimientos sin decir nada o le expondría sus teorías? Draco le dio un empujón y la beatífica sonrisa desapareció como por arte de magia.

- A ti te toca organizar los alumnos de primero.

¿Los mocosos indomables de primero de Slytherin? ¿Y que importaba?

______

Se sentó ante el espejo y se miró. Faltaba una hora. Decidió arreglarse un poco y salir. El castigo que le había infligido Snape había sido una bendición. Tenía turno de noche, no sería sospechosa verla merodear por el castillo. Sin saberlo, el profesor le había echo un nada despreciable favor.

Estuvo paseando por el ala del castillo que le habían asignado, acercándose lo más posible a ese pasadizo secreto que ya utilizó cuando utilizó esa poción prohibida. No había nadie vigilando.

Enfiló por el pasadizo hasta llegar al túnel que la llevaría al exterior. Se arrastró a tientas hasta llegar a una piedra rodante. La empujó hacia un lado y se adelantó un poco, tocando hierba fresca. El frío de la noche la golpeó con fuerza. Se incorporó y vio la negra mancha que era el bosque ante ella, y el lago a su derecha, más alejado y brillante por el efecto de la luna. Cerró el pasadizo y corrió hacía el bosque, empezando a rodearlo.

Era un bosque enorme, y cuando llegó al otro lado estaba totalmente helada, sintiendo como el frío se calaba en sus huesos. Rezó para no tener la nariz roja. Al llegar al lugar, se apoyó en uno de los árboles y esperó, mientras su respiración se calmaba. Del interior del bosque oyó algo.

Laia se apartó del árbol y observó la sombra que se acercaba del interior del bosque. Malfoy apareció despacio, tapado por una larga capa. ¿Qué hacía en el interior del bosque?

La luz de la luna iluminó su sardónica sonrisa. Ni siquiera la saludó, se plantó ante ella, hierático, y le espetó.

- ¿Cuáles son los nombres?

Laia le miró asombrada. No se esperaba que fuera directamente al grano. Tartamudeó y registró bajo su túnica, sacando la carta y tendiéndosela. Malfoy leyó el borrón.

- Stormwinkle… si, trabaja en el ministerio. No nos caemos bien, aunque no nos tratamos mucho. Trabaja en un departamento distinto al mío.

Laia le miró expectante.

- ¿Y Edward?

- Por la complicidad con la que trata con el, deduzco que es Edward Gray. Ya le teníamos vigilado. Es compañero de trabajo de Jenkins en “Equipos de Reversión de Magia Accidental”

Malfoy calló y releyó la carta, sonriendo.

- Si es realmente él, será fácil vigilarle. Jenkins parece tenerle mucho respeto y Gray parece bastante enterado. Nos será muy útil.

Laia sonrió, esperando la felicitación, que no llegaba.

- ¿Has realizado tu este contrahechizo?

Laia asintió, intentando no demostrar mucho orgullo.

- ¿Y lo has aplicado a la primera carta?

Mierda, no se le había ocurrido hacerlo con la primera carta. Fallo. Había desilusionado a Malfoy, seguro. Qué bochorno, qué vergüenza, qué inútil que era.

- Dame la primera carta.

Laia volvió a registrar su túnica, en estado de semidepresión. Se la dio y Malfoy realizó el contrahechizo, pero la carta en si era tan extensa que no se leía con claridad el borrón anterior. Malfoy alzó otra vez la varita, dijo “Fulgeo” y el borrón empezó a brillar. Leyó en voz alta.

Edward, se que no debí haber emprendido esto yo sola

La primera y la segunda carta iban dirigidas a Edward, posiblemente a Edward Gray.

El hecho que en el borrón de la segunda carta Jenkins dijera a Edward que mejor decirle a su superior que no estaba de vacaciones, sumándole el borrón de la primera, en la que se descubría que estaba haciendo “lo que fuera” sola, significaba que Jenkins no estaba allí por órdenes del Ministerio.

¿Qué estaba haciendo Jenkins en Hogwarts? ¿Y porque lo hacía a espaldas del ministerio?

El cerebro de Laia bullía, pensando que demonios hacía allí esa chica, cuando de repente, notó que Malfoy se había acercado. Notó como su mano levantó su barbilla, y el frío desapareció, dando paso al calor, mucho calor.

- No se como agradecerle lo que ha hecho, señorita Wallravenstein –De repente, volvía a tratarla de usted-.

Sin saber porque –bueno, si, si lo sabía- Laia se pasó la lengua por los labios. Era un gesto nervioso, como mordérselos, pero en ese instante fue tremendamente útil.

Malfoy hizo ademán de acercarse a ella. Cómo drogada, Laia se sorprendió a si misma hundiendo su mano en el cabello del mortífago y agarrando su nuca.

Se besaron violentamente, como la primera vez que lo hicieron en la mansión de él. Ella le agarraba como si fuera a caerse, y él la sostenía firmemente. Después del beso, ella fue recorriendo la mejilla de él con la boca, hasta llegar al cuello, donde hundíó su cara. El vaho que desprendían ambos por el frío se mezclaba.

Se quedaron así, quietos. Laia notaba como las manos enguantadas de Malfoy recorrían con fuerza contenida su espalda, apretándola contra él.

Se estaba tan bien.

Ya no tenía frío. Ni siquiera le preocupaba donde se encontraban. ¿Y si los veía alguien? Qué importaba, se estaba tan a gusto…

Justo en ese momento, Malfoy la apartó, respirando entrecortadamente. A Laia le costó volver al mundo real, y le miró vacilante e interrogante.

- Bueno, mejor me voy –dijo, arreglándose el pelo, con voz contenida-.

Y sin prácticamente mirarla dio media vuelta y se internó en el bosque.

Laia le miró interrogante y se dispuso a seguirle. Malfoy se giró de repente, furioso.

- ¡Quédate... Quédese fuera, Wallravenstein.

Laia le miró anonadada y un poco indignada. Encima que le había ayudado tanto, le dejaba así, allí, en plena noche, con ese frío, sola, desamparada, abandonada. Le vio adentrándose al interior del bosque, hasta desaparecer.

Entonces recordó esa inquietante visión que tuvo en el bosque. Bahn y Strandberg atacados y un pequeño grupo de mortífagos fuera de combate. ¿Sería Malfoy uno de ellos?

Estaba tan enfadada con él en ese momento, que rezó para que así fuera. 
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