bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Saffron x Severus = COM!
Youko x Draco = COM!
Laia x Lucius = COM!
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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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MoonPixelDollz 1GREENEYE

· martes, octubre 19, 2004

" Demasiada imaginación y muy poca prudencia " por Saffron ( 7:00 PM )
 
El lunes amaneció con toda su crudeza.


El despertador sonó, tan temprano como siempre, y Saffron quiso estamparlo contra el suelo, pisotearlo, prenderle fuego y después tirarlo por la ventana. Pero no lo hizo. En vez de eso, se levantó, se duchó y se vistió, esperando a que llegara Snape. Tropezó con Ein y le gritó, para acto seguido cogerlo en brazos y acariciarlo.


- Pobrecito, tu no tienes la culpa de que ese hombre sea gilipollas.


Ein ronroneó, y aprovechó las caricias que tanto le gustaban. Unos minutos mas tarde, Snape llamaba a la puerta, con expresión hosca. Saffron abrió, con una mueca indiferente, aunque tuvo que morderse la lengua para no reír cuando Ein le dio al profesor una mirada de enfado. “Así se hace pequeñín” pensó divertida.


Ninguno de los dos dijo nada mientras bajaban al comedor. Él la dejó en su mesa, mientras avanzaba hacia la suya con paso resuelto y expresión enfadada. Los que vieron su cara temieron por sus próximas clases.


Saffron se sentó en su mesa, malhumorada, murmurando un buenos días.


- ¿Qué? ¿Nos hemos levantado con mal pie?- Helena habló como si todo fuera casual y no se estuviera muriendo de ganas por coserla a preguntas.


- Es que me duele la cabeza- se disculpó Saffron con desgana- Este tiempo...


- Ya... claro... y bueno... ¿qué tal lo pasaste en Hogsmeade?


“¿Ya?” se preguntó Saffron horrorizada. De repente, siete pares de ojos la estaban mirando con atención, pendiente de sus palabras. No, no perdían el tiempo. “Precaución, amigo conductor” pensó para ella misma. Debía ser muy cuidadosa con lo que decía.


- Pues... bien. Sí, bastante bien. Aunque me hubiera gustado que hubiera hecho mejor tiempo, ya sabes, mas sol, no tanto frío. Sobre todo por la noche, porque mira que hacía frío. De todas maneras, yo llevaba un gorro y un abrigo, que aunque estamos en octubre, nunca se sabe, y lo mismo te sale un día bueno, que llueve a cantaros. Como hoy, mira tu que...


- Ya vale Saffron- Helena y las demás la miraban con expresión de tedio. Vale, la maniobra de distracción no había funcionado. Tendría que pensar otra cosa. Helena continuó hablando- La verdad es que a todos nos sorprendió que fueras a Hogsmeade con Snape...


Vale. Muy bien. Saffron respiró nerviosa. Definitivamente, no sabía como lograban los mortífagos sonsacar a los capturados, pero nada podía ser peor que el método de Helena.


- Pues... si, verás, necesitábamos algunos libros, y fuimos a ver si los encontrábamos allí, en alguna librería... - la sonrisilla burlona de Helena la estaba poniendo nerviosa y a la vez le indicaba que no lo estaba haciendo bien. Mierda. Había utilizado el plural. No, no, no, plural malo. – El profesor Snape necesitaba unos libros y... bueno, yo también quería comprar algunas cosas. El estudio de pociones requiere mucho tiempo y mucha dedicación...


- Ya, claro. Es normal- los ojos de Helena chispearon y Saffron sintió deseos de meterse debajo de la mesa.- ¿Sabes? Fue muy... extraño que los dos desaparecieseis nada mas llegar al pueblo...


Saffron no daba crédito a sus oídos. ¿Es que ahora tenía que dar parte de cada movimiento que hiciese? Decidió acabar con aquello cuanto antes.


- Teníamos cosas más urgentes que hacer que andar por la calle delante de todo el colegio.- dijo estas palabras de manera cortante. Pero, por alguna razón que escapaba a su entendimiento, no tuvieron el efecto que ella esperaba. Helena y las otras soltaron unas risitas ahogadas.


- Claro... urgente.. es comprensible...


Saffron bufó. ¿Acaso era ella o todo lo que decían parecía tener un doble sentido?.


- Mirad- decidió ponerse seria, de una vez por todas- Esto no os interesa lo más mínimo. Es mi vida y ya está. No tengo porqué dar explicaciones.


- Ajam.


- ¿Pero como que “ajam”?- Saffron había perdido los nervios por completo.


- Bueno, está claro que si no tuvieras nada que ocultar nos lo contarías...


Y una mierda. Y que su patética vida amorosa (“¿vida?¿Qué vida?”) estuviera en boca de todo el colegio. Ni hablar.


- Mira, Helena, no pienso contarte NADA de mi vida privada, y puedes creer lo que te dé la gana. Puedes dejar que tu imaginación se invente lo que quiera, que a mí me da igual. No puedo perder el tiempo con estupideces de crías.


Helena la miró fijamente a los ojos, y todas las demás se habían callado de repente. Estaban demasiado serias como para que fuera una simple pausa en la conversación. Saffron agradeció que hubiera cesado su parloteo.


- ¿Sabes? Cada día te pareces más a él.- Helena la miró con lastima, y se marchó, seguida de todas las demás.


A Saffron aquello le dolió mas que si la hubieran abofeteado.


No quería ser como él. No quería ser una amargada y una déspota. No quería pasar su vida haciendo infelices a los demás. ¿Dónde estaba aquella Saffron divertida y que reía sin parar?. No, no quería ser así. Apoyó su cabeza sobre su mano y cerró momentáneamente los ojos.


- ¿Es que acaso no se encuentra bien?- la voz de en llegó hasta sus oídos sin rastro de preocupación.


Saffron levantó la vista hasta él, para verlo, imponente, alzándose ante ella al otro lado de la mesa. “Toda la culpa la tienes tu, maldito idiota” pensó ella, mirándole fijamente.


- Estoy perfectamente- dijo ella, la voz engañosamente calma, poniéndose de pie y siguiéndolo.


Ninguno de los dos dijo nada en todo el recorrido hasta las mazmorras.

+++++++++++++++++

Definitivamente, algo no iba bien.


Severus Snape podía olerlo en la tensión del aire que respiraba. Pero, sobre todo, podía verlo en sus ojos.


Parecía que ella no fuera la misma de dos días atrás.


Y se sentía estúpido, inconmensurablemente estúpido. Aunque lo negara, se sentía preocupado. Una preocupación sorda, como una piedra en su estómago. Una sensación que él había creído que se desvanecería el sábado por la noche; luego el domingo por la tarde, y que realmente no había esperado encontrarse el lunes por la mañana.
Una estúpida y dolorosa preocupación porque una de sus alumnas no sonriera como lo hacía habitualmente.


Estúpida idea.


A el le daba igual que sonriera o que no. Maldita sea, le daba exactamente igual. Ella era solo una de tantas.


Una más.


Además, la culpa no era suya, sino de ella. Ella era la mentirosa, la hipócrita. No debería haberla recogido esa mañana. Que se las arreglara como pudiera. Si estaba en peligro, allá ella. Que no se hubiese comportado de aquella forma.


“¿De qué forma, Severus?”


Y sin embargo, había ido hasta su habitación. Igual que el día anterior.


El día anterior, con aquella niña odiosa. Ella le había demostrado que no se alegraba precisamente de verle. Y justo después, cuando estaba a punto de marcharse, se habían mirado.


Había sido algo completamente recíproco. Él la había mirado a ella, y ella le había mirado a el. Y no había visto enfado en sus ojos. A decir verdad, no estaba seguro de lo que había visto. Estaban demasiado cerca. Demasiado. Tanto, que sus respiraciones se confundían. Ninguno de los dos había dicho nada, y él comenzó a sentir algo extraño, mientras un pujante impulso lo atenazaba.


Gracias a dios que aquella niña los había interrumpido, porque si no...


“Si no... ¿qué, Severus? ¿Qué ibas a hacer?”
Nada.


No iba a hacer nada. Nada de nada.


Absolutamente nada.


Nunca debería haber aceptado aquel cargo. No debería haberle dicho a Saffron Bahn que la ayudaría a estudiar pociones antiguas. Y tampoco debería haberse hecho cargo de su seguridad.


Un momento.


El no tenía ningún compromiso con ella. Podía romper su promesa cuando quisiera, sin sentirse culpable en modo alguno. Podía hacerlo.


Y dejarla a ella defraudada y en peligro.


El bastardo hijo de puta que había sido durante toda su vida pareció considerar esa opción mientras que una voz secreta le hizo saber que no lo haría.


Quizás se estaba volviendo viejo.

+++++++++++++++++

Saffron pasó la mañana sola y malhumorada, encerrada en aquel lóbrego despacho. Le dolía la cabeza, y la humedad la asfixiaba. Odiaba cada vez más las mazmorras. Ya no eran aquel lugar misterioso donde se escondía su oscuro profesor de pociones. Ahora eran ese lugar deprimente donde debía permanecer todo el día estudiando y realizando pociones, mientras le dolía la cabeza y su idiota profesor de pociones daba clase en la habitación contigua.


“Tu te lo has buscado, bonita” se dijo a sí misma enfadada.

La tarde pasó igual de deprimente, con la única variante de que ahora Snape se sentaba detrás de su mesa, escribiendo frenéticamente. Lo mismo hubiera dado que no estuviera, porque él la ignoraba por completo. Ahora no solo no le hablaba, sino que ni siquiera la miraba, y mucho menos, se había acercado hasta ella. La única animación que tuvo fue la larga sucesión de estudiantes que llamaron a la puerta del despacho durante toda la tarde, mientras Snape les iba dando unos pequeños papeles acompañados de una breve charla en voz baja.

“Castigos” pensó Saffron con curiosidad. Al parecer, Snape había tenido uno de aquellos fatídicos días. Los miró con compasión, sin saber que ellos sentían lo mismo por ella.

De repente, el fuerte viento abrió una de las ventanas. Saffron se acercó hasta ella y cerró de un portazo. Tan fuerte, que creyó que había roto el cristal. Pero no. Cuando se volvió, se encontró a Severus Snape mirándola fijamente, como si se acabara de dar cuenta de que ella estaba allí.

Ella no apartó la vista, desafiante.

Severus Snape se levantó con actitud decidida, un brillo peligroso en su mirada. Por un momento, Saffron sintió miedo. Pero él la pasó de largo, apenas una mirada, y salió del despacho dando un portazo. Saffron se sentó en una silla y pataleó en silencio. Por merlín, aquel hombre la irritaba tanto. Sentía ganas de abofetearle, de pegarle y hacerle daño.

Lo hubiera hecho, si se hubiera atrevido.

Un buen bofetón, con la mano abierta, aunque después le doliera más a ella que a el.

Y, maldita sea, seguía teniendo ganas de besarle. Y no lo entendía. No entendía por qué quería pegarle y besarle después. Aquello no tenía sentido. No sabía cuanto tiempo podría estar enfadada con él. Aquella no era uno de esos enfados en los que no vuelves a ver a la otra persona hasta que ha pasado un tiempo prudencial. Ella lo veía todos los días y no tenía la suficiente fortaleza como para estar mucho tiempo enfadada.

Suspiró.

Era una blandengue, eso era. No quería convertirse en alguien como él, pero tampoco quería ceder. No podía ser ella siempre la que solucionaba esas situaciones. Supuso que Severus Snape estaba poco habituado a compartir su tiempo con alguien regularmente. Mejor que fuera eso, que un odio hacia su persona, ¿no?. El no se enfadaba con ella porque fuera ella, sino por la situación. Ese deje de impersonalidad la puso de mal humor.

Aguantaría lo que quedaba de día, y a partir del martes volvería comportarse como siempre.

“Eso es, Saffron” pensó para si “aguanta hasta mañana, que vea que no eres tan débil como pareces”.

No le sorprendió que él viniera a recogerla a ultima hora de la tarde, y la llevara a cenar sin darle opción a cambiarse de ropa siquiera. Por supuesto, él seguía igual de huraño y no hablaron absolutamente nada en todo el recorrido. Tampoco le sorprendió que Helena y las otras no le hubieran guardado un sitio, y ahora tuviera que dar vueltas para encontrar un sitio libre.

Se sentía idiota. Terriblemente idiota y desplazada.

Comió poco y con desgana, jugueteando con el filete de pavo y las patatas gratinadas. La cena se le hizo interminable. Quizás él había adivinado que quería acostarse temprano y por eso tardaba tanto en ir a por ella. Casi se habían quedado solos en el salón cuando el vino a por ella.

Sin una palabra, se dispuso a andar lo más rápido posible hasta su habitación. Cuanto antes se acostara, antes sería martes, ¿no?

- ¿Pero donde cree que va, señorita Bahn? – la voz de el era untuosa y con un deje de impaciencia.

Saffron lo miró, confundida durante un segundo. Pero se repuso pronto.

- ¿A dormir, quizás?- intentó que su voz sonara sarcástica, pero solo consiguió un pobre efecto.

- No sea impertinente, señorita Bahn. Sígame.

Saffron pasó por alto el insulto y comenzó a caminar detrás de él. No pudo evitar una exclamación de disgusto al observar que volvían a las mazmorras. El reloj de la entrada resonó en todo el castillo, y Saffron contó nueve campanadas. Las nueve. Todos los alumnos deberían estar acostándose ya, excepto algunos rezagados que hubieran dejado sus tareas para última hora.

¿Qué demonios hacía ella en las mazmorras a esas horas?.

Un escalofrío recorrió su espalda. Miró a Snape, que andaba delante de ella, los puños apretados. Apretó ella el paso hasta ponerse a su lado. No le gustaba andar por allí, tan tarde, casi a oscuras. Nunca se sabía cuando se vería obligada a agarrarse del brazo a Severus porque estaba asustada.

Ejem.

Sí, bueno.

Disimuladamente, se fue acercando lo más posible a él, hasta que sus brazos se rozaban en cada paso. Pero que poco le gustaba la oscuridad a Saffron, y sin embargo, ahora la agradecía. Asombrosamente, el no se alejó de ella, sino que permitió ese pequeño contacto. Saffron se preguntó si él estaba siendo condescendiente con ella o es que simplemente no se había dado cuenta, de tan concentrado como iba en si mismo.

Dejó escapar un suspiro, a medias alivio a medias decepción: se encontraban de nuevo en el despacho de él. Evidentemente, por mucho que la imaginación de Saffron volara, siempre acababa aterrizando de la forma más cruel en la realidad. Suspiró. Que pava era. Como si él fuera a llevarla a algún sitio oscuro para... bueno, para hacer cualquier cosa menos estudiar.

Suspiró, y esta vez si fue audible.

“Control, Saffron, control” se dijo así misma, nerviosa. Ambos entraron en el despacho, que con tan poca luz presentaba un aspecto triste y decadente. Por un momento, Saffron sintió un deje de tristeza por Severus: no le extrañaba que él fuera tan frío y desagradable. Ella solo llevaba un mes y medio pasando el día completo en aquella mazmorra y ya sentía sus efectos deprimentes.

Pero, de repente, él cerró la puerta detrás suya. Con llave. Y aplicó un hechizo silenciador. Volvieron los escalofríos a su espalda, extendiéndose ahora también a su estómago. Vale. Estaba encerrada en una oscura mazmorra con Severus Snape, su amor platónico de toda la vida. Los dos encerrados, allí, en la semioscuridad y con un hechizo silenciador para que no se escuchara nada desde el pasillo.

Saffron empezó a sudar, mientras se retorcía las manos nerviosa.

Sobre todo cuando él dejó su amplia capa sobre la silla, y se desabrochó un par de botones de las muñecas, remangándose ligeramente. Saffron tragó con dificultad, sin dar crédito a sus ojos.

¿Qué demonios estaba pasando?.

De repente, él estaba a su lado. Lo miró con atención, esperando impaciente a que él dijera algo. Él fijó la mirada en ella, en su cara, y después la paseó por todo su cuerpo. Saffron se mordió los labios sin darse cuenta, mientras permitía el escrutinio por parte de él.

- Tendrá que quitarse eso que lleva puesto.

- ¿Qu.. QUE?- Saffron no daba crédito a sus ojos ni a sus oídos, ni a nada de lo que estaba pasando. Se preguntó si estaba soñando, pero cuando se pellizcó, se dio cuenta de que aquello era real.

Él volvió a mirarla con atención y de nuevo habló. Severus Snape sonaba hastiado y ligeramente irritado.

- No puedo enseñarle DADA en condiciones si no puede moverse con total libertad. Y, desde luego, eso, lo que sea que lleva puesto de abrigo no es adecuado. También tendrá que recogerse el pelo.

- ¿Qué?

Snape la miró como si fuera idiota y se sintió avergonzada.

- ¿Es que ahora es sorda, señorita Bahn?.

Saffron negó con la cabeza, y acto seguido, se quitó su poncho de lana de colores, quedando solo con una camiseta fina. Pero se sentía tan avergonzada, que no sentía ni frío. Pero que estúpida era. Era definitivamente idiota. ¿Qué había imaginado que iban a hacer?. Sabía perfectamente lo que se había imaginado y se ruborizó aun más.

Estúpida, más que estúpida. Maldita imaginación suya, que le impedía diferenciar realidad de deseo.

- Sev.. Profesor Snape... No tengo nada para recogerme el pelo.

Snape bufó, mientras ella se sentía como si tuviera cinco años.

- Quizás- ella continuó hablando, con suavidad, para no enfadarle mas- Si usted tuviera algún lazo, o algún pañuelo, o... algo...

Él asintió, enfadado por el retraso, y desapareció por una de las puertas que daban a sus habitaciones. Volvió al cabo de un minuto, y le tendió un pañuelo gris, pulcramente doblado. Saffron lo cogió y se recogió una coleta con él, apretando con fuerza. Vaya por dios, ahora se sentía avergonzada y fea.

- ¿Ya?- preguntó él, impaciente.

Saffron asintió.

- De acuerdo- continuó él, apenas mirándola. Como si todo aquello fuera un engorro para él- ¿Sabe conjurar un patronus?

Ella lo miró extrañada. ¿Un patronus? ¿Qué tenía que ver ahora un patronus?. Asintió levemente.

- Si... bueno, conseguí conjurarlo cuando estudiaba, pero la verdad es que nunca he necesitado ponerlo en practica. No... no sé que tal me saldría en este momento...


Snape asintió, con una mirada críptica.

- De cuerdo, empezaremos con el patronus. Mas vale recordar lo aprendido antes de empezar con cosas nuevas.

Él comenzó a retirar un par de sillas y a despejar el centro del despacho, mientras Saffron lo miraba, todavía confundida.

- Profesor Snape... ¿para qué tengo que conjurar un patronus ahora?

Él le contestó, sin mirarla siquiera.

- No podré estar siempre detrás suyo. Tiene que saber defenderse usted misma.

Saffron tembló ligeramente ante las implicaciones de lo que él estaba diciendo. Significaba que estaba en peligro, que realmente podrían hacerle daño. Toda la falsa ilusión de que su vida continuaba siendo la misma se desvaneció en ese momento. Se quedó seria, mirando al suelo sin saber que decir, o que hacer. No se dio cuenta de que Severus Snape la miraba fijamente.

- Venga aquí.

Saffron obedeció, y llegó junto a el, en el centro despejado del despacho. Él continuó hablando.

- Vamos a intentarlo. Ya sabe como es el procedimiento, ¿no? Piense en algo alegre y diga en voz alta el conjuro.

Saffron asintió. Se dispuso a pensar algo alegre, pero no le salía nada. Todo allí era demasiado deprimente. Sentía una punzada debajo de los párpados y pensó que no solo no podía pensar algo alegre, sino que encima iba a echarse a llorar. Además, él la miraba, atento, y así no había manera de concentrarse.

Snape bufó.

- Concéntrese, señorita Bahn. No tengo toda la noche.

Saffron asintió, cohibida. Intentó con desesperación pensar algo alegre, como tartas de chocolate y menta, o poder bañarse en la playa con sus amigas, pero nada venía a su mente. De repente, él estaba justo a su lado. Lo miró sorprendida, y él habló.

- Cierre los ojos.- Saffron lo miró sin comprender, y él dejó escapar un gruñido impaciente. Se apresuró a hacerle caso y cerró los ojos. Él siguió hablando.- Intente no pensar en nada durante unos segundos. Deje su mente completamente vacía.

Saffron lo hizo. Cerró los ojos y redujo su respiración. Intentaba relajarse, dejar su mente vacía. Inspiró y expiró con fuerza varias veces, relajando poco a poco los músculos de su cuerpo. Lo sentía, poco a poco, como su mente se iba vaciando, como si hubiese dejado todos sus pensamientos en un pensadero.

Y, de repente, lo sintió a el. Severus Snape, moviéndose lentamente a su alrededor. Tal y como estaba, completamente relajada, sus sentidos se habían vuelto mucho más receptivos al estar privados de la vista. Podía sentir sus movimientos, su respiración pausada, su olor. De repente, se sintió mareada. Había perdido toda orientación, y no podía saber donde estaba él en ese preciso instante. Lo sentía a su izquierda, a su derecha, frente a ella, a su espalda. Como si la rodeara. Como si no pudiera escapar de él.

Estaba completamente mareada. Definitivamente, tendría que haber comido más en la cena. Sintió deseos de abrir los ojos, y realmente estuvo tentada de hacerlo, si no fuera por la voz de él, susurrante en su oído.

- No abra los ojos.

Saffron se tambaleó ligeramente. Pensó que iba a caerse, pero no. De repente, él estaba detrás suyo, pegado a su espalda, una mano en su hombro, mientras estiraba el brazo pegado junto a su propio brazo, su mano sujetando la mano en la que tenía la varita. Y de nuevo su voz, ligeramente ronca, susurrando en su oído.

- Piense en algo alegre, señorita Bahn.


Saffron no pudo evitarlo, y un suspiro ronco salió de su garganta. Le pareció que Snape se movía involuntariamente detrás suyo, pero no hubiera podido jurarlo. Lo tenía claro: su pensamiento alegre era ese mismo instante. Severus abrazándola por la espalda, ella en sus brazos, rodeándola con calidez, su boca pegada en su oreja, hablándole entre susurros. Y después, ya no hablaría, sino que bajaría un poco, solo un poco hasta su cuello, y lo besaría, lentamente, con dulzura, mientras ella susurraría su nombre, y él apretaría el abrazo, hasta que sus cuerpos encajasen perfectamente...

No se dio cuenta de que estaba desvariando hasta que él apretó su mano con fuerza. Durante ese segundo de lucidez, Saffron se preguntó avergonzada si se habría movido demasiado contra él, si sus pensamientos habían sido demasiado evidentes.

- El conjuro, Saffron... - indicó él en un susurro, la voz ronca y apremiante.

Había dicho su nombre. No la había llamado “señorita Bahn”, sino que había pronunciado clara e inequívocamente su nombre. Fue el último impulso que ella necesitó. Él apretó ligeramente su mano, ella alzó un poco más la varita y habló sin vacilar.

- Expecto patronum!!

Sintió la varita vibrar, cada vez más fuerte, toda la energía de su cuerpo concentrándose en ese punto, hasta que salió despedida con fuerza. Su cuerpo se quedó sin fuerzas, casi inerte. Hubiera caído al suelo de no ser por él, que siguió sujetándola con firmeza. Saffron se sentía como drogada, y muy pesada, como si fuera una muñeca de trapo. Dejo que él la sujetase, mientras su mente vagaba, pensando cosas sin sentido.

- Ya puedes abrir los ojos- la voz de Severus le llegó como si estuviese a miles de kilómetros.

Lenta y pesadamente, abrió los ojos. Tardó un segundo en ajustarse a la pobre luz del despacho, pero enseguida lo vio. Miles de mariposas traslúcidas revoloteaban por el despacho, cada vez más difuminadas.

Mierda.

Ya no se acordaba. ¿Por qué tenía que ser tan rematadamente cursi?. Mariposas. Solo alguien como ella podía tener inútiles mariposas de Patronus. Entornó ligeramente los ojos, mirando de reojo a Severus para conocer su reacción. Pero el no parecía muy impresionado. Miraba fijamente hacia algún punto concreto de la habitación, sin decir nada. Y no la soltaba, ni se apartaba de ella.

Bien. No iba a ser Saffron la que se quejara.

Pero, de repente, él pareció reaccionar. La miró fijamente, como si calculara el tiempo que había pasado sujetándola, y sus miradas se cruzaron durante unos segundos. Saffron sonrió, y el se apartó lentamente. Pero no totalmente. Siguió sujetándola ligeramente por el brazo, mientras la llevaba hasta una silla, temeroso de que ella se cayera. Saffron no vaciló en mostrarse mucho más débil de lo que en realidad estaba.

Se sentó en el sillón que normalmente ocupaba él, mientras aceptaba ávidamente el pedazo de chocolate que le ofrecía. Severus permaneció a su lado, observándola en silencio. Saffron supo que su enfado se había desvanecido. No tenía sentido seguir enfadados después de eso. Él podría ser desagradable y déspota, pero era evidente que se preocupaba por ella. No solo la enseñaba a defenderse, sino que la protegía a cada momento. Lo miró con dulzura, fijándose en su ceño fruncido y su mirada oscura, pensando que daría cualquier cosa por atreverse a besarle y por que él la abrazara como lo había hecho unos minutos antes.

De nuevo él la llevó hasta su habitación en silencio. Pero ahora era un silencio diferente, y Saffron se sentía cómoda en él. Se despidieron a la puerta de su habitación, ya con la tranquilidad de saber que todo había vuelto a la normalidad.

Saffron durmió feliz y tranquila aquella noche.

Todo lo contrario de Severus.

+++++++

Para Saffron, todo parecía perfecto. Ahora no solo volvían a ser los mismos de antes, sino que además pasaba parte de la noche con él, en su despacho, él enseñándola a defenderse de posibles ataques. Saffron volvía a parlotear en el despacho, a reírse, a darle una taza de té y ofrecerle dulces que el siempre declinaba. Todo estaba bien, todo era agradable. Y fue mucho más agradable cuando él le enseñó aquel nuevo despacho.

El otro se había quedado pequeño para los dos. Ya se habían dado cuenta, los días que él tenía que preparar alguna poción que ella desconocía su utilidad. No hacían mas que estorbarse el un o al otro. Era una mesa demasiado pequeña para tener dos calderos y realizar dos pociones diferentes. Y las clases de DADA no habían hecho sino complicar la cuestión. La noche anterior había roto algunos botes de los que se alineaban en las estanterías que cubrían las paredes. Se apresurado a disculparse, pero Severus hizo un gesto negativo con la cabeza.

Y al día siguiente, la había llevado allí.

Saffron no pudo reprimir una exclamación de sorpresa al ver el nuevo despacho.

- ¡Que bonito!- exclamó sorprendida.

Era mucho más grande y espacioso que el despacho de las mazmorras. Tenía una amplia mesa de trabajo, y algunas estanterías también llenas de botes en las paredes. Vio algunos armarios, idénticos a los que había en el otro despacho, y Severus le indicó que eran armarios comunes: tenían exactamente el mismo contenido, y lo que se introducía en uno, automáticamente quedaba introducido en el otro. Una amplia chimenea presidía la enorme habitación, irradiando calor. Sin embargo, lo más impresionante eran los enormes ventanales. Saffron se acercó hasta ellos y descorrió las pesadas cortinas, quedando la gran habitación iluminada por completo con luz natural. Se rió, excitada, y se asomó a una de las ventanas comprobando la preciosa vista que tenía desde allí. Severus hizo una mueca de disgusto, pero no corrió de nuevo las cortinas.

- No entiendo como teniendo este despacho, prefieres el otro- dijo distraídamente mientras miraba con curiosidad los libros que había en una estantería.

- Este tiene demasiada luz- bufó él.

Ella se echó a reír, hasta que se dio cuenta que hablaba en serio. Lo miró fijamente, con lástima. Sin embargo, él la había llevado allí; y aunque no le gustara ese sitio, allí estaban, preparándose para realizar una poción entre los dos. No pudo evitar acercarse hasta él y darle un apretón cariñoso en el hombro. Sin decir nada, sin excusarse ni inventarse ninguna razón estúpida. Simplemente, agradecerle todo lo que él hacía por ella. Se sonrojó levemente cuando él la miró con fijeza, y se apartó, dispuesta a seguir colocando sobre la mesa los ingredientes necesarios para la poción.

El también se retiró, acercándose a la ventana abierta. Saffron no pudo ver como su mano temblaba ligeramente, ni como sus pensamientos encontrados bullían en su cabeza. Buscó lo que necesitaban en el armario, dejándolo descuidadamente sobre la mesa, donde se amontonaban ingredientes que ni siquiera miró. Volvió su vista, buscando a su profesor, que permanecía frente a la ventana, mirando hacia fuera.

- Severus... - ella lo llamó, indicándole que ya podrían comenzar. Sin embargo, él pareció no escucharla. Volvió a llamarlo, aunque tampoco quería resultar pesada. Lo miró extrañada: él había desoído dos llamadas por parte de ella. ¿Que demonios estaba mirando por la ventana que fuera tan interesante?.

- ¿Severus?- se acercó cautelosamente hasta él, y volvió a tocarle en el hombro. Así pareció reaccionar. La miró, como si la viera de repente allí, separándose bruscamente de su lado, con expresión enfadada.

Saffron lo miró extrañada, y se apresuró a mirar aquello que había hecho que Severus Snape se irritara tanto. Y lo vio, allí abajo, la respuesta a sus preguntas y a sus peores pesadillas.

Allí abajo, en un banco, estaban sentados Remus Lupin y Charlotte Jenkins, en una actitud íntima y que Saffron reconoció como flirteo descarado. El mundo se le vino encima: claro que Snape se había enfadado. Estaba claro que a el le gustaba aquella chica, Jenkins. A ella misma no le había mostrado ni la quinta parte de la atención que había demostrado hacia aquella chica. Sintió ganas de llorar de rabia. Claro que se había enfadado; ella también se habría enfadado si el hombre que le gustara prestara más atención a otra chica que no fuera ella.

Un momento.

¡Eso era exactamente lo que ocurría!

Pero que estúpida era. Estúpida y más que estúpida. Si, el se mostraba preocupado por ella, pero se enfadaba cuando veía a esa Jenkins coqueteando con Lupin. Sintió un odio profundo hacia la joven rubia que estaba riendo justo debajo de sus narices. Era... era.. era idiota! ¿Cómo podía ignorar a alguien como Snape por Lupin? Y, desde luego, Lupin tampoco se la merecía. Ela estimaba a Lupin. No podía desear que estuviera con alguien como aquella mujer. No, desde luego que Lupin se merecía mucho más.

Y, de pronto, en medio de sus elucubraciones, una voz ligeramente conocida resonó en la habitación.

Mierda, lo que faltaba. Era aquella Wallra-algo. Justo lo que faltaba para completar un bonito día. Entornó los ojos, y cogió un libro de la estantería, haciendo como que lo miraba, mientras prestaba toda su atención a lo que decían.

Si no era discreta al menos debía parecerlo.

Bah, tampoco era que dijeran nada que le interesara. Por lo visto, Laia no solo parecía una zorra, sino que lo era. El hecho de envenenar a un compañero par conseguir su puesto daba una ligera idea de lo que estaba dispuesta a hacer aquella chica. Severus le impuso un castigo duro, y Saffron se sintió secretamente complacida. No estaba precisamente para buenos sentimientos en aquel momento. En un ataque de depravado egoísmo, pensó que si ella era una infeliz, al menos que los demás también lo fueran un poco. No podía quitarse de la mente a Severus enfadado por haber visto a Jenkins con otro hombre, un hombre al que despreciaba.

De repente, escuchó su nombre, en boca de su profesor. Levantó la vista inmediatamente, y prestó atención.

Otra llave.

Él iba a confiarle la llave de aquel otro despacho. Él confiaba en ella, eso era evidente. Se sintió como una estúpida, feliz por aquella deferencia hacia ella, cuando sabía que él prefería a la otra. Fue hosca con Laia cuando esta le dio la llave, marchándose enseguida. Sin percatarse de la mirada fija en ella de Severus, sacó la cadena que llevaba colgada al cuello de un tirón. Con dificultad, desenganchó el cierre, para introducir la nueva llave junto con la otra. Así nunca las perdía, nunca se preguntaba dónde las había dejado, porque siempre las llevaba con ella.

Si quitárselo había sido difícil, volver a enganchar el cierre se estaba convirtiendo en un problema. Podría introducírselo por la cabeza, pero eso significaba destrozarse el complicado trenzado que se había hecho esa mañana, y antes muerta que hecha un adefesio. Con un suspiro de impaciencia se acercó hasta Severus, que había vuelto a ponerse en pie y permanecía de pie en el otro extremo de la habitación.

- ¿Me ayudas?- dijo ella con una sonrisa triste. El no la quería, pero Saffron no estaba dispuesta a rendirse tan fácilmente. Aunque eso significara aprovechar cualquier mínima oportunidad para estar cerca de él. Sin esperar a que él dijera nada, le puso la cadena en las manos y se volvió, ofreciéndole la nuca descubierta.

Él pareció vacilar un segundo, y después deslizó la cadena alrededor de su cuello, enganchando el cierre con delicadeza. Por un instante, sus manos quedaron suspendidas sobre el cuello blanco de ella. Y entonces, lo notó: el olor limpio de su pelo, de ella, el olor dulce de las almendras con un deje amargo en el fondo. El impulso fue demasiado fuerte, y antes de darse cuenta, estaba tocando su cuello con las yemas frías de sus dedos. Ella dio un respingo justo debajo de sus manos, y el se dio cuenta de lo que estaba haciendo. Se apartó de ella con decisión.

“¿Qué demonios haces, Severus?”

Saffron se mordió el labio para no echarse a llorar.

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Saffron se sintió sorprendida cuando el sábado por la noche Severus volvió a llevarla al despacho de la tercera planta.

“¿Hoy también?” Pensó con sorpresa. En fin, a ella le daba igual, realmente. No podía salir, así que la perspectiva de su sábado era leer o dormir. Sinceramente, prefería estar con Severus, aunque tuviese que estudiar.

Siguiendo su costumbre, Severus encendió pocas luces en el despacho, dejando la mitad de la habitación en penumbra. Saffron no le dejó hacer, y también encendió más velas por los rincones, disimuladamente. Él rezongó en voz baja y la miró interrogante cuando vio la habitación tan iluminada. Saffron no pudo menos que echarse a reír, encogiéndose de hombros.

Siguió cambiando las luces para iluminar el despacho mientras él sacaba los ingredientes de los armarios y los iba dejando cuidadosamente sobre la mesa.

- ¿Ves? Así está mucho mejor, Severus. No entiendo como puedes estar siempre a oscuras, vas a terminar con la vista fatal, si tienes que leer tanto y sin embargo no tienes...

De repente, calló. Severus levantó la vista del armario, para ver qué había provocado ese silencio.

El bote se le cayó de las manos a causa de la sorpresa.

- ¡Saffron!

Saffron no lo entendía. No entendía como no se había dado cuenta hasta ese mismo instante de lo bonita que era esa extraña piedra violeta que levitaba sola encima de la mesa. Brillaba, intermitente, como si le estuviera guiñando el ojo. De repente, el deseo de tocarlo era demasiado fuerte, demasiado como para reprimirlo. Se acercó hasta ella, lentamente. No pasaba nada por tocarla, ¿verdad? Solo un toque, rozarla simplemente. Cada vez más fuerte, la piedra brillaba cada vez mas, giraba cada vez más rápido. Saffron la miró embobada. ¡Oh! ¡Había sombras dentro! Sombras que se movían, y parecían personas. Se acercó aun más, curiosa. Solo quería saber que había dentro de la piedra. Eso no podía ser tan malo, ¿verdad?.

Y de repente, justo cuando estaba a punto de tocarla, un tirón brusco la llevó hacia atrás, sujetándola por los brazos con fuerza.

Saffron parecía haberse vuelto loca. La sujetó con fuerza, inmovilizándola, con un brazo por delante de su pecho, aguantando sus brazos, mientras con la otra mano sujetaba su cabeza con fuerza. La muchacha se debatía entre sus brazos, furiosa, intentando liberarse.

- No.. no, déjame... - Saffron gritaba, moviéndose sin parar, mientras él la sujetaba con fuerza.

Por primera vez en mucho tiempo, Severus Snape se asustó de verdad. Había sido un estúpido. Sabía perfectamente que podía ser peligrosa, y aun así la había dejado allí encima. Demasiado tarde había comprendido que Saffron no tenía la fortaleza suficiente como para enfrentarse a ella. La sujetó con toda su fuerza posible, mientras ella pataleaba y tironeaba de sus brazos. Acarició su pelo, le murmuró palabras tranquilizadoras, pero nada parecía dar resultado. Dio gracias a dios por haber silenciado la habitación, porque si no en ese momento estaría todo el colegio despierto.

Y de repente, uno de los brazos de ella consiguió liberarse, tendiéndose hacia delante para rozar la brillante piedra violeta, que giraba cada vez más deprisa. Intentó impedirlo con un brusco tirón hacia atrás, pero fue demasiado tarde.

Los dedos de Saffron rozaron la piedra tenuemente, que pareció desestabilizarse ligeramente. Severus sintió el cuerpo de la chica tensarse entre sus brazos, y después, quedarse inerte.

Aspiró horrorizado. La tendió en el suelo, y le apartó el pelo de la cara. No se dio cuenta de que había estado aguantando la respiración hasta que ella abrió los ojos, después de llamarla varias veces.

- Hola- dijo ella simplemente, sin saber muy bien donde estaba, porqué estaba tumbada en el suelo, y porqué Severus estaba tan cerca de su cara. No era mala forma de despertar.

Severus respiró aliviado.

Saffron lo miró, interrogante. Él estaba de rodillas a su lado, mirándola fijamente, más pálido de lo habitual. Intentó incorporarse, pero el se lo impidió. Daba igual, de todas maneras estaba un poco mareada.

- ¿Estas bien?- preguntó él, y su voz sonó ligeramente ansiosa.

Saffron asintió.

- Un poco mareada... ¿qué ha pasado?.

Severus la miró interrogante.

- ¿No recuerdas nada?.

- No- Saffron negó con la cabeza- Solo que... la piedra violeta brillaba mucho, y...

- ¿Y qué?- inquirió preocupado Severus - ¿Qué has visto?

Saffron pareció sonrojarse ligeramente.

- Y... tu estabas dentro... ¿cómo es posible?

Él le lanzó una mirada críptica y no contestó. Permanecieron en silencio un par de minutos.

- Ayúdame a levantarme, anda. Me duele el cuello así.

Severus le ayudó a ponerse en pie, y sin soltarla, la llevó hasta una silla. Dudó unos segundos, como si no supiera muy bien que hacer. De repente, como dándose cuenta, se dirigió con decisión hacia la piedra, y la metió en una pequeña caja.

- No te muevas. Enseguida vengo. Sobre todo, no te levantes.

Saffron asintió, y el se marchó. Esperó un rato, aburrida. Aun estaba ligeramente mareada. De repente, se le ocurrió que podía abrir la ventana y que le diera un poco el fresco. Si, desde luego eso le vendría bien.

Se acercó lentamente hasta uno de los ventanales, y con dificultad lo abrió. La fría corriente la golpeó en la cara y Saffron cerró los ojos. Si, aquello era perfecto. Permaneció un rato con los ojos cerrados, pero pronto estuvo lo suficientemente despabilada como para mirar por la ventana.

Aunque era de noche, la luna estaba creciente, muy cerca de su plenitud, reflejándose en la superficie del lago, confiriendo al bosque prohibido una iluminación casi plateada. Sus ojos vagaron distraídos por el paisaje. No debía de estar recuperada del todo del mareo, porque de vez en cuando parecía que la imagen se desenfocaba algo, como si perdiera nitidez. Se rió de si misma.

Y de repente, la risa se le congeló. Dos figuras, al comienzo del bosque. Desde donde estaba no podía distinguirlas bien. Las dos sombras oscuras estaban alejadas la una de la otra, como si conversaran. Pero, de repente, se unieron, se fundieron como si fuera una sola. Saffron volvió a reírse. Así que solo eran dos alumnos que se habían escapado al bosque para darse el lote. Desde luego, había gustos para todos, con la cantidad de sitios que había dentro del castillo. Sin embargo, las figuras volvieron a separarse, y a Saffron no le quedó tan claro que fueran dos estudiantes. Una de las figuras, la más pequeña si parecía llevar el uniforme. Y era una chica.

Pero la otra... era alta, mucho más que la chica. Y vestía de negro, completamente. Una duda asaltó su mente. Respiró aliviada cuando comprobó que no era Severus. No, no era él, podía distinguirle entre un millón. Pero la figura le resultaba extrañamente familiar...

De repente, el hombre se volvió. Saffron ahogó un grito. Aquel pelo, tan largo, tan rubio que brillaba con la luna como si fuera plateado, pulcramente recogido en una coleta. Solo podía ser una persona.

Podía ser.

Podía estar allí, en aquel momento, hablando con una estudiante.

Algo más que hablando.

De nuevo, el hombre se volvió, y quedó frente a ella. Se había vuelto para decirle algo a la chica que lo seguía, pero Saffron tuvo la impresión de que la podía haber visto. Asustada, cerró la ventana con rapidez, y volvió a sentarse en la silla, agitada.

Un segundo más tarde, apareció Severus. Se acercó a ella con paso decidido.

- ¿Qué tal estas?- Saffron asintió con la cabeza, y él le dio una mueca satisfactoria. Seguido, se acercó hasta la mesa, y vertió algo en un pequeño vaso. Se lo acercó a Saffron, y lo puso entre sus manos.- Bebe esto de un trago. Después ya podrás andar sin correr peligro.

Saffron asintió. No podía decirle lo que había visto. Severus se enfadaría con ella por desobedecer, y él estaba preocupado. No podía hacerle eso. Con una sonrisa nerviosa, se bebió lo que él le ofrecía. Estaba amargo, y Saffron tuvo que reprimir las ganas de vomitar. Sin embargo, después se sintió más ligera, y mucho más despierta.

Él dejó que descansara unos minutos más, y después se pusieron en camino. Realmente, Saffron no entendía tanta preocupación. No se sentía mal, ya no estaba mareada. Sin embargo, él le ofreció su brazo para agarrarse y ella lo aceptó sin dudar.

Ocasiones como aquella se presentaban raramente.

Andaban lentamente, con tranquilidad, y Saffron disfrutaba del paseo, aunque fuera por los pasillos del colegio, a medianoche de un sábado. Hasta que se la encontraron. Era lógico, estaba castigada, le tocaba hacer las rondas esa noche. Saffron no prestó apenas atención a las preguntas de rigor de Severus.

De repente, el corazón le dio un vuelco.

Laia Wallravenstein parecía demasiado agitada y acalorada aquella noche. Demasiado nerviosa. Demasiado sonriente.

Saffron abrió los ojos con sorpresa cuando comprendió.

Laia Wallravenstein le dio una sonrisa falsa.



 
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