Incluso en la enfermería se podía percibir el aire de excitación que se extendía pro todo el colegio. Algunos niños habían entrado en la habitación para que la enfermera Pomfrey pusiese remedio a alguna que otra broma de mal gusto de la que a última hora habían sido objetivo. Lo revolucionaban todo, unos quejándose por su nariz dos veces más grande de lo normal, otros inquietos porque si no se daban prisa se perderían la visita a Hogsmeade, el resto quejándose porque ellos aún no podían ir de excursión y alguno más, responsable de las famosas narices dos veces más grandes, que se reían entrecortadamente desde el pasillo, echando nerviosas miradas al interior que aumentaban sus risas al comprobar que todavía nadie había conseguido poner fin a su broma.
Era divertido, la escena, el ambiente que lo cubría todo, los visitantes ocasionales de ese lugar casi siempre vacío... pero a Charlotte todo eso la irritaba, le levantaba dolor de cabeza, podía sentir el golpe de un pequeño martillo chocando con un pesado yunque en ambas sienes, tenía que salir de allí, dar un paseo, respirar el aire frío del otoño, porque si no lo hacía ahora, luego sería tarde y la apatía la cubriría por completo incluso para poder removerse en la cama.
Se incorporó, se apoyó contra la almohada, y se arregló el pelo con las manos, no podía verse en ningún espejo, pero sabía que tenía todo el cabello revuelto y con enredones.
Con cierta excitación empezó a preparar su plan para salir de allí ese día. Bill le había dicho que volvía de nuevo al trabajo, que aprovecharía que ese Sábado era la visita a Hogsmeade para acompañar a su hermano Ron y desde allí acercarse a casa de sus padres antes de volver el Lunes al trabajo. Convencería a Bill, y con su ayuda convencerían a Pomfrey de que la dejase salir a despedirse al patio del colegio. Bueno, no era un gran plan, más bien era infantil y simple a más no poder, pero tampoco era mucho a lo que ella aspiraba... desde que estaba allí la trataban como si fuera un raro jarrón de porcelana, como si cualquier movimiento que pudiese hacer la fuese a devolver al estado comatoso en el que había llegado allí, y claro, nadie quería eso, ella tampoco lo quería, pero tampoco quería convertirse en un vegetal arropado cuidadosamente con mantas.
Entonces Bill entró en la enfermería. Con una sonrisa en la boca se acercó sin decir nada. Ya estaba vestido para salir de viaje, probablemente todo estaba preparado para que se fuese. Antes de que él dijese nada, Charlotte le miró con una mueca de dolor y le dijo rápidamente:
- Tenemos que conseguir que Pomfrey me deje salir de aquí.
- ¿Quieres ir a Hogsmeade? – Preguntó Bill divertido.
- Creo que eso sería imposible, me conformaría con salir a dar un paseo antes de que te fueses. La idea de que me lleguen a confundir con las sábanas me está empezando a disgustar.
- Supongo que podríamos conseguirlo. – Dijo él guiñándole un ojo y alejándose en dirección a Pomfrey.
_________¡Vaya! ¡Estaba caminando! Bill y ella se alejaban en esos momentos de su habitación, de la habitación que había ocupado hasta que se había “mudado” a la enfermería de manera permanente. Charlotte se había empeñado en ir a su habitación para ponerse otra ropa, fuera haría frío y ya estaba harta de vestir siempre igual. Ahora, de la que recorrían los pasillos, se preguntaba qué quería demostrar haciendo eso, quería actuar posiblemente como si nada hubiese ocurrido, como si quisiese demostrar a todos que estaba preparada para volver a asumir su papel de adulta y responsable del que últimamente se veía más y más alejada. Vestida con ropa limpia, caminando con Bill, se preguntó si no sería que quería actuar como si más cosas no hubiesen ocurrido nunca, como si aún siguiese en el colegio y de verdad se fuese a Hogsmeade, y así dejar de preocuparse de no verse en ese papel de adulta, y así dejar de preocuparse por todo y no sentir remordimientos por ello.
Entonces se dio cuenta de que en ese caso no hubiese escogido esa ropa, mentalmente recordó su aspecto en el espejo, una de dos, o pretendía pasar desapercibida entre los árboles, o había decidido parecerse a una lechuga gigante. Iba completamente vestida de verde, lo que en otro momento no le hubiese importado, pero que en ese instante pareció tener la mayor importancia del mundo. Hacía que caminase con la esperanza de no encontrarse con nadie.
- ¿Qué ocurre? – Preguntó Bill.
- Nada. – Respondió ella.
No iba tan mal vestida, además, ella siempre se había tenido por una chica con gusto, y le gustaba ir conjuntada, ahora lo iba ¿no?. Eso le hizo gracia, le hizo gracia estar preocupada por una tontería semejante en vez de por lo que normalmente ocupaba su cabeza y la angustiaba por completo, y se sintió más pequeña, y más feliz, y entonces comenzó a reírse ligeramente, una risa casi imperceptible que ella sabía que por momentos se iba a convertir en uno de esos ataques de risa que antes le daban tan a menudo.
Que Bill se lo comentase al instante no ayudó a que dejase de reírse, y casi sin darse cuenta se vieron caminando por los pasillos, riéndose sin parar, como cualquiera de los alumnos que podrían encontrase a su paso.
Hablando y riéndose, Charlotte agradeció la brisa fría en su rostro al salir del exterior. Pudo tomar aire y así relajarse un poco, le dolía el cuerpo de tanto reírse, todos sus músculos se relajaron al instante, incluso su cerebro, sólo respiraba con tranquilidad mientras Bill hablaba a su lado.
Podrían haber estado allí sentados durante horas, hablando, riendo, todo en su cabeza había desaparecido, todo excepto lo que Bill le recordaba, y era precisamente aquello lo que ella quería recordar, porque ya había pasado y ahora se tornaba más deseable, más feliz, mejor.
Le estaba agradecida, estaba feliz porque él hubiese venido al colegio y por estar con ella, por alejarla de todas las preocupaciones, por hacerla retroceder en el tiempo más de cinco años.
Estaba escuchando sus palabras, mirándole de reojo mientras sonreía ante la visión de recuerdos casi olvidados, cuando vio que Bill saludaba a alguien con un ligero movimiento de cabeza. Dirigiendo la vista en la misma dirección pudo ver a Remus Lupin acercándose con paso tranquilo hacia donde ellos estaban. Sonreía ligeramente, igual que Bill, saludando del mismo modo.
Charlotte respiró despacio, lentamente, como si de ese modo, ralentizando su corazón, fuese a conseguir ralentizar también el tiempo, hasta el punto de que él no llegase hasta ellos, y ellos siguiesen sin llegar al presente. Pero Remus llegó finalmente hasta donde estaban sentados, había querido escapar de eso, y a la vez dejarse llevar desde que escuchase sus risas entrecortadas por las esquinas de los pasillos. Había tenido miedo de cruzárselos, hacía tanto que no la escuchaba reírse que temía romper esa voz sólo con su presencia. Había huido del sonido, se había dirigido en un camino opuesto, aunque seguía oyéndolo en su cabeza. El problema era que sus pasos no le llevaban a ningún sitio, sólo jugaban al escondite con él, por lo que no pasó mucho tiempo hasta que siguiendo la orden de Pomfrey volvía sobre sus pasos deshaciendo el camino hasta llegar a la voz que reía, a la voz que en esos momentos callaba al verle aparecer ante ella.
- ¿Pomfrey ya está preocupada? – Preguntó Bill en su dirección.
- Eso parece. Me dijo que ya hacía mucho que os habíais ido, y que no era bueno que te cansases. – Se explicó Remus dirigiéndose a ella.
Pero ella no respondió, sólo siguió mirándole.
- Pues entonces será mejor que la devolvamos a la cama. – Comentó Bill señalando a Charlotte.
- No estoy cansada. – Respondió ella, algo enfurruñada, dirigiendo su atención hacia él.
Bill la miró y le dijo:
- No es bueno enfadar a Pomfrey, ya lo sabes.
Ese comentario hizo aparecer en ella una sonrisa a la que él se unió al instante. Remus les miraba, comprendiendo que aquello debía de tener un significado particular que él no sabía, pero no dijo nada, no se rió, no tenía por qué.
Los dos se levantaron tranquilamente, pero no se movieron. Bill se dirigió a ellos atrayendo su atención sin darle a la situación mayor importancia.
- Bueno, creo que ya es hora de que yo me vaya. – Charlotte se le quedo mirando, como si el comentario le hubiese pillado por sorpresa. – No creo que a Ron le haga mucha gracia perderse la visita a Hogsmeade por mi culpa. – Comentó con amabilidad.
Charlotte frunció los labios en una sonrisa, pero no dijo nada, no sabía qué decir.
- Prométeme que esta vez no tardaremos tanto en volver a vernos, ¿de acuerdo? – Le dijo Bill. Era una despedida. Sí, ya se iba.
Ella asintió con la cabeza, sin dejar de sonreír. Bill se acercó y le dio un abrazo. Sí, ya se iba. Y ella se quedaría sola, sola en la enfermería, sola en el colegio. Bill se alejó un poco, el abrazo se había terminado. Y la miró a los ojos. Se iba. Ahora era de Remus de quien se despedía. ¿Sabrían ambos lo que estaba ocurriendo allí? ¿Sabrían cuál era su papel en ese grupo?
Ya se iba, había vuelto a sonreír, había dicho algunas palabras más, palabras de despedida, palabras que concertaban futuras visitas, escribe, ¿de acuerdo? Y con él se iba lo único que podía sacarla de la realidad, del presente y del pasado, dándole un nuevo presente y un más agradable pasado.
A su lado estaba Remus, sin decir nada, y Bill ya se había ido. Sí, ambos debían de saber algo, porque o bien no era un secreto, o bien ella se encargaba como una tonta de que dejase de serlo.
¿Qué pasaría si ahora ella le volvía a dar la mano? Se prometió que no lo haría, porque no había motivo para ello.
Remus no decía nada, no sabía qué podía decir, ni qué sería lo que ella querría oír, así que se quedó allí, parado, junto a ella. De repente sintió que ella se giraba, y entonces él también se giró, ella estaba mirándole y por un momento creyó que le quería decir algo con los ojos. Se quedaron allí quietos, mirándose, como habían hecho tantas veces desde que ella se había despertado, sin mostrar ninguna reacción que no fuese la que reflejaban en sus pupilas.
Era extraño, porque en otro momento se hubiese sentido incómoda por la situación, pero ahora no se sentía así. Quizás ese era el truco, alejarse de los sentimientos, olvidarse de todo, mantenerse fría ante todo. Hizo una mueca de aceptación con los labios y comenzó a caminar en dirección al colegio.
Remus se giró un poco aturdido, las situaciones como aquella se sucedían demasiado a menudo de un tiempo para acá, pillándole por sorpresa, dejándole con la sensación de no saber cuándo había comenzado ni cuando había de acabar, pero estaba vez ya había acabado, ahora la estaba acompañando por los pasillos. Ella caminaba con aparente tranquilidad, intentando alejarse de la situación, poniendo en práctica lo que se decía sería lo mejor para soportar su compañía, sabiendo en el fondo que no era ni por asomo porque no le quisiese ver, sino todo lo contrario. Él caminaba con aparente tranquilidad, intentando alejarse de los pensamientos descabellados que se agolpaban en su mente cada vez que ella se comportaba de aquella forma, porque él sí sabía que no era porque no la quisiese ver, sabía que era todo lo contrario.
_________Le pareció que se estaba convirtiendo en una costumbre, era Domingo y Remus había ido a verla por la mañana, cuando aún el día se estaba despertando, cuando aún los niños seguían perezosos sobre sus desayunos pues no había nada importante que les hiciese despedirse de ellos.
Remus había llegando, la había saludado y se había sentado en la silla en la que siempre se sentaba, inmediatamente después se había puesto a leer el libro que había traído con él, no había intentado comenzar una conversación inexistente entre ellos, hoy, como vencido, había decidido no hacerlo. Pero aun así, había ido a verla, mejor dicho, había ido a acompañarla, y eso hizo que ella se replantease la situación, quizás, quizás ya era hora de... dejar de odiarle, porque ¿le odiaba? Sí, ¿no?, él se había ido sin más, eso no es acabar bien las cosas, sino todo lo contrario... pero él seguía viniendo a verla, a acompañarla, aunque no dijesen nada, aunque no hablasen, estaba acompañada.
No quiso decidir en qué situación le colocaba eso, ni si estaba menos enfadada con él, sin lo que sentía hacia él. Continuó ahí, recostada contra la cabecera de la cama, mirando alternativamente a Pomfrey, a Remus y a la cama vacía frente a la de ella.
Era de esperar que sus ojos se encontrasen en algún momento, y cuando lo hicieron ninguno de los dos pareció incómodo con la situación. Debía ser que ya estaban acostumbrados a esa situación que se repetía tan a menudo.
- ¿Necesitas algo? – Preguntó Remus entonces.
Ella negó con la cabeza. El rostro amable. Remus volvió la vista al libro y siguió leyendo. Charlotte echó hacia atrás la cabeza y suspiró. No pretendía significar nada, pero Remus volvió a levantar la vista y cerró con cuidado el libro.
- ¿Quieres salir a dar un paseo?
Se quedó mirándole, ¿qué tenía que contestar a eso? Supuso que un “sí” o un “de acuerdo”, pero se decantó por afirmar con la cabeza, él aceptó también con un movimiento de cabeza y se levantó de la silla.
_________Llevaban ya un rato caminando, ninguno había dicho ni una palabra, y parecían no sentirse incómodos por ello. Por mutuo acuerdo y casi sin decir nada, acabaron sentados en un banco algo alejado del castillo. El uno junto al otro pero ahora sin mirarse.
Ante tanta quietud, Charlotte se encontró pensando en su trabajo, en lo que la había traído allí.
Vio una lechuza surcar el cielo hasta perderse entre las nubes, alguien en el colegio la debía de haber soltado hacía sólo unos segundos, probablemente en espera de una contestación. Y se acordó de Hilina. “Oh! Dios mio!, Hilina!” No sabía nada de ella desde... ¿desde cuando?, ¿un mes? Por lo menos. Algo le tenía que haber pasado a su lechuza, no era ni medio normal que tardase tanto en regresar. Y entonces tuvo miedo, estaba sola, completamente sola, nadie excepto los que estaban en el colegio sabían que estaba allí, si su lechuza no había regresado eso era lo que significaba, nadie lo sabía, y para empeorarlo todo, había perdido todo control sobre la situación.
Había sido débil, no lo había visto venir y había estado quince días fuera de combate, quién sabe lo que “eso” había podido hacer en ese tiempo. Lo único que la consolaba era tener la certeza de que ahora, de que por ahora, las cosas estaban en calma, pero no sabía por cuánto tiempo, y tampoco sabía si era verdad, porque si la había conseguido engañar una vez, ¿no podría estar haciendo lo mismo ahora?
Todo pasaba por su cabeza a toda velocidad, tan rápido que la ensordecía, no podía con todo, no podía con nada, respiraba nerviosa, mirando hacia delante, hacia la nada, la nada de su futuro, la incertidumbre completa de estar sola ante todo y de no saber qué hacer. Sin darse cuenta había comenzado a apretar los puños con fuerza, caídos a ambos lados de su cuerpo sus nudillos se tornaban blancos por momentos por la fuerza que estaba ejerciendo.
- ¿Qué ocurre? – La voz de Remus sonó lejana, como perdida entre la tormenta de pensamientos que la cubría.
El nudo que tenía en el estómago subió sin querer hasta su garganta, y sintió que no iba a poder contenerse.
- ¿Estás bien? – Volvió a preguntar Remus.
Pero ella no contestaba, seguía mirando al frente, a su futuro, y no le gustaba. Sabía que si ahora le miraba a él, se pondría a llorar, y no quería hacerlo.
Cuando él la tocó no supo que había pasado. Sintió su mano rodear la suya, pero no opuso resistencia, siguió apretando el puño, porque no sabía qué más podía hacer.
- Charlotte. – Murmuró él a su lado. - ¡Charlotte! ¿Qué pasa?
Remus la estaba viendo allí, absorta de la realidad. Como pudo deshizo el nudo que los músculos de ella habían formado en sus dedos. Ella reaccionó lentamente, de repente se dio cuenta de que Remus tenía su mano entre las suyas, sus dedos entre los suyos, sintió, recordó su calor, y lentamente aflojó sus dedos, su cuerpo, y se encontró allí sentada, en aquel banco alejado, con Remus a su lado, y con su mano entre las de él.
Él se había girado para enfrentarse a ella, la miraba entre asustado y preocupado, no sabía lo que precedía al estado en el que ella había pasado las dos últimas semanas y tuvo miedo de que fuera aquello.
- ¿Qué ocurre, Charlotte? Tu, tu tienes que saberlo. – Le dijo con miedo. – Sé que tienes que saber lo que ocurre, lo que ha ocurrido.
Había tenido ganas de decir eso desde que ella despertara y empezara a negar que supiese algo, porque estaba convencido de que ella sabía algo, que esa no era la primera vez que ocurría, si no a ella, a otras personas, y que ella lo sabía.
Ella lo sabía y por algún motivo lo estaba ocultando, no sólo a él, también a Severus, a Minerva, incluso a Dumbledore.
- Dime qué es lo que sabes. Así podría ayudarte. – Dijo con sinceridad, con la esperanza de que ella reaccionase.
Y reaccionó, respiró hondo y recostándose en el banco miró al cielo, pero no hizo nada más.
Veía lo que pasaba, veía que ella no iba a decirle nada, no iba a confiar en él, y sabía por qué era, y se sentía mal, no quería verla sufrir así, pero no sabía qué hacer.
- Lo siento. – Dijo esta vez. – Nunca pensé...
Remus dejó de hablar al verla a ella negar con la cabeza.
- No vamos a hablar de eso. De eso no. – Dijo ella de forma tajante.
- De acuerdo. – Aceptó él frunciendo los labios con un atisbo de resignación.
Él también se reclinó en el banco tras soltar con cuidado la mano de la chica, dejándola reposar sobre la superficie de piedra.
Durante unos segundos todo pareció detenerse y permanecer quieto por completo, sólo el aire parecía moverse. Ni un ruido, sólo aire volando. Remus sintió los dedos de ella rozar los suyos para quedar quietos a su lado, como llevados por un viento inexistente. Ambas palmas contra la fría piedra, sin moverse lo más mínimo para no eliminar el leve contacto que mantenían. Charlotte no parecía saber por qué lo hacía, ninguno de los dos parecía saberlo, pero eso era parte de la situación, y aunque ahora no pudiese admitirlo, era parte de lo que necesitaba.
- ¿Qué libro estabas leyendo?