bienvenid@

Snape: Esto es un RPG de Harry Potter. si no sabes lo que es un
RPG, es que eres idiota. Ahora lee
y comenta, si no kieres oír un
Avada Kedavra
Lupin: Eh... lo que ha querido decir Severus pero no ha sabido expresarlo con el cuidado que se requiere… Es que…
Sirius: [interrumpiendo] Lo que no ha dicho Snape “nariz grasienta” es que este RPG es interesante porque los protagonistas interactúan continuamente en un argumento global, aún teniendo cada uno su propia historia.
Draco: ¡Hermione, asquerosa sangre sucia!
Lucius: Compórtate Draco, y deja que tu padre lo explique, que sabe mas que tu. Lo que ha dicho ese traidor a la sangre podría haberse dicho mejor, en realidad, este RPG…
Sirius: Cállate,
Lupin: Sirius, por favor…
Sirius: ¡Cállate Remus!
Snape: Parecéis un matrimonio de ancianitos.
Sirius: ¡El único matrimonio aquí es el de Snape y Lucius Malfoy!
Lupin: Siriuuus…


La introducción se nos ha ido de las manos.

Disculpamos el desenlace de la acción y avisamos que este RPG no es de contenido slash.

Procuraremos que tampoco de contenido Mary-Sue.

Atentamente;

                        La Dirección.

personajes

y aquí van las protagonistas:

CharlotteNombre: Charlotte Jenkins.
Ojos: Marrones.
Pelo: Rubio.
Edad: 23.
Casa: Gryffindor.
i'm in gryffindor!
Mascota: una lechuza blanca y azul llamada Hilina.
Quidditch: Golpeadora (lo único que se le daba bien ^^UU)
Web: Look at my eyes
E-Owl: @
Padres: Alphonsus Jenkins (Ravenclaw), Deirdre Innis (Slytherin)
Trabajo: Ministerio de Magia "Equipos de Reversión de Magia Accidental"
Relación: Tuvo una relación con Remus Lupin al que conoció durante uno de sus trabajos para el Ministerio. Actualmente hay cierta tensión entre ellos al encontrarse de nuevo ^^
Actualmente: Llegó de pronto a Hogwarts a causa de su trabajo en el Ministerio de Magia, pulula por el colegio en una misión no especificada.
Más datos: Es una animaga, pero se supone que esa es información clasificada del Ministerio, así que no puede dar más datos.

SaffronNombre: Saffron Bahn.
Ojos: Azules.
Pelo: Pelirrojo.
Edad: 20.
Casa: Ravenclaw.
i'm in ravenclaw!
Mascota: Un gato atigrado llamado "Ein".
Quidditch: Nunca ha jugado; lo suyo no es el ejercicio físico.
Web: I Hate The Bee
E-Owl: @
Padres: Thadeus Bahn (Ravenclaw), Maeve Tull (Ravenclaw)
Trabajo: Estudiante de Historia y Arqueomagia.
Relación: Estuvo enamorada platónicamente de Severus Snape cuando estaba en Hogwarts, aunque nunca ocurrió nada entre ellos.
Actualmente: Acabó en Hogwarts hace tres años, y ahora está realizando un trabajo de investigación necesario para sus estudios. Ha vuelto al colegio porque en la biblioteca hay libros únicos que necesita para la investigación.
Más datos: Nerviosa, hiperactiva, muy habladora y en ocasiones desquiciante. Tiene serios problemas para estarse quieta durante mucho rato y se distrae con facilidad. Aun así, es muy inteligente y sabe ser seria cuando es necesario.

LaiaNombre: Laia Wallravenstein.
Ojos: Completamente negros.
Pelo: Castaño oscuro, ondulado y muy largo.
Edad: 17.
Casa: Slytherin.
i'm in slytherin!
Mascota: Aparte de su búho castaño llamado Búho, tiene una gata blanca muy presumida llamada Mary-Sue, que tiene el don de teletransportarse.
Quidditch: Es guardiana de reserva.
Web: Quiero un fattorino!
E-Owl: @
Padres: Nikolaus Wallravenstein (Slytherin), Natalia Silano (Durmstrang)
Trabajo: Estudiante en Hogwarts.
Relación: Le atrae de manera preocupante Lucius Malfoy, uno de los mejores amigos de su fallecido padre.
Actualmente: Cursa el sexto curso en Hogwarts.
Más datos: Es prefecta de la casa Slytherin. Eso la define como una persona seria y responsable, pero pocos saben mucho más de su personalidad.

++Personajes Inactivos++

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Saffron x Severus = COM!
Youko x Draco = COM!
Laia x Lucius = COM!
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Layout 1: The Girls Layout 2: The Boys (blue,brown,green,black) Layout 3: Severus, Remus, Sirius, Draco, Lucius
disclaimer

Este es un RPG sobre Harry Potter. HP no es nuestro ni estamos ganando nada haciendo esto. HP pertenece a JK Rowling y demás.
Por otra parte el layout es mio, así que no lo robes ni te atribuyas nada. Si tienes dudas, pues preguntas.
© 12122003 Charlotte the Sorceress

Part of:
Expelliarmus.TK


viajero: Contador

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MoonPixelDollz 1GREENEYE

· viernes, abril 09, 2004

" Todo va demasiado deprisa " por Laia ( 4:29 PM )
 
Al dia siguiente de tomar el jarabe que le dio Madame Pomfrey estaba mucho mejor, pero algo cansada. No había dormido muy bien esa noche debido a un insufrible ardor de estómago, pero al levantarse éste había desaparecido por completo. Igualmente, su aspecto seguía –aunque sin ojeras- igual de pálido.

Al llegar al Gran Comedor por la mañana, lo encontró desoladoramente vacío. Era un poco más tarde del habitual –lo cual significaba que volvería a llegar tarde a la primera clase- y en la mesa de Ravenclaw por ejemplo, ya prácticamente no había nadie –siempre tan aplicados, estos ravenclaw-. Aún así, en una de las puntas de las mesas se encontraba Saffron Bahn. Estaba frente a ella, y podía observarla bien. Ante la pelirroja estaba el auror Julius.
Si dudaba de la relación que había entre ellos, ahora estaba segura. Estaban juntos. Si no lo estubieran, Julius no le estaría agarrando la mano ¿Verdad? Pero… Un momento ¿Ella se la retira? ¿Se la ha retirado queriendo o para coger la taza de té? Parece arisca, a lo mejor no le ha hecho gracia que el le cogiera la mano. Pero igualmente…

Laia estaba tan concentrada en la acción de Saffron que no se dio cuenta que una pequeña lechuza castaña sobrevolaba rápidamente el comedor. El pobre animal chocó violentamente con las galletas glaseadas que Laia tenía ante su café con leche y el estrépito fue tal que todo el comedor se giró a observar la causa del estruendo. La cara de susto de Laia quedó gravada en los ojos de todos los presentes, y también su enfadado rictus – terrible, terrible- mientras agarraba exasperaba el collarín de su lechuza y la dejaba sobre la mesa con violencia.
Abrió el papel mientras la lechuza ululaba lastimosamente –no era de extrañar que fuera tan patosa, Laia había experimentado con sus ojos cuando era más pequeña. Aún así, ella siempre se negó a comprar otra-. La letra era pequeña y apretada, pero deliciosamente bien escrita. Ella sabía bien de quien era esa letra. Si, esa persona fue la que le regaló la lechuza. Marius Bergen.
Marius era de una acaudalada familia berlinesa que vivía frente a su casa cuando ella aún vivía en Alemania. Hacía mucho que no le veía, y por lo que significaba esa carta y que la hubiera traído su lechuza… Marius estaba allí, en Inglaterra.

“Marius…”

Al cerrar la carta otra vez, adoptó una expresión neutra ¿Realmente le importaba su contenido? Se levantó lentamente y la guardó en el bolsillo de su túnica. Se puso ésta pausadamente y se dirigió al despacho de Snape. Tenía que estar allí, en el comedor no estaba. El problema era que… quizás estaba ya haciendo clase.

Se dirigió corriendo a las mazmorras, a la clase de Pociones. Estaba abierta y aún entraba gente en su interior. Definitivamente aún no había entrado, si así hubiera sido no se oiría tanto barullo en el interior del aula. Giró sobre sus pasos y se dirigió a su despacho. Golpeó la puerta un par de veces y espero a oir el “Pase” de Snape.
Entró lentamente y observó que no había prácticamente luz.

- Profesor.

- ¿Qué desea Wallravenstein?

Snape estaba aposentado en su butaca de manera tan acomodadamente posible que parecía imposible que tuviera que estar ya yendo a una aula a hacer una clase. Laia sentía como si hubiera interrumpido al profesor, pero en realidad este no estaba haciendo nada. Parecía eso si, muy concentrado.

- Verá profesor, vengo a pedirle que me firme un papel conforme hoy y mañana voy a faltar a todas las clases.

Snape se incorporó de la butaca interrogante y levantó la mano para tomar el papel que Laia le ofrecía. Leyó el contenido y el entrecejo se tensó aún más de como lo tenía al entrar Laia. Luego, mirando fijamente a la chica y con un rictus preocupado, le devolvió la carta y acto seguido cogió una libreta y escribió su nombre en ella.

-No habrá ningún problema. Ya puede irse Wallravenstein.

Laia asintió con la cabeza silenciosamente y se dirigió a la puerta. Cuando ya estaba saliendo, oyó un susurró de entre las sombras donde se encontraba Snape.

- Mis… -Snape vaciló- condolencias.

Mientras recorría el pasillo en dirección a su habitación, Laia releyó el final de la carta.

“Te vendrán a recoger a las diez frente al colegio”

Laia sonrió para si ¿Y si venía Marius? ¡Hacía unos siete años que no le veía! Oh, esperaba que no le viniera a buscar ningún pariente lejano.
Hizo una bolsa rápidamente. Era jueves y tenía cuatro días de fiesta seguidos. De acuerdo que la situación era delicada, pero que más daba, eso eran unas minivacaciones. Ojalá Marius se quedara hasta el domingo y la llevara a Hogwarts el lunes.

Lo que había ante el colegio era una diligencia. Y estaba vacía. Un thestral como única compañía y gracias. Muy bien, genial ¿Qué importaba? Toda su adolescencia representaba soledad ¿Por qué le molestaba tanto ahora si nunca le había importado? Se sentó exasperada en la diligencia, odiando profundamente a Marius.

Al llegar a su enorme casa estaba profundamente dormida. Un golpe seco la despertó, un golpe producido por la puerta abriéndose bruscamente. Oyó algo en una lengua extraña.

“¿Alemán?” “¿Marius?”

Laia entreabrió los ojos y vio la silueta tras los cristales empañados. Al momento la puerta se abrió del todo y pudo verle perfectamente. Sonrió, intentando evitar bostezar y se incorporó, bajó las escaleras y miró fijamente al hombre.

- Hola.

Le daba un poco de corte hablar con él después de siete años. Intentaba parecer amable, pero eso era muy difícil, y más sabiendo que ese hombre la había visto en pañales. Pero Marius no parecía recordar nada de eso, sonreía como ella había recordado siempre, cálidamente. Agarró sus manos y suspiró.

- Déjame verte… Parece mentira que seas el mismo retaco que dejé en Berlín hace siete años, aunque ahora que lo pienso, entonces ya apuntabas maneras.

Laia se sonrió, pero no parecía que retuviera la mitad de lo que le decía Marius, estaba bastante dormida.

- Laia…

Bajaba de las escaleras como en una nube.

- Laia, te presento a mi esposa.

Laia cerró la boca y adoptó otra vez su rictus habitual. Dirigió su mirada a la figura que se alzaba frente a él, dispuesta a odiarla.
No es que Laia estuviera enamorada de Marius, era simplemente que no soportaba que alguien a quien ella le importara –a pocos les importaba Laia- quisiera más a otra persona. Marius era, según ella, la única persona en el mundo que se preocupaba por su seguridad –vale, siete años son muchos años, pero Marius la quería como una hija propia, eso era seguro-.

- Y estos dos que se acercan corriendo ¡Y que algún día se harán daño! –Dijo en voz alta, advirtiéndolos- Son nuestros hijos.

Laia se giró con cara de espanto, observando los dos niños que corrían en su dirección.

“Por Merlín, tiene hijos y todo…”

Le presentó a sus dos niños y acto seguido le pasó el brazo por los hombros y se la llevó en dirección a la mansión.

- Laia, se que debería darte mis condolencias, pero se que estaría siendo hipócrita. Se que os llevabais muy mal.

Laia se separó de él y adoptó una posición hierática, fría. Le miró con ojos tranquilos, y dijo despreocupadamente.

- ¿Cuándo se lee el testamento?

Marius sonrió con tristeza y la observó con mirada apagada.

- Esta tarde, después de la hora de comer.

Laia empezó a andar lentamente por un extenso pasillo. Una luz débil salía de la habitación del final, la de su abuela.

La habitación era grande y oscura. El papel de las paredes era de color rojo sangre –como a su abuela le gustaba- y tenía una ventana preciosa que nunca dejaba descubierta, pues le gustaba el rojo sangre a oscuras, y por ello unas pesadas cortinas negras negaban a la habitación de cualquier resquicio de luz. Toda la habitación estaba repleta de candelabros, la mayoría negros de suciedad.

Eso parecía una película de terror. Sobretodo después de ver que en el centro se alzaba el ataúd, completamente abierto, con la apergaminada cara de la difunta mirando al cielo. Frente a ella, una incomoda silla de madera.
Laia se sentó en ella y miró a su abuela, pero sin observarla, en realidad. De lo que si se dio cuenta, era que llevaba colgado en el cuello el colgante con la fotografía de su hijo –el padre de Laia-. Siempre había adorado a Nikolaus, era algo enfermizo, y nunca se molestó en querer a su esposa y a su hija. Realmente a su madre nunca le importó que su suegra no la quisiera, pues poseía lo único que a la desagradable mujer le importaba, Nikolaus.

¿Cuánto llevaba allí sentada? ¿Media hora? ¿Sería ya la hora de comer? El sueño la invadía de nuevo. No había dormido esa noche y estaba… estaba cansada. Cerró los ojos, todo se volvió espeso y lento, como ese ruido regular. Un ruido seco y continuo que se acercaba y se acercaba… Notó una corriente de aire a su izquierda. Se asustó y entreabrió los ojos. Alguien había acercado una silla a la suya y se había sentado en ella. Algo negro y grande, una capa. Unos guantes negros. Un bastón.

“Oh, dios mío”

Laia alzó los ojos y miró el duro perfil de Lucius Malfoy. Éste se sintió observado y dirigió sus ojos a Laia, sin mover la cabeza.

- ¿Y bien? ¿Qué siente la última de los Wallravenstein?

Laia abrió la boca. Nunca se había parado a pensarlo. Era la última de los Wallravenstein ¡Y era una chica! El apellido iba a desaparecer. Malfoy pareció captar la expresión de Laia –aunque más que angustiada, como Malfoy creía, era más de total descubrimiento y asombro-.

- Si, es desagradable, son tiempos malos para las familias de magos importantes. Primero cayeron los Black –rió- porque evidentemente, dudo que el señor Sirius Black esté capacitado para hacer resurgir una familia completamente abocada a la extinción, y ahora los Wallravenstein –la miró con intensidad- si, ciertamente en esta casa se huele la decadencia. Hoy ha muerto una saga, y muchos de los nuestros se encuentran profundamente apenados. La sombra de Nikolaus parece haber vuelto para quejarse… -Lucius se acercó al oido de Laia- ¿No lo sientes?

Laia apretó los puños con fuerza. Lo único que sentía era un calor insoportable al oir tan cerca la voz susurrante de Lucius. Éste, a su vez, sonrió y dirigió su mano al brazo de la chica. Lo apretó con fuerza, casi le dolió. Siguió susurrándole.

- Tenemos prisa, Wallravenstein. Los nuestros están inquietos. La pregunta es ¿Qué harás ahora?

Levantó lentamente la manga de la túnica de Laia, dejando al descubierto el antebrazo, y empezó a acariciárselo.

-¿Cuál es tu futuro?

Laia desvió su mirada de su antebrazo y dirigió sus ojos a la mirada interrogante de Lucius, que como era habitual en él, levantaba las cejas con cierta arrogancia.

“Madre mía, que tremendamente atractivo está a la luz de las velas. Le brillan los ojos, y parece… parece…”

Lucius se dio cuenta que Laia divagaba y, sacándose los guantes, la miró con decisión. No iba a escaparse. Ya no. Ahora estaba sola y él tenía que aprovecharlo.

Pasó su brazo izquierdo ante ella, agarrando el respaldo de la silla de Laia, aprisionándola, y acercó su cara a la suya, dispuesto a dar rienda suelta a su labia. Laia solo veía un rostro excesivamente cerca y un lazo de seda negro en su cabello que resplandecía temblorosamente a la luz de las velas.

- Laia… -Su nombre, había dicho su nombre.

Se acercó más.

- Laia –pasó una mano cálida por su cuello- Me tienes a mi –y lo dijo con intensidad, casi con devoción- ¿No ves que yo solo quiero tu bien? Y tu bien es estar con nosotros… -aprisionó las manos de ella con las suyas, y la miró con fiereza- conmigo.

Ahora lo único que veía Laia era una deseable boca a pocos centímetros. Él se acercaba y ella tenía que tomar la decisión ¿Si o no? ¿Y porque no? Si, estaba sola y era una de ellos, estaba sola y tenía que aliarse. Ahora no tenía miedo, Lucius le agarraba fuertemente ambas manos. Ahora estaba protegida, él la guiaría.

Y dejó que se acercara.

Lentamente, sin prisas, los labios de Lucius se acercaron a los suyos. Ya no era un beso violento, era tranquilo, como Lucius sabía que era necesario en ese momento. Laia no sabe cuanto tiempo estuvo besando a Lucius, pero parecía una eternidad. Era un beso suave y profundo. Se encontraba medio drogada por el sueño, la emoción de tener a Lucius tan cerca y el ambiente del lugar. Sentía un cosquilleo indescriptible en el estómago, angustia, emoción y nervios, no sabía muy bien la proporción de cada uno de esos sentimientos.

Lentamente, Lucius fue ralentizando el beso y se apartó de ella, que pudo percatar un ligero temblor en él, y volvió a quedarse frente a ella, con esa intensísima mirada taladrándola. Ella respiró con fuerza y, sin saber muy bien que hacer, se puso a contemplar el cadáver de su abuela.

Lucius se levantó rápidamente y con un ruido notable, volvió la silla a su lugar. Seguramente fue ese chirrido de la silla arrastrándose lo que la devolvió a la realidad, y miró hacia atrás, donde estaba Lucius.

- Habia venido a avisarte que ya es la hora del almuerzo.

Laia le miró fijamente y todo lo seria que podía. Debía serenarse. Al levantarse, se sorprendió que Lucius dijera algo, pero lo hizo.

- ¿Te suena el nombre de Charlotte Jenkins?

Laia abrió los ojos como platos y miró fijamente al mago. Luego intentó leer en su mirada.

- Si, la vi en la enfermería, fui por… estaba… dormida. Creo que en coma, pero la enfermera no me quiso decir nada. Nunca le caí bien a Madame Pomfrey, creo que es debido a que

- ¿En coma? –Dijo Lucius interrumpiéndola- ¿Sabes exactamente desde cuando?

- No, ya he dicho que la enfermera no me quiso decir nada, dijo que era diagnóstico reservado.

- Reservado ¿Eh? Interesante… No saben que le sucede ¿verdad?

Laia le miró silenciosamente, intentando adivinar algo en su mirada.

- Eso creo.

Lucius la miró por última vez y empezó a cruzar el umbral cuando oyó la voz de Laia detrás suyo.

- ¿Qué le sucede?

Lucius se giró y le lanzó una mirada dura a Laia.

- Tu vigila bien a esa mujer, y mándame una lechuza cuando se despierte.

Laia abrió los ojos asombrada.

- ¿Yo?

Lucius se acercó a ella y le susurró.

- Si, tu. Eres la única persona que se que me será fiel. No me traicionarás ¿Verdad?

Y dicho esto, le pasó el frío bastón con cabeza de serpiente por una de sus mejillas y desapareció por la puerta.


La mesa del comedor estaba llena de comida de nuevo. Pero vacía de gente. Lucius, que en ese momento se acercó a ella, le explicó la causa de ese vacío de gente.

- No tienes ni idea de la cantidad de aurores desplegados en el territorio. Ahora mismo están espiándonos. Hemos registrado todo y no hemos encontrado ningún tipo de mecanismo mágico y no mágico de espionaje. Esta mansión esta hecha a prueba de bombas pero… no podemos evitar que sepan quien entra en ella. Si quieres saber quien está contigo en estos momentos de pesadumbre, lee el libro de condolencias.

El libro que reposaba en una esquina del comedor, iba escribiendo frenéticamente frases de ánimos y muestras de respeto a su abuela, de gente que en esos momentos se encontraba a kilómetros de allí, gente que no había tenido el valor de venir, porque les buscaban. Claro, era peligroso pero ¿Cuántos eran en esa habitación? ¿Siete? ¿Ocho? Deprimente. Laia ignoró el libro de condolencias ¿Qué le importaba? Se dirigió a su sitio, en el cabezal de la mesa, mientras Lucius se sentaba en el otro extremo. Al menos Marius se había sentado a su lado, y lucía estupendamente. Se fijó más en él. Siempre había sido desgarbado y poco atractivo, pero con la edad estos defectos habían actuado a su favor, y ahora se encontraba con un hombre tremendamente interesante, en quien la fuerza recaía sin duda, en sus ojos azules. Su pelo, antes completamente negro, empezaba a esclarecer, y su vestimenta era completamente muggle –tejanos y americana- pero en el fondo seguía siendo él.
A Lucius no le agradaba nada Marius. Siempre creyó que los magos judíos eran demasiado pro-muggles. No era cierto que fueran demasiado pro-muggles, pero el odio anti-semita trascendía todas las barreras, y el mundo mágico no era la excepción. Se les culpaba por carecer de principios y entablar relaciones –sobretodo comerciales, evidentemente- con muggles. El pobre Marius carecía por completo de olfato para los negocios, y el dinero se le escapaba demasiado a menudo de las manos, pero eso a Lucius no le importaba, se relacionaba con muggles y estaba seguro que esa esposa suya era sangre sucia. Y esa americana… ¡Y los tejanos! Ciertamente Lucius encontraba eso motivo suficiente para odiarle.

Además de Marius y Lucius, habían venido tres personas más. Un padre y un hijo, Joseph y Caius Khan –Joseph era un inefable, Laia apostaría por ello ¿Sabrían los aurores que había un inefable en el sepelio de su abuela?- y un señor risueño pero de aspecto lúgubre que Laia reconoció como el vendedor de especias del Callejón Knocturn. Si, la abuela tenía cierta afición a las hierbas de esa tienda. Más de una vez Laia había ido con rapidez a comprarle cosas extrañas de una extensa lista.

Vale ¿Y nadie más? La lectura del testamento iba a ser terriblemente deprimente… Mientras, el libro de condolencias no paraba de firmarse automáticamente. Es más, el único sonido que se escuchaba regularmente –pues la conversación moría continuamente- era el incesante sonido de la pluma rasgando las hojas del libro.

El notario apareció a las tres de la tarde, más o menos. Laia lo guió al comedor, donde un elfo doméstico ya había recogido los restos de la comida. Se acomodó en el cabezal de la mesa y Laia se sentó a su lado, expectante…


Una vez el notario salió por esa puerta, Laia se encontraba sola en el comedor. Su expresión de pasmo no había desaparecido del rostro.

“¿Nada?”

Las puertas del comedor se abrieron lentamente y entró Marius, con el rostro grave. Se sentó a su lado y le pasó el brazo por los hombros. Siempre hacía eso.

- Lo siento.

Laia sonrió irónicamente.

- No se que esperaba, ella me odiaba –Laia miró a Marius con una sonrisa dolida- Estoy segura que cambió el testamento cuando murieron mis padres. No conozco a los testigos, deberían haber sido mis padres, pero ellos ya estaban muertos. Por eso lo cambió, para que su herencia no fuera para mí.

- Aún te queda lo de tus padres. La mansión era de Nikolaus, y siempre ha sido tuya, no de tu abuela.

- Ya, pero aparte de la mansión, nada de lo que habían conseguido mis padres era de la familia, todo lo habían ganado por ellos mismos. Pero lo que da dinero, las propiedades, las acciones, todo lo manejaban los abogados de mi abuela ¡Uno de los testigos era su contable! ¡Estoy segura que era ese canalla de Coch!

Marius la miró dolido, y dijo incisivamente.

- ¿Tanto te importa el dinero?

Laia sonrió lacónicamente.

- Es lo único que me veo capaz de conservar. Nunca he podido conseguir nada más que no fuera dinero.

Laia se levantó despacio y se hundió entre las sombras en dirección a su habitación. Marius le susurró.

- ¿Quieres que nos quedemos aquí todo el fin de semana? Mi esposa, mis hijos y yo. Te haríamos compañía. Al menos esta noche. No quiero que duermas sola en esta casa con un cadáver.

Laia observó la figura de Marius sentada en la silla, y le vinieron a la mente todas las sensaciones acumuladas durante los últimos días. La reunión de los mortífagos, sus visiones, el encuentro con Julius y el descubrimiento que era un auror, su abuela que no le había dejado nada, Marius y su vida completamente ajena a ella, Lucius instándola cada vez más a unirse a los mortífagos mediante sus encantos… Y había venido tan poca gente… Sus ojos brillaron durante unos instantes y Marius se dio por respondido. 
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