El tiempo pasaba apaciblemente; Nimelen había decidido dejar de pensar sobre si estaba bien o no sentirse a gusto junto a ese hombre, ya tendría tiempo de hacerlo cuando regresase a Hogwarts, además la vida en la cueva era mayormente monótona y de no ser por sus charlas sobre Hogwarts, bromas a Slytherins y Harry Potter, a estas alturas la joven estaba segura de que se habria vuelto loca o estaría muerta de aburrimiento. Sin embargo a pesar de las charlas el aburrimiento comenzaba a hacer mella en la joven y el hecho de no poder salir no mejoraba la situación, hacía una una semana que estaba alli y empezaba a coger complejo de murciélago por no poder ver laluz del sol directamente; y no era la única cansada de la situación, Buckbeak estaba cada vez más irritable hasta el punto de que casi le arrancó un dedo de cuajo a Sirius cuando este bromeo con que estaban encantados en la cueva. Tal vez no podían salir por Hogsmeade, pero podrían ir a algun otro lado, el problema era que Sirius no estaba por la labor asi que tendría que buscar una buena excusa para salir.
Sirius entró en la cueva trotando animosamente y dando un ladrido a modo de saludo a la joven sentada junto a Buckbeak; la presencia de la chica era una bocanada de aire fresco realmente y gracias a ella los días se habían vuelto menos aburridos. Tomó su forma humana y le alcanzó a la niña un ejemplar atrasado de "Corazón de Bruja" ignorando la cara de hastió que puso ella al ver la revista, él sabia que la joven no aguantaba esa revista pero si la leía al menos estaria entretenida mientras él leía "El Profeta" ya que si no la tendría durante horas mirandole fijamente. Lo cierto es que odiaba cuando ella se le quedaba mirando, le hacía sentir como cuando estaba de estudiante en Hogwarts, siempre bajo la mirada atenta de alguna admiradora; y aquello le molestaba porque su instinto natural era interesarse por la "admiradora" en cuestión para ver si era su tipo, cosa que no podía hacer de ningun modo con Nimelen. A fin de cuentas tan solo era una niña, por Merlin, ¡si tenía la edad de su ahijado! Sirius tenía la impresión de estar convirtiendose en un enfermo; la niña se movió hasta quedar junto a Sirius hombro con hombro, aún no había abierto su revista y se limitaba a someter al hombre a una sesión de miradas intensas lo cual hizo sospechar a Sirius que ella sabía que a él le molestaba ser observado de esa manera.
-¿Qué paso? -La voz de Nimelen resonó en la cueva; al ponerse tan cerca de él se había dado cuenta por primera vez de una cicatriz que el hombre lucía en la parte lateral del cuello, no era muy grande por lo que no se notaba a simple vista pero realmente tenía un feo aspecto.
-Dos días antes de su muerte tu padre dió conmigo; -el hombre se tomó un tiempo antes de contestar, sabía que esa pregunta llegaría tarde o temprano pero había esperado que fuese más tarde.- Sin embargo conseguí que me escuchase, me costó mucho ya que estaba bastante "obsesionado" pero aún asi lo logre; le explique todo y aunque no me creyó se puso en contacto con Dumbledore y Kingsley quienes se lo confirmaron. Entonces decidió quedarse conmigo y protegerme ya que por culpa de su investigación algunos mortífagos se habían movilizado en mi búsqueda, eso sin contar con los aurores. A él... Se le olvidó decirme que los aurores sabían de mi estado de animago y cuando salí un día con mi forma animal me descubrieron y me atacaron; Aiolus se interpuso entre ellos y yo pero en la noche no le vieron la cara, creyeron que era un mortífago y lanzaron sus conjuros. No murió entonces, solo le detuvieron pero cuando vieron quien era fueron a pedir ayuda y en ese lapso de tiempo, desde que se fueron hasta que regresaron con ayuda, alguien mató a tu padre. No sé quién fue ya que yo ya había huido siguiendo las indicaciones de tu padre; fue mi culpa, mi error, pero yo no le mate, al menos no directamente...
Se hizo un pesado silencio en la cueva, Sirius evitó mirar a la joven a la cara suponiendose que la mirada de la joven ahora era de todo menos agradable; se imaginaba la furia, el dolor y la rabia que la debían inundar ante semejante relato y en cierto modo esperaba que ella volviese a considerarle el asesino de su padre. En realidad de no haber sido por él, Aiolus seguiría vivo y él era muy consciente de eso por lo que no podía reprocharle nada a la niña. El silencio se alargo durante mucho rato hasta que por fin Sirius se obligó a si mismo a encarar a la joven encontrandose una expresión que no esperaba; confusión, incredulidad y sorpresa, aquello era lo único que habia en quel rostro juvenil y aquellos ojos esmeralda. Nimelen había sido tomada totalmente por sorpresa, ella no se refería a qué había pasado con la muerte de su padre, de hecho había decidido dejar de pensar al respecto y hacerlo una vez volviese al colegio; pero al parecer Sirius tenía aquello presente todo el tiempo, carcomiendole, por eso no dudó que la niña se refería a su padre con su pregunta. Además la historia era en si perturbadora, según eso había al menos tres culpables de la muerte de Aiolus Silveriver: Sirius Black, los aurores y otra persona que seguramente sería un mortífago. Pero aún había alguien más, el propio Aiolus, si él no se hubiese obsesionado tanto con el caso Black seguramente la cosa habría tenido un final diferente; Nimelen era consciente de la obsesión de su padre, esa obsesión que hizo que no abandonase a Black una vez lo había encontrado aún cuando ya no pretendía detenerle.
-No me refería a eso... -dijo al fin ella con voz quebrada.- Pero gracias, creo que necesitaba saberlo...
El hombre no respondió, se había dado cuenta de su error en cuanto miró a la niña a la cara, no estaba ayudando a cerrar heridas como él creía, las estaba abriendo; por alguna razón ella no había querido pensar más al respecto y él la había obligado a ello, cosa que le hizo sentir tremendamente mal. Habría jurado que ella estaba a punto de llorar pero no hizo nada, se limitó a volver al lugar donde había estado antes de acercarse a Sirius, se tumbó y cerró los ojos; aún era mediodía apenas, pero no quería pensar más y se encontraba tremendamente cansada. El hombre no dijo nada tampoco y volvió a su lectura aunque lo acabó dejando ya que no engañaba a nadie fingiendo que leía, estaba preocupado por la niña, quería ayudarla, quería cumplir su promesa pero hasta el momento lo había estado haciendo todo al revés.
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Durante el resto de la semana la pareja no hablo, de hecho Nimelen apenas pasaba tiempo despierta, solo para comer un poco; el resto del tiempo dormitaba lo cual denotaba un gran cansancio, si no físico, si mental. Sirius por su parte no mejoraba el animo, una parte de él se sorprendía de que le afectase tanto el estado de la niña aunque otra parte se lo explicaba usando la excusa de la promesa que le hizo a Aiolus. Cuando el viernes llegó la situación no parecía querer cambiar, Sirius salió de la cueva en la mañana en busca de comida y de periodicos, dejando a una Nimelen profundamente dormida; regresó varias horas después, ultimamente se entretenía más fuera para "espiar" a los espias que había por Hogsmeade y para retrasar lo posible el afrontar el silencio de la cueva y la actitud autista de Nimelen. Al entrar en la cueva no dió ningún ladrido de saludo, sabiendo que la joven estaba dormida y que no respondería; sin embargo algo se avalanzó sobre él en cuanto volvió a su forma humana, tirandole al suelo, de pronto Sirius se encontró con una sonriente Nimelen encima de él, sujetandole los brazos para que no se moviese y los ojos brillando esperanzados y ansiosos. La situación hizo que la cabeza de Sirius decidiese imitar a los tornados comenzando a darle vueltas a una velocidad de vértigo haciendo que el hombre se sintiese medio enfermo; 12 años sin tocar a una mujer era mucho tiempo y de pronto se encuentra con una agradable cría encima suyo, Sirius no quería pensar mal pero su cerebro no le hacía caso e iba por su propia cuenta de pensamiento.
-Sirius... -comenzó a decir ella en voz baja.- ¿Me llevas a ver a mi padre?
Dicho esto la joven se levantó de un salto y corrió hacia Buckbeak desatandolo de la piedra; Sirius permaneció en el suelo un momento, envuelto en una contradicción y confusión bastante molesta, primero de todo la chica llevaba casi toda la semana durmiendo y sin decirle una palabra y de repente le propone irse a ver a su padre, el cual estaba muerto para más inri. Además para hacerle semejante proposición no se le ocurre nada mejor que colocarle en una postura bastante comprometida; todo eso llevó a Sirius a pensar que: 1) aquella cría era una veleta con respecto a su humor -algo que sin duda heredó de su padre-. 2) aquella cría no tenía ni la más minima idea de lo que era estar en prisión y mucho menos tenía algún respecto por aquella situación. Con esto en mente, Sirius se levantó por fin con mala cara y miró a la niña que le esperaba ansiosa junto a Buckbeak, había pensado discutir el asunto pero la mirada del hipogrifo le hizo cambiar de idea, aún recordaba cuando el animal casi le arrancó un dedo y estaba más que claro que Buckbeak deseaba salir de aquella cueva lo antes posible, no importaba a dónde iban, la cuestión era salir de allí.
Rezando porque nadie les viese e ignorando el sentido común que le decía que esperasen a la noche (ignorandolo porque entre otras cosas ese mismo sentido común le decia que ni Nimelen ni Buckbeak aceptarían un retraso en la marcha), el trio salió de Hogsmeade en dirección al norte. Ya en el aire, a lomos de un extasiado Buckbeak, Sirius decidió entablar una conversación más racional que la que habían tenido antes de partir, si es que a aquello se le podía llamar conversación, claro.
-¿Por qué quieres ir a donde murió tu padre?
-Porque no hay noticia de que este muerto, solo desaparecido, por algún motivo no trajeron el cadaver ni se encontró; -explicó ella.
-¿Cómo que no se encontró? ¿Y los aurores que había alli?
-Las noticias fueron que mi padre abandonó el grupo en el que iba para buscar más pistas sobre ti, y que cuando llegó el momento de volver él no apareció, le buscaron pero no encontraron nada salvo testigos que afirmaron verte huyendo del lugar. Según esto ningún grupo de aurores os encontró.
-¿Qué demonios...? ¡Yo no miento!
-No he dicho que mientas Sirius, es probable que fuese como tu dices solo que lo han tapado, papá una vez me comentó que el ministro de magia era muy paranoico con ese tipo de accidentes y siempre los tapaba por miedo a que la opinión pública se volviese contra él. Como sea aún no ha aparecido el cadaver asi que debe de seguir donde se quedó.
-Si dices que han podido tapar su metedura de pata lo más seguro es que se hayan llevado el cadaver y lo oculten por un tiempo.
-Pero no tiene mucho sentido, ¿no crees? Aunque tapasen su error podrían decir que tu lo mataste, no hacía falta ocultar el cadaver; tiene que haber algo más, quizas haya algo en él que delate lo que pasó en realidad o algo asi.
-¿Estás segura de querer verlo? -Preguntó Sirius después de un rato.- Solo eres una niña, ver un cadaver es algo traumante y además él era tu padre...
-No será el primer cadaver que vea, ya vi el de mi abuela; fui yo quien la encontró muerta en la cama, estaba con las piernas fuera de la cama, las zapatillas calzadas y los ojos muy abiertos. Al parecer iba a levantarse como todos los días para hacer el desayuno, pero mientras lo hacía su corazón se paró... Eso si que es traumante; -la niña se abrazó con más fuerza a Sirius.- Era una mujer tan llena de vida, severa pero muy dulce al mismo tiempo; siempre tenía grandes planes para hacer en el día, no permitía que hubiesen "horas muertas" como ella las llamaba. Seguramente aquel día se levantó haciendo sus planes de siempre, seguramente la idea de morir ni siquiera le parecía cercana... Seguramente ni siquiera se dió cuenta; al menos papá si lo hizo y estoy segura de que sus ultimos pensamientos iban para mi, pero la abuela no pudo pensar nada, no pudo acordarse de mi ni extrañarme...
La voz de la niña se quebró en un llanto apagado y silencioso; Sirius no dijo nada, no podía decir nada salvo que aquello le había recordado intensamente a su ahijado. Era curioso como Harry y Nimelen parecían fuertes a simple vista, cada uno en su estilo, pero parecián afrontar las muertes de su familia de forma natural; y sin embargo en el fondo eran lo que debían ser, niños tristes y desolados que se habían quedado solos en el mundo. Al menos Harry nunca pudo disfrutar de sus padres, no recordaba los momentos felices con ellos; pero la muchacha que ahora se aferraba a su espalda si los recordaba y aunque esos recuerdos la harían feliz y sentir que su familia no se había ido completamente, también le harían sufrir a partes iguales por el vació y el miedo a no poder volver a sentir el cariño de un ser querido. Entonces Sirius repitió sus promesas con más vehemencia, protegería y cuidaría de Nimelen y a Harry, les educaría como si fuesen hijos suyos, asi es como debía ser... Pero si es asi como debía ser, ¿por qué notaba una extraña presión en el corazón al pensar en Nimelen como hija suya? Solo era una niña y la única relación posible entre ellos dos era la de padre e hija o mejor dicho padrino y ahijada; no podía permitir que los años que pasó en Azkaban le convirtieran en una bestia y acabase dañando a la niña. Debía centrarse y dejar de pensar tonterías... Pero era extremadamente dificil cuando la niña no paraba de estrecharse contra él y de llorar de un modo que hacía que la tentación que consolarla, animarla y "algo más" creciese en intensidad.