Cabezas Rubias
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Desde el Calcolítico, entre el III y II milenios a. C., encontramos rastros de pobladores en la zona de Cabezas Rubias, ya que el yacimiento de Los Pedernales se adscribe a la arquitectura megalítica. Se trata de un sepulcro de falsa cúpula circular de 2,5 metros de diámetro interior, con varias puertas en su corredor, se excavó hacia 1945 (Cerdán, C., 1951).
Hasta la época romana no volvemos a encontrar testimonios de este municipio.
Se cree que en la vía que comunicaba la desembocadura del Guadiana
con Mérida estaba Ad Rubras, mencionada en el Itinerario de Antonino,
y a la que algunos investigadores identifican con Cabezas Rubias, por la semejanza
fonética. Así, en el Diccionario de Madoz encontramos: «Redúcese
esta población a la mansión del itinerario romano que se expresa
Ad Rubras, en el camino que describe desde la boca del río Anas a Mérida»
(Madoz, P., 1985), sin embargo, otros aseguran que Ad Rubras se encontraría
entre Cartaya y Lepe (González, J., y Pérez, J., 1987).
Una segunda acepción, con la que están de acuerdo los lugareños,
vendría por el color rojo que produce la oxidación del hierro
que contienen sus montañas (Moreno, M., 1979). En este sentido, Gordon,
M., y Ruhstalier, S. (1992, 438) manifiestan que se trata de un término
castellano y su nombre alude a lelevaciones de color rojizo». No comparten
que se derive de Ad Rubras, como quieren algunos.
Hasta una tercera versión del origen de la denominación de Cabezas
Rubias encontramos en el mencionado Diccionario de Madoz, que dice:«(...)
hay en el centro [del pueblo] una casa cuya fachada es diversa de las demás,
y su arquitectura aunque deteriorada indica bastante antigüedad, asegurándose
que fue la primera que se edificó en la población actual que
se llamaba Vénta-Rubia» (Madoz, 1985).
En la época califal perteneció a la Cora de Niebla, que limitaba
con las de Beja, Sevilla y Faro. Tras la conquista de Alfonso X, en el siglo
XIII, de casi toda la zona occidental de Andalucía, Cabezas Rubias
es incluida en el concejo y la vicaría de Niebla.
Sin duda, el hecho más característico de la historia de Cabezas
Rubias fueron los continuos enfrentamientos con la vecina Portugal, sobre
todo a partir de la Reconquista de estas tierras. Tanto en el siglo XVII con
el levantamiento nacionalista portugués que rompió con la Monarquía
española, como en el siglo XVIII, todo el Andévalo sufre las
consecuencias de las numerosas incursiones portuguesas. A finales de mayo
de 1644, las tropas portuguesas recorren Cabezas Rubias, «... donde
degolló más de treinta y cinco hombres y lo saqueó»
(Núñez, F., 1985). En 1704, se produce la segunda oleada de
saqueos sobre Santa Bárbara, Paymogo,
Cabezas Rubias, Puebla de Guzmán y El Alosno.
Este fenómeno provocaría un casi despoblamiento de todo el Andévalo
occidental.
También el Diccionario de Madoz recoge este hecho: «En el año
1644 fue quemado Cabezas Rubias por los portugueses y sus vecinos pasados
a cuchillo. Dos años después volvieron algunos.» Pero,
tras volver a sus lugares, se encontraron las tierras ocupadas por cerreños;
es cuando piden al rey que se les devuelvan sus tierras, éste realiza
entonces el deslinde y amojonamiento del municipio. Pero no terminan aquí
los problemas de los rubiatos, pues a finales del siglo XVII encontramos escritos
sobre litigios por los deslindes y amojonamientos del municipio con el vecino
El Cerro (A.M.C.R., 1668, leg. 104).
No aparecerá Cabezas Rubias como pueblo, es decir, con una ordenación
urbanística precisa, hasta que la Duquesa de Medina Sidonia ordene
reconstruir las casas y trazar calles y plazas.
La conformación urbana histórica presenta
un plano radial. En el centro del pueblo se encuentra la plaza, que en un
principio debió acoger toda la vida económica del mismo; en
sus proximidades se concentra la actividad administrativa y religiosa, ya
que, a pocos metros, se encuentra la iglesia y el Ayuntamiento. Sin lugar
a dudas, las calles que vertebraron el casco urbano son las actuales Rincón,
que parte el pueblo en dos mitades, y la calle Coso, que cruza también
todo el pueblo de Norte a Sur. Es curioso comprobar que los nombres de prácticamente
todas ellas denotan su antigüedad: calle Santo, calle Cerro, que enclavada
en la zona más alta del casco, parece una muralla que lo aísla
del exterior, calle Álamo, calle Fuente o calle Castillo. Otra edificación
importante es el Molino, que, situado al Sur, en un cerro, divisa todo el
término municipal. Se trata de una reconstrucción del antiguo
molino deviento que con sus robustas alas y blanca cal desafía al tiempo.
Cabezas Rubias se encuentra inmersa en plena comarca del Andévalo occidental,
a una altitud media de 225 metros sobre el nivel del mar, ocupando su término
10.865 hectáreas y a 81 kilómetros de la capital onubense, Limita
al Oeste con Santa Bárbara, al Sur con la Puebla
de Guzmán, al Este con El Cerro de Andévalo
y al Norte con Aroche y Cortegana.
Se halla enclavada sobre la penillanura de Sierra Morena, en su sector occidental,
modelada sobre el sustratopaleozoico, pertenece a la franja luso meridional,
en una zona de media montaña y presentando suelos pobres sobre pizarras
y rocas ígneas.
Podemos dividir el término de Cabezas Rubias en cuatro unidades paisajísticas:
Aunque el espacio forestal de Cabezas Rubias, 7.447
hectáreas, no es de los mayores de la provincia, en él se ha
aplicado una «alta tecnología forestal» en el uso y manejo
del bosque. La singularidad de esta nueva tecnología radica en las
posibilidades productivas y de conservación del medio que ofrece a
espacios marginales, ya sea por la excesiva pendiente o por la pobreza de
los suelos, factores que se degradarían ante las mínimas intervenciones
de tipo tradicional, como las referidas al arado o subsolado de espacios para
la repoblación forestal.
En Cabezas Rubias se realizó la primera obra de importancia con la
alta tecnología forestal, específicamente en el monte llamado
«la Sierra», en el extremo norte del término municipal,
propiedad del Ayuntamiento y con una cabida de 2.005 hectáreas. La
característica fundamental de la zona es la brusca subida que conecta
una parte relativamente llana del término con las estribaciones de
Sierra Pelada.
Esta situación creaba serios problemas para la repoblación forestal,
por la imposibilidad de realizar los trabajos tradicionales, ya que la maquinaria
convencional no puede superar los 301 de pendiente.
La utilización de la alta tecnología forestal está resultando
esperanzadora para espacios degradados y marginales, en los que no es posible
intervenciones duras sin poner en peligro la conservación del medio
ambiente. En los últimos años, en Cabezas Rubias se ha realizado
una repoblación de 850 hectáreas con pino piñonero y
alcornoques, en la que se ha utilizado el tractor todoterreno de alta estabilidad,
en sitios en que habían desaparecido la cobertura arbórea y
arbustiva a causa de incendios (ibersilva, 1995).
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