Una vez más los señores feudales se opusieron a la continuidad del régimen hereditario. Se reunió la Dieta, presidida por Adalberto, arzobispo de Maguncia, y eligió a Lotario (1125-1137), duque de Sajonia. Su reinado se caracterizó por la progresiva evangelización de los países eslavos y por las luchas no interrumpida con los Hohenstaufen, príncipes emparentados con la Casa de Franconia, que aspiraban al poder. En cuanto a la política interior de Lotario, se limitó al engrandecimiento de su yerno Enrique el Orgulloso, perteneciente a la Casa de los Güelfos (Welfs).
Pero a la muerte de Lotario, la Dieta no eligió a Enrique el Orgulloso, sino a Conrado de Hohenstaufen (1138-1152), el antiguo competidor de Lotario. Conrado era un hombre apáticoy poco inteligente; su política interior se limitó a arrancar a Enrique el Orgulloso los estados que su suegro Lotario le otorgara; no fue a Italia en los catorce años de su reinado, y su cruzada a Oriente constituyó un desastre. En su lecho de muerte envió las insignias reales a su sobrino Federico de Hohenstaufen.
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