Los tratados de Westfalia (1648) detuvieron las hostilidades pero colocaron a Alemania bajo la dependencia de los príncipes extranjeros. Los reyes de Suecia y Dinamarca formaron parte de la Dieta en calidad de señores de principados alemanes; el territorio se dividió y subdividió hasta haber más de trescientos estados soberanos. El emperador no era otra cosa que un ejecutor de las decisiones de la Dieta (Reichstag); los últimos lazos entre Alemania y Roma se habían roto definitivamente.
El rey de Francia aprovechó el desmembramiento de Alemania. El cardenal Mazarino constituyó la llamada "Liga del Rin" , que reunió a todos los príncipes deseosos de ser protegidos contra la Casa de Austria por Luis XIV.
Así durante los siglos XVII y XVIII Alemania fue el teatro de grandes guerras entre la Casa de Francia y la de Austria. La historia colectiva del Imperio desaparece. Fernando III (1637), Leopoldo I (1658), José I (1705) y Carlos VI (1711-1740) fueron los jefes de la Casa de Austria, pero, aunque emperadores de nombre, su poder no iba más allá de sus propias posesiones. Fue Federico Guillermo Hohenzollern, elector de Brandeburgo (llamado el Gran Elector), quien, en cierto modo, reconstruyó las ruinas. Obtuvo del rey de Polonia que renunciase a su soberanía sobre Prusia, reivindicó parte de Silesia y ayudó a Holanda contra el rey Luis XIV. A su muerte, el electorado de Brandeburgo había triplicado su extensión.
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