La sagacidad política de Bismarck le hizo comprender en seguida que el problema de la unidad no lo resolverían ni los liberales ni los absolutistas; que era preciso trabajar por Prusia y desde Prusia - " a sangre y fuego", decía él-, desbaratar la Confederación Germánica y est
ablecer relaciones más naturales entre Prusia y los otros Estados alemanes. Guillermo I, a quien le interesaban sobre todo las cuestiones militares, otorgó a Bismarck su confianza. Lo primero que hizo el "Canciller de Hierro" fue aliarse con Rusia para la ruina de Polonia. Después con Austria para ir contra Dinamarca. Mas, lograda la victoria común, Bismarck se aseguró la neutralidad de Napoleón III, y se anexó los ducados reconquistados. La guerra se hizo inevitable. Vencida Austria en Sadowa (1868) por el mariscal von Moltke, accedió a las pretensiones de Bismarck: disolución de la Confederación Germánica, organización de una "Confederación de Alemania del Norte" y anexión de los ducados de Prusia. Así ésta podía arreglar sus cuentas con los príncipes del Norte. A los del Sur les impuso Bismarck una alianza militar, ofensiva y defensiva. Y estalló una nueva guerra, ahora contra Francia.
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