
TRABAJO
SOCIAL Y "CRISIS" DE LAS CIENCIAS SOCIALES: EL REPERTORIO CONCEPTUAL.
Teresa
Porzecanski
Desde hace veinte años soy responsable de un librito que ya está en su
tercera edición y que se titula Lógica y relato en Trabajo Social (1) y
del cuál me hago cargo. En el marco del ya viejo movimiento llamado de "reconceptualización"
y hace dos décadas, problematicé lo que en ese momento parecía apenas
una cuestión de cuidado formal: la importancia del "relato"--comúnmente,
llamado informe--dentro del ejercicio profesional. El libro pretendía
manifestar desacuerdo con el tratamiento que se le había dado hasta
entonces al "relato": el de un instrumento accesorio, secundario,
subsidiario a la practica profesional y escondido a la sombra de ésta,
dentro de un TS que, a pesar de postular una intención
teórico-analítica, se centraba en un quehacer inmediatista.
Cito textualmente lo que
escribía en 1974: "Tradicionalmente usado pero escasamente analizado
como módulo sistematizado en forma y contenido, el relato ha quedado
relegado a un rol secundario, accesorio, complementario del "trabajo
social en sí", entendido como el "hacer directo sobre los hechos
reales". Es decir, hasta el presente y a pesar de las
reconceptualizaciones sucesivas de metodología y fines del TS, la
función del relato ha sido contar, informar, narrar, relatar los
acontecimientos de la intervención propiamente dicha".(2) El sentido
crítico de este párrafo se desarrollaba en el capítulo tercero,
invocando nuevas funciones específicas del relato dentro de la teoría y
de la práctica.
Esas funciones que
proponíamos tenían que ver con situar al relato en el centro de la
grieta entre teoría-práctica. Sosteníamos que la nueva función del
relato era trascendente y consistía en "trasladar una segmento de
realidad a un contexto de interpretación científica, punto de partida
del conocimiento de esa realidad."(3)
Si bien hay muchas
hipótesis en ese libro que hoy no suscribiría, en especial cierto
esquematismo en la forma de referir a la bibliografía, hay un todavía un
punto de partida que suscribo y que me permite hilvanar algunas de las
conclusiones del trabajo de talleres del Seminario de Paraná de 1992,
con propuestas que derivan de pensadores contemporáneos que no se habían
desarrollado hace dos décadas. Y en el entendido que no es sano reiterar
los listados de problemáticas ya consideradas por recientes encuentros y
seminarios, intento hacer un desarrollo que resulte de la confluencia de
varias líneas reflexivas.
La difícil y tal vez
rebuscada convergencia que Althusser había propuesto a fines del 60 en
la obra que por entonces era de las ineludibles en los cursos que
estudiábamos y enseñábamos(4), me había llevado a postular: "El relato
es la unidad teórico-práctica más pequeña y primera del trabajo
profesional en TS".(5) Más aún, al optar por la denominación "relato"
como sustitutiva de "informe", yo atribuía al relato no sólo una
capacidad descriptiva--que en ese momento en que no habían declinado los
paradigmas holistas, se suponía "transparente"---sino además y
especialmente, interpretativa y evaluativa.
Estas dos instancias, yo proponía incluirlas
específicamente como partes identificables del relato, y la transición
de lo descriptivo a lo interpretativo, y de lo interpretativo a lo
evaluativo, no presentaba para mí en ese momento problemas. "Se
interpreta la parte descripta en primer término sin agregar ni
distorsionar la misma, a través de un marco de referencia científico
global. Todas las disciplinas pertinentes deben intervenir en este
aspecto y es importante tener en cuenta: a) una globalización de
aspectos; b) el carácter complementario del conocimiento; c) que la
fundamentación científica es la que vale para los técnicos de un equipo
interdisciplinario;...".(6)
En cuanto a "lo evaluativo", afirmábamos que "no es lo mismo que
interpretativo" y que "en la evaluación se ponen en juego las
connotaciones valorativas, éticas e ideológicas del Servicio Social".(7)
Obviamente, antes de lo que G. Vattimo llamara "un pensamiento débil",
en su desarrollo crítico más interesante respecto de las pretensiones
totalistas y las categorías netas separadas (lo que entonces se llamaba
"la objetividad de la ciencia" en oposición a la neta "subjetividad" de
la ética y las ideologías), antes de que el pensamiento de crítico y la
analítica del discurso influenciaran el campo de las Ciencias Sociales,
la aspiración a una "interpretación objetiva" del mundo no parecía tan
impertinente como ahora parece. El afán de que la ética y los valores
evaluaran la realidad se veía como un deber, como una obligación
inscripta en el sentido mismo de cualquier profesión que se propusiera
transformar las situaciones concretas de desigualdad y carencia que
enfrentaban individuos y grupos.
No todo aparece descartable sin embargo, en esta revisión de los
planteos paradigmáticos de los 70 respecto al tema que hoy nos ocupa.
Por ejemplo, la afirmación de que el "relato" (o como se llame esa
"práctica-teórica") era lo que le otorgaba dimensión analítica a la
acción profesional y la inscribía dentro de un marco teórico y valórico
desde donde podía hacerse comparable con otras acciones y otras
situaciones, y la propuesta de que, a partir de allí podría crecer el
conocimiento teórico de lo social, fueron en su momento innovadoras, y
pueden vincularse hoy con el pensamiento crítico de las Ciencias
Sociales, y en especial con la llamada "antropología crítica".
Fue desde ese marco
también que derivó la hipótesis de que el TS tal vez pudiera crear
cuerpo teórico, un tipo de cuerpo teórico específico del TS, que por
inducción analítica y comparación, produjera pequeños "descubrimientos"
sobre cómo funcionan los microsistemas sociales en situaciones y
subculturas específicas. En ningún momento se planteaba o se aspiraba a
plantear macroteorías globales, comprensivas de toda una gama de casos.
Por el contrario, se enfatizaba la "especificidad" de la intervención
profesional como pasible de generar "especificidades teóricas".
Asimismo, se reconocía que
la investigación cuantitativista que la sociología había desarrollado
para estudiar las macrosociedades, no se adecuaba al TS. Otras
alternativas se propusieron: la investigación-participativa, la
investigación-acción, Paulo Freire y sus desarrollos, aportes de las
investigación etnográfica, etc.
Desde entonces, mucha agua
ha pasado bajo los puentes en las Ciencias Sociales, y del Trabajo
Social.
El análisis de lo que se
suele llamar "crisis" en las Ciencias Sociales es muy vasto y excede los
límites de esta ponencia. Algunos de los síntomas de la misma han sido
señalados: "comienza con el cuestionamiento profundo de las grandes
narrativas y se extiende a niveles de la proliferación de sectas
religiosas y modelos culturales que pugnan por re-definir estilos de
vida alternativos (...), una revolución en los medios masivos de
comunicación que está cambiando en forma global el modo de ver el mundo,
no sólo a través de la homogeneización de la información disponible en
cada momento, sino también a través de una planetarización coactiva de
los espacios culturales."(8)
Podríamos agregar, ciertas
conclusiones de K. Gergen:"Esta ebullición de la conciencia posmoderna
en los círculos académicos tiene su paralelo en una rica gama de
tendencias que están surgiendo dentro del ámbito de la cultura en
general (...) Reviste particular interés la pérdida de esencias
discernibles, la sensibilidad creciente ante el fenómeno de la
reconstrucción social de la realidad, el desgaste de la autoridad, el
descrédito cada vez mayor de la coherencia racional y el surgimiento de
una reflexión individual irónica."(9) Una tecnología de "saturación
social" y "la fragmentación y colonización de la experiencia del yo" son
las consecuencias de lo que Gergen propone llamar multifrenia.(10)
A todo ello debe sumarse
la responsabilidad que le cabe al desarrollo en especial de uno de los
campos de las Ciencias Sociales, el de la Antropología, en la
anticipación de esta crisis. En efecto, el concepto de "relativismo" que
se impusiera después de la Segunda Guerra, tan necesario para oponerse a
los fuertes nacionalismos, racismos y etnocentrismos de las "teorías"
sociales del Siglo XIX, y a los renovados racismos galopantes de las
postrimerías del presente siglo, fue paulatinamente extendido por el
historicismo de Foucault y la deconstrucción de Derrida, entre otros, a
su postura más extrema, a través de la lingüística y la semiología, y
comienza a tener un papel preponderante en los pensadores
contemporáneos.
Los estudios de campo respecto de las diversidades culturales, ya sea en
los márgenes de Occidente, en la declinación de los proyectos
colonialistas, o en el seno mismo de las "sociedades complejas", urbanas
y densamente pobladas, sin descartar el estudio de los espacios rurales
tradicionales, proveyeron de iniciativas teóricas y metodológicas que,
con el tiempo, impregnaron todo el campo de análisis de los fenómenos
socio-culturales de una fuerte impugnación de los propios discursos
disciplinarios.
Lo que se había llamado, por ejemplo, en otras épocas, "la razón de ser
de la Antropología", o sea esa especie de viaje iniciático por el cual
un académico "bien pensante" de Occidente--léase humanista, estudioso
del bagaje teórico elaborado por la filosofía y la ciencia en los
últimos cinco siglos---se sumiría en esa "otredad" de los otros,
rezagados en la civilización, residuos en vías de extinción de pueblos
no totalmente aculturados, hoy culmina a través de las corrientes
postestructuralistas, simbolistas, interpretativistas, hermenéuticas,
interaccionistas y otras, en un cuestionamiento agudo del propio
discurso disciplinario.(11)
Aquí es cuando la
relativización extrema del relato disciplinario de las Ciencias
Sociales, si bien permite la entrada de los diversos "discursos del
nativo"---eufemismo usado por C. Geertz para referir a sujetos diversos
representantes de encuadres étnicos, ocupacionales, etários, de género,
u otros reconocibles por niveles de ingreso, minorías, subculturas, o
agrupamientos basados en la identidad--y apunta en última instancia a la
polifonía, por otro lado, renuncia de hecho al objetivo de proponer o de
convencer, desde su propia perspectiva, y renuncia también a sostener
"verdades sustanciales".
Deconstrucción,
perspectivismo, constructivismo, pérdida de los perfiles disciplinarios
y hasta del objeto de estudio (en el sentido que explica I.C. Jarvie
(12) pues el objeto está siendo analizado e interpretado por múltiples
campos que antes no se ocupaban de "lo social"), todo conlleva a lo que
se ha denominado géneros desdibujados (13), categoría a la que no es
ajeno el Trabajo Social y su repertorio conceptual en búsqueda de
transformación.
En este sentido, parece
pertinente recordar una de las recomendaciones que hiciera Nidia Aylwin
al cierre del Seminario de Paraná: "tendríamos que asumir un propósito,
un compromiso, de cambiar nuestro lenguaje....". También propone "el
enriquecimiento de nuestro lenguaje con conceptos que surgen de nuestra
propia práctica a través de una construcción..."(14) Agregaría a esto
una precisión de mi propia cosecha: se trata de una transformación del
discurso profesional del T.S. lo que implica algo de lo que hemos venido
haciendo durante los últimos tres o cuatro años, una impugnación, un
pensar el discurso profesional en sí mismo, como producto elaborado a
partir de una sucesión de adecuaciones y condicionantes históricos y
contextuales, y dentro de un marco en que la construcción de ese
discurso profesional pueda analizarse en relación a otros discursos
profesionales.
Retomo aquí el esbozo que
hice con respecto a un par de ideas que había planteado hace dos décadas
y que me propongo hoy resemantizar dentro de la línea de pensamiento que
hemos sugerido. Al término "relato", entendido como conexión mínima
entre teoría y práctica, entendido como "práctica profesional" tan
imprescindible como la tradicional "intervención"---("el relato es
intervención profesional")(15)---y sostenido como trascendencia de aquel
empirismo crudo que caracterizaba al TS en sus comienzos, y del que
también el movimiento de Reconceptualización quiso escapar, lo
inscribiría hoy día dentro del discurso profesional de TS y con las
competencias y relatividades que le atañen en tanto tal.
Podría entonces pensarse
que la producción de conocimiento en TS consiste, desde esta
perspectiva, en una transformación del discurso profesional,
transformación que se aboca a la incorporación, resemantización o
refuncionalización de categorías y conceptualizaciones que den cuenta de
parámetros y dimensiones que parecen ahora relevantes en la definición
de las microsituaciones sociales problemáticas concretas con las que
trabajamos en nuestras sociedades locales o regionales específicas. A su
vez, esta transformación supone una decantación y un descarte de
conceptos y generalizaciones que, si bien pueden haber servido en el
pasado, hoy resultan claramente insuficientes para dar cuenta de la
nueva mirada sobre lo social.
Es el discurso profesional del TS el que se propone "ordenar", a través
de un repertorio conceptual que busca clasificar, relacionar,
categorizar y comparar, la elaboración de un sentido construido para la
realidad que se nos aparece nuevamente como "desorden".(16) Es el
discurso de los sujetos, el que codifica el sentido que el mundo tiene
para ellos y para nosotros, los académicos. Es el análisis de esos
discursos, elaborado a partir de los restos, pedazos, aspectos parciales
y reinvenciones de los paradigmas holistas tradicionales, el que
contribuye a la transformación del discurso profesional, discurso que no
aspira ya, a explicar "todo lo real" bajo una concepción plenamente
coherente y sin contradicciones.
Nunca como ahora las
pretensiones respecto de la producción de conocimiento social han sido
más prudentes.
Cada disciplina social se propone, sola y en montajes inéditos con
otras---donde aparecen también campos en que lo social y lo natural
vuelven a entretejerse: ecología, etología, biosociología---problematizar
sus paradigmas aceptados y codificados en el pasado, recorriendo la
historia de su construcción y las instancias que explican los entramados
de condiciones que merecieron su vigencia. Ello implica poner en tela de
juicio para cada campo profesional, sus propias generalizaciones
simbólicas, sus propios modelos y soluciones ejemplares(17)
constitutivas de sus paradigmas más característicos.
Este proceso de "desestereotipamiento",
o "descongelamiento" de las consignas académicas e ideológicas, es el
que ocupa ahora a muchas disciplinas. Las metodologías de investigación
atraviesan igualmente estos procesos de re-construcción,
fundamentalmente aquellas que derivan de la escuela boasiana, y que
suelen llamarse "cualitativas" comienzan a ganar cierto reconocimiento
dentro del campo general de las Ciencias Sociales. Lo cuál no quiere
decir que no presenten en sí mismas problemáticas arduas y grandes
limitaciones tanto en cuanto a su aplicación como a la codificación de
sus resultados.
Asimismo, el recorrido que
uno puede hacer de su historia y de sus derivaciones específicas para el
TS a partir de los años 70, revela una gradual transformación de sus
supuestos en cuanto a que comienzan a incorporar en su seno las
atribuciones y los disensos provistos por el pensamiento crítico en las
Ciencias Sociales. Desde la consideración, primaria, de que su carácter
empírico como valor primordial que las colocaba por encima de otras
formas de investigación, hasta la actual consideración de que es la
incorporación del discurso del otro lo que más las legitima y las opone
a sus otras. En esta trayectoria, se advierte un proceso en el que
gradualmente el discurso del investigador pierde centralidad, en
relación a las narrativas que incorporan en alguna medida lo que Geertz
ha bautizado como "el discurso del nativo", según anotado.
Esta renovada impugnación
del etnocentrismo (léase "autoritarismo") de los paradigmas de la propia
Ciencia Social, motiva nuevas clasificaciones para la descripción.
Autores como Spradley(18) distinguen entre "descripciones
etnocéntricas", "descripciones reguladas por las teorías de las Ciencias
Sociales pero que en alguna medida traducen e interpretan el discurso de
los otros" y "etnografías estandarizadas", entre otras formas de
discurso descriptivo.
Escribe: "Hacer preguntas, escuchar conversaciones, entrevistar, tomar
notas de campo, analizar los datos, escribir esquemas, y finalmente
escribir una monografía final, todo ello involucra palabras, frases, y
más que nada, significados." Este énfasis en la relación sígnica, y en
el significado atribuido por los "sujetos estudiados" a la realidad a
través de sus discursos, es resultado de la creciente relativización y
descentralización estimuladas por el discurso académico, y por los
propios académicos que se cuestionan respecto del "autoritarismo" de su
propio "saber".
También, la sociedad
contemporánea, urbana, densamente poblada, ha generado multiplicidad de
discursos que se superponen y relegan al discurso académico a una nueva
marginalidad: el publicitario, el propagandístico, el informativo en
prensa escrita o visual, el discurso icónico, los diversos discursos
políticos, todos ellos han logrado desplazar el discurso
académico--verbal, abstracto, y por eso mismo "esotérico"--a recintos
periféricos. El análisis de esta pérdida general y ostensible de poder
del discurso académico y por lo tanto de su "veracidad" en cuanto a
delinear proyectos y acciones que implican altos de niveles de
participación comunitaria, no ha sido suficientemente considerada.
Sin embargo, en favor de las Ciencias Sociales debe reconocerse que esa
retirada de las verdades absolutas, de los verticalismos con los que se
"ilustraba" a los "legos", por parte de los "iluminados" académicos
"bien pensantes", constituye también un acto de principios, un acto de
ética que opta por la modestia y el replanteamiento de algunos puntos de
partida en cuanto a la relación entre el conocimiento académico y la
vida social misma. La nueva marginalidad del discurso académico, y su
"simplificación" en aras de la divulgación que se proponen ciegamente
los mass-media constituyen temáticas prioritarias en la revisión y
transformación del repertorio conceptual del Trabajo Social.
T. Porzecanski
REFERENCIAS.-
1.-Porzecanski, Teresa.
1974. Lógica y relato en Trabajo Social, Editorial Humanitas, Buenos
Aires. 2? edición corregida, Editorial Humanitas, Buenos Aires, 1984.
2.-Ibid. pp.49.
3.-Ibid. pp.51.-
4.-Althusser, Louis. 1967.
La revolución teórica de Marx. Siglo XXI, México.
5.-Porzecanski, T. Op. cit.
6.-Ibid. pp.58.-
7.-Ibid. pp.59.-
8.-XIV Seminario
Latinoamericano de Trabajo Social, Paraná, Argentina, Agosto de 1992.
Conclusiones del Taller N?4.
9.-Gergen, Kenneth.1992.
El yo saturado, dilemas de identidad en el mundo contemporáneo.
Editorial Paidos, Buenos Aires.pp.38.-
10.-Ibid. pp.37.-
11.-Reynoso, Carlos.(Comp).1991.El
nacimiento de la Antropología Postmoderna. Editorial Gedisa, México.
12.-Jarvie,I.C. 1987.Epistle
for the anthropologists. En Perspectives in Cultural Anthropology,
Herbert Applebaum (Ed).
State University of New York Press, Albany, N.Y.1987. pp 527 y sig.
13.-Gergen, K. Op. cit.
pp. 152.
14.-XIV Seminario
Latinoamericano de Trabajo Social, Paraná, Argentina, Agosto de 1992.
15.-Porzecanski,T. Op. Cit.
16.-Balandier, Georges.1990.El
desorden. La Teoría del Caos y las Ciencias Sociales. Ed.
Gedisa,Barcelona.pp.11.
17.-Khun, T.1977. The
essential tension. Selected studies in Scientific Tradition and Change.
The University of Chicago Press, Chicago.
18.-Spradley, James P.1979. The ethnographic interview. Holt, Rinehart
and Winston, N.Y.