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Estrellas Gigantes Rojas |
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Las estrellas no son estables, en realidad. Sólo lo
parecen porque en comparación con nosotros viven mucho mas. Desde que
nacen del gas cósmico hasta que mueren, sus núcleos se van contrayendo
constantemente. Para impedir el colapso total, la estrella debe hallar
siempre nuevas fuentes de energía que le alarguen la vida. Las fuentes químicas
pueden mantener la vida de una estrella sólo unos veinte millones de años...
mucho, comparado con una vida humana, pero poco en términos cosmológicos.
La combustión nuclear del hidrógeno puede mantener una estrella de masa
similar a la del Sol millones de años, y la combustión de otros
elementos como el helio puede alargar el período. Las estrellas parecen
estables durante su época de combustión nuclear,. pero, en realidad,
siguen contrayéndose, aunque muy despacio A final, mueren por la presión
implacable de la gravedad y porque toda fuente de energía es finita. Sí, así es: una estrella también muere. En astrofísica,
empleando las leyes de la física nuclear y de la termodinámica, se puede
describir una imagen de los últimos años de una estrella. Cuando el hidrógeno
del núcleo de una estrella se ha convertido en helio, el equilibrio de
sustentación de ella desaparece y el pequeño núcleo (que es,
aproximadamente, sólo una centésima parte de la estrella) empieza una
contracción, debido a la gran presión que es generada por las capas
gaseosas externas de la estrella. Esta presión de origen gravitatorio no
sólo calienta al núcleo, sino que también a las capas exteriores y,
como aún ellas todavía pueden contener hidrógeno, éste entra en una
feroz combustión. Mediante la compleja interacción de procesos de
transferencia de energía, se expanden las capas exteriores, dilatando
hacia fuera la superficie de la estrella. Durante el último proceso
descrito, la estrella se dilata adquiriendo un tamaño varias veces mayor
que el original y se vuelve roja, debido a que, al expandirse, las capas
exteriores se han enfriado y, al nivel bajo de temperatura que se da, los
gases, en vez de mantener su color blanco, se colorean de rojo. A ese tipo
de estrellas (un diminuto núcleo caliente rodeado de un gran envoltorio
de gas sometido a altas temperaturas) se les conoce como «gigantes rojas».
Citaremos como ejemplos de este tipo de estrellas a Alfa Cruz, Póllux y
Arturo. Lo anteriormente descrito representa sucintamente una
parte de los procesos secuenciales que sufre una estrella durante su
existencia. Prácticamente, todo el período de vida de una estrella se
desenvuelve dentro del balance entre la fuerza de gravedad, que trata de
comprimir la estrella, y las presiones de los gases, que procuran
equilibrar a la estrella. En casi toda su existencia, estas dos fuerzas se
encuentran balanceadas. Una estrella genera la transmutación de hidrógeno
en helio en el centro de ella, en su núcleo. Cuando el primero de los
combustibles nombrados se agota, el balance que anteriormente hemos
mencionado se perturba, la presión de los gases baja en contraparte al
aumento de la fuerza de gravedad. Así, el centro de la estrella se
contrae, se presiona al núcleo y se libera energía gravitatoria que
calienta los gases, proviniendo, por un corto tiempo, una nueva
estabilidad transitoria para el astro. Estructura interna de una estrella en la secuencia
principal y la rama gigante. Mientras la estrella transmute hidrógeno en
helio en su núcleo su estructura será muy estable y gastará en este
estado cerca del 90% de su vida. Las estrellas de gran masa lo gastan mas
rápido; las pequeñas muy lentamente. Al agotar el hidrógeno la estrella
contrae el núcleo e inicia la expansión de sus capas externas.
Transmutará hidrógeno en helio en una cáscara entorno de un núcleo
inerte de helio. Pero el núcleo continúa y continúa comprimiéndose
hasta alcanzar una densidad de unas mil veces superior a la original; su
temperatura, siempre hacia arriba, llegando a alcanzar los cien millones
de grados Kelvin. A esos grados de temperatura, comienza dentro de la
estrella, un nuevo proceso de combustión. Los núcleos de helio de su
centro se funden formando un elemento más pesado, carbono y, a su vez, la
estrella empieza a contraerse con el objeto de volver a encontrar su
equilibrio. El núcleo de la estrella, con la energía recién hallada
procedente de la combustión del helio y su transmutación en carbono, ha
dado a la estrella un nuevo período de vida. Pero no será por mucho
tiempo. Lo que viene después del rito mortuorio que viven
las estrellas depende, en primer término, de la masa total que comportan.
Las capas exteriores pueden ser suficientemente grandes para continuar
comprimiendo al núcleo y calentándolo aún más, o pueden no serlo. En sus etapas colapsantes, las estrellas gigantes rojas van experimentando pérdidas de masa de sus superficies. En la etapa en que han agotado el helio disminuyen la actividad termonuclear en sus núcleos y de nuevo disminuyen la resistencia a la gravedad, contrayéndose y produciendo un nuevo calentamiento que volverá a dilatar las capas superiores de las estrellas, aumentando su luminosidad y su radio. En este punto de acontecimientos estelares, las estrellas entran a una segunda fase de gigantes rojas, contraen su región central y arrojan al espacio, a través de un poderoso viento estelar, las capas más externas, dando origen a un tipo de estrella que se llama Nebulosas Planetarias. Estructura interna de una estrella al encender el
helio en el núcleo, al final de la fase de gigante roja y estructura
interna cuando la estrella agota el helio en el núcleo y asciende
nuevamente a la zona de las gigantes rojas ahora en la llamada rama asimptótica.
Al encender el helio en el núcleo la estrella obtiene una fuente
adicional de energía que le permite vivir por algunos años. Al agotar el
helio la estrella vuelve a contraer el núcleo y expandir sus capas
externas, transformándose nuevamente en gigante roja. Sólo las estrellas
de gran masa logran encender el núcleo de carbono. Aquí, es bueno hacer un paréntesis para precisar
algunas cosas que pueden quedar algo confusas o también en el tintero y
que tienen relación con la masa de las estrellas en su fase final de
vida. La verdad es que en astrofísica se da, hasta ahora, la condición
de tener una línea divisoria muy poco precisa para la masa que se
requiere para que se den ciertas condiciones estelares en la etapa de vida
final de una estrella. No se han logrado construir todavía modelos lo
suficientemente sofisticados como para que contengan todas las
complejidades físicas que se involucran en eso. Un valor
aceptado por muchos es considerar que las estrellas inferiores a 6M no se
calientan lo suficiente como para conseguir la fusión total del carbono y
el oxígeno en el núcleo. En ese escenario, el desplome del núcleo, por
lo tanto, continúa hasta que un nuevo tipo de presión equilibre los
efectos gravitatorios. Este tipo de presión se llama «presión de
electrones degenerados».
La presión
de electrones degenerados es una consecuencia de la mecánica cuántica,
precisamente del «principio de exclusión». Aunque nos referiremos con
un mayor espacio sobre ese principio en las separatas correspondientes a
las estrellas enanas blancas y de neutrones, su enunciado básico es el
siguiente: una cantidad de electrones dada encerrados en un espacio dado,
al hacerse presión sobre ellos tienden a moverse a velocidades mayores
que las iniciales. Esto no tiene nada que ver con la temperatura, puede
ser pareja o cero absoluta y los electrones deben continuar moviéndose.
Este movimiento constante de los electrones produce una presión la cual
es incrementada por la densidad; así, lo que importa es la densidad de la
materia. Sí su masa es mayor que seis veces la del Sol, la
compresión y recalentamiento del núcleo provocará una segunda etapa de
nucleosíntesis con los núcleos de helio, estado posterior del hidrógeno
después de su fusión, concentrados al interior del núcleo de la
estrella. En esas condiciones de masa y de núcleo, el equilibrio hidrostático
para que la estrella pueda ser soportada por la presión de los gases, se
da con el aumento de la temperatura interior. Por ello es que mientras más
masiva sea una estrella, mayor es la temperatura en su núcleo. Ahora, el
nivel de altas temperaturas que se dan en este tipo de estrella en esta
fase de evolución también permite la fusión del helio en carbono y,
agotado el helio, contraer el núcleo y elevar de nuevo la temperatura
para que se inicien reacciones nucleares que transmuten el carbono
12 en oxígeno 16, luego en neón 20; magnesio
24; silicio 28, que le sirve como nuevo combustible
nuclear; azufre 32, etc. hasta dejar como último residuo a
un núcleo de hierro 56. Un átomo de hierro 56 es el que
tiene la masa mínima por partícula nuclear, esto es, la energía mínima. Ahora bien, los procesos de fusión que hemos
descrito ocurren en todas las capas de la estrella, pero no ocurren en el
núcleo por ser de hierro el cual se encoge por no contar con energía. Cerrado el paréntesis. Si el colapso final no es
evitado por otra etapa de combustión nuclear, en que la estrella utilice
el carbón y el oxígeno como combustible, se transformará en nebulosas
planetarias, cuyos halos de materia estelar se irán dispersando en el
espacio y dejando ver lentamente el núcleo de la estrella, inicialmente
muy caliente, y que se irá enfriando para dar origen a un tipo extraño
de estrella que se conoce como «enana blanca», formada por átomos
degenerados de helio altamente condensados y de un diámetro muy semejante
a la Tierra (unos 10.000 km.). La primera fase de gigante roja que sufren aquellas que superan el límite de seis veces la masa del Sol, es semejante a la que hemos descrito para aquellas que no cuentan con una masa tan grande, pero éstas al contar con un mayor volumen estelar tienen más procesos de nucleosíntesis que los que se estiman para aquellas que son menores. Ello se da así, debido a la compresión y recalentamiento que sufre el núcleo de helio que se ha formado durante el proceso de fusión del hidrógeno de estas estrellas mayores. Encendido el helio que se encuentra en su interior, las capas exteriores tienen masa suficiente para mantener la presión sobre el núcleo de forma que éste siga comprimiéndose y, en consecuencia, calentándose. La temperatura que se genera es elevadísima, tanto como para que se generen nuevos procesos de combustión nuclear. Núcleos de carbono se funden en forma violenta y no tardan en generar la sintetización de elementos aún más pesados. Luego, el interior de la vieja estrella empieza a presentar distintas capas claramente diferenciadas. En las exteriores se puede encontrar hidrógeno y helio; que son los elementos más ligeros; en las capas medias, se alojan carbono y helio; y más hacia el interior se hallan elementos más pesados: oxígeno, magnesio, silicio, azufre, etc., hasta llegar al hierro, que es el más pesado de los elementos que se pueden formar en una estrella a través de una normal combustión nuclear. El hierro es el elemento más común dentro del núcleo
de una estrella de este tipo. Pese a que éste no es el elemento más
pesado, si tiene la particularidad de no sufrir combustiones nucleares. El
hierro viene a ser como las cenizas residuales de esa combustión, no hay
medio de extraer energía de la unión en fundición de núcleos de
hierro. Realmente no tenemos conocimiento claro, que sucede dentro del
proceso que se genera en esta etapa de la vieja estrella. Pero si se
considera probable que una vez que se han sintetizado cuantías lo
bastante grandes de hierro en el núcleo , cesa la combustión nuclear, la
presión que impedía el colapso gravitacional de la estrella desaparece
en forma abrupta y ésta sufre un catastrófico desenlace. Su gran masa
que se encontraba impedida de colapsarse hacia su centro durante miles de
millones de años, lo hace ahora, en segundos, desatando una brutal
explosión cuyo brillo se reconoce como igual al producido por mil
millones de soles. En ello, la estrella ha tenido una producción energética
equivalente a toda la energía que produjo durante toda su existencia
normal. Si una de nuestras estrellas vecinas sufriese una de estas
explosiones de supernovas (ninguna parece destinada a hacerlo salvo quizá
Sirio) aparecería en el cielo como un segundo Sol, tan brillante como el
nuestro, y su radiación nos calcinaría. Cuando se colapsa una estrella de gran masa por sobre
seis veces la del Sol se crean condiciones extremas. Se generan presiones
y temperaturas grandísimas, tanto así como que se dan, después del
colapso, transmutaciones nucleares en la corteza de la materia que
explosiona dando vida a elementos más pesados que el hierro. Elementos
tales como níquel, plata, oro, uranio, etc. se crearon en estas
explosiones de supernovas y fueron eyectados hacia el espacio, convirtiéndose
algunos, con el tiempo, en parte de nuevas estrellas. La mayoría de los
elementos que encontramos en la Tierra, sabemos también que se forman en
las estrellas, pero un elemento especialmente pesado, el tecnecio, es
radiactivo, con una vida media de 200.000 años, lo suficientemente breve
para suponer que se desintegró todo aquí, en la Tierra, se ha podido
detectar espectro gráficamente en las gigantes rojas, lo que viene a ser
como una evidencia dura de que las estrellas crean elementos nuevos. El siguiente paso de este rito mortuorio estelar es
la eyección hacia el espacio de las capas superiores de la estrella junto
con el viento de neutrinos (detectado en la SN 1987) que sale disparado y
que se genera por las reacciones nucleares del núcleo que se colapsa. Se
ha logrado estimar que en este proceso, la estrella llega a perder hasta
el 90% de su masa original. Ahora, qué pasa con el resto de la estrella. Existe
casi unanimidad entre los físicos que en el núcleo, que es el residuo de
la supernova, la materia adquiere condiciones distintas a la que
comportaba, ya que adopta un nuevo estado: el de una «estrella de
neutrones». La existencia en el universo de estos enigmáticos astros ya
fue propuesta teóricamente en el año 1933, por los astrofísicos Fritz y
Baade, e independientemente, por el físico ruso Lev Landau. Pero veamos
que es una estrella de neutrones. Las estrellas que en su fase de gigantes rojas
sobrepasan en tamaño unas seis veces la masa del Sol, la sola combustión
del helio generado por la anterior transformación del hidrógeno, no
soporta a la estrella. Los principios del equilibrio hidrostático nos señala
que a masas mayores, la presión de los gases de sustentación incrementan
la temperatura interior. Las estrellas muy masivas tienen altísimas
temperaturas en sus núcleos. Son estas altas temperaturas las que, a
final de cuentas, posibilitan que la estrella se siga sosteniendo, ya que
ellas son las que van a permitir la fusión de núcleos cargados con más
protones, ya que si no fuera así ellos se repelarían salvo que se
movieran a grandes velocidades. Mientras más masiva sea una estrella, más
posibilidades tiene de fusionar núcleos cada vez más pesados. Las altas temperaturas internas que se generan en
este tipo de estrellas, después de haber pasado lo que se llama fase de
la rama asimptótica, va a ser al final la causante de que se encienda el
carbono del núcleo transformado desde el helio, pese a que se dio C-O, e
impidiendo que colapsen en enanas blancas. El núcleo llega a ser tan
caliente como para que el carbono se fusione en neón, y el oxígeno en
azufre y silicio. Finalmente, el silicio se fusiona en hierro. Cada vez se
van dando elementos más pesados que van hundiendo al centro de la
estrella donde la temperatura es los suficientemente alta como para que
siga habiendo fusión nuclear. Entonces, se constituye una estrella
conformada de residuos y estructurada en forma de "pliegues o capas
de cebolla" de la siguiente forma: 1.- Capa exterior de hidrógeno. 2.- pliegues interiores de helio. 3.- carbono/ oxígeno. 4.- oxígeno/ neón/ manganeso. 5.- azufre /silicio, y 6.- un núcleo
central de hierro. En cada una de las capas o pliegues de la estrella se
van produciendo fusiones nucleares simultáneas, salvo en el núcleo que
se encuentra impedido de conseguir energía por estar formado de hierro.
Sin energía, el núcleo de hierro comienza a encogerse y la estrella a
agonizar. Una estrella, que debido a su tamaño, llegó a la
situación que hemos descrito, en menos de un día, el silicio que quema
produce tanto hierro en el núcleo que este excede en tamaño al límite
de Chandrasekhar (1,44 M. S). Ahora, como el núcleo de hierro solamente
tiene su base de sustentación en electrones degenerados, ya que no tiene
energía propia, al sobrepasar las 1,44 masas solares procede a
derrumbarse. Lo que frena el colapso gravitatorio en una enana
blanca es la presión de Fermi de los electrones, pero si la gravedad es
lo bastante fuerte como la que se da en aquellas estrellas agónicas con
una masa M = >6M estallan en supernovas, entonces los electrones se
comprimen hasta desplomarse sobre los protones (partículas que se hallan
en el núcleo atómico) y los convierten en neutrones (también
constituyente del núcleo). Los neutrones, al igual que los electrones,
obedecen al principio de exclusión de Pauli: no se pueden poner dos
neutrones en el mismo estado uno encima del otro. Lo que compensa la
fuerza gravitatoria y estabiliza a la estrella de neutrones es la
resultante de la presión neutrónica de Fermi. Que notable y admirable resulta la evolución de las estrellas. Formadas casi completamente de hidrógeno y helio, y desprovistas totalmente de elemento tan vitales para la vida como son el carbono, oxígeno, nitrógeno, hierro, etc.; sin embargo, todos ellos se van produciendo en el interior de las estrellas en las diferentes etapas de la vida de éstas y son dispersados a lo largo del espacio por los sucesos explosivos que experimentan las estrellas en las fases finales de sus existencias. Nosotros, los humanos, no estamos excluidos de haber sido beneficiados en nuestra constitución por elementos que inicialmente fueron procesados dentro de las estrellas.
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