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Nacimiento del Sistema Solar |
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Por muy impresionante que sea las imaginables
profundidades del universo, y por pequeña que pueda ser la tierra
comparada con el mismo, vivimos en nuestro planeta, y a él hemos de
volver. Desde los tiempos de Newton se ha podido especular
acerca de la creación de la tierra y el sistema solar como un problema
distinto del de la creación del universo en conjunto. La idea que se
tenia del sistema solar era el de una estructura con unas ciertas características
unificadas. 1ª Todos los planetas mayores dan vueltas alrededor
del sol aproximadamente en el plano del ecuador solar. En otras palabras:
si preparamos un modelo tridimensional del sol y sus planetas,
comprobaremos que se puede
introducir en un cazo poco profundo. 1ª Todos los planetas mayores giran en torno al sol
en la misma dirección, en sentido contrario al de las manecillas del
reloj, si contemplamos el sistema solar desde la estrella polar. 3ª Todos los planetas mayores (excepto Urano y,
posiblemente Venus) efectúan un movimiento un movimiento de rotación
alrededor de su eje en el mismo sentido que su revolución alrededor del
sol, o sea de forma contraria a la de las manecillas del reloj; también
el sol se mueve en tal sentido. 4ª Los planetas se hallan espaciados a distancias
uniformemente crecientes a partir del sol y describen orbitas casi
circulares. 5ª Todos los satélites con muy pocas excepciones
dan vueltas alrededor de sus respectivos planetas en el plano del ecuador
planetario, y siempre en contrario al de las manecillas del reloj. La regularidad de tales movimientos sugirió, de un modo natural, la intervención de algunos procesos singulares en la creación del sistema en conjunto. La
astronomía es la ciencia que estudia el origen, el desarrollo y la
composición de los astros, y las leyes de su movimiento en el universo. Según
el fin que se persiga en el estudio de los astros la astronomía se puede
dividir en varias ramas diferentes: la astronomía práctica, que estudia
los aparatos y técnicas precisos para el desarrollo de las demás ramas
de la astronomía; la cosmogonía, que, del estado actual del universo,
infiere cual fue su origen y cómo ha evolucionado; la astrofísica, que
investiga la constitución y propiedades físicas y químicas de los
componentes del universo; la astronomía esférica o de posición, que
tiene por objeto establecer sistemas de coordenadas que permitan fijar las
posiciones de los astros; la mecánica celeste, que estudia los
movimientos de los astros en relación con las causas que los producen
(fuerzas), y, apoyándose en la astronomía esférica, calcula las órbitas
y trayectorias que seguirán los astros, o la posición de ellos en un
determinado momento del pasado. Para
la observación e investigación de los astros se utilizan muchas técnicas
diferentes y, por lo tanto, podemos también dividir la astronomía según
el método o la técnica utilizada en dicha investigación: la astronomía
visual es la más antigua de todas, ya que se realiza directamente o con
telescopios; la astronomía fotográfica complementa a la anterior
mediante información plasmada en fotografías del cielo; la astronomía
espectroscópica utiliza el análisis espectral de los astros (cada
elemento tiene su espectro característico) para obtener la composición
química de éstos; la radioastronomía estudia las ondas de radio
emitidas por los cuerpos celestes; la fotometría estelar se encarga de
medir la intensidad luminosa de los diferentes cuerpos de esta naturaleza,
principalmente estrellas; la astronomía geodésica, topográfica o náutica
son otros tipos menos importantes. La
astronomía:
Es una de las ciencias más antiguas del ser humano, ya que se tiene
constancia de su existencia desde que las primeras civilizaciones (Babilónica,
Egipcia, India, Fenicia, China...) empezaron a poblar el planeta, en torno
al 4000 a. C. (hace, por lo tanto, más de 5000 años.) Aunque
la técnica de la que estos primeros pueblos disponían no era la adecuada
para obtener conocimientos profundos en este tema, ya que todavía no
disponían de los telescopios que el avance de la técnica proporcionaría
más tarde, si les servía para conocer la dinámica de los principales
cuerpos celestes en el cielo (el Sol, la Luna, Mercurio, Venus, Marte, Júpiter,
Saturno y las estrellas de la bóveda celeste.) En
Mesopotamia, entre los diversos pueblos que dominaron esta región desde
el 4000 a. C. hasta el siglo VI d. C. (unos cuarenta y ocho siglos de
historia), destacó la civilización babilónica (en especial el pueblo
caldeo) que, como hemos comentado antes, fue una de las primeras en
desarrollar ampliamente esta ciencia. Los babilonios y sumerios ya conocían
muchas constelaciones en torno al 3000 a. C., e incluso, algunos siglos
después, dispusieron de un calendario basado en las regularidades de los
movimientos de diferentes astros del cielo. Fueron, de hecho, los
babilonios de la ciudad de Ur los que, en el año 2238 a. de C.
registraron un eclipse de Luna, el primero del que tenemos constancia
escrita. Los primeros astrólogos aparecieron también en Mesopotamia, con
la misión de estudiar los movimientos de los astros en el cielo y, basándose
en ellos, realizar augurios para los reyes. La historia de la astrología
está tratada con más profundidad en el reportaje El fraude de la
astrología. El
pueblo maya (situado en América Central), que alcanzó su esplendor entre
el siglo III a. C y el IX de nuestra era, también destacó por sus
conocimientos astronómicos; de hecho, todavía siguen sorprendiendo a los
científicos actuales. El calendario solar maya resultó ser el más
preciso hasta la implantación del sistema gregoriano en el siglo XVI en
los dominios cristianos. Además, todas las ciudades del periodo clásico
(tales como Palenque, Tikal, Copán, etc.) están orientadas respecto al
movimiento de la bóveda celeste. Muchos edificios fueron construidos con
el propósito de escenificar fenómenos celestes en la Tierra, como el
templo de Kukulcán, en Chichén Itzá, donde se observa el descenso de
una serpiente del mismo nombre formada por las sombras que se crean en los
vértices del edificio durante los solsticios de verano e invierno. Las
cuatro escaleras del edificio suman 365 peldaños, los días del año. En
varios códices de la época y en numerosas estelas se encuentran los cálculos
de los ciclos de la Luna, del Sol y de Venus (asociado por ellos al dios
de la lluvia), así como tablas de periodicidad de los eclipses. Otra
cultura centroamericana, la azteca (situada más al norte que la maya),
desarrolló conocimientos similares a los de la anterior durante unos dos
siglos, antes de la conquista española. Disponían de calendarios
relacionados con los movimientos que observaban sistemáticamente en el
cielo, así como con su mitología. Los
egipcios también fueron un pueblo con conocimientos astronómicos; pero
no desarrollaron este campo tanto como los babilonios. Un claro ejemplo es
la pirámide de Keops, cuyos ángulos quedan orientados a los cuatro
puntos cardinales; además, los conductos de ventilación de la cámara
real de la pirámide apuntan uno a la estrella Polar y el otro a Sirio (en
una determinada época del año). Muchos de los dioses egipcios estaban
relacionados con la bóveda celeste: Shu, el dios de la atmósfera; su
hija Nut, la diosa del cielo, etc. Además, los faraones se denominaban
"hijos del Sol". Por su parte, los astrónomos chinos realizaban cartas celestes para la dinastía reinante, en las que reflejaban las constelaciones del Zodíaco, los equinoccios y los solsticios y otras configuraciones de los planetas y la Luna.
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23. Agosto.
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