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CAPÍTULO III
LA INVASIÓN
01.-
La invasión.
02.-
La expedición conquistadora.
03.-
En la isla Puná.
04.-
La suerte de Ginés y Molina.
05.-
La primera mujer blanca.
06.-
La rebelión de los isleños.
07.-
La batalla de Tumbes.
08.-
La vieja ciudad de Tumbes.
09.-
La estadía de Pizarro en Tumbes.
10.-
La marcha hacia Piura.
11.-
Otras versiones sobre la ruta de Pizarro.
12.-
Tumbes pudo ser la primera ciudad española.
13.-
La fundación de un tambo en Paita.
14.-
La cruz de la conquista.
09.- Estadía de Pizarro
en Tumbes
Tanto Soto como Benalcázar (algunos
cronistas lo llaman Belalcázar) habían traído gente de Nicaragua.
Entre ellos venían no sólo españoles, si no también negros esclavos
e indios nicaraguas. Benalcázar había invertido hasta el último
centavo en equipar un barco, enganchar 30 soldados y adquirir seis
caballos y a los indios auxiliares. Llegó a engrosar las huestes de
Pizarro cuando éste se encontraba hacía varios meses en el pueblo de
Coaque (en Ecuador), con casi toda la gente en un deplorable estado,
atacados de verrugas. Benalcázar puso muchas condiciones a Pizarro
por su participación, que éste se vio obligado a aceptar. Con este
refuerzo, los españoles pudieron seguir viaje a la isla Puná.
Cuando toda la tropa desembarcó en
Tumbes, los españoles procedentes de Nicaragua sufrieron gran
desilusión, pues se había imaginado que iban a encontrar oro en
abundancia tan pronto pusieran la planta en el Imperio de los Incas.
Por eso habían dejado el pobre país que habían conquistado en la
América Central, pero en donde al menos disfrutaba de ciertas
comodidades; movidos sólo por una ambición, En Tumbes empezaron a
murmurar y algunos hasta hablaban de regresar. De acuerdo a la
versión que da el historiador Juan José Vega en “La Guerra de los
Viracochas” fueron 16 soldados que retornaron a Nicaragua y también
dos sacerdotes. Pero el citado historiador seguramente en base a lo
relatado por Pedro Pizarro expresa: “Hernando de Soto sigue
inquieto, y empieza a tramar un motín con su gente de mayor
confianza”.
Don Manuel de Mendiburu, al referirse a
Soto en su Diccionario Histórico Biográfico, se expresa en la forma
que sigue: “Hecho el desembarco en Tumbes, Pizarro envió a Hernando
de Soto con 60 de caballo y algunos rodeleros, para que se internase
y reconociese la tierra, empresa ardua que el conquistador encarga
con acierto al hombre de alto temple al que juzgó capaz de
ejecutarla. Iba a internarse en un país desconocido, por despoblados
faltos de agua e ignorando con qué enemigos se encontraría y qué
suerte podría caberle combatiendo con ellos. Fue entonces cuando a
las pocas jornadas se le separó Juan de la Torre y regresando donde
Pizarro calumnió a Soto, de haberse sublevado y de dirigirse hacia
Quito con aquella tropa. Pizarro sin creerle, esperó noticias y
pronto las tuvo cuando se le reincorporó Soto después de haber
avanzado hasta Cajas. Llevó algunos tejos de oro y le dio la razón
de haber hallado abundantes víveres, numerosas partidas de llamas,
notables edificios y el gran camino denominado del Inca. Pero había
tenido que empeñar varios combates en que murieron muchos indios que
en crecido números pelearon resueltos. De los de Soto, sólo salió
herido un soldado de apellido Jiménez. Además llevó un buen número
de indios prisioneros que dieron datos muy importantes de la guerra
civil de Huáscar y Atahualpa”.
Parece que en este relato hay confusión
en el General Mendiburu. Todo hace suponer que Soto hizo tres
incursiones al interior. Una desde Tumbes, otra a partir de Poechos
y la tercera cuando Pizarro pasaba por el Alto Piura rumbo a
Cajamarca. Por lo tanto el relato de Mendiburu mezcla la primera y
la segunda incursión.
El mismo Mendiburu al tratar de la vida
de Pizarro se refiere a la incursión de Soto, cuando el conquistador
y había salido de Tumbes y se movilizaba hacia Poechos.
Don Juan José de la Vega, dice que
estando Pizarro en Tumbes, posiblemente a poco de llegar, envió una
incursión exploradora de caballería al sur, a la región de los
tallanes al mando de su hermano Hernando y de Sebastián de
Benalcázar, los cuales llegaron hasta Poechos, en donde había un
capitán de Atahualpa con una guarnición con la cual combatieron,
vencieron y desalojaron, dejando el camino expedito para el
posterior avance de las huestes de Francisco Pizarro. Con estas
acciones exploradoras, Pizarro no sólo pone en práctica elementales
medidas de seguridad militar, si no que también actúa como gran
político dando mando de tropa: tanto a los dos capitanes que le
habían aportado soldados y con los que tenía compromiso, como a su
conflictivo hermano Hernando.
Por fin, el 16 de mayo de 1532, y tras
de permanecer más de mes y medio en Tumbes, parte Pizarro con un
grupo de sus soldados hacia Poechos, dejando todavía un buen números
de soldados y los barcos frente a la caleta de La Cruz.
Dice Jerez: “Determinó el Gobernador de
partirse con gente de pie y de caballo en busca de otra provincia
más poblada de naturales para asentar en ella un pueblo”. |