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CAPÍTULO III
LA INVASIÓN
01.-
La invasión.
02.-
La expedición conquistadora.
03.-
En la isla Puná.
04.-
La suerte de Ginés y Molina.
05.-
La primera mujer blanca.
06.-
La rebelión de los isleños.
07.-
La batalla de Tumbes.
08.-
La vieja ciudad de Tumbes.
09.-
La estadía de Pizarro en Tumbes.
10.-
La marcha hacia Piura.
11.-
Otras versiones sobre la ruta de Pizarro.
12.-
Tumbes pudo ser la primera ciudad española.
13.-
La fundación de un tambo en Paita.
14.-
La cruz de la conquista.
12.- Tumbes pudo ser la
primara ciudad española
Cuando Pizarro oyó los relatos del
marinero Bocanegra, de Alonso de Molina y de Pedro de Candia en su
segundo viaje, sobre lo grande y soberbia que era la ciudad de
Tumbes, y no cabe duda que decidió sería ella, la primera fundación
de su plan de conquista. Era también a su criterio, un lugar ideal
para mantener su comunicación con Panamá por la vía marítima.
Precisamente como testigo, y para que
ante la corte real renovara su relato, se llevó a España al griego
Pedro de Candia.
Como testigos vivientes Pizarro
presentó, en la corte reunida en Toledo, a los indios que tomó -o
mejor dicho secuestró- en Colán, así como a Martín a Francisquillo y
Fernandillo. También llevó llamas que despertaron admiración,
primorosos tejidos que mostraban el adelanto en materia textil de
los nuevos países y las joyas tomadas en la costa de Paita.
Los tallanes piuranos, fueron los
primeros peruanos que visitaron España y al viejo mundo y resultaron
inocentes fiadores de las pretensiones conquistadoras de Pizarro.
Candia logró interesar grandemente a los nobles de la corte con sus
fantásticos relatos sobre Tumbes, y en la Capitulación de Toledo
suscrita en Julio de 1529, tácticamente se estableció que en la
ciudad indígena de Tumbes, se formaría y fundaría una ciudad
española.
Fue por eso que como una gran merced, se
hizo a Diego de Almagro el segundo socio gobernador de la fortaleza
de Tumbes y al tercer socio el clérigo Luque se le nombró obispo de
la ciudad, mientras que el piloto Ruiz que tanto había servido para
la causa de la conquista, se le nombró además de piloto de Mar del
Sur, regidor perpetuo del cabildo de esa ciudad y a su hijo se le
reservó la principal escribanía. El mismo Candia que su exagerado
relato motivó el entusiasmo por Tumbes, resultó nombrado regidor
perpetuo, lo mismo que varios de los 13 del Gallo, y otros
importantes personajes españoles y a Francisco Pizarro el
ex-porquerizo al que se le ennobleció en forma súbita, se le dio un
escudo en donde se representa la ciudad de Tumbes como una ciudad
amurallada.
En el escudo había una leyenda en latín
que traducida decía: “Esto descubrió y pacificó con sus esfuerzos y
bajo los auspicios del Emperador Carlos V, el Capitán Pizarro”.
Tumbes estaba destinada a ser en el
criterio español y por voluntad del emperador una gran ciudad. Sin
embargo, el destino, encadenado a los hechos, varió todos los
proyectos.
Tumbes fue la única ciudad, a la que el
emperador al designarle un cabildo, nombró también a los regidores
que la constituían. Tumebamba la otra gran ciudad (ecuatoriana)
hermoseada por Huayna Capac y destruida por Atahualpa, también
mereció tal distinción real, pero sus majestades no sabían que
prácticamente ya no existía.
Mientras Pizarro estaba en España, y se
preparaba para retornar a América y llevar a cabo la empresa
conquistadora, la guerra de la Sal en el extremo norte del imperio
incaico sufrió un gran cambio y los guerreros de la isla Puná
tomando la ofensiva, desembarcaron en Tumbes y la arrasaron. Una
peste que asolaba la región terminó por despoblarla. Por otra parte
la guerra fratricida tomaba vigor y Atahualpa pasaba a la ofensiva,
incursionando en territorio tallán, a cuyos habitantes trató tan
duramente como a los cañaris.
Cuando Pizarro llegó a Tumbes en el
tercer viaje, ya no encontró a la amable gente que había recibido a
Candia como a un dios, todo lo contrario, intentaron resistir al
poder español desde su fase inicial.
La desilusión de Pizarro y de todos los
que lo acompañaban fue tremenda. Aparte de lo que pudiera significar
la destrucción que mostraba la ciudad, estaba muy lejos de haber
sido lo que Candia tanto ponderó
El conquistador se sintió engañado y
burlado por Candia y mostrando lo despoblada que en esos momentos
estaba la ciudad, le reconvino diciéndole, que en los nidos de años
pasados no se veían pájaros en esos momentos; a lo que el griego
respondió que tuvo que mentir y fingir fantasías, para que la
conquista fuera una realidad y don Francisco pudiera estar en esos
momentos en el Perú. Es decir que para Candia el fin justificaba los
medios.
Sea lo que fuere, la conquista se había
iniciado.
Pizarro no obstante los deseos del
emperador, y más aún, desacatando lo dispuesto en la Capitulación de
Toledo, decidió no fundar en Tumbes la primera ciudad española. Al
hacerlo, ni siquiera tuvo en cuenta que privaba a Luque del
prometido obispado y a su otro socio Almagro de la gobernación de la
fortaleza, y a Candia, Ruiz y a varios de los Trece del Gallo de los
cargos de regidores perpetuos del cabildo de Tumbes, que nunca llegó
a existir.
En cambio lo que Pizarro consiguió para
sí, fueron cosas tangibles y reales; y de la noche a la mañana se
convirtió en gobernador de un estado que era varias veces mayor que
el reino de España y del imperio alemán juntos gobernados por Carlos
V, y con tanto poder en las tierras de Nueva Castilla, como el
propio emperador. |