BREVE HISTORIA DE PIURA  -  TOMO II

LA CONQUISTA EN PIURA

Reynaldo Moya Espinoza

Carátula

Contenido

Prólogo

Capítulo I

Capítulo II

Capítulo III

Capítulo IV

Capítulo V

Capítulo VI

Capítulo VII

Capítulo VIII

Capítulo IX

Capítulo X

Capítulo XI

Capítulo XII

Galería de fotos

Bibliografía

Biografía de R. Moya E.

Página web

 

CAPÍTULO III

LA INVASIÓN

 

01.- La invasión.

02.- La expedición conquistadora.

03.- En la isla Puná.

04.- La suerte de Ginés y Molina.

05.- La primera mujer blanca.

06.- La rebelión de los isleños.

07.- La batalla de Tumbes.

08.- La vieja ciudad de Tumbes.

09.- La estadía de Pizarro en Tumbes.

10.- La marcha hacia Piura.

11.- Otras versiones sobre la ruta de Pizarro.

12.- Tumbes pudo ser la primera ciudad española.

13.- La fundación de un tambo en Paita.

14.- La cruz de la conquista.

 

14.- La cruz de la conquista

En 1907 era prefecto de Piura el escritor y periodista don Germán Leguía y Martinez, el cual por su estilo demoledor y la contundencia de sus actos tenía el apodo de “El Tigre”.

Por entonces era el presidente del Perú, el insigne don José Pardo, que había iniciando un plan de visitas por diversos lugares del Perú, en las que comprendió al departamento de Piura.

En esos años se encontraba en el templo de La Merced de Piura, una tosca cruz de madera fina, a la que la tradición le daba un valor histórico incalculable, pues se afirmaba que con ella habían bajado en 1532 los conquistadores en Tumbes.

Durante la colonia, se construyó en la parte sur de la ciudad de Piura el convento y el templo de la Merced. Cuando el convento dejó de funcionar como tal, se convirtió en cuartel y allí estuvo alojado el grupo de artillería Nº 1. Hace unas cuantas décadas, sobre el área del derruido templo de la Merced se levantó el palacio arzobispal.

La cruz se encontraba en el templo de la Merced desde el año 1842 cuando el gobernador de Piura y las autoridades eclesiásticas se interesaron por la ella y dieron la orden al juez de paz del distrito de Paita don Manuel Morante para el traslado del mencionado madero, a Piura, desde Tumbes.

La cruz fue mostrada por el prefecto Leguía al presidente Pardo, el que se interesó mucho por ella y consideró que era más conveniente su traslado a Lima para ser conservada debidamente en el Museo Nacional de Historia. Y tal como se pensó se hizo y Piura perdió el valioso madero

Sobre esta cruz y las peripecias que ha sufrido, se ha escrito mucho y uno de ellos ha sido el periodista Jorge Moscol Urbina en el diario CORREO.

Don Joseph Ignacio Lequanda en 1790 en su “Descripción Geográfica del Partido de Piura”, al referirse al desembarco de Candia en Tumbes, asegura que portaba en la mano una cruz “que formó de un leño”, habiéndole soltado los indios un león y un tigre, pero que estos animales se le acercaron humildes. Luego agrega Lequanda: “Para feliz memoria del portento, acordaron los devotos soldados colocar la Santa Cruz en la plaza de aquella población, a donde se conservó venerada por más de dos siglos, Pero el ilustrísimo señor Rabiza, obispo de esta diócesis (de Trujillo), la trasladó a Piura con el laudable objeto de su mayor culto”.

“Allí estaba una aspa de ella depositada en el templo del convento de Nuestra Señora de la Merced y a donde los fieles celebran anualmente su fiesta, bajo la advocación de la Cruz del Milagro”.

Don Bernardo Arbiza y Ugarte fue obispo de Trujillo desde enero de1754 en que desembarca en Paita hasta 1756, fecha en que fue promovido a Arzobispo de Chuquisaca. Es decir que la cruz fue traslada a Piura entre esas fechas. Esta versión que merece más credibilidad, es opuesta a la que hemos mencionado antes que corresponde al historiador Carlos Ghersi, según la cual el traslado recién fue en 1842.

La cruz llevada a Lima, es para algunos de algarrobo, madero de la región, pesada y tosca, imposible de ser transformada por un hombre con una sola mano. Candia aunque era hombre de mucha fuerza, llevaba pesada armadura, arcabuz y rodela, lo que le imposibilitaba de llevar algún otro objeto pesado. No habría tenido tampoco tiempo de construir una cruz en la playa con madera de la región.

Otra versión asegura que fue Pizarro el que hizo plantar en la playa una cruz, para recordar el sitio de desembarco, siendo el cocobolo, madera tan pesada como el algarrobo, pero fina, y que se daba en América Central, resultando por lo tanto esta versión más creíble.

Antonio de Herrera, se refiere también a una cruz, cuando en 1726 publicó sus crónicas y dice: “Llegó un indio a donde don Francisco Pizarro, y le dijo que no se había ido por que sabía que cosa era la guerra y que había estado en el Cuzco y le parecía que aquella gente era que todo lo había de ganar, que no se saquease su casa y se quedaría a su servicio”. Pizarro hizo dar un bando para que se respetase la casa del indio y como señal se plantó un a cruz frente a ella.

En la revista Fanal 1952 dedicada a Piura, muestra la fotografía de una cruz con la siguiente Leyenda: “La cruz de la fundación de San Miguel que hoy se halla en el Museo Nacional de Historia. Fue obsequiada por los piuranos al presidente don José Pardo, quien a su vez se lo donó al Museo”. Eso es un error, ya que no se trata de la cruz de la Fundación, sino de la cruz de la conquista. Si hubo una cruz en la fundación de San Miguel que indudablemente la tuvo que haber, no es la que estuvo en el templo de La Merced de Piura, por que el madero que allí se veneraba había llegado de Tumbes.

Don Bernardo Arbiza Ugarte, obispo de Trujillo llegaba a Paita en enero de 1754 procedente de Cartagena. El 4 de setiembre de 1751 había sido nombrado para Trujillo, pero continuó en Cartagena, y recién en forma oficial hizo toma de posesión del nuevo cargo por poder el 1º de noviembre de 1752, y siguió sin decidirse a viajar por razones de salud. Recién los primeros días de enero de 1754 desembarca en Paita y el 20 de ese mes llegó a Trujillo, en donde estuvo hasta 1756 en que murió cuando había sido electo arzobispo de Chuquisaca. En Paita fue recibido el obispo por los Mercedarios que lo hospedaron en su convento y le contaron lo de la cruz, que estaba en una desolada caleta, recibiendo autorización para su traslado. El Dr. Arbiza era un cuzqueño que recién en 1746 se había ordenado sacerdote.
El periodista Jemu (Jorge Moscol Urbina, ya fallecido) relataba que en 1960, con motivo del congreso eucarístico celebrado en Piura entre el 25 y el 28 de agosto de 1960, el obispo monseñor Arce Masías se concertó con el club departamental de Piura en Lima, y consiguió que por algunos días el preciado madero viniera a Piura. Como surgieron gestiones para que se quedara definitivamente, intervino la representación parlamentaria tumbesina oponiéndose. Se suponía que era más fácil rescatar la cruz de Lima a Tumbes que de Piura a Tumbes. Desde el 16 de mayo de 1945, se ha plantado en la caleta una réplica de la cruz, pero, los tumbesinos persistieron en su afán de tener la cruz verdadera, y al fin lo lograron el 18 de agosto de 1990 instalándola definitivamente en la Caleta la Cruz.

La cruz de la conquista

 

LA CRUZ DE LA CONQUISTA

 

Hay varias versiones sobre esta cruz. Una dice que fue utilizada por Francisco Pizarro en la conquista de Tumbes. Luego dentro de la colonia fue trasladada al templo de La Merced que después fue cuartel de artillería, donde luego se construyó el local del arzobispado de Piura.

En 1907 el prefecto de Piura la obsequió al presidente José Pardo que visitaba Piura, entregándola a un museo de Lima.

En 1960, fue traída con motivo del Congreso Eucarístico celebrado en Piura.

Desde 1990 volvió a Tumbes. Es pues una cruz viajera.

 

 

Hosted by www.Geocities.ws

1