|
CAPÍTULO III
LA INVASIÓN
01.-
La invasión.
02.-
La expedición conquistadora.
03.-
En la isla Puná.
04.-
La suerte de Ginés y Molina.
05.-
La primera mujer blanca.
06.-
La rebelión de los isleños.
07.-
La batalla de Tumbes.
08.-
La vieja ciudad de Tumbes.
09.-
La estadía de Pizarro en Tumbes.
10.-
La marcha hacia Piura.
11.-
Otras versiones sobre la ruta de Pizarro.
12.-
Tumbes pudo ser la primera ciudad española.
13.-
La fundación de un tambo en Paita.
14.-
La cruz de la conquista.
14.- La cruz de la
conquista
En 1907 era prefecto de Piura el
escritor y periodista don Germán Leguía y Martinez, el cual por su
estilo demoledor y la contundencia de sus actos tenía el apodo de
“El Tigre”.
Por entonces era el presidente del Perú,
el insigne don José Pardo, que había iniciando un plan de visitas
por diversos lugares del Perú, en las que comprendió al departamento
de Piura.
En esos años se encontraba en el templo
de La Merced de Piura, una tosca cruz de madera fina, a la que la
tradición le daba un valor histórico incalculable, pues se afirmaba
que con ella habían bajado en 1532 los conquistadores en Tumbes.
Durante la colonia, se construyó en la
parte sur de la ciudad de Piura el convento y el templo de la
Merced. Cuando el convento dejó de funcionar como tal, se convirtió
en cuartel y allí estuvo alojado el grupo de artillería Nº 1. Hace
unas cuantas décadas, sobre el área del derruido templo de la Merced
se levantó el palacio arzobispal.
La cruz se encontraba en el templo de la
Merced desde el año 1842 cuando el gobernador de Piura y las
autoridades eclesiásticas se interesaron por la ella y dieron la
orden al juez de paz del distrito de Paita don Manuel Morante para
el traslado del mencionado madero, a Piura, desde Tumbes.
La cruz fue mostrada por el prefecto
Leguía al presidente Pardo, el que se interesó mucho por ella y
consideró que era más conveniente su traslado a Lima para ser
conservada debidamente en el Museo Nacional de Historia. Y tal como
se pensó se hizo y Piura perdió el valioso madero
Sobre esta cruz y las peripecias que ha
sufrido, se ha escrito mucho y uno de ellos ha sido el periodista
Jorge Moscol Urbina en el diario CORREO.
Don Joseph Ignacio Lequanda en 1790 en
su “Descripción Geográfica del Partido de Piura”, al referirse al
desembarco de Candia en Tumbes, asegura que portaba en la mano una
cruz “que formó de un leño”, habiéndole soltado los indios un león y
un tigre, pero que estos animales se le acercaron humildes. Luego
agrega Lequanda: “Para feliz memoria del portento, acordaron los
devotos soldados colocar la Santa Cruz en la plaza de aquella
población, a donde se conservó venerada por más de dos siglos, Pero
el ilustrísimo señor Rabiza, obispo de esta diócesis (de Trujillo),
la trasladó a Piura con el laudable objeto de su mayor culto”.
“Allí estaba una aspa de ella depositada
en el templo del convento de Nuestra Señora de la Merced y a donde
los fieles celebran anualmente su fiesta, bajo la advocación de la
Cruz del Milagro”.
Don Bernardo Arbiza y Ugarte fue obispo
de Trujillo desde enero de1754 en que desembarca en Paita hasta
1756, fecha en que fue promovido a Arzobispo de Chuquisaca. Es decir
que la cruz fue traslada a Piura entre esas fechas. Esta versión que
merece más credibilidad, es opuesta a la que hemos mencionado antes
que corresponde al historiador Carlos Ghersi, según la cual el
traslado recién fue en 1842.
La cruz llevada a Lima, es para algunos
de algarrobo, madero de la región, pesada y tosca, imposible de ser
transformada por un hombre con una sola mano. Candia aunque era
hombre de mucha fuerza, llevaba pesada armadura, arcabuz y rodela,
lo que le imposibilitaba de llevar algún otro objeto pesado. No
habría tenido tampoco tiempo de construir una cruz en la playa con
madera de la región.
Otra versión asegura que fue Pizarro el
que hizo plantar en la playa una cruz, para recordar el sitio de
desembarco, siendo el cocobolo, madera tan pesada como el algarrobo,
pero fina, y que se daba en América Central, resultando por lo tanto
esta versión más creíble.
Antonio de Herrera, se refiere también a
una cruz, cuando en 1726 publicó sus crónicas y dice: “Llegó un
indio a donde don Francisco Pizarro, y le dijo que no se había ido
por que sabía que cosa era la guerra y que había estado en el Cuzco
y le parecía que aquella gente era que todo lo había de ganar, que
no se saquease su casa y se quedaría a su servicio”. Pizarro hizo
dar un bando para que se respetase la casa del indio y como señal se
plantó un a cruz frente a ella.
En la revista Fanal 1952 dedicada a
Piura, muestra la fotografía de una cruz con la siguiente Leyenda:
“La cruz de la fundación de San Miguel que hoy se halla en el Museo
Nacional de Historia. Fue obsequiada por los piuranos al presidente
don José Pardo, quien a su vez se lo donó al Museo”. Eso es un
error, ya que no se trata de la cruz de la Fundación, sino de la
cruz de la conquista. Si hubo una cruz en la fundación de San Miguel
que indudablemente la tuvo que haber, no es la que estuvo en el
templo de La Merced de Piura, por que el madero que allí se veneraba
había llegado de Tumbes.
Don Bernardo Arbiza Ugarte, obispo de
Trujillo llegaba a Paita en enero de 1754 procedente de Cartagena.
El 4 de setiembre de 1751 había sido nombrado para Trujillo, pero
continuó en Cartagena, y recién en forma oficial hizo toma de
posesión del nuevo cargo por poder el 1º de noviembre de 1752, y
siguió sin decidirse a viajar por razones de salud. Recién los
primeros días de enero de 1754 desembarca en Paita y el 20 de ese
mes llegó a Trujillo, en donde estuvo hasta 1756 en que murió cuando
había sido electo arzobispo de Chuquisaca. En Paita fue recibido el
obispo por los Mercedarios que lo hospedaron en su convento y le
contaron lo de la cruz, que estaba en una desolada caleta,
recibiendo autorización para su traslado. El Dr. Arbiza era un
cuzqueño que recién en 1746 se había ordenado sacerdote.
El periodista Jemu (Jorge Moscol Urbina, ya fallecido) relataba que
en 1960, con motivo del congreso eucarístico celebrado en Piura
entre el 25 y el 28 de agosto de 1960, el obispo monseñor Arce
Masías se concertó con el club departamental de Piura en Lima, y
consiguió que por algunos días el preciado madero viniera a Piura.
Como surgieron gestiones para que se quedara definitivamente,
intervino la representación parlamentaria tumbesina oponiéndose. Se
suponía que era más fácil rescatar la cruz de Lima a Tumbes que de
Piura a Tumbes. Desde el 16 de mayo de 1945, se ha plantado en la
caleta una réplica de la cruz, pero, los tumbesinos persistieron en
su afán de tener la cruz verdadera, y al fin lo lograron el 18 de
agosto de 1990 instalándola definitivamente en la Caleta la Cruz. |