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CAPÍTULO III
LA INVASIÓN
01.-
La invasión.
02.-
La expedición conquistadora.
03.-
En la isla Puná.
04.-
La suerte de Ginés y Molina.
05.-
La primera mujer blanca.
06.-
La rebelión de los isleños.
07.-
La batalla de Tumbes.
08.-
La vieja ciudad de Tumbes.
09.-
La estadía de Pizarro en Tumbes.
10.-
La marcha hacia Piura.
11.-
Otras versiones sobre la ruta de Pizarro.
12.-
Tumbes pudo ser la primera ciudad española.
13.-
La fundación de un tambo en Paita.
14.-
La cruz de la conquista.
08.- La vieja ciudad de
Tumbes
El desembarco de Pizarro se había
efectuado en un punto del litoral tumbesino que ahora se conoce con
el nombre de caleta de La Cruz, ubicada un poco al norte de
Zorritos. Para recordar ese hecho histórico existía en ese lugar una
cruz de madera que tiempos más tarde fue trasladada a la ciudad de
Piura.
Siendo prefecto de Piura don Germán
Leguía y Martínez, en forma arbitraria se la regaló al Presidente de
la República don José Pardo en la visita que hicieran al
departamento ese mandatario en 1907. De esa forma el valioso madero
fue a parar a un museo de Lima y recién se recobró en agosto de
1990. Tumbes el Viejo, estuvo ubicado en la margen izquierda del río
del mismo nombre, en el actual distrito de Corrales.
Sin duda alguna que Tumbes no era la
imaginaria ciudad de Piedra comparable a Valencia, pero tampoco era
cualquier cosa.
Juan Ruiz de Arce, cronista español hace
una descripción muy interesante de la ciudad de Tumbes. Nació Ruiz
de Arce en 1506 en la ciudad de Alburquerque y en 1525 vino a
América. Estuvo en Santo Domingo, Jamaica, Guatemala, se enroló en
la última expedición de Pizarro y con él llegó a la isla de Puná y a
Tumbes. Estuvo en la fundación de Piura y siguió como soldado de
caballería a Cajamarca, por lo que en el reparto le tocó 339 marcos
de plata y 8800 pesos de oro. Con Soto incursionó sobre el Cuzco,
luego retornó a España donde escribió sus Memorias en 1543.
Decía Ruiz de Arce:
“Este pueblo tendría unas mil casas.
Hasta una casa fuerte, hecha con el más lindo arte que nunca se vió.
Tenía cinco puertas antes que llegasen a los aposentos y entre
puerta y puerta más de 100 pasos; tenía muchas cercas todas de
tierra hechas a mano. Y muchos aposentos, de muchas pinturas... y en
medio había una plaza de buen tamaño y más allá de la plaza otros
aposentos en torno a un gran patio y que en medio del patio se abría
un jardín... y junto al jardín, cantaba alegre el agua de una
fuente. El Señor que mandó hacer este palacio fue Guatima Aynacaba
(¿Guayna Capac? ). “Este decían que era señor de toda aquella tierra
y el mandó hacer aquella casa y estando allí sería un año, hizo
subir aquella fuente por ingenios el agua, que parecía cosa
imposible subir allí el agua”.
“Esta tierra buena, de mucha comida.
Había ovejas (llamas), patos, conejos (cuyes), pavas. Es tierra de
oro y plata, es tierra de mucha fruta... Estuvimos allí cuatro
meses. La carne que comen no la asan, ni la cuecen, el pescado lo
hacen pedazos y secan al sol, así mismo la carne. No comen pan. El
maíz lo comen tostado y cocido y éste lo tienen por pan. Hacen vino
en muchas cantidades de este maíz. Las mujeres andan vestidas con
una vestimentas cerradas, de arte de capuz llega hasta el suelo.
Andan en cabello (cabellera al descubierto). Son mujeres de buen
rostro”.
Muchos historiadores, consideran que
esta referencia es más bien por Tangarará porque los españoles
llegaron a Tumbes el 26 de abril y el primer grupo, con Ruiz de Arce
salió el 15 de mayo, mientras en Tangarará y en el Chira estuvieron
de mayo a setiembre. Por otra parte Tumbes tenía más de mil casas,
lo que concuerda más con Tangarará.
La segunda parte de esta descripción, es
más propia del valle del Chira que Tumbes, lo que aumenta las dudas.
El escritor Luis Alayza y Paz Soldán en
su obra “Mi País” se refiere a las crónicas que don Alejandro Miró
Quesada Garland con el seudónimo de Almiar, publicó en julio de 1941
en “El Comercio” sobre el desembarco de Pizarro en su viaje a Piura.
Allí se ocupa de Tumbes el Viejo al que busca de ubicar, expresando
que al avanzar hasta el cañón del Tigre y desde una pequeña loma, se
puede contemplar a lo lejos el río Tumbes, y en ella se encuentran
cercos más altos, como de aposentos, que por su lugar preferente,
creen pudieran ser restos del famoso templo de sol.
En Cabeza de Vaca (en Corrales) existen
restos de muros de un material parecido al adobe pero mucho más
duro, como para haber resistido no sólo la acción del tiempo y el
abandono, sino a las lluvias que con frecuencia y torrenciales se
precipitan sobre la región. Las características de las ruinas
coinciden con las descripciones hechas por el cronista-soldado Juan
Ruiz de Arce, uno de los apologistas más entusiastas de Tumbes. Lo
que ha logrado concitar la unanimidad de criterio, es que todos los
grandes edificios que pudiera tener la ciudad fueron construidos
durante la breve dominación de los incas. En Cabeza de Vaca los
indios enterraron a Chilimasa.
Los tumbesinos pertenecían al grupo
tribal de los Tumpiz, y si éstos formaban parte o no de la etnia
tallán, es asunto en el cual no se han puesto de acuerdo los
historiadores. Lo cierto es que tenían en común su destreza
marinera, muchos hábitos y costumbres y hablaban el sec pues los
intérpretes tallanes de Pizarro se comunicaban fácilmente con los
tumpis. Sin embargo en el vestir tuvieron algunas diferencias. Los
Tumpiz recibieron mucha influencia de sus vecinos ecuatorianos los
Huancavilcas y los Chonos.
La auténtica Cruz de la Conquista hecha
con madera de cocobolo se encuentra en el Museo Nacional de Historia
de Pueblo Libre, llevada por el presidente José Pardo. En la caleta
La Cruz, hay desde mayo de 1945 una réplica, para recordar el lugar
donde desembarcó Pizarro. Algunos historiadores aseguran que el
conquistador quiso perennizar ese trascendental acto de pisar tierra
peruana; pero el cronista Antonio de Herrera, expresa que la Cruz
fue plantada frente al edificio-vivienda de un indio principal
huascarista que había cooperado con Pizarro y deseaba verse libre de
saqueos y ultrajes de la soldadesca, a lo que accedió el
conquistador. |