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CAPÍTULO III
LA INVASIÓN
01.-
La invasión.
02.-
La expedición conquistadora.
03.-
En la isla Puná.
04.-
La suerte de Ginés y Molina.
05.-
La primera mujer blanca.
06.-
La rebelión de los isleños.
07.-
La batalla de Tumbes.
08.-
La vieja ciudad de Tumbes.
09.-
La estadía de Pizarro en Tumbes.
10.-
La marcha hacia Piura.
11.-
Otras versiones sobre la ruta de Pizarro.
12.-
Tumbes pudo ser la primera ciudad española.
13.-
La fundación de un tambo en Paita.
14.-
La cruz de la conquista.
03.- En la Isla de Puná.
El cronista Diego de Trujillo relata el
insólito espectáculo que se presentó al día siguiente cuando se
observó que de la isla Puná partía a recibir a los españoles una
flota de numerosos veleros. Adelante en una balsa muy bien adornada,
se hacía presente el curaca Tumbalá en una litera como toldo y ricos
paños. En torno a ella otras balsas con músicos y danzarines y atrás
20 grandes balsas con dignatarios y guerreros, cuyas velas fueron
prestamente arriadas al llegar. Los españoles se alertaron y de
inmediato se improvisó en la misma playa una gran fiesta, con mucho
barullo, danzas y música y el saludo ceremonioso de Tumbalá. Pizarro
se encontraba verdaderamente asombrado y confió a Benalcázar que
todo eso le daba mucha desconfianza.
Otros muchos isleños habían logrado
trepar a bordo, por lo que Pizarro condujo de inmediato a Tumbalá a
su camarote y por medio de un intérprete le hizo saber que iría a la
isla, siempre que viajaran en la misma balsa los dos, lo que de
inmediato fue aceptado por el jefe indio.
Prontamente los españoles trasladaron
sus caballos y toda la flota se puso en movimiento hacia la isla, la
que estaba gobernada por siete caciques, siendo uno de ellos Cataoir,
pero el principal o rey era Tumbalá.
En la isla todo era prosperidad a causa
de que la guerra no había llegado a ella, pues las acciones bélicas
se habían desarrollado en el continente. En Puná vieron una gran
cantidad de llamas, a las que los españoles llamaron ovejas del
Perú.
En el escudriñar que los conquistadores
hicieron por toda la isla, encontraron en cierto lugar apartado, una
cruz de regular tamaño plantada en el suelo. En una cabaña cercana
había pintado un crucifijo. Eso llenó de estupor a los españoles y
mayor fue su sorpresa cuando se vieron rodeados por un buen número
de niños que gritaban en español: ¡Loado sea Jesucristo, Molina,
Molina¡
Como se recordará, Pizarro había dejado
en anterior viaje a Alonso de Molina y al marinero Ginés en Tumbes.
Tumbalá relató que cuando declaró la
guerra a los tumbesinos y tomó gran cantidad de prisioneros, entre
ellos estaba Molina al cual dispensó buen trato. El español
prisionero adoctrinó a los niños de la isla, pero habiendo
acompañado a los de Puná en una incursión guerrera contra los
tumbesinos, fue matado por ellos.
Esta es una de las muchas versiones
sobre la suerte final corrida por Molina, pero no cabe duda que
estuvo en la isla, pues más tarde los españoles encontraron un papel
que parecía un mensaje, que había entregado a una india y en el que
se podía leer lo siguiente: “Los que a esta tierra viniéredes, sabed
que hay más oro y plata en ella, que hierro en Vizcaya”. Este último
dato pertenece al cronista Pedro Pizarro.
Los españoles se aprestaron a pasar una
larga temporada en la isla y Pizarro organizó su campamento. Tumbalá
se mostró obsequioso y todas las tardes lo visitaba con gran séquito
de danzarines. Al caer la noche, se retiraba el reyezuelo, pero bien
pronto los intérpretes tallanes, no se sabe si por que era cierto o
por odio a los de Puná, informaron a Pizarro que las visitas de
Tumbalá no eran de cortesía sino de espionaje y que los danzarines
eran guerreros disfrazados que trataban de familiarizarse con las
costumbres y forma de vida de los conquistadores. Esta es versión
del cronista Zárate.
Un buen día la aparente tranquilidad fue
rota por una intempestiva visita de Chilimasa, el vencido cacique de
Tumbes, que al decir de Pedro Pizarro y Francisco de Jerez, llegó
con gran cortejo de guerreros, protagonizando un fuerte incidente
con Tumbalá, lo que ya hemos relatado antes cuando nos hemos ocupado
de la historia de los Tallanes en el primer libro al hablar de las
batallas de la isla Puná y de Tumbes.
En esos críticos momentos llegó a Puná,
Hernando de Soto con más refuerzos. |