|
CAPÍTULO III
LA INVASIÓN
01.-
La invasión.
02.-
La expedición conquistadora.
03.-
En la isla Puná.
04.-
La suerte de Ginés y Molina.
05.-
La primera mujer blanca.
06.-
La rebelión de los isleños.
07.-
La batalla de Tumbes.
08.-
La vieja ciudad de Tumbes.
09.-
La estadía de Pizarro en Tumbes.
10.-
La marcha hacia Piura.
11.-
Otras versiones sobre la ruta de Pizarro.
12.-
Tumbes pudo ser la primera ciudad española.
13.-
La fundación de un tambo en Paita.
14.-
La cruz de la conquista.
01.- La Invasión
Parecería desproporcionado, llamar
invasión a la acción temeraria de ese tropel de audaces hombres
blancos que ingresaron a un país tan dilatado, como lo era el
Imperio de los Incas. Pero en realidad ese puñado de aventureros
simbolizaba no sólo a la ya poderosa España, sino a todo el
Occidente y a su cultura, así como al cristianismo. Con la cruz y
espada, en nombre del rey y de Dios, se inicia el proceso de
transculturación, que constituyó el más grande acontecimiento de
nuestra historia.
Los españoles llegaban a la frontera del
imperio incaico, en momentos en que la lucha fratricida entre
Huáscar y Atahualpa, habían alcanzado las mayores proporciones de
violencia y entraba en una fase decisiva.
Esto sin duda pudo favorecer los planes
de Pizarro y facilitar grandemente el sometimiento del país, pero de
no haber existido tal guerra civil, los hechos no hubieran variado
mayormente y la conquista de todas maneras se hubiera producido.
Podemos decir que la ignorancia de Pizarro que desconocía el exacto
progreso del Tahuantinsuyo, lo alentó a lanzarse a tan gran empresa,
al igual que Colón cuando cruzó el océano; porque de haber sabido la
verdad, posiblemente hubiera sido más prudente.
Pizarro y Almagro así como muchos de sus
capitanes y soldados eran veteranos en las guerras contra los indios
centro americanos y conocían perfectamente que la caballería y las
armas de fuego, así como las mortíferas espadas y el empuje
sorpresivo en la forma de atacar, producían un efecto psicológico
depresivo y contagiante al pavor en la masa india, y les había
permitido siempre la victoria sobre el número.
El historiador Porras Barrenechea en su
gran obra “Pizarro”, expresa que el conquistador Alonso de Ojeda,
fue el inventor de las guazábaras o triunfales carnicerías de
indios. Era una táctica que permitía atacar por sorpresa y con gran
algazara, habiendo dado muy buenos frutos en las guerras de
guerrillas contra los moros de Granada. El conquistador Alonso de
Ojeda que vino con Colón en el segundo viaje de éste a la América,
fue el que usó por primera vez en el continente las guazábaras y se
asegura que en la isla de Santo Domingo, con sólo 50 hombres venció
a 10.000 indios. En realidad sólo, se trataba, como pasó más tarde
en Cajamarca, de crear el desconcierto y el pavor en un grupo
combatiente indio, el cual al dispersarse presa de pánico,
comunicaba la confusión y el temor al resto, siendo el caos mayor, a
medida que más numeroso era el contingente desprevenido de los
indios. Los españoles al grito de ¡Santiago!, se lanzaban como una
tromba y arremetían con furia haciendo disparos con armas de fuego,
y lanzaban gritos. Pizarro había servido a las órdenes de Ojeda y
conocía perfectamente esta clase de ataques, que utilizó siempre con
muy buenos resultados, como ocurrió en la celada de Cajamarca.
No sólo en la época de la conquista los
indios sensibles a esta forma de ataque, sino siglos más tardes la
situación se repite durante la rebelión de Tupac Amaru. Esto no
puede en modo alguno tildase de cobardía, pues es bien sabido que
los indios morían en gran número y repuestos de la sorpresa volvían
a la carga. Era la falta de un orden táctico lo que motivaba la
derrota. |