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Las
revelaciones futuras se muestran ante los mortales cual abanico de
oportunidades. Forman nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro.
Están en nuestro interior, en lo más oculto del ser... en nuestra mente. Un
mundo donde la fantasía y las ilusiones se hacen realidad. Un mundo donde
los mortales pueden descubrir sus más íntimas fantasías y sus más
profundos temores y miedos. Sueños
placenteros, sueños caóticos... sueños reales. Sueños que os helará
la sangre y el vello se erizará cual escalofrío. Revelaciones espirituales, demoníacas y vampíricas. Los protagonistas de estas historias han tenido estos tipos de revelaciones. Descubre, simple mortal, el destino que el inframundo les deparaba...
Viernes 13. Por fin había llegado el cumpleaños de Sofía. La chica cumplió ese día 16 años y quiso celebrarlo por todo lo alto. Para ello, invitó a todos sus amigos. La fiesta fue en casa de la cumpleañera. Cenaron una pizza y alquilaron una película de terror, concretamente la de Jason Vorhee titulada 'Viernes 13' a la luz de unas velas blancas. Fue una noche muy especial. El tiempo pasó volando... pronto el reloj del salón dio las doce de la noche. Como todos iban a quedarse a dormir en casa de Sofía a esa hora estaban despiertos. Una de las invitadas del cumpleaños, que se llamaba Verónica, era considerada la chica más rara del instituto. Cogió todas las velas y las puso en círculo alrededor suyo. Sofía la preguntó que qué estaba haciendo, pero su respuesta fue silencio. Todos miraban a su amiga sin saber qué pretendían hacer con las velas. Cuando acabó de colocarlas, Verónica se sentó en medio del círculo. Luego, susurró unas extrañas palabras y después dijo a sus amigos: 'Veo que os gusta el terror. Esta noche viviréis vuestra peor pesadilla'. Los jóvenes se quedaron atónitos al oír sus palabras. Miraron extrañados a la chica y, del círculo, surgió un espíritu negro que se introdujo en el cuerpo de Verónica. Sofía gritó aterradoramente mientras que Verónica caía desmayada entre las velas. Rubén fue a despertarla, pero la fuerza de las velas se lo impidió. De pronto, la chica se levantó y, en ese momento, las velas se apagaron misteriosamente. Verónica tenía los ojos inyectados en sangre y miraba a sus amigos con cara malvada. Salió corriendo del círculo y se dirigió hacia la cocina. Cuando regresó al salón, tenía un cuchillo entre sus manos y miraba fijamente a Rubén. El chico retrocedió, pero Verónica no tardó en lanzare sobre él y lo mató. Todos gritaron de horror. Sofía corrió hacia su habitación y allí se encerró. Desde ahí arriba, la cumpleañera oía que los gritos de sus amigos iban desvaneciéndose... En medio de la habitación, Sofía empezó a llorar desesperadamente, hasta que el picaporte de su puerta empezó a girar... Sofía paró de llorar y corrió hacia la puerta. Sólo se oía silencio... Al otro lado de la puerta acechaba alguien... Del miedo, Sofía no quiso abrir... El picaporte seguía moviéndose... De repente, un cuchillo atravesó la puerta. ¡Verónica iba a matar a Sofía! Al final, la pequeña asesina entró en la habitación de su última víctima... Levantó el brazo e intentó clavar el cuchillo en el corazón de Sofía...
De repente, Sofía se despertó. Todo había sido un sueño, pero pareció tan real... Vio que su puerta estaba rota... '¡Qué extraño!'- pensó- 'No será...' y fue directa al salón... Toda la casa retumbó bajo sus pies. Sofía vio horrorizada que todos sus amigos yacían muertos en un mar de sangre...
Hace
bastantes años, cuando yo era una jovencita alegre y risueña, pensaba
que esas historias que contaban mis abuelos en el pueblo, a la luz de una
fogata en medio de un verde bosque, eran simplemente leyendas, relatos
inexistentes que nacen en la mente humana y cuyo fin era el entretener a
los jóvenes como yo. Que el caos y las peores pesadillas podían estar
escritas en un blanco papel o grabadas con fuego en nuestras mentes,
generando así sueños de todos los temas. Que estaban ahí y no percutían
en nuestra vida... ¿o quizás sí?... ¿Puede ser posible que esas
leyendas y sueños cobren vida y forman parte de la realidad?... Ay, mi
querido lector, siento decirte que dichas preguntas son afirmativas. Esos
sueños en los que navegamos noche tras noche puede convertirse en una
realidad. Puede ser bueno, e incluso, agrada la idea, pero ¿qué dirías
si te contara que las peores pesadillas se pueden convertir en una
realidad? Amigo mío: eso es lo peor que te puede pasar. Te lo digo yo,
pues lo viví cuando era una moza... y, desgraciadamente, aún no he
despertado de esta pesadilla. Cuando
era joven, todas las noches escribía en un papel los sueños que había
disfrutado. Creaba, en un mundo donde la televisión y la radio no estaban
en las mentalidades de un pueblecito a las afueras de Galicia, un magnífico
pasatiempo, desatando la gran imaginación que tenía en esa época. Algún
día tú serás una gran escritora. Era la frase que oía cuando la
gente leía mis fantásticas y soñadoras historias... Pero
esos sueños maravillosos acabaron cuando mi abuelo, mi queridísimo abu,
me contó una historia; terrible y sangrienta... Me la contaba una y otra
vez, mas desconozco el por qué de esa repetición. Había
una vez un hombre que era muy bueno, muy bueno. Vivía en este mismo
pueblo y era muy querido por todos los vecinos. Era un claro ejemplo a
seguir: ayudaba a las ancianas a tejer, colaboraba con los ganaderos y
agricultores... En pocas palabras, era una persona desinteresada; siempre
disponible a los demás. Un
día, este hombre se perdió en este bosque. Por más que pedía ayuda,
nadie le socorría. Había oído que este bosque estaba encantado y
hechizado. Pero él no creía en esas absurdas leyendas y se adentró
buscando una posible salida. Entonces, empezó a oír voces. El pobre
hombre se volvió loco y corrió hacia ninguna parte. No sabía qué hacer
ni a dónde ir. Al
día siguiente, encontraron el cuerpo del hombre, sin vida alguna y se lo
llevaron de vuelta al pueblo. Lo enterraron en aquél cementerio. Según
cuentan, la noche de San Juan, este hombre se levantó de su tumba y un
alma fue absorbido por el cuerpo. Su mirada se volvió sangrienta y fue de
casa en casa aniquilando cualquier pueblerino que se cruzara por su
camino. No se sabe cómo, pero un grupo muy numeroso de hombres consiguió
capturarle y lo decapitaron. Ahora,
ese alma de ese hombre, que aparentaba ser lo que no era, vaga por este
bosque, buscando la manera de volver a la vida para hacer la vida
imposible a este pueblo. Mi
abuelo me decía siempre que no me fíe de la gente porque las apariencias
engañan, y tenía como ejemplo a ese asesino que vivía una doble vida. Y
lo peor de todo, mi queridísima Mary... ¡es que ya lo ha encontrado! Mi
cara, asombrada, miraba con ojos como platos a mi abuelo, sin entender muy
bien lo que decía. Sí,
Mary. Él está vivo otra vez. Estaba
a punto de llorar. Mi abuelo no paraba de temblar y un frío escalofrío
recorrió mi blanca piel. Querida...
El alma del asesino lo tienes delante de tus narices. YO
SOY ESE ASESINO Grité.
Grité con todas mis fuerzas. Mi grito fue tan fuerte y tan agudo que me
desperté. Me encontraba sentada en mi cama. Mi madre estaba a mi lado,
secándome el sudor que corría por mi frente con su blanquísimo pañuelo
de seda. Sus iniciales, B.P., se posaban en mis ojos y, en un hilillo de
voz, me animó a dormir. Pronto
volví a navegar en mi mundo de sueños. Allí, me encontré con mi
abuelo, que me tranquilizó; diciéndome que él era y seguirá siendo ese
abuelo que tanto había querido. Sonreí y le cogí de la mano, pensando
que lo que había dicho mi abuelo en mi anterior sueño había sido una
farsa. Mi abuelo me condujo a una sala, donde estaba sentada mi madre. Vamos
a jugar a las cocinitas. Mary, vete a preparar algo para comer que tenemos
hambre
– me dijo mi abuelo Contenta,
me dirigí hacia mi cocina de plástico. Pronto regresé a esa sala para
preguntarles algo que en este mismo momento no recuerdo... y vi a mi
abuelo con un cuchillo enorme de cocina, que estaba aterrizando rápidamente
en el corazón de mamá. De su propulsor empezaron a brotar chorros y más
chorros de sangre, como si fuera una fuente. En el suelo, cerca de mí,
estaba su blanco pañuelo cubierto de sangre. Lo cogí con ambas manos y
lo abracé, humedeciendo ese pañuelo ensangrentado con mis lágrimas
tristes... Me
volví a despertar de otra pesadilla. Mi madre no estaba. Supuse que se
había ido a dormir. Fui a su habitación y, efectivamente, allí estaba.
Me tumbé con ella, susurrándola que había tenido otra pesadilla, y la
abracé. Pero... no sentía su respiración... no oía el latir de su
corazón... Me levanté y vi que mis manos estaban cubiertas de sangre.
Enfrente de mí estaba mi abuelo. En sus manos llevaba un cuchillo
cubierto de sangre... la sangre de mamá. ¿Qué
hacer en una situación como ésa? Salí del cuarto, con lágrimas
corriendo por mis mejillas coloradas, llenas de rabia y odio hacia aquélla
persona que tanto apreciaba. Las apariencias engañan... Acudí
al campo donde trabajaba mi padre, pero no le vi. Creía que estaba
descansando. Corrí todo lo que pude, buscándole desesperadamente. Las lágrimas
borraban mi visión, pero al final lo encontré. Papá me abrazó tan
fuerte que mis lágrimas rebotaron y despejaron mis ojos. Fuimos en busca
de mi abuelo. Yo iba primero. Mi padre me seguía... o por lo menos eso
era lo que creía... porque cuando me di la vuelta, mi padre yacía en el
suelo, en un gran charco de sangre. En su mano, llevaba el pañuelo de mi
madre. ¿Pero
cómo puede ser? Allí estaba mi abuelo, sonriendo orgullosamente,
pensando que su trabajo era el mejor del mundo. Esto
no podía estar pasando... Esto no era más que una pesadilla... Pero era
real... era la vida misma. Desde
entonces, en todos mis sueños, aparece ese abuelo matando a un ser muy
querido y cercano a mí, para que, cuando despierte, me encuentre su cadáver
sin vida. Hace
unos años, la policía detuvo a mi abuelo. Le condenaron a pena de
muerte. Yo estaba presente cuando todo ocurrió. No deseaba otra cosa que
ver morir a ese asesino, aunque mi corazón lloraba por la muerte de mi
querido abu. Pero,
lo más escalofriante de todo, es que, después de muerto, aún sigue
apareciendo, tanto en mis sueños, como en la realidad. Soñaba y sigo soñando
con él, viendo cómo cae uno a uno la gente que más quiero. Y allí está
él, repitiéndome una y otra vez la frase que se me grabó en la frente: Las
Apariencias Engañan
La Gran Noche había avanzado. Ireth miró por la ventana. Estaba lloviendo. El dulce sonido de la lluvia otoñal la tranquilizaba. En la calle no había nadie. Ningún alma paseaba por las aceras encharcadas. Ningún coche circulaba por las carreteras impermeables... Las farolas no iluminaban las avenidas. Todo estaba muy oscuro... Sólo el cielo brillaba por los eléctricos rayos. El sonido de la lluvia era interrumpido por el trueno, el majestuoso y ruidoso trueno. Las transparentes gotas de lluvia rebotaban en el cristal de la ventana de la chica. Todas las calles estaban mojadas; ríos de agua cruzaban las carreteras para desembocar en una alcantarilla. Para Ireth, ese paisaje era precioso; la noche desierta, oscura y tormentosa la llenaba de tranquilidad.
Ireth, la chica del pelo negro y ojos verdes, decidió bajar la persiana e intentar dormir un poco. El reloj azul de su escritorio marcaba las tres y media de la madrugada; pero, aunque era tarde, Ireth no tenía nada de sueño. Además, al día siguiente era domingo, y no tenía que madrugar.
Entre sábanas moradas, Ireth se acostó. Miró al blanco techo que cerraba la habitación; pensando, meditando, volando en su mundo... El sueño la invadió. Poco a poco, Ireth fue cerrando sus ojos verdes hasta que los cerró totalmente. No tardó en dormirse por completo...
De repente, Ireth estaba en medio de un espacio negro. Su camisón blanco destacaba en ese vacío. Enfrente suya, vio una puerta de madera. Ireth la abrió y entró en una sala. En esa habitación, no había más que esqueletos y huesos esparcidos por el suelo. Arañas negras correteaban por las paredes, tejiendo su magnífica tela transparente. Murciélagos negros, con la mirada inyectada en sangre, descansaban en los rincones de la sala. Lo más escalofriante (y lo que le llenó de horror a la chica) era que ese cuarto era una cámara de torturas. Guillotinas, látigos... lo llenaban por completo. Un verdugo la estaba esperando. Ireth rogaba y suplicaba que la dejasen en paz, pero el hombre encapuchado no tenía compasión. La ató en una silla y empezó a azotarla con su látigo llameante. Ireth gritaba de dolor...
Ireth pegó un bote en la cama. Su cama estaba mojada de sudor y la dolía la garganta. Fue al baño a refrescarse un poco, pero cuál fue su asombro al ver toda su cara hinchada cubierta de numerosas heridas rojizas, y un chorro de sangre surgía de una de las heridas. Impresionada, se fue a la cama. Tardó mucho en conciliar el sueño de nuevo, pero al final consiguió dormirse...
Ireth se encontró otra vez en la sala de torturas. Estaba atada de pies y manos y arrodillada. Su cabeza estaba bastante sujeta. Miró al suelo: una cesta con calaveras reposaba en el suelo, muy próxima hacia ella. Asustada, miró hacia arriba: una cuchilla estaba cayendo y... ¡zas! La cabeza de Ireth entró en la cesta...
- ¿Pero esta niña no se va a levantar nunca o qué? - gritó la madre de Ireth - Son las dos y media de la tarde y aún sigue durmiendo...
La madre se dirigió al cuarto de la chica de los ojos verdes. Todo estaba muy oscuro... y olía raro... Subió la persiana... La luz entraba poco a poco en la habitación. Pronto, un gritó se oyó; un grito de horror y miedo salió de la garganta de la madre de Ireth. Su hija yacía en la cama, entre sábanas llenas de sangre... y en su papelera... se encontraba la cabeza de la joven...
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