Índice

Sueños

Leyendas Urbanas

Asesinos

    Freddy Krueger

  Jason Voorhes

    Jack el Destripador

    Gacy, el payaso asesino

Casas Encantadas

Fantasmas y almas perdidas

Vampiros

Sueños

Demonios

Ángeles Caídos

Brujas y Hechiceros

Lilith

Lucifer

Halloween

La Noche de San Juan

Rituales e Invocaciones



 

Las revelaciones futuras se muestran ante los mortales cual abanico de oportunidades. Forman nuestro presente, nuestro pasado y nuestro futuro. Están en nuestro interior, en lo más oculto del ser... en nuestra mente.

Un mundo donde la fantasía y las ilusiones se hacen realidad. Un mundo donde los mortales pueden descubrir sus más íntimas fantasías y sus más profundos temores y miedos.

Sueños placenteros, sueños caóticos... sueños reales. Sueños que os helará la sangre y el vello se erizará cual escalofrío.

Revelaciones espirituales, demoníacas y vampíricas. Los protagonistas de estas historias han tenido estos tipos de revelaciones. Descubre, simple mortal, el destino que el inframundo les deparaba...

 

¿Realidad o ficción? Las Apariencias engañan El cuarto de las Pesadillas

 

¿Realidad o ficción?

 

Viernes 13. Por fin había llegado el cumpleaños de Sofía. La chica cumplió ese día 16 años y quiso celebrarlo por todo lo alto. Para ello, invitó a todos sus amigos. La fiesta fue en casa de la cumpleañera. Cenaron una pizza y alquilaron una película de terror, concretamente la de Jason Vorhee titulada 'Viernes 13' a la luz de unas velas blancas. Fue una noche muy especial. El tiempo pasó volando... pronto el reloj del salón dio las doce de la noche. Como todos iban a quedarse a dormir en casa de Sofía a esa hora estaban despiertos. Una de las invitadas del cumpleaños, que se llamaba Verónica, era considerada la chica más rara del instituto. Cogió todas las velas y las puso en círculo alrededor suyo. Sofía la preguntó que qué estaba haciendo, pero su respuesta fue silencio. Todos miraban a su amiga sin saber qué pretendían hacer con las velas. Cuando acabó de colocarlas, Verónica se sentó en medio del círculo. Luego, susurró unas extrañas palabras y después dijo a sus amigos: 'Veo que os gusta el terror. Esta noche viviréis vuestra peor pesadilla'. Los jóvenes se quedaron atónitos al oír sus palabras. Miraron extrañados a la chica y, del círculo, surgió un espíritu negro que se introdujo en el cuerpo de Verónica. Sofía gritó aterradoramente mientras que Verónica caía desmayada entre las velas. Rubén fue a despertarla, pero la fuerza de las velas se lo impidió. De pronto, la chica se levantó y, en ese momento, las velas se apagaron misteriosamente. Verónica tenía los ojos inyectados en sangre y miraba a sus amigos con cara malvada. Salió corriendo del círculo y se dirigió hacia la cocina. Cuando regresó al salón, tenía un cuchillo entre sus manos y miraba fijamente a Rubén. El chico retrocedió, pero Verónica no tardó en lanzare sobre él y lo mató. Todos gritaron de horror. Sofía corrió hacia su habitación y allí se encerró. Desde ahí arriba, la cumpleañera oía que los gritos de sus amigos iban desvaneciéndose... En medio de la habitación, Sofía empezó a llorar desesperadamente, hasta que el picaporte de su puerta empezó a girar... Sofía paró de llorar y corrió hacia la puerta. Sólo se oía silencio... Al otro lado de la puerta acechaba alguien... Del miedo, Sofía no quiso abrir... El picaporte seguía moviéndose... De repente, un cuchillo atravesó la puerta. ¡Verónica iba a matar a Sofía! Al final, la pequeña asesina entró en la habitación de su última víctima... Levantó el brazo e intentó clavar el cuchillo en el corazón de Sofía...

 

De repente, Sofía se despertó. Todo había sido un sueño, pero pareció tan real... Vio que su puerta estaba rota... '¡Qué extraño!'- pensó- 'No será...' y fue directa al salón... Toda la casa retumbó bajo sus pies. Sofía vio horrorizada que todos sus amigos yacían muertos en un mar de sangre...

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Las apariencias engañan

 

Hace bastantes años, cuando yo era una jovencita alegre y risueña, pensaba que esas historias que contaban mis abuelos en el pueblo, a la luz de una fogata en medio de un verde bosque, eran simplemente leyendas, relatos inexistentes que nacen en la mente humana y cuyo fin era el entretener a los jóvenes como yo. Que el caos y las peores pesadillas podían estar escritas en un blanco papel o grabadas con fuego en nuestras mentes, generando así sueños de todos los temas. Que estaban ahí y no percutían en nuestra vida... ¿o quizás sí?... ¿Puede ser posible que esas leyendas y sueños cobren vida y forman parte de la realidad?... Ay, mi querido lector, siento decirte que dichas preguntas son afirmativas. Esos sueños en los que navegamos noche tras noche puede convertirse en una realidad. Puede ser bueno, e incluso, agrada la idea, pero ¿qué dirías si te contara que las peores pesadillas se pueden convertir en una realidad? Amigo mío: eso es lo peor que te puede pasar. Te lo digo yo, pues lo viví cuando era una moza... y, desgraciadamente, aún no he despertado de esta pesadilla.

 

Cuando era joven, todas las noches escribía en un papel los sueños que había disfrutado. Creaba, en un mundo donde la televisión y la radio no estaban en las mentalidades de un pueblecito a las afueras de Galicia, un magnífico pasatiempo, desatando la gran imaginación que tenía en esa época. Algún día tú serás una gran escritora. Era la frase que oía cuando la gente leía mis fantásticas y soñadoras historias...

 

Pero esos sueños maravillosos acabaron cuando mi abuelo, mi queridísimo abu, me contó una historia; terrible y sangrienta... Me la contaba una y otra vez, mas desconozco el por qué de esa repetición.

 

Había una vez un hombre que era muy bueno, muy bueno. Vivía en este mismo pueblo y era muy querido por todos los vecinos. Era un claro ejemplo a seguir: ayudaba a las ancianas a tejer, colaboraba con los ganaderos y agricultores... En pocas palabras, era una persona desinteresada; siempre disponible a los demás.

 

Un día, este hombre se perdió en este bosque. Por más que pedía ayuda, nadie le socorría. Había oído que este bosque estaba encantado y hechizado. Pero él no creía en esas absurdas leyendas y se adentró buscando una posible salida. Entonces, empezó a oír voces. El pobre hombre se volvió loco y corrió hacia ninguna parte. No sabía qué hacer ni a dónde ir.

 

Al día siguiente, encontraron el cuerpo del hombre, sin vida alguna y se lo llevaron de vuelta al pueblo. Lo enterraron en aquél cementerio.

 

Según cuentan, la noche de San Juan, este hombre se levantó de su tumba y un alma fue absorbido por el cuerpo. Su mirada se volvió sangrienta y fue de casa en casa aniquilando cualquier pueblerino que se cruzara por su camino. No se sabe cómo, pero un grupo muy numeroso de hombres consiguió capturarle y lo decapitaron.

 

Ahora, ese alma de ese hombre, que aparentaba ser lo que no era, vaga por este bosque, buscando la manera de volver a la vida para hacer la vida imposible a este pueblo.

 

Mi abuelo me decía siempre que no me fíe de la gente porque las apariencias engañan, y tenía como ejemplo a ese asesino que vivía una doble vida.

 

Y lo peor de todo, mi queridísima Mary... ¡es que ya lo ha encontrado!

 

Mi cara, asombrada, miraba con ojos como platos a mi abuelo, sin entender muy bien lo que decía.

 

Sí, Mary. Él está vivo otra vez.

 

Estaba a punto de llorar. Mi abuelo no paraba de temblar y un frío escalofrío recorrió mi blanca piel.

 

Querida... El alma del asesino lo tienes delante de tus narices. YO SOY ESE ASESINO

 

Grité. Grité con todas mis fuerzas. Mi grito fue tan fuerte y tan agudo que me desperté. Me encontraba sentada en mi cama. Mi madre estaba a mi lado, secándome el sudor que corría por mi frente con su blanquísimo pañuelo de seda. Sus iniciales, B.P., se posaban en mis ojos y, en un hilillo de voz, me animó a dormir.

 

Pronto volví a navegar en mi mundo de sueños. Allí, me encontré con mi abuelo, que me tranquilizó; diciéndome que él era y seguirá siendo ese abuelo que tanto había querido. Sonreí y le cogí de la mano, pensando que lo que había dicho mi abuelo en mi anterior sueño había sido una farsa. Mi abuelo me condujo a una sala, donde estaba sentada mi madre.

 

Vamos a jugar a las cocinitas. Mary, vete a preparar algo para comer que tenemos hambre – me dijo mi abuelo

 

Contenta, me dirigí hacia mi cocina de plástico. Pronto regresé a esa sala para preguntarles algo que en este mismo momento no recuerdo... y vi a mi abuelo con un cuchillo enorme de cocina, que estaba aterrizando rápidamente en el corazón de mamá. De su propulsor empezaron a brotar chorros y más chorros de sangre, como si fuera una fuente. En el suelo, cerca de mí, estaba su blanco pañuelo cubierto de sangre. Lo cogí con ambas manos y lo abracé, humedeciendo ese pañuelo ensangrentado con mis lágrimas tristes...

 

Me volví a despertar de otra pesadilla. Mi madre no estaba. Supuse que se había ido a dormir. Fui a su habitación y, efectivamente, allí estaba. Me tumbé con ella, susurrándola que había tenido otra pesadilla, y la abracé. Pero... no sentía su respiración... no oía el latir de su corazón... Me levanté y vi que mis manos estaban cubiertas de sangre. Enfrente de mí estaba mi abuelo. En sus manos llevaba un cuchillo cubierto de sangre... la sangre de mamá.

 

¿Qué hacer en una situación como ésa? Salí del cuarto, con lágrimas corriendo por mis mejillas coloradas, llenas de rabia y odio hacia aquélla persona que tanto apreciaba. Las apariencias engañan...

 

Acudí al campo donde trabajaba mi padre, pero no le vi. Creía que estaba descansando. Corrí todo lo que pude, buscándole desesperadamente. Las lágrimas borraban mi visión, pero al final lo encontré. Papá me abrazó tan fuerte que mis lágrimas rebotaron y despejaron mis ojos. Fuimos en busca de mi abuelo. Yo iba primero. Mi padre me seguía... o por lo menos eso era lo que creía... porque cuando me di la vuelta, mi padre yacía en el suelo, en un gran charco de sangre. En su mano, llevaba el pañuelo de mi madre.

 

¿Pero cómo puede ser? Allí estaba mi abuelo, sonriendo orgullosamente, pensando que su trabajo era el mejor del mundo.

 

Esto no podía estar pasando... Esto no era más que una pesadilla... Pero era real... era la vida misma.

 

Desde entonces, en todos mis sueños, aparece ese abuelo matando a un ser muy querido y cercano a mí, para que, cuando despierte, me encuentre su cadáver sin vida.

 

Hace unos años, la policía detuvo a mi abuelo. Le condenaron a pena de muerte. Yo estaba presente cuando todo ocurrió. No deseaba otra cosa que ver morir a ese asesino, aunque mi corazón lloraba por la muerte de mi querido abu.

 

Pero, lo más escalofriante de todo, es que, después de muerto, aún sigue apareciendo, tanto en mis sueños, como en la realidad. Soñaba y sigo soñando con él, viendo cómo cae uno a uno la gente que más quiero. Y allí está él, repitiéndome una y otra vez la frase que se me grabó en la frente:

 

Las Apariencias Engañan

 

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El Cuarto de las Pesadillas

 

La Gran Noche había avanzado. Ireth miró por la ventana. Estaba lloviendo. El dulce sonido de la lluvia otoñal la tranquilizaba. En la calle no había nadie. Ningún alma paseaba por las aceras encharcadas. Ningún coche circulaba por las carreteras impermeables... Las farolas no iluminaban las avenidas. Todo estaba muy oscuro... Sólo el cielo brillaba por los eléctricos rayos. El sonido de la lluvia era interrumpido por el trueno, el majestuoso y ruidoso trueno. Las transparentes gotas de lluvia rebotaban en el cristal de la ventana de la chica. Todas las calles estaban mojadas; ríos de agua cruzaban las carreteras para desembocar en una alcantarilla. Para Ireth, ese paisaje era precioso; la noche desierta, oscura y tormentosa la llenaba de tranquilidad. 

 

Ireth, la chica del pelo negro y ojos verdes, decidió bajar la persiana e intentar dormir un poco. El reloj azul de su escritorio marcaba las tres y media de la madrugada; pero, aunque era tarde, Ireth no tenía nada de sueño. Además, al día siguiente era domingo, y no tenía que madrugar.

 

Entre sábanas moradas, Ireth se acostó. Miró al blanco techo que cerraba la habitación; pensando, meditando, volando en su mundo... El sueño la invadió. Poco a poco, Ireth fue cerrando sus ojos verdes hasta que los cerró totalmente. No tardó en dormirse por completo...

 

De repente, Ireth estaba en medio de un espacio negro. Su camisón blanco destacaba en ese vacío. Enfrente suya, vio una puerta de madera. Ireth la abrió y entró en una sala. En esa habitación, no había más que esqueletos y huesos esparcidos por el suelo. Arañas negras correteaban por las paredes, tejiendo su magnífica tela transparente. Murciélagos negros, con la mirada inyectada en sangre, descansaban en los rincones de la sala. Lo más escalofriante (y lo que le llenó de horror a la chica) era que ese cuarto era una cámara de torturas. Guillotinas, látigos... lo llenaban por completo. Un verdugo la estaba esperando. Ireth rogaba y suplicaba que la dejasen en paz, pero el hombre encapuchado no tenía compasión. La ató en una silla y empezó a azotarla con su látigo llameante. Ireth gritaba de dolor...

 

Ireth pegó un bote en la cama. Su cama estaba mojada de sudor y la dolía la garganta. Fue al baño a refrescarse un poco, pero cuál fue su asombro al ver toda su cara hinchada cubierta de numerosas heridas rojizas, y un chorro de sangre surgía de una de las heridas. Impresionada, se fue a la cama. Tardó mucho en conciliar el sueño de nuevo, pero al final consiguió dormirse...

 

Ireth se encontró otra vez en la sala de torturas. Estaba atada de pies y manos y arrodillada. Su cabeza estaba bastante sujeta. Miró al suelo: una cesta con calaveras reposaba en el suelo, muy próxima hacia ella. Asustada, miró hacia arriba: una cuchilla estaba cayendo y... ¡zas! La cabeza de Ireth entró en la cesta...

 

- ¿Pero esta niña no se va a levantar nunca o qué? - gritó la madre de Ireth - Son las dos y media de la tarde y aún sigue durmiendo...

 

La madre se dirigió al cuarto de la chica de los ojos verdes. Todo estaba muy oscuro... y olía raro... Subió la persiana... La luz entraba poco a poco en la habitación. Pronto, un gritó se oyó; un grito de horror y miedo salió de la garganta de la madre de Ireth. Su hija yacía en la cama, entre sábanas llenas de sangre... y en su papelera... se encontraba la cabeza de la joven...

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