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Luci-fer
es una palabra latina compuesta, que significa "portador (fer, de
fero ferre = llevar) de la luz" (lux, lucis; plural, luces). Eso
es exactamente lo que tenemos en Lucifer: nada menos que el portador
de la luz. No es precisamente un nombre feo o detestable, sino todo lo
contrario. Era y sigue siendo nada menos que el nombre del Lucero del
alba, que en latín se llamaba efectivamente Lucifer y en griego, más
cerca de nuestro nombre, lo llamaban ewsjoroV (heosfóros),"el
que trae la aurora", "el portador de la aurora". Y
llamaban así al planeta Venus porque interpretaban que él era el
portador de la luz, que era exactamente por él por quien comenzaba el
día, siendo el sol el continuador de la acción de Lucifer (el
Lucero), que era el responsable de interponerse entre la noche y el día.
Hay que aclarar que en este tiempo creían que la primera estrella que
aparece en el cielo por la tarde (Vesper la llamaban), era otra
distinta. ¿Y de qué le vino justamente a Venus, al Lucero, que le
identificasen con el diablo y con el mal? La explicación más común
es que el pasaje del Apocalipsis de la rebelión en el cielo de una
parte de los ángeles contra Dios, en la que el arcángel san Miguel
capitaneó a los ángeles buenos, se repite de formas diversas en
otras mitologías; y que el origen común de todas ellas pudo ser un
cambio de órbita de Venus, al que cada cultura le asignó una lectura
mítico-religiosa distinta. Este mito se habría transmitido de forma
similar al de la Atlántida. El aumento de luminosidad de Venus habría
sido interpretado por los que lo vivieron como una pugna entre dos
estrellas, el Sol y Venus por enseñorearse del día, quedando
finalmente el sol como vencedor.
Por
dejar constancia de la curiosidad, resulta que la traducción literal
al griego de Lucifer sería jwsjoroV (fósforos). Lo dejaríamos
inmensamente disminuído si no fuese porque la palabra fósforo
denomina al mineral así llamado porque se inflama en contacto con el
aire. Los fósforos llevaban este solemne nombre porque se lo merecían:
obtener fuego (y luz) le costó muchísimo a la humanidad. La aparición
de las cerillas (diminutivo de cera, por el palito de papel encerado
que servía de combustible) acabó de devaluar el fósforo, que
funcionó como sinónimo de cerilla. El pobre Lucifer, tan soberbio,
queriendo competir con el mismísimo sol, quedó reducido a un humilde
fósforo.
Lucifer
es, entre otras representaciones, un arcángel que por amor a los
humanos, se enfrentó con el propio Creador ante la negativa de éste
a concederles la principal facultad con la que les creó: la Sabiduría,
el libre discernimiento. Después de la derrota contra las tropas que
defendían el sometimiento de los humanos, y ante la imposibilidad de
destruir a una entidad angélica que luchaba por amor, quien además
llevaba la razón, el Creador le exilió al planeta que tan
ardorosamente defendía, haciéndole dueño y protector de él: la
Tierra. Lucifer, que provenía del majestuoso y enigmático Sirio
quedaría en la Tierra hasta el fin de los tiempos.
Lucifer
ha sido constantemente relacionado con el Mal. Craso error.
Luciferismo significa Humanidad. Todo cuanto concierne a la humanidad
en este planeta (plano físico) está relacionado y protegido por el
Portador de la Luz.
A
Lucifer, por lo tanto, le corresponden las facultades humanas, los
sentidos, la sensibilidad e incluso la psique y los sueños.
Luciferismo es todo cuanto nos concierne como cuerpo físico en este
plano, así como la relación con otros planos de existencia: mental,
astral y causal (por sólo nombrar los más cercanos) Luciferismo serían
las cuatro dimensiones que el Human puede alcanzar.
No
por casualidad las Iglesias cristianas han perseguido con saña el
Luciferismo. No ha sido porque la Luz sea maléfica y esté en contra
de las creencias cristianas, sino por todo lo contrario, porque la
propia esencia cristiana es luciferina; es decir, el cristianismo,
como representación humana en el planeta esta dentro de la esfera
luciferina y ha de seguirla.
Es
más, Luciferismo es lo mismo que cristianismo, si tomamos este término
como el mensaje y enseñanza que dejará hace dos mil años el Maestro
galileo Jesús. En realidad, Jesús el Cristo sería una representación
de Lucifer, o lo que es lo mismo, la traslación (encarnación) de la
energía creadora en la tierra a través del plano físico (Lucifer)
El mito de Jesucristo es similar al mito luciferino. Claro está, nos
referimos al auténtico mito, al auténtico mensaje que el maestro Jesús
transmitió a sus escogidos: el Secreto Mesiánico. La entidad del
Cristo es luciferina. Su mensaje, enseñanza y secreto es luciferino,
es el mismo mensaje codificado que Lucifer se trajo de Sirio a la
Tierra, el código con el cual es posible ascender de nuevo al estado
de máxima energía con el que fue creado el Human y que por motivos
oscuros nos fue excomulgado.

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