Jack
el Destripador
"Lo más importante de cada persona es la belleza interior"
Este asesino, llamado Jack arbitrariamente, ya que nunca se supo verdaderamente su nombre ni su identidad; burló durante tres meses a la famosa Scotland Yard, realizando todos sus crímenes en Whitechapel (uno de los barrios más miserables de Londres, habitado mayoritariamente por prostitutas).
Se dio el lujo de mandar a la policía partes anatómicas de sus víctimas y luego desaparecer para siempre creando (hace más de 100 años) uno de los mayores enigmas policiales.
La carrera homicida de Jack comienza exactamente el 6 de agosto de 1888. Su primera víctima fue Emma Schmitd, una prostituta a la que degolló de oreja a oreja, le abrió el vientre y esparció los intestinos al lado del cadáver. Le cortó una oreja que envió cuidadosamente envuelta a Scotland Yark, como macabra tarjeta de presentación.
Su segundo crimen fue el 31 de agosto y su víctima Marta Turner, una prostituta de 45 años que sufría enfermedades venéreas. La víctima fue degollada (posiblemente con un bisturí), prácticamente de oreja a oreja, le abrió el vientre y le extrajo un riñón que envío también a Scotland Yard.
La última persona que la vio con vida fue su compañera y amiga Pear con quien caminaron juntas buscando clientes.
La policía detuvo al ex marido Roger Tabrán y al amante de la víctima Henry Wright, pero se comprobó que ambos nada tenían que ver con el crime.
El asesino reaparece el 8 de septiembre, en la calle Bucks Row (Whitechapel).
La víctima esta vez es otra prostituta, Mary Ann Nichols, de 37 años. Como en el caso anterior usa un bisturí, llevándose las vísceras. Por las incisiones en el cuerpo se determina que el homicida es zurdo.
Jack descansó hasta fines de septiembre, más precisamente hasta el día 30 de ese mes, cuando se encuentra con Annie Chapman. Esta mujer de 50 años, gorda y deforme, que no tenía ni donde dormir, fue vista por una testigo conversando alrededor de las once de la noche con un hombre de aparente buena posición, bien vestido y elegante.
A la víctima se la encontró en la calle, faltándole un riñón y con la leyenda escrita en la pared: “Esta es la cuarta y mataré muchas más antes de desaparecer. Jack el Destripador”.
La presión que la gente ejercia sobre Scotland Yard era terrible, cada pista terminaba en nada y para colmo. cuando todavía no se habian acallado los comentarios del último crimen, Jack aparece de nuevo.
A principios de octubre de ese fatídico 1888, es encontrada la quinta víctima:
Catherine Eddowers, una bonita y bien conservada mujer de 38 años, que también (como todas las víctimas), ejercía la prostitución. El crimen lo realizó en una pequeña plaza al final de la calle Berne, en Whitechapel y a pesar de que la plaza estaba rodeada de barracas contenedoras de cueros, con mucha vigilancia, nadie vio ni escuchó nada, mientras el asesino tuvo tiempo y tranquilidad para extraerle los ovarios.
A los pocos días, más precisamente, el 9 de octubre, es el turno de Elizabeth Stride, una sueca de 40 años que había estado en muy buena posición económica, cuando estuvo casada con un ejecutivo bancario; pero diez años atrás murieron sus dos hijos ahogados en un naufragio en el Támesis, donde ella se salvó de milagro. Este hecho, sumado a la depresión y el alcoholismo, la llevaron a prostituirse. Jack la asesinó frente al Nº 40 de la calle Berne. Su cuerpo mutilado fue encontrado junto a sus anillos y algunos peniques.
El último crimen registrado de Jack el Destripador fue el 9 de noviembre a Marie Jannette Kelly; una hermosa joven de 26 años que compartía una habitación con Nelly Guinnard (quien encontró el cadáver).
Las mujeres habían decidido recibir a sus clientes en su casa por el miedo que les producía la presencia del asesino en las calles.
Este crimen (que fue cometido entre las 9 y las 11 de la mañana, según pudo establecer la policía), fue sin dudas el más macabro y horrendo de todos.
Con la tranquilidad que le daba trabajar dentro de una habitación, Jack no solo mató a Marie degollándola de oreja a oreja, sino que también le arrancó la nariz, las orejas y los pechos. El abdomen y el estómago se encontraron abiertos, mientras que el hígado descansaba sobre el muslo derecho, los riñones y el corazón estaban sobre la mesa de luz. A la víctima le faltaba el útero.
Hasta aquí la macabra lista de crímenes; que si bien resulta desagradable, es necesaria conocer para comprender la magnitud de este asesino. Muchas especulaciones se han hecho durante más de cien años sobre la identidad y los motivos de Jack el Destripador. Se supone que era médico, dado que manejaba a la perfección el bisturí y realizaba incisiones perfectas en los cuerpos. Se especuló con que podía ser un fanático religioso (teniendo en cuenta que las víctimas fueron siete, número cabalístico del bien), decidido a terminar con las prostitutas o por lo menos, con algunas de ellas. También un psicólogo atribuyó su aversión a las prostitutas, por ser hijo de una mujer dedicada a esta vida. Por último. hay una teoría (que fue llevada incluso al cine) que nos habla de un respetable cirujano que liberaba su parte “animal”. Se lo conoció como el Dr. Jekyll y su contrapartida era Jack el Destripador.
Sea cual fuese la motivación y el propósito de esta mente enferma; desapareció después de su séptimo crimen para nunca más volver e instalarse en la triste categoría de macabro enigma, hace ya más de 100 años.
Ha pasado más de un siglo y todavía perdura el misterio. Cinco crímenes perpetuados en Whitechapel hacia 1888, que hoy, por el escaso número de víctimas hubiesen ocupado pocas líneas en los diarios, en su momento revolucionaron Londres y el mundo entero.
Durante cien años, investigadores, detectives, policías y muchos aficionados han tratado de establecer un perfil psicológico que ayudase a determinar la personalidad o el nombre del asesino, pero hasta ahora solo se han podido identificar los nombres de unos posibles sospechosos. Tal vez por ese motivo Jack el Destripador se ha convertido en el asesino en serie más conocido de la historia. Su nombre nos evoca una silueta entre la niebla del Londres Victoriano, una sombra con capa y sombrero negros que ataca a sus víctimas y desaparece para siempre de la escena del crimen... no en vano se han escrito sobre él cientos de libros, canciones, óperas y películas. Es la perfecta historia de suspense, el gran misterio sin resolver.
LAS VÍCTIMAS
En el año 1888, Whitechapel era uno de los peores distritos de todo Londres. En las calles, hombres, mujeres y niños arrastraban una vida de pobreza y delincuencia en la que muchas veces el único alivio era el que podía ofrecerles una botella de alcohol barato. Los callejones oscuros desembocaban en bares mugrientos y burdeles miserables en los que algunas mujeres se ganaban la vida prostituyendo sus cuerpos por unos pocos peniques. Fue precisamente aquí, en el East End londinense, donde tuvo lugar el breve reinado de terror del temido descuartizador que firmaba sus crímenes como "Jack el Destripador".
Su primer crimen
oficial, por así decirlo, el que reconocen todas las crónicas, tuvo lugar el
31 de agosto, aunque en su día se sospechó que por lo menos dos asesinatos
anteriores menos publicitados habrían sido también obra suya.
Ese día estaba amaneciendo muy lentamente. Las calles todavía estaban oscuras, y a pesar del frío algún que otro paseante comenzaba a circular por el barrio. Uno de ellos distingue a lo lejos el cuerpo de una mujer tendido en el suelo que a primera vista parecía desmayada, pero cuando se acerca para tratar de ayudarla, ve que unas terribles heridas la habían casi decapitado. Horrorizado, no deja pasar un minuto y avisa al primer policía que hacía su ronda por el barrio, quién acompañado de un médico distingue bajo la luz de una linterna que la muerte le había sido provocada por dos golpes con arma blanca que le habían seccionado la tráquea y el esófago. El cuerpo, todavía caliente en partes, indicaba que el momento del crimen no debía de haber sido de más de media hora antes de haber encontrado el cuerpo. Tras un examen más detallado en la sala de autopsias, descubren además que había sido brutalmente golpeada en la mandíbula inferior izquierda (posiblemente por una persona zurda), y que su abdomen había sido mutilado.
Por lo demás, el asesino no había dejado otras pistas tras de sí, ni testigos, ni el arma homicida. Ninguno de los vecinos oyó nada.
La identificación de la víctima no fue tarea fácil, aunque unos días después su padre y su ex marido identifican el cuerpo de una mujer de 42 años, prostituta, llamada Anne Mare Nichols y conocida como Polly.
Polly había
estado casada y tenía cinco niños, pero su adicción al alcohol había hecho
que su matrimonio se rompiera. Desde entonces, sola, había vivido de sus pobres
ingresos de prostituta.
El lunes 6 de
agosto, varias semanas antes del primer crimen oficial del Destripador, Marta
Tabram, una prostituta de 39 años, había sido hallada muerta con 39 puñaladas;
y algunos meses antes, Emma Smith, una prostituta 45 años, había sido agredida
salvajemente en la cabeza y le habían introducido un objeto en la vagina.
Seguramente estos dos crímenes no tenían nada que ver con nuestro asesino, más
que nada porque la firma del Destripador era más ritualista que los simples
golpes y puñaladas, pero aún así, el terror ya se había apoderado de las
almas de los habitantes del distrito londinense.
Annie Chapman era una mujer sin hogar propio que vivía en pensiones comunes cuando disponía de dinero para el alojamiento de una noche, y cuando no era así, se dedicaba a vagar por las calles en busca de clientes que le proporcionasen alguna moneda para bebida, refugio y alimento. No siempre había sido así, unos años antes estaba casada y con tres niños, pero todos murieron, unos por enfermedad y otros por accidente. Fue un golpe muy duro, nunca se repuso. Así, en estado de depresión permanente comenzó a beber para sobrellevar su soledad.
Su cuerpo fue hallado mutilado en la calle del Mercado de Spitalfields a las 6 de la mañana, y nadie había ido testigo de los hechos. Su intestino estaba en el suelo entre un gran charco de sangre y una profunda incisión cruzaba su cuello de lado a lado.
Todo parecía indicar que había sido asesinada en ese mismo sitio. No había señales de defensa por parte de la víctima, y lo curioso es que cerca de su cadáver se encontraron un pequeño pañuelo, un peine y un cepillo de dientes, que parecían haber sido colocados en un orden concreto por el asesino.
Según el médico
forense que vio el cadáver, el asesino había agarrado a Annie por la barbilla
y la había degollado por la espalda de izquierda a derecha, y por la fuerza
empleada, posiblemente con la tentativa de decapitarla. Eso le había causado la
muerte. Las otras heridas infligidas y las mutilaciones abdominales habían sido
realizadas post mortem: el abdomen había sido abierto para extraer la vagina,
el útero y la vejiga, que no fueron hallados. Las incisiones eran limpias, como
si se tratase del trabajo de un experto en anatomía, o por lo menos el de
alguien con los conocimientos anatómicos y la habilidad suficiente para poder
abrir el cuerpo y extraer los órganos con mucho cuidado de no dañar otras
partes internas. El instrumento utilizado parecía ser un cuchillo estrecho con
lámina fina y muy afilada, la clase de cuchillo que utilizaban los cirujanos y
los carniceros.
Una señora de
nombre Elizabeth Long que se dirigía al mercado esa mañana, pudo aportar un
testimonio valioso: a las cinco y media de la madrugada había visto a un hombre
conversando con una prostituta que identificó como Annie Chapman.
Lamentablemente el hombre estaba de espaldas y no pudo ver su rostro, pero sí
distinguió la silueta de un hombre de unos 40 años, elegante, que portaba un
sombrero y un abrigo oscuros. La hora de la muerte se estimó entonces entre las
cinco y media y las seis de la mañana, hora en la que fue descubierto el cadáver,
lo que significaba que el asesino actuaba rápidamente y con gran precisión.
La falta de indicios hacía que la investigación avanzase lentamente. Todo el mundo había relacionado las muertes entre ellas, y a pesar de que la policía se mantenía en el más absoluto de los silencios, los periódicos no dejaban de alimentar cada rumor escuchado, lo que servía para aumentar la cólera y el miedo de los vecinos. Desde Scotland Yard se llegó a ofrecer una gratificación para quien aportase algún dato válido sobre la identidad del asesino, pero lo único que consiguieron fue que los vecinos aprovechasen sus diferencias y se denunciasen entre ellos, deteniendo simplemente a algunos falsos culpables, excéntricos o alcohólicos que aseguraba ser el descuartizador de prostitutas, aunque tras numerosas investigaciones y por el hecho de que todos carecían de habilidades médicas o que tenían coartadas, no tardaban en recuperar la libertad.
El 25 de septiembre, la Agencia Estatal de Noticias recibió una nota en tinta roja firmada por el propio Jack el Destripador cuyo contenido era:
"Querido
Jefe, desde hace días oigo que la policía me ha cogido, pero en realidad todavía
no me han pescado. No soporto a cierto tipo de mujeres y no dejaré de
destriparlas hasta que haya terminado con ellas. El último es un magnífico
trabajo, a la dama en cuestión no le dio tiempo a chillar. Me gusta mi trabajo
y estoy ansioso de empezar de nuevo, pronto tendrá noticias mías y de mi
gracioso jueguecito..."
Firmado: Jack el Destripador, desde el Infierno.
A partir de entonces seguiría escribiendo cartas y poemas destinados al jefe de la policía londinense jactándose de su habilidad para escabullirse en la oscuridad de las calles y evitar ser atrapado por la multitud que le perseguía, o haciendo alarde de la perfección de sus crímenes y anticipando otros nuevos ataques, siempre seguro de sí.
El domingo 30 de septiembre, se descubría otro cadáver en la calle Berner sobre la una de la mañana. Tras pedir ayuda a la policía, vieron que se trataba de una mujer, cuyas faldas habían sido levantadas por encima de sus rodillas. Un forense llegó a la escena del crimen con su ayudante un cuarto de hora más tarde. Entre los dos detallaron sus conclusiones de la exploración:
"La difunta yace sobre su lado izquierdo, su cara mira hacia la pared derecha. Sus piernas han sido separadas, y algunos miembros están todavía calientes. La mano derecha está abierta sobre el pecho y cubierta de sangre, y la izquierda está parcialmente cerrada sobre el suelo. El aspecto de la cara era bastante apacible, la boca ligeramente abierta. En el cuello hay una larga incisión que comienza sobre el lado izquierdo, 2 ½ pulgadas por debajo del ángulo de la mandíbula casi en línea recta, seccionando la tráquea completamente en dos, y terminándose sobre el lado contrario... "
El asesino no se había ensañado tanto esta vez como en las anteriores. Posiblemente había sido interrumpido mientras la degollaba y hubiese huido antes de completar su ritual.
La joven prostituta fue identificada como Elizabeth Stride, de origen sueco, que había venido a Inglaterra para ganarse la vida tras el fallecimiento de su marido y sus dos hijos en un accidente marítimo.
Esta vez, varios testigos declararon haberla visto momentos antes de su muerte acompañada por un hombre de unos treinta años con pelo y bigote negros, vestido con un abrigo negro y un sombrero alto, que portaba un bulto, como un maletín.
Mientras la policía se enfrentaba al hallazgo de este nuevo cadáver, a pocas calles allí un guarda nocturno descubría el cuerpo de otra víctima degollada. Su abdomen había sido abierto y los intestinos se encontraban en el suelo, además tenía varias heridas por todo el cuerpo. Los miembros estaban todavía calientes, la data de la muerte no debía ser de más de media hora desde el descubrimiento del cadáver.
No había otros indicios más que un escrito con tiza blanca sobre una pared que decía: "No hay porque culpar a los judíos", supuestamente obra del asesino. Antes de que la inscripción pudiese ser fotografiada, el Comisario de la Policía londinense Charles Warren ordenó que fuese borrada, según él porque se trataba de una falsa pista del criminal tratando de culpabilizar a la comunidad judía, y si algún londinense lo leía, podía provocar una revuelta contra ellos.
La víctima era Kate Eddowes, quien como las demás, tenía por oficio el de la prostitución y como afición, la bebida. Sus padres habían muerto cuando ella era joven y a los 16 años se fue a vivir con un hombre, con quién tendría tres hijos. Los malos tratos por parte de éste obligaron a que se fuera de casa, y su adicción al alcohol la obligó a alquilar su cuerpo en las calles.
Como en las muertes de Polly Nichols y Annie Chapman, la garganta de Kate había sido degollada de izquierda a derecha, le habían seccionado el vientre y extraído algunos órganos, entre ellos uno de los riñones.
Después de esto, las cosas parecieron volver a la normalidad en Whitechapel. No hubo ningún otro asesinato durante un mes y las prostitutas regresaron a las calles más tranquilas. Desgraciadamente, la paz duró poco, pues el 9 de noviembre, otra mujer apareció salvajemente asesinada.
Se trataba de Mary Kelly, una atractiva joven de 21 años que se dedicaba a la prostitución para poder mantenerse a ella misma y a su pareja, que se encontraba sin trabajo.
Esa mañana, el locatario subió a la habitación de Mary para cobrar el alquiler mensual, pero nadie contestó a su llamada. Decidió abrir la puerta él mismo, horrorizándose por lo que descubrió...
Sin duda era el crimen más violento de Jack el Destripador. El cadáver estaba tumbado sobre la cama con múltiples heridas de arma blanca, completamente mutilado y con la arteria carótida seccionada. La ferocidad de este asesinato asombró a los cirujanos veteranos de policía. El médico forense necesitó varias páginas para redactar el informe de las lesiones y órganos extraídos.
Este asesinato creó el pánico absoluto en el barrio, haciendo estallar episodios esporádicos de violencia en la muchedumbre. La actividad policial era frenética, cada rincón fue registrado, cada sospechoso detenido e interrogado a fondo, pero no por eso la policía dejaba de ser duramente criticada. Nunca más se volvió a saber del asesino. No hubo más cartas ni más crímenes, parecía que Jack el Destripador hubiese abandonado la escena del crimen para siempre, y finalmente el caso fue cerrado en 1892, el mismo año en que el Inspector encargado del caso se retiró.
Lo cierto es que nadie puede saber si ésta es la verdadera historia o si es otro de los relatos que inspira este terrible personaje. Lo único que hoy en día tenemos claro es que no se trataba de un delincuente cualquiera. Sus hechos demuestran que era una persona con gran inteligencia y tal vez una educación superior a la población de Withechapel, incluso puede que fuese alguien de clase alta. Tal vez tuviese un trastorno de la sexualidad o un trastorno mental que le provocase esa compulsividad y obsesión a la hora de cometer los crímenes. Su afán de reconocimiento y el hecho que resaltase con las cartas enviadas a la prensa su inteligencia, demuestra que también era una persona insegura y llena de complejos. Pero mientras Scotland Yard mantenga sus archivos en el más absoluto secreto, otros autores seguirán suscitando sospechosos que mantengan la leyenda del Destripador viva.