Su
arma favorita es el cuchillo. Y aunque parezca indefenso, Jason es como una gran
caja de sorpresas en cuyo interior no hay más que cadáveres, sangre y cabezas
cortadas.
Su
lugar favorito: El Campamento Crystal. El campamento donde descubrió su
verdadera vocación. El lugar donde un niño enfermo y marginado se convierte en
uno de los asesinos más temido por los mortales que habitan el mundo terrenal.
Él te está esperando... y no le gusta que sus invitados lleguen tarde a la “carnicería”

| Historia de Jason Voorhes | El Campamento Maldito |
Dicen que mala hierba nunca muere, y nadie mejor que Jason Voorhes, nuestro asesino campista con máscara de hockey, para demostrarlo. Jason lleva más de veinte años muriendo y volviendo a la vida para amargar la existencia a todo aquel joven campista o estudiante feliz que encuentra en su camino. La leyenda de Viernes 13 empieza en 1957 en un campamento de verano situado en Crystal Lake. Por un accidente, el joven Jason, un niño introvertido de unos 13 años, muere ahogado. Hasta ahí parecen unos hechos completamente normales, pero en la pantalla cinematográfica nada es lo que parece. Sin que nunca quede muy claro como ocurre, Jason resucita convertido en un auténtico demonio asesino, capaz de realizar la carnicería más sangrienta entre los inocentes y confiados jóvenes que se acercan a su territorio.
A Jason se le atribuye una larga lista de víctimas, siendo sus favoritas chicas hermosas y jóvenes. El loco de la máscara tiene el detalle de variar de forma y de arma cada vez que acaba con la vida de alguien. Sus favoritas son el hacha y un cuchillo de hoja larga y bien afilada, pero ha llegado a utilizar una guitarra eléctrica o un atizador de chimenea. Con sus hazañas se ha convertido en un auténtico mito del cine de terror. Son muchas las referencias que se han hecho a Jason en series de TV, películas, canciones, libros, juegos y hasta anuncios.
Y toda esta vorágine de admiración y seguimiento, por parte de un público adicto a la sangre, comenzó con su primera película: Viernes 13 (Friday the 13, 1980, Sean Cunnigham). A partir de aquí, surgió una nueva escuela para el cine de terror, gestada por el éxito increíble de un público que parecía demandar formas más inverosímiles de matar. Lo importante era que las víctimas sufriesen horriblemente, sin importar ni el móvil ni la justicia.
Hasta once películas ha generado este personaje: Viernes 13 II (Friday the 13. Part 2, 1981, Steve Miner), Viernes 13 III (Friday the 13. Part 3, Steve Miner), Viernes 13 IV: Capítulo Final (Friday the 13. The Final Chapter, 1984, Joseph Zito), Viernes 13 V: Un Nuevo Comienzo (Friday the 13 Part V. A New Beginning, 1985, Danny Steinmann), Viernes 13 VI: Jason Vive (Friday the 13 part VI. Jason Lives, 1986, Tom McLoughlin), Viernes 13 VII: Sangre Nueva (Friday the 13 part VII. The New Blood, 1988, John Carl Buechler), Viernes VIII: Jason Toma Manhattan (Friday the 13 part VIII. Jason Takes Manhattan, 1989, Rob Hedden), Viernes 13 IX: El Viernes Final (Jason Goes to Hell: The Final Friday, 1993, Adam Marcus), y Jason X (2001, James Isaac) que esta ambientada en el espacio. En definitiva, una vida larga y próspera para este niño ahogado en el campamento.
Tanto Freddy como su compañero Jason, actúan por un instinto básico de venganza, sin embargo, el tercer gran asesino de la historia cinematográfica nunca a dado muestras del origen de sus actos. También utiliza una máscara para ocultar su rostro, aunque sí deja entrever unos ojos fríos y despiadados. Hablamos de Michael Myers y de la noche de Halloween.
El Campamento Crystal... El campamento para niños y jóvenes estaba situado cerca del Lago Crystal. En ese lago, hace bastante tiempo se ahogó un niño... un niño que no era como los demás... ese críio se llamaba Jason Voorhes... Desde entonces, los monitores prohibieron a los niños bañarse ahí...
Algunos años después, unas burbujas aparecieron en el agua; unas burbujas que eran cada vez más grandes... del agua salió un hombre... ese hombre era el niño asustadizo que se ahogó una vez... Jason Voorhes había vuelto a la vida...
- Jaaason.... - le llamó la voz de una mujer - ¡Jason, ven con mamá!
Cuál fue el asombro de Jason cuando vio en la orilla a su vieja y difunta madre. A la señora Voorhes le condenaron a la silla eléctrica por haber llevado a cabo una serie de asesinatos, sembrando el horror y el miedo en Nightfield, el barrio donde Jason vivía.
- Jason, quiero que hagas algo por mamá. Ten, coge este cuchillo y custodia el campamento. Cuando estés preparado, te mandaré hacer un nuevo recadito...
Voorhes cogió el cuchillo y se ocultó en un bosque que estaba cerca del Campamento Crystal...
Al día siguiente, un grupo de unos veinticinco chavales llegaron al Campamento Crystal. Todos cogieron sus mochilas y se dirigieron a las cabañas. Esas casitas de madera crujían cuando los chiquillos entraban en ellas. En cada rincón había telas de araña y todo estaba cubierto de polvo. Las camas estaban deshechas y rotas. En una de las cabañas, la puerta se cerró de golpe. Los niños miraron asustados hacia la salida... Un hombre con una máscara de hockey les miraba... Entre sus manos aportaba un gran cuchillo qye se clavó en los estómagos de los críos.
Por la tarde, los veinte niños se fueron a comer, pero no se dieron cuenta de que cinco amiguitos suyos no habían asistido a la comida... Una monitora fue a buscarlos... No les encontró en el interior de la cabaña, pero en el suelo vio cinco charcos de sangre...
La monitora regresó al comedor. Todo el bosque retumbó cuando la monitora vio el espectáculo que había. Los cuerpos de todos los críos estaban en el suelo... cubiertos por un océano de sangre. En medio de todos, alguien agitaba un cuchillo con alegría.
- ¡Ay, mi pequeño Jason! Has hecho un buen trabajo. Tu madre está orgullosísima de ti...
La monitora reconoció al pequeño Voorhes, pero le había dado por muerto... y a la madre también... pero no era verdad...
- Ahora - prosiguió la madre - vete a Nightfield y venga mi muerte...
Desde ese momento, la monitora Cecilia avisó a los habitantes de Nightfield, pero nadie la creyó... Cecilia perdió la cordura y la encerraron en un manicomio.
Mientras tanto, Voorhes vagaba por las carreteras, paseaba por el bosque, sembrando miedo, muerte y sangre por donde pasaba.
Jason,
recorriendo la larga carretera que unía el pueblo con el viejo Campamento
Crystal, iba recordando su dura infancia. Ese niño que, con tan sólo 11 años,
ya era marginado por los niños de su edad debido a una enfermedad que tenía.
No podía salir a la calle, pues temía que los críos del pueblo le pegaran o
le tiraran piedras para que corriera cuesta abajo. La gran tortura llegaba con
las vacaciones de verano y con ellas el ir al Campamento Crystal, donde los
monitores se iban dejando a los muchachos solos en aquel bosque de cabañas
rodeado por naturaleza. Un día, los niños empujaron a Jason
al lago y allí le ahogaron.
Ahora,
años más tarde, Jason había surgido, como alguien dice, de entre las aguas,
para llevar a cabo su venganza, pagar con creces el dolor que le había causado
cuando no era más que un crío.
Se
había puesto a llover. Las gotas frías de agua se introducían en los pocos
agujeros que tenía la máscara con la que Jason se cubría su espantoso rostro.
Poco a poco, sus ropas se fueron convirtiendo en pequeñas manchitas acuáticas.
El asfalto de la carretera se iba cubriendo de una fina capa de agua y a ambos
lados, se formaron ríos de lluvia. En ese momento, un joven de unos 16 años,
iba montado en su bicicleta en dirección contraria a la de Jason. Su
chubasquero amarillo chillón no pasaba desapercibido por el bosque. El joven
observó que un hombre se iba acercando a él un extranjero. Lo que más le
aterró fue que entre sus manos portaba un cuchillo cubierto de sangre... El
joven perdió el equilibrio, cayó al suelo mojado y se enganchó con una gruesa
raíz de un árbol. Jason se acercaba a su nueva presa lenta y tranquilamente.
El chico, con el nerviosismo a flor de piel, intentaba liberarse, pero sus
esfuerzos fueron vanos. Jason ya estaba al lado del herido. Levantó su arma y
sin piedad empezó a clavárselo en los pulmones, de los que salieron largos
chorros de sangre. El joven, poco a poco, sentía cómo sus pulmones le
fallaban... el aire ya no entraba en su cuerpo... pronto se sentía asfixiado.
Su cara se volvió color púrpura y exhaló su último suspiro.
Las
transparentes gotas de lluvia se volvieron rojas, absorbiendo la sangre de otra
víctima que se sumaba a la lista de asesinatos. Jason, orgulloso de sí mismo,
aún oía la voz de su madre en el interior de su cabeza: “Muy bien, hijo mío,
estoy muy orgulloso de ti...”. Allá a lo lejos, había una señal.
‘Nightfield a 200 metros’. Estaba llegando al final de su recorrido, y de
una sola pieza. La lluvia limpiaba el gran cuchillo del asesino. Un río de
sangre iba cubriendo las pisadas húmedas de Jason. Unas huellas profundas,
grandes, que iban señalando el camino, el lejano camino que tenía que realizar
hasta llegar a Nightfield; nueva raíz de la planta oscura y sangrienta del
mal... del mal producido por un niño con problemas mentales...
“Bienvenidos
a Nightfield. Un lugar apacible para descansar y disfrutar de unas largas y
tranquilas vacaciones”. Ese cartel de bienvenida al pueblo siempre le había
parecido a Jason la cosa más cutre y pobre que había visto en su vida. Cartel
color crema, cuyas letras eran marrones claritas y, al fondo, una familia feliz
disfrutaba del paisaje que le rodeaba. Jason odiaba ese cartel... Con su
cuchillo lo rompió y no dejó más que trozos de madera.