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Las
casas encantadas, mis queridos mortales, son los hogares donde las
pesadillas, el horror y el miedo resurgen continuamente. Los mortales más
valientes habitaron esas casas malditas, pero muy pocos han vivido para
contar su experiencia. Pero... ¿son ciertas sus historias o simplemente
son meras leyendas, fruto de la imaginación? ¿Su experiencia ha sido la
realidad más oscura o quizás fue una oscura pesadilla?
Sean
verdaderas o falsas, mis queridos amantes del terror, estos relatos que os
contaré a continuación harán que vuestra piel se erice y que el miedo
circule por vuestras venas

La
Casa Encantada
Aunque esta
leyenda sea bastante vieja, en el barrio de Dowbra sigue viva. A esta
chica la contaron que en su barrio existía una casa encantada cuando sólamente
tenía seis añitos. Desde entonces, no paraba de imaginar cómo sería
esa morada... hasta que abandonó el mundo de la fantasía y aterrizó en
el mundo terrenal cuando por fin, tras la incesante búsqueda de la casa
encantada, la encontró cerca de su hogar...
Dowbra, una
chica de 17 años, había soñado con ese 'mágico' momento: ver la Casa
Encantada de cerca. Esa morada era mucho más grande de lo que había
imaginado. Sus ojos, grandes y brillantes, y enormes como platos,
observaban sin pestañear el magnífico chalet maldito.
Este edificio
estaba compuesto por tres pisos y un sótano. Aún tenía el cartel
'Se vende' y un número de teléfono para ponerse en contacto con el
vendedor del chalet. El jardín, lleno de malas hierbas, era enorme y
rodeado por una gran valla oxidada. Dos grandes gárgolas se apoyaban en
los dos lados de la puerta permitían el acceso a la casa, sus caras eran
malvadas, daban miedo. Los adornos del chalet estaban llenos de polvo pero
aún se podían ver reflejados en la fachada. Por impresionante que
parezca, esos adornos eran un texto que relataba la verdadera leyenda de
esa casa, extrañadamente parecida a la que le habían contado a Dowbra
cuando era pequeña. Emocionada, la joven leyó la leyenda, resumiéndola
en su mente:
"Esta
casa es propiedad de Sir Arthur Silkwood. Fue construida en 1920 bajo el
cementerio de la familia Silkwood. Se dice que los muertos del Señor
Silkwood acabaron con él. Ahora, descansan y esperan no ser perturbados
por algún curioso mortal, ya que, si lo hace, desatarán todo su caos y
sembrarán en Winfield el horror y el miedo jamás visto en la faz de la
tierra."
Sin darse
cuenta, se encontró frente a la puerta de la casa y sin pensárselo dos
veces, la abrió y entró.
Dentro, todo
era muy oscuro... El polvo hizo toser a Dowbra. Intentó ver algo, pero sólo
observaba oscuridad... una oscuridad silenciosa... hasta que por arte de
magia, a unos dos metros de distancia, unas velas empezaron a lucir.
Enfrente de ella había un candelabro cobrizo, que brillaba a la luz de
las velas, mientras que la cera caliente lo pringaba lentamente. Dowbra
cogió el candelabro y, de repente, toda la planta principal se iluminó.
Una luz casi cegadora y muy brillante y iluminaba cada rincón del chalet
embrujado. Dowbra, muerta de miedo, quiso salir de la casa... ¡pero no
encontraba la puerta por la que había entrado porque había desaparecido!
La pobre chica estaba desesperada... y buscó una salida. Fue a la parte
de atrás y cuál fue su asombro cuando vio todo el suelo lleno
de esqueletos y ratas que roían los huesos de esos cadáveres. Dowbra
odiaba a esos roedores repugnantes, así que no pudo pasar al otro lado de
la casa por su presencia. Ya que estaba allí, Dowbra decidió
visitar el chalet. Quería saber dónde estaba el famoso cementerio
del que tanto había oído hablar. Había dos escaleras: una iba hacia
arriba y otra hacia abajo. Dowbra decidió bajar... Abajo, no había luz,
todo estaba más oscuro que cuando entró... pero como llevaba el viejo
candelabro pudo ver mejor en la oscuridad...
Al llegar
abajo, la alegría y la curiosidad llenaron a la chica. ¡Había
encontrado el cementerio! Todo el sótano estaba lleno de lápidas, tenían
jarrones con flores secas y deshojadas. Lo más curioso es que encima de
cada una de esas tumbas flotaba un espíritu plateado y parecía que
estaban descansando... pero se despertaron al sentir calor... el calor de
las velas de Dowbra... Los espíritus dejaron de levitar y se dirigieron a
Dowbra, cumpliendo así su promesa: 'acabar con la vida de los
curiosos que perturban su descanso'...
Dowbra observó
sus trajes: antiguos, de principios de siglo, rotos y desgarrados. Sus
caras eran alargadas, blancas y muy delgadas. Casi se les notaban los
huesos. La mirada, blanca y perdida, llenó de pavor a la joven, que
no podía apartar su mirada... Sus cuerpos parecían alambres; delgados,
alargados y fríos... De repente, Dowbra vio que se levantaban... y se
estaban acercando a ella. Pronto sintió que le faltaba el aire... No podía
respirar... Su corazón se iba parando poco a poco, hasta que dejó de
latir... Dowbra cayó al suelo, en un agujero que había en ese
cementerio... Había una lápida que ponía: 'Dowbra Wilson (1987-2004)'
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