Índice

Casas Encantadas

  Leyendas Urbanas

Asesinos

    Freddy Krueger

Jason Voorhes

    Jack el Destripador

    Gacy, el payaso asesino

Casas Encantadas

Fantasmas y almas perdidas

Vampiros

Sueños

Demonios

Ángeles Caídos

Brujas y Hechiceros

Lilith

Lucifer

Halloween

La Noche de San Juan

Rituales e Invocaciones

 

Las casas encantadas, mis queridos mortales, son los hogares donde las pesadillas, el horror y el miedo resurgen continuamente. Los mortales más valientes habitaron esas casas malditas, pero muy pocos han vivido para contar su experiencia. Pero... ¿son ciertas sus historias o simplemente son meras leyendas, fruto de la imaginación? ¿Su experiencia ha sido la realidad más oscura o quizás fue una oscura pesadilla?

Sean verdaderas o falsas, mis queridos amantes del terror, estos relatos que os contaré a continuación harán que vuestra piel se erice y que el miedo circule por vuestras venas

 

 

La Casa Encantada

 

Aunque esta leyenda sea bastante vieja, en el barrio de Dowbra sigue viva. A esta chica la contaron que en su barrio existía una casa encantada cuando sólamente tenía seis añitos. Desde entonces, no paraba de imaginar cómo sería esa morada... hasta que abandonó el mundo de la fantasía y aterrizó en el mundo terrenal cuando por fin, tras la incesante búsqueda de la casa encantada, la encontró cerca de su hogar...

 

Dowbra, una chica de 17 años, había soñado con ese 'mágico' momento: ver la Casa Encantada de cerca. Esa morada era mucho más grande de lo que había imaginado. Sus ojos, grandes y brillantes, y enormes como platos, observaban sin pestañear el magnífico chalet maldito.

 

Este edificio estaba compuesto por tres pisos y un sótano. Aún tenía el cartel 'Se vende' y un número de teléfono para ponerse en contacto con el vendedor del chalet. El jardín, lleno de malas hierbas, era enorme y rodeado por una gran valla oxidada. Dos grandes gárgolas se apoyaban en los dos lados de la puerta permitían el acceso a la casa, sus caras eran malvadas, daban miedo. Los adornos del chalet estaban llenos de polvo pero aún se podían ver reflejados en la fachada. Por impresionante que parezca, esos adornos eran un texto que relataba la verdadera leyenda de esa casa, extrañadamente parecida a la que le habían contado a Dowbra cuando era pequeña. Emocionada, la joven leyó la leyenda, resumiéndola en su mente:

 

"Esta casa es propiedad de Sir Arthur Silkwood. Fue construida en 1920 bajo el cementerio de la familia Silkwood. Se dice que los muertos del Señor Silkwood acabaron con él. Ahora, descansan y esperan no ser perturbados por algún curioso mortal, ya que, si lo hace, desatarán todo su caos y sembrarán en Winfield el horror y el miedo jamás visto en la faz de la tierra."

 

Sin darse cuenta, se encontró frente a la puerta de la casa y sin pensárselo dos veces, la abrió y entró.

 

Dentro, todo era muy oscuro... El polvo hizo toser a Dowbra. Intentó ver algo, pero sólo observaba oscuridad... una oscuridad silenciosa... hasta que por arte de magia, a unos dos metros de distancia, unas velas empezaron a lucir. Enfrente de ella había un candelabro cobrizo, que brillaba a la luz de las velas, mientras que la cera caliente lo pringaba lentamente. Dowbra cogió el candelabro y, de repente, toda la planta principal se iluminó. Una luz casi cegadora y muy brillante y iluminaba cada rincón del chalet embrujado. Dowbra, muerta de miedo, quiso salir de la casa... ¡pero no encontraba la puerta por la que había entrado porque había desaparecido! La pobre chica estaba desesperada... y buscó una salida. Fue a la parte de atrás y cuál fue su asombro cuando vio todo el suelo lleno de esqueletos y ratas que roían los huesos de esos cadáveres. Dowbra odiaba a esos roedores repugnantes, así que no pudo pasar al otro lado de la casa por su presencia. Ya que estaba allí, Dowbra decidió visitar el chalet. Quería saber dónde estaba el famoso cementerio del que tanto había oído hablar. Había dos escaleras: una iba hacia arriba y otra hacia abajo. Dowbra decidió bajar... Abajo, no había luz, todo estaba más oscuro que cuando entró... pero como llevaba el viejo candelabro pudo ver mejor en la oscuridad...

 

Al llegar abajo, la alegría y la curiosidad llenaron a la chica. ¡Había encontrado el cementerio! Todo el sótano estaba lleno de lápidas, tenían jarrones con flores secas y deshojadas. Lo más curioso es que encima de cada una de esas tumbas flotaba un espíritu plateado y parecía que estaban descansando... pero se despertaron al sentir calor... el calor de las velas de Dowbra... Los espíritus dejaron de levitar y se dirigieron a Dowbra, cumpliendo así su promesa: 'acabar con la vida de los curiosos que perturban su descanso'...

 

Dowbra observó sus trajes: antiguos, de principios de siglo, rotos y desgarrados. Sus caras eran alargadas, blancas y muy delgadas. Casi se les notaban los huesos. La mirada, blanca y perdida, llenó de pavor a la joven, que no podía apartar su mirada... Sus cuerpos parecían alambres; delgados, alargados y fríos... De repente, Dowbra vio que se levantaban... y se estaban acercando a ella. Pronto sintió que le faltaba el aire... No podía respirar... Su corazón se iba parando poco a poco, hasta que dejó de latir... Dowbra cayó al suelo, en un agujero que había en ese cementerio... Había una lápida que ponía: 'Dowbra Wilson (1987-2004)'

 

Volver Arriba

 

Hosted by www.Geocities.ws

1