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Autor:
Alonso Marroquín
Andar o
Irse de Picos Pardos significa Irse de parranda en busca de mujeres y chupe
(alcohol).
Esta
expresión cuyo uso se popularizó durante mucho tiempo en México, tiene su
origen en Perú, en la época del virreinato.
Don
Ricardo Palma, autor de aquel país
andino, recogió en varios volúmenes
sus tradiciones, haciendo la crónica del origen de muchas de ellas.
En sus
“Tradiciones Peruanas”, nos cuenta...
En el
Perú de los virreyes ... De cómo un príncipe fue alcalde en el Perú (1796)
[...] Era el caso que el intendente había autorizado una corrida de toros
en domingo, día consagrado al Señor, y el obispo veía en esto mucho de
irreligiosa desobediencia [...] El señor Sobrino y Minayo,
a pesar de la mitra, era aficionado a la camorra; y tanto que la armó, y
gorda, por poner en vigencia una ordenanza de Felipe II,
la cual disponía que las hembras de
enaguas airadas vistieran, para no ser confundidas con las honestas damas,
de paño pardo con adornos de picos, de donde, por si ustedes lo
ignoran, les diré que tuvo origen la frase andar a picos pardos. [...]
Añadimos
a la información anterior lo que al respecto cuenta José M. Iribarren, en "El porqué de los dichos":
"El
Diccionario de la Academia, en su 3ª. Edición 1791, decía que
"Andarse, o irse, a picos pardos" es ‘frase con que se da a
entender que alguno, pudiendo aplicarse a cosas útiles y provechosas, se
entrega a las inútiles e insustanciales, por no trabajar y por andarse a la
briba". En su origen, la frase "irse a picos pardos" o
"de picos pardos" significó irse con una mujer de la vida o
"moza de partido", y se dijo porque la ley obligaba a las tales a
usar "jubón de picos pardos", para distinguirlas de las mujeres decentes. Montoto, en "Un paquete de cartas", escribe:
"Los picos, o los mantos con picos pardos fueron, según leí no
recuerdo en cuál autor, distintivo de las mujeres de vida airada, mozas de
partido, etc. En tiempos pasados, las tales tenían que vestir como se les
ordenaba. Según las Ordenanzas de la Casa Pública de Sevilla, no habían de
usar vestidos talares, ni sombrillas, ni guantes, sino una mantilla para
los hombros, corta y encarnada”.
Y aquí viene lo simpático
En esta hermosa Ciudad de México, en la zona
de la Merced, por las Calles de San Pablo, sucedió hace pocos años algo parecido,
pero inverso. Las autoridades al ver que las chavas de la vida galante, las del tacón dorado, pirujas, taloneras, suripantas, caminadoras, de
la vida alegre, puchachas, etc...
vestían con “ropa
interior exterior” (esa moda
de ponerse una chamarra y debajo sólo un brasier, y por pantalones unos entallados mallones ) decidieron establecer una “nueva presentación” para tan buscadas y solicitadas féminas, y con ello “adecentarlas”, prohibiendo ese tipo de atuendos extravagantes.
Resumen:
Hace 300 años
por la protesta de las mujeres decentes las autoridades decidieron evidenciar a aquellas que eran “mariposillas” . 300 años después las autoridades se preocuparon de “homogeneizar”
la vestimenta para que no atentara contra la “decencia”.
Master
dixit
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