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Explicación
Mucho se
discutió el anonimato de este libro. Lo que yo discutía en mi interior
mientras tanto, era si debía o no sacarlo de su origen íntimo: revelar su
progenitura era desnudar la intimidad de su nacimiento. Y no me parecía que
tal acción fuera leal a los arrebatos de amor y furia, al clima
desconsolado y ardiente del destierro que le dio nacimiento.
Por otra parte
pienso que todos los libros debieran ser anónimos. Pero entre quitar a
todos los míos mi nombre o entregarlo al más misterioso, cedí, por fin,
aunque sin muchas ganas.
¿Que por qué
guardó su misterio por tanto tiempo? Por nada y por todo, por lo de aquí y
lo de más allá, por alegrías impropias, por sufrimientos ajenos. Cuando
Paolo Ricci, compañero luminoso, lo imprimió por primera vez en Nápoles en
1952 pensamos que aquellos escasos ejemplares que él cuidó y preparó con
excelencia, desaparecerían sin dejar huellas en las arenas del sur.
No ha sido así.
Y la vida que reclamó su estallido secreto hoy me lo impone como presencia
del inconmovible amor.
Entrego, pues,
este libro sin explicarlo más, como si fuera mío y no lo fuera: basta con
que pudiera andar solo por el mundo y crecer por su cuenta. Ahora que lo
reconozco espero que su sangre furiosa me reconocerá también.
Pablo Neruda
Isla Negra,
noviembre de 1963
Introducción
Habana, 3 de
octubre de 1951
Estimado señor:
Me permito
enviarle estos papeles que creo le interesarán y que no he podido dar a la
publicidad hasta ahora.
Tengo todos los
originales de estos versos. Están escritos en los sitios más diversos, como
trenes, aviones, cafés y en pequeños papelitos extraños en los que no hay
casi correcciones.
En una de sus
últimas cartas venía la "Carta en el camino".
Muchos de estos
papeles por arrugados y cortados son casi ilegibles, pero creo que he
logrado descifrarlos.
Mi persona no
tiene importancia, pero soy la protagonista de este libro y eso me hace
estar orgullosa y satisfecha de mi vida.
Este amor, este
gran amor, nació un agosto de un año cualquiera, en mis giras que hacía
como artista, por los pueblos de la frontera franco española.
Él venía de la
guerra de España. No venía vencido. Era del partido de Pasionaria, estaba
lleno de ilusiones y de esperanzas para su pequeño y lejano país, en Centro
América. Siento no poder dar su nombre. Nunca he sabido cuál era el
verdadero, si Martínez, Ramírez o Sánchez. Yo lo llamo simplemente mi
Capitán y éste es el nombre que quiero conservar en este libro.
Sus versos son
como él mismo: tiernos, amorosos, apasionados, y terribles en su cólera.
Era fuerte y su fuerza la sentían todos los que a él se acercaban. Era un
hombre privilegiado de los que nacen para grandes destinos. Yo sentía su
fuerza y mi placer más grande era sentirme pequeña a su lado.
Entró a mi vida,
como él lo dice en un verso, echando la puerta abajo. No golpeó la puerta
con timidez de enamorado. Desde el primer instante, él se sintió dueño de
mi cuerpo y de mi alma. Me hizo sentir que todo cambiaba en mi vida, esa pequeña
vida mía de artista, de comodidad, de blandura, se transformó como todo lo
que él tocaba.
No sabía de
sentimientos pequeños, ni tampoco los aceptaba. Me dio su amor, con toda la
pasión que él era capaz de sentir y yo lo amé como nunca me creí capaz de
amar. Todo se transformó en mi vida. Entré a un mundo que antes nunca soñé
que existía. Primero tuve miedo, hubo momentos de duda, pero el amor no me
dejó vacilar mucho tiempo.
Este amor me
traía todo.
La ternura dulce
y sencilla cuando buscaba una flor, un juguete, una piedra de río y me la
entregaba con sus ojos húmedos de una ternura infinita. Sus grandes manos
eran, en este momento, de una blandura dulce y en sus ojos se asomaba
entonces un alma de niño.
Pero había en mí
un pasado que él no conocía y había celos y furias incontenibles. Éstas
eran como tempestades furiosas que azotaban su alma y la mía, pero nunca
tuvieron fuerza para destrozar la cadena que nos unía, que era nuestro
amor, y de cada tempestad salíamos más unidos, más fuertes, más seguros de
nosotros mismos.
En todos estos
momentos, él escribía estos versos, que me hacían subir al cielo o bajar al
mismo infierno, con la crudeza de sus palabras que me quemaban como brasas.
Él no podía amar
de otra manera.
Estos versos son
la historia de nuestro amor, grande en todas sus manifestaciones. Tenía la
misma pasión que él ponía en sus combates, en sus luchas contra las
injusticias. Le dolía el sufrimiento y la miseria, no sólo de su pueblo,
sino de todos los pueblos, todas las luchas por combatirlas eran suyas y se
entregaba entero, con toda su pasión.
Yo soy muy poco
literaria y no puedo hablar del valor de estos versos, fuera del valor
humano que indiscutiblemente tienen. Tal vez el Capitán nunca pensó que
estos versos se publicarían, pero ahora creo que es mi deber darlos al
mundo.
Saluda
atentamente a usted.
Rosario de la
Cerda
LOS VERSOS DEL
CAPITÁN
El amor
EN TI LA TIERRA
Pequeña
rosa,
rosa pequeña,
a veces,
diminuta y
desnuda,
parece
que en una mano
mía
cabes,
que así voy a
cerrarte
y llevarte a mi
boca,
pero
de pronto
mis pies tocan
tus pies y mi boca tus labios, has crecido,
suben tus
hombros como dos colinas,
tus pechos se
pasean por mi pecho,
mi brazo alcanza
apenas a rodear la delgada
línea de luna
nueva que tiene tu cintura:
en el amor como
agua de mar te has desatado:
mido apenas los
ojos más extensos del cielo
y me inclino a
tu boca para besar la tierra.
LA REINA
Yo te he
nombrado reina.
Hay más altas
que tú, más altas.
Hay más puras
que tú, más puras.
Hay más bellas
que tú, hay más bellas.
Pero tú eres la
reina.
Cuando vas por
las calles
nadie te
reconoce.
Nadie ve tu
corona de cristal, nadie mira
la alfombra de
oro rojo
que pisas donde
pasas,
la alfombra que
no existe.
Y cuando asomas
suenan todos los
ríos
en mi cuerpo,
sacuden
el cielo las
campanas,
y un himno llena
el mundo.
Sólo tú y Yo,
sólo tú y yo,
amor mío,
lo escuchamos.
EL ALFARERO
Todo tu cuerpo
tiene
copa o dulzura
destinada a mí.
Cuando subo la
mano
encuentro en
cada sitio una paloma
que me buscaba,
como si te hubieran, amor, hecho de arcilla
para mis propias
manos de alfarero.
Tus rodillas,
tus senos,
tu cintura
faltan en mí como en el hueco
de una tierra
sedienta
de la que
desprendieron
una forma,
y juntos
somos completos
como un solo río,
como una sola
arena.
8 DE SEPTIEMBRE
Hoy, este día
fue una copa plena,
hoy, este día
fue la inmensa ola,
hoy, fue toda la
tierra.
Hoy el mar
tempestuoso
nos levantó en
un beso tan alto que temblamos
a la luz de un
relámpago
y, atados,
descendimos
a sumergirnos
sin desenlazarnos.
Hoy nuestros
cuerpos se hicieron extensos,
crecieron hasta
el límite del mundo
y rodaron
fundiéndose
en una sola gota
de cera o
meteoro.
Entre tú y yo se
abrió una nueva puerta
y alguien, sin
rostro aún,
allí nos
esperaba.
TUS PIES
Cuando no puedo
mirar tu cara
miro tus pies.
Tus pies de
hueso arqueado,
tus pequeños
pies duros.
Yo sé que te
sostienen,
y que tu dulce
peso
sobre ellos se
levanta.
Tu cintura y tus
pechos,
la duplicada
púrpura de tus pezones,
la caja de tus
ojos que recién han volado,
tu ancha boca de
fruta,
tu cabellera
roja,
pequeña torre
mía.
Pero no amo tus
pies
sino porque
anduvieron
sobre la tierra
y sobre
el viento y
sobre el agua,
hasta que me
encontraron.
TUS MANOS
Cuando tus manos
salen,
y amor, hacia
las mías,
qué me traen
volando?
Por qué se
detuvieron en mi boca,
de pronto,
por qué las
reconozco
como si entonces
antes,
las hubiera
tocado,
como si antes de
ser
hubieran recorrido
mi frente, mi
cintura?
Su suavidad
venía
volando sobre el
tiempo,
sobre el mar,
sobre el humo,
sobre la
primavera,
y cuando tú
pusiste
tus manos en mi
pecho,
reconocí esas
alas
de paloma
dorada,
reconocí esa
greda
y ese color de
trigo.
Los años de mi
vida
yo caminé
buscándolas.
Subí las
escaleras,
crucé los
arrecifes,
me llevaron los
trenes,
las aguas me
trajeron,
y en la piel de
las uvas
me pareció
tocarte.
La madera de
pronto
me trajo tu
contacto,
la almendra me
anunciaba
tu suavidad
secreta,
hasta que se
cerraron
tus manos en mi
pecho
y allí como dos
alas
terminaron su
viaje.
TU RISA
Quítame el pan
si quieres,
quítame el aire,
pero
no me quites tu
risa.
No me quites la
rosa,
la lanza que
desgranas,
el agua que de
pronto
estalla en tu
alegría,
la repentina ola
de planta que te
nace.
Mi lucha es dura
y vuelvo
con los ojos
cansados
a veces de haber
visto
la tierra que no
cambia,
pero al entrar
tu risa
sube al cielo
buscándome
y abre para mí
todas las puertas
de la vida.
Amor mío, en la
hora
más oscura
desgrana
tu risa, y si de
pronto
ves que mi
sangre mancha
las piedras de
la calle,
ríe, porque tu
risa
será para mis
manos
como una espada
fresca.
Junto al mar en
otoño,
tu risa debe
alzar
su cascada de
espuma,
y en primavera,
amor,
quiero tu risa
como
la flor que yo
esperaba,
la flor azul, la
rosa
de mi patria
sonora.
Ríete de la
noche,
del día, de la
luna,
ríete de las
calles
torcidas de la
isla,
ríete de este
torpe
muchacho que te
quiere,
pero cuando yo
abro
los ojos y los
cierro,
cuando mis pasos
van,
cuando vuelven
mis pasos,
niégame el pan,
el aire,
la luz, la
primavera,
pero tu risa
nunca
porque me
moriría.
EL INCONSTANTE
Los ojos se me
fueron
detrás de una
morena que pasó.
Era de nácar
negro,
era de uvas
moradas,
y me azotó la
sangre
con su cola de
fuego.
Detrás de todas
me voy.
Pasó una clara
rubia
como una planta
de oro
balanceando sus
dones.
Y mi boca se fue
como una ola
descargando en
su pecho
relámpagos de
sangre.
Detrás de todas
me voy.
Pero a ti, sin
moverme,
sin verte, tú
distante,
van mi sangre y
mis besos,
morena y clara
mía,
alta y pequeña
mía,
ancha y delgada
mía,
mi fea, mi
hermosura,
hecha de todo el
oro
y de toda la
plata,
hecha de todo el
trigo
y de toda la
tierra,
hecha de toda el
agua
de las olas
marinas,
hecha para mis
brazos,
hecha para mis
besos,
hecha para mi
alma.
LA NOCHE EN LA
ISLA
Toda la noche he
dormido contigo
junto al mar, en
la isla.
Salvaje y dulce
eras entre el placer y el sueño,
entre el fuego y
el agua.
Tal vez muy
tarde
nuestros sueños
se unieron
en lo alto o en
el fondo,
arriba como
ramas que un mismo viento mueve,
abajo como rojas
raíces que se tocan.
Tal vez tu sueño
se separó del
mío
y por el mar
oscuro
me buscaba como
antes,
cuando aún no
existías,
cuando sin
divisarse navegué por tu lado,
y tus ojos
buscaban lo que ahora
-pan, vino, amor
y cólera-
te doy a manos
llenas
porque tú eres
la copa
que esperaba los
dones de mi vida.
He dormido
contigo
toda la noche
mientras
la oscura tierra
gira
con vivos y con
muertos,
y al despertar
de pronto
en medio de la
sombra
mi brazo rodeaba
tu cintura.
Ni la noche, ni
el sueño
pudieron
separarnos.
He dormido
contigo
y al despertar
tu boca
salida de tu
sueño
me dio el sabor
de tierra,
de agua marina,
de algas,
del fondo de tu
vida,
y recibí tu beso
mojado por la
aurora
como si me
llegara
del mar que nos
rodea.
EL VIENTO EN LA
ISLA
El viento es un
caballo:
óyelo cómo corre
por el mar, por
el cielo.
Quiere llevarme:
escucha
cómo recorre el
mundo
para llevarme
lejos.
Escóndeme en tus
brazos
por esta noche
sola,
mientras la
lluvia rompe
contra el mar y
la tierra
su boca
innumerable.
Escucha cómo el
viento
me llama galopando
para llevarme
lejos.
Con tu frente en
mi frente,
con tu boca en
mi boca,
atados nuestros
cuerpos
al amor que nos
quema,
deja que el
viento pase
sin que pueda
llevarme.
Deja que el
viento corra
coronado de
espuma,
que me llame y
me busque
galopando en la
sombra,
mientras yo,
sumergido
bajo tus grandes
ojos,
por esta noche
sola
descansaré,
amormío.
LA INFINITA
Ves estas manos?
Han medido
la tierra, han
separado
los minerales y
los cereales,
han hecho la paz
y la guerra,
han derribado
las distancias
de todos los
mares y ríos,
y sin embargo
cuando te
recorren
a ti, pequeña,
grano de trigo, alondra,
no alcanzan a
abarcarle,
se cansan
alcanzando
las palomas
gemelas
que reposan o
vuelan en tu pecho,
recorren las
distancias de tus piernas,
se enrollan en
la luz de tu cintura.
Para mí eres
tesoro más cargado
de inmensidad
que el mar y sus racimos
y eres blanca y
azul y extensa como
la tierra en la
vendimia.
En ese
territorio,
de tus pies a tu
frente,
andando,
andando, andando,
me pasaré la
vida.
BELLA
Bella,
como en la
piedra fresca
del manantial,
el agua
abre un ancho
relámpago de espuma,
así es la
sonrisa en tu rostro,
bella.
Bella,
de finas manos y
delgados pies
como un
caballito de plata,
andando, flor del
mundo,
así te veo,
bella.
Bella,
con un nido de
cobre enmarañado
en tu cabeza, un
nido
color de miel
sombría
donde mi corazón
arde y reposa,
bella.
Bella,
no te caben los
ojos en la cara,
no te caben los
ojos en la tierra.
Hay países, hay
ríos,
en tus ojos,
mi patria está
en tus ojos,
yo camino por
ellos,
ellos dan luz al
mundo
por donde yo
camino,
bella.
Bella,
tus senos son
como dos panes hechos
de tierra cereal
y luna de oro,
bella.
Bella,
tu cintura
la hizo mi brazo
como un río cuando
pasó mil años
por tu dulce cuerpo,
bella.
Bella,
no hay nada como
tus caderas,
tal vez la
tierra tiene
en algún sitio
oculto
la curva y el
aroma de tu cuerpo,
tal vez en algún
sitio,
bella.
Bella, mi bella,
tu voz, tu piel,
tus uñas,
bella, mi bella,
tu ser, tu luz,
tu sombra,
bella,
todo eso es mío,
bella,
todo eso es mío,
mía,
cuando andas o
reposas,
cuando cantas o
duermes,
cuando sufres o
sueñas,
siempre,
cuando estás
cerca o lejos,
siempre,
eres mía, mi
bella,
siempre.
LA RAMA ROBADA
En la noche
entraremos
a robar
una rama
florida.
Pasaremos el
muro,
en las tinieblas
del jardín ajeno,
dos sombras en
la sombra.
Aún no se fue el
invierno,
y el manzano
aparece
convertido de
pronto
en cascada de
estrellas olorosas.
En la noche
entraremos
hasta su
tembloroso firmamento,
y tus pequeñas
manos y las mías
robarán las
estrellas.
Y sigilosamente,
a nuestra casa,
en la noche y en
la sombra,
entrará con tus
pasos
el silencioso
paso del perfume
y con pies
estrellados
el cuerpo claro
de la primavera.
EL HIJO
Ay hijo, sabes,
sabes
de dónde vienes?
De un lago con
gaviotas
blancas y
hambrientas.
Junto al agua de
invierno
ella y yo
levantamos
una fogata roja
gastándonos los
labios
de besarnos el
alma,
echando al fuego
todo,
quemándonos la
vida.
Así llegaste al
mundo.
Pero ella para
verme
y para verte un
día
atravesó los
mares
y yo para
abrazar
su pequeña
cintura
toda la tierra
anduve,
con guerras y
montañas,
con arenas y
espinas.
Así llegaste al
mundo.
De tantos sitios
vienes,
del agua y de la
tierra,
del fuego y de
la nieve,
de tan lejos
caminas
hacia nosotros
dos,
desde el amor
terrible
que nos ha
encadenado,
que queremos
saber
cómo eres, qué
nos dices,
porque tú sabes
más
del mundo que te
dimos.
Como una gran
tormenta
sacudimos
nosotros
el árbol de la
vida
hasta las más
ocultas
fibras de las
raíces
y apareces ahora
cantando en el
follaje,
en la más alta
rama
que contigo
alcanzamos.
LA TIERRA
La tierra verde
se ha entregado
a todo lo
amarillo, oro, cosechas,
terrones, hojas,
grano,
pero cuando el
otoño se levanta
con su
estandarte extenso
eres tú la que
veo,
es para mí tu
cabellera
la que reparte
las espigas.
Veo los
monumentos
de antigua
piedra rota,
pero si toco
la cicatriz de
piedra
tu cuerpo me
responde,
mis dedos
reconocen
de pronto,
estremecidos,
tu caliente
dulzura.
Entre los héroes
paso
recién
condecorados
por la tierra y
la pólvora
y detrás de
ellos, muda,
con tus pequeños
pasos,
eres o no eres?
Ayer cuando
sacaron
de raíz, para
verlo,
el viejo árbol
enano
te vi salir
mirándome
desde las
torturadas
y sedientas
raíces.
Y cuando viene
el sueño
a extenderme y
llevarme
a mi propio
silencio
hay un gran
viento blanco
que derriba mi
sueño
y caen de él las
hojas,
caen como
cuchillos
sobre mí
desangrándome.
Y cada herida
tiene
la forma de tu
boca.
AUSENCIA
Apenas te he
dejado,
vas en mí,
cristalina
o temblorosa,
o inquieta,
herida por mí mismo
o colmada de
amor, como cuando tus ojos
se cierran sobre
el don de la vida
que sin cesar te
entrego.
Amor mío,
nos hemos
encontrado
sedientos y nos
hemos
bebido toda el
agua y la sangre,
nos encontramos
con hambre
y nos mordimos
como el fuego
muerde,
dejándonos
heridas.
Pero espérame,
guárdame tu
dulzura.
Yo te daré
también
una rosa.
El deseo
EL TIGRE
Soy el tigre.
Te acecho entre
las hojas
anchas como
lingotes
de mineral
mojado.
El río blanco
crece
bajo la niebla.
Llegas.
Desnuda te
sumerges.
Espero.
Entonces en un
salto
de fuego,
sangre, dientes,
de un zarpazo
derribo
tu pecho, tus
caderas.
Bebo tu sangre,
rompo
tus miembros uno
a uno.
Y me quedo
velando
por años en la
selva
tus huesos, tu
ceniza,
inmóvil,
lejos del odio y
de la cólera,
desarmado en tu
muerte,
cruzado por las
lianas,
inmóvil en la
lluvia,
centinela
implacable
de mi amor
asesino.
EL CÓNDOR
Yo soy el
cóndor, vuelo
sobre ti que
caminas
y de pronto en
un ruedo
de viento,
pluma, garras,
te asalto y te
levanto
en un ciclón
silbante
de huracanado
frío.
Y a mi torre de
nieve,
a mi guarida
negra
te llevo y sola
vives,
y te llenas de
plumas
y vuelas sobre
el mundo,
inmóvil, en la
altura.
Hembra cóndor,
saltemos
sobre esta presa
roja,
desgarremos la
vida
que pasa
palpitando
y levantemos
juntos
nuestro vuelo
salvaje.
EL INSECTO
De tus caderas a
tus pies
quiero hacer un
largo viaje.
Soy más pequeño
que un insecto.
Voy por estas
colinas,
son de color de
avena,
tienen delgadas
huellas
que sólo yo
conozco,
centímetros quemados,
pálidas
perspectivas.
Aquí hay una
montaña.
No saldré nunca
de ella.
Oh qué musgo
gigante!
Y un cráter, una
rosa
de fuego
humedecido!
Por tus piernas
desciendo
hilando una
espiral
o durmiendo en
el viaje
y llego a tus
rodillas
de redonda
dureza
como a las cimas
duras
de un claro
continente.
Hacia tus pies
resbalo,
a las ocho
aberturas,
de tus dedos
agudos,
lentos,
peninsulares,
y de ellos al
vacío
de la sábana
blanca
caigo, buscando
ciego
y hambriento tu
contorno
de vasija quemante!
Las furias
EL AMOR
Qué tienes, qué
tenemos,
qué nos pasa?
Ay nuestro amor
es una cuerda dura
que nos amarra
hiriéndonos
y si queremos
salir de nuestra
herida,
separarnos,
nos hace un
nuevo nudo y nos condena
a desangrarnos y
quemarnos juntos.
Qué tienes? Yo
te miro
y no hallo nada
en ti sino dos ojos
como todos los
ojos, una boca
perdida entre
mil bocas que besé, más hermosas,
un cuerpo igual
a los que resbalaron
bajo mi cuerpo
sin dejar memoria.
Y qué vacía por
el mundo ibas
como una jarra
de color de trigo
sin aire, sin
sonido, sin substancia!
Yo busqué en
vano en ti
profundidad para
mis brazos
que excavan, sin
cesar, bajo la tierra:
bajo tu piel,
bajo tus ojos nada,
bajo tu doble
pecho levantado
apenas
una corriente de
orden cristalino
que no sabe por
qué corre cantando.
Por qué, por
qué, por qué, amor mío, por qué?
SIEMPRE
Antes de mí
no tengo celos.
Ven con un
hombre
a la espalda,
ven con cien
hombres en tu cabellera,
ven con mil
hombres entre tu pecho y tus pies,
ven como un río
lleno de
ahogados
que encuentra el
mar furioso,
la espuma
eterna, el tiempo!
Tráelos todos
adonde yo te
espero:
siempre
estaremos solos,
siempre
estaremos tú y yo
solos sobre la
tierra
para comenzar la
vida!
EL DESVÍO
Si tu pie se
desvía de nuevo,
será cortado.
Si tu mano te
lleva
a otro camino
se caerá
podrida.
Si me apartas tu
vida
morirás
aunque vivas.
Seguirás muerta
o sombra,
andando sin mí
por la tierra.
LA PREGUNTA
Amor, una
pregunta
te ha destrozado.
Yo he regresado
a ti
desde la
incertidumbre con espinas.
Te quiero recta
como
la espada o el
camino.
Pero te empeñas
en guardar un
recodo
de sombra que no
quiero.
Amor mío,
compréndeme,
te quiero toda,
de ojos a pies,
a uñas,
por dentro,
toda la
claridad, la que guardabas.
Soy yo, amor
mío,
quien golpea tu
puerta.
No es el es el
fantasma, no es
el que antes se
detuvo
en tu ventana.
yo echo la
puerta abajo:
Yo entro en toda
tu vida:
vengo a vivir en
tu alma:
tú no puedes
conmigo.
Tienes que abrir
puerta a puerta,
tienes que
obedecerme,
tienes que abrir
los ojos
para que busque
en ellos,
tienes que ver
cómo ando
con pasos
pesados
por todos los
caminos
que, ciegos, me
esperaban.
No me temas,
soy tuyo,
pero
no soy el
pasajero ni el mendigo,
soy tu dueño,
el que tú
esperabas,
y ahora entro
en tu vida,
para no salir
más,
amor, amor,
amor,
para quedarme.
LA PRÓDIGA
Yo te escogí
entre todas las mujeres
para que
repitieras
sobre la tierra
mi corazón que
baila con espigas
o lucha sin
cuartel cuando hace falta.
Yo te pregunto,
dónde está mi hijo?
No me esperaba
en ti, reconociéndome,
Y diciéndome:
"Llámame para salir sobre la tierra
Y continuar tus
luchas y tus cantos?"
Devuélveme a mi
hijo!
Lo has olvidado
en las puertas
del placer, oh
pródiga enemiga,
has olvidado que
viniste a esta cita,
la más profunda,
aquella
en que los dos,
unidos, seguiremos hablando
por su boca,
amor mío,
ay, todo aquello
que no alcanzamos a decirnos?
Cuando yo te
levanto en una ola
de fuego y
sangre, y se duplica
la vida entre
nosotros, acuérdate,
que alguien nos
llama
como nadie jamás
nos ha llamado
y que no
respondemos
y nos quedamos
solos y cobardes
ante la vida que
negamos.
Pródiga,
abre las
puertas,
y que en tu
corazón
el nudo ciego
se desenlace y
vuele
con tu sangre y
la mía
por el mundo!
EL DAÑO
Te he hecho
daño, alma mía,
he desgarrado tu
alma.
Entiéndeme.
Todos saben
quién soy,
pero ese Soy
es además un
hombre
para ti.
En ti vacilo,
caigo
y me levanto
ardiendo.
Tú entre todos
los seres
tienes derecho
a verme débil.
Y tu pequeña
mano
de pan y de
guitarra
debe tocar mi
pecho
cuando sale al
combate.
Por eso busco en
ti la firme piedra.
Ásperas manos en
tu sangre clavo
buscando tu
firmeza
y la profundidad
que necesito,
y si no
encuentro
sino tu risa de
metal, si no hallo
nada en qué
sostener mis duros pasos,
adorada, recibe
mi tristeza y mi cólera,
mis manos
enemigas
destruyéndote un
poco
para que te
levantes de la arcilla,
hecha de nuevo
para mis combates.
EL POZO
A veces te
hundes, caes
en tu agujero de
silencio,
en tu abismo de
cólera orgullosa,
y apenas puedes
volver, aún con
jirones
de lo que
hallaste
en la
profundidad de tu existencia.
Amor mío, qué
encuentras en tu pozo cerrado?
Algas, ciénagas,
rocas?
Qué ves con ojos
ciegos,
rencorosa y
herida?
Mi vida, no
hallarás
en el pozo en
que caes
lo que yo guardo
para ti en la altura:
un ramo de
jazmines con rocío
un beso más
profundo que tu abismo.
No me temas, no
caigas
en tu rencor de
nuevo.
Sacude la
palabra mía que vino a herirte
y déjala que
vuele por la ventana abierta.
Ella volverá a
herirme
sin que tú la
dirijas
puesto que fue
cargada con un instante duro
y ese instante
será desarmado en mi pecho.
Sonríeme radiosa
si mi boca te
hiere.
No soy un pastor
dulce
como en los
cuentos de hadas,
sino un buen
leñador que comparte contigo
tierra, viento y
espinas de los montes.
Ámame, tú,
sonríeme,
ayúdame a ser
bueno.
No te hieras en
mí, que será inútil,
no me hieras a
mí porque te hieres.
EL SUEÑO
Andando en las
arenas
yo decidí
dejarte.
Pisaba un barro
oscuro
que temblaba,
y hundiéndome y
saliendo
decidí que
salieras
de mí, que me
pesabas
como piedra
cortante,
y elaboré tu
pérdida
paso a paso:
cortarte las
raíces,
soltarte sola al
viento.
Ay, en ese
minuto,
corazón mío, un
sueño
con sus alas
terribles te cubría.
Te sentías
tragada por el barro,
y me llamabas y
yo no acudía,
te ibas,
inmóvil,
sin defenderte
hasta ahogarte
en la boca de arena.
Después
mi decisión se
encontró con tu sueño,
y desde la
ruptura
que nos quebraba
el alma,
surgimos limpios
otra vez, desnudos,
amándonos
sin sueño, sin
arena,
completos y
radiantes,
sellados por el
fuego.
SI TÚ ME OLVIDAS
Quiero que sepas
una cosa.
Tú sabes cómo es
esto:
si miro
la luna de
cristal, la rama roja
del lento otoño
en mi ventana,
si toco
junto al fuego
la impalpable
ceniza
o el arrugado
cuerpo de la leña,
todo me lleva a
ti,
como si todo lo
que existe,
aromas, luz,
metales,
fueran pequeños
barcos que navegan
hacia las islas
tuyas que me aguardan.
Ahora bien,
si poco a poco
dejas de quererme
dejaré de
quererte poco a poco.
Si de pronto
me olvidas
no me busques
que ya te habré
olvidado.
Si consideras largo
y loco
el viento de
banderas
que pasa por mi
vida y te decides
a dejarme a la
orilla
del corazón en
que tengo raíces,
piensa
que en ese día,
a esa hora
levantaré los
brazos
y saldrán mis
raíces
a buscar otra
tierra.
Pero
si cada día,
cada hora
sientes que a mí
estás destinada
con dulzura
implacable.
Si cada día sube
una flor a tus
labios a buscarme,
ay amor mío, ay
mía,
en mí todo ese
fuego se repite,
en mí nada se
apaga ni se olvida,
mi amor se nutre
de tu amor, amada,
y mientras vivas
estará en tus brazos
sin salir de los
míos.
EL OLVIDO
Todo el amor en
una copa
ancha como la
tierra, todo
el amor con
estrellas y espinas
te di, pero
anduviste
con pies
pequeños, con tacones sucios
sobre el fuego,
apagándolo.
Ay gran amor,
pequeña amada!
No me detuve en
la lucha.
No dejé de
marchar hacia la vida,
hacia la paz,
hacia el pan para todos,
pero te alcé en
mis brazos
y te clavé a mis
besos y te miré como jamás
volverán a
mirarte ojos humanos.
Ay gran amor,
pequeña amada!
Entonces no
mediste mi estatura,
y al hombre que
para ti apartó
la sangre, el
trigo, el agua
confundiste
con el pequeño
insecto que te cayó en la falda.
Ay gran amor,
pequeña amada!
No esperes que
te mire en la distancia
hacia atrás,
permanece
con lo que te
dejé, pasea
con mi
fotografía traicionada,
yo seguiré
marchando,
abriendo anchos
caminos contra la sombra, haciendo
suave la tierra,
repartiendo
la estrella para
los que vienen.
Quédate en el
camino.
Ha llegado la
noche para ti.
Tal vez de
madrugada nos veremos de nuevo.
Ay gran amor,
pequeña amada!
LAS MUCHACHAS
Muchachas que
buscabais
el gran amor, el
gran amor terrible,
qué ha pasado,
muchachas?
Tal vez
el tiempo, el
tiempo!
Porque ahora,
aquí está, ved
cómo pasa
arrastrando las
piedras celestes,
destrozando las
flores y las hojas,
con un ruido de
espumas azotadas
contra todas las
piedras de tu mundo,
con un olor de
esperma y de jazmines,
junto a la luna
sangrienta!
Y ahora
tocas el agua
con tus pies pequeños,
con tu pequeño
corazón
y no sabes qué
hacer!
Son mejores
ciertos viajes
nocturnos,
ciertos
departamentos,
ciertos
divertidísimos paseos,
ciertos bailes
sin mayor consecuencia
que continuar el
viaje!
Muérete de miedo
o de frío,
o de duda,
que yo con mis grandes
pasos
la encontraré,
dentro de ti
o lejos de ti,
y ella me
encontrará,
la que no
temblará frente al amor,
la que estará
fundida conmigo
en la vida o la
muerte!
TÚ VENÍAS
No me has hecho
sufrir
sino esperar.
Aquellas horas
enmarañadas,
llenas
de serpientes,
cuando
se me caía el
alma y me ahogaba,
tú venías
andando,
tú venías
desnuda y arañada,
tú llegabas
sangrienta hasta mi lecho,
novia mía,
y entonces
toda la noche
caminamos
durmiendo
y cuando
despertamos
eras intacta y
nueva,
como si el grave
viento de los sueños
de nuevo hubiera
dado
fuego a tu
cabellera
y en trigo y
plata hubiera sumergido
tu cuerpo hasta
dejarlo deslumbrante.
Yo no sufrí amor
mío,
yo sólo te
esperaba.
Tenías que
cambiar de corazón
y de mirada
después de haber
tocado la profunda
zona de mar que
te entregó mi pecho.
Tenías que salir
del agua
pura como una
gota levantada
por una ola
nocturna.
Novia mía,
tuviste
que morir y
nacer, yo te esperaba
Yo no sufrí
buscándote,
sabía que
vendrías,
una nueva mujer
con lo que adoro
de la que no
adoraba,
con tus ojos,
tus manos y tu boca
pero con otro
corazón
que amaneció a
mi lado
como si siempre
hubiera estado allí
para seguir
conmigo para siempre.
Las vidas
EL MONTE Y EL
RÍO
En mi patria hay
un monte.
En mi patria hay
un río.
Ven conmigo.
La noche al
monte sube.
El hambre baja
al río.
Ven conmigo.
Quiénes son los
que sufren?
No sé, pero son
míos.
Ven conmigo.
No sé, pero me
llaman
y me dicen:
"Sufrimos".
Ven conmigo.
Y me dicen:
"Tu pueblo,
tu pueblo
desdichado,
entre el monte y
el río,
con hambre y con
dolores,
no quiere luchar
solo,
te está
esperando, amigo".
Oh tú, la que yo
amo,
pequeña, grano
rojo
de trigo,
será dura la
lucha,
la vida será
dura,
pero vendrás conmigo.
LA POBREZA
Ay no quieres,
te asusta
la pobreza,
no quieres
ir con zapatos
rotos al mercado
y volver con el
viejo vestido.
Amor, no amamos,
como quieren los
ricos,
la miseria.
Nosotros
la extirparemos
como diente maligno
que hasta ahora ha
mordido el corazón del hombre.
Pero no quiero
que la temas.
Si llega por mi
culpa a tu morada,
si la pobreza
expulsa
tus zapatos
dorados,
que no expulse
tu risa que es el pan de mi vida.
Si no puedes
pagar el alquiler
sal al trabajo
con paso orgulloso,
y piensa, amor,
que yo te estoy mirando
y somos juntos
la mayor riqueza
que jamás se
reunió sobre la tierra.
LAS VIDAS
Ay qué incómoda
a veces
te siento
conmigo,
vencedor entre los hombres!
Porque no sabes
que conmigo
vencieron
miles de rostros
que no puedes ver,
miles de pies y
pechos que marcharon conmigo,
que no soy,
que no existo,
¿ue sólo soy la
frente de los que van conmigo,
que soy más
fuerte
porque llevo en
mí
no mí pequeña
vida
sino todas las
vidas,
y ando seguro
hacia adelante
porque tengo mil
ojos,
golpeo con peso
de piedra
porque tengo mil
manos
y mi voz se oye
en las orillas
de todas las
tierras
porque es la voz
de todos
los que no
hablaron,
de los que no
cantaron
y cantan hoy con
esta boca
que a ti te besa.
LA BANDERA
Levántate
conmigo.
Nadie quisiera
como yo quedarse
sobre la
almohada en que tus párpados
quieren cerrar
el mundo para mí.
Allí también
quisiera
dejar dormir mi
sangre
rodeando tu
dulzura.
Pero levántate,
tú, levántate,
pero conmigo
levántate
y salgamos
reunidos
a luchar cuerpo
a cuerpo
contra las
telarañas del malvado,
contra el
sistema que reparte el hambre,
contra la
organización de la miseria.
Vamos,
y tú, mi
estrella, junto a mí,
recién nacida de
mi propia arcilla,
ya habrás
hallado el manantial que ocultas
y en medio del
fuego estarás junto a mí,
con tus ojos
bravíos, alzando mi bandera.
El Amor del
Soldado
En plena guerra
te llevó la vida
a ser el amor
del soldado.
Con tu pobre
vestido de seda,
tus uñas de piedra
falsa
te tocó caminar
por el fuego.
Ven acá,
vagabunda,
ven a beber
sobre mi pecho
rojo rocío.
No querías saber
dónde andabas,
eras la
compañera de baile,
no tenías
partido ni patria.
Y ahora a mi
lado caminando
ves que conmigo
va la vida
y que detrás
está la muerte.
Ya no puedes
volver a bailar
con tu traje de
seda en la sala.
Te vas a romper
los zapatos,
pero vas a
crecer en la marcha.
Tienes que andar
sobre las espinas
dejando gotitas
de sangre.
Bésame de nuevo,
querida.
Limpia ese
fusil, camarada.
NO SÓLO EL FUEGO
Ay sí, recuerdo,
ay tus ojos
cerrados
como llenos por
dentro de luz negra,
todo tu cuerpo
como una mano abierta,
como un racimo
blanco de la luna,
y el éxtasis,
cuando nos mata
un rayo,
cuando un puñal
nos hiere en las raíces
y nos rompe una
luz la cabellera,
y cuando
vamos de nuevo
volviendo a la
vida,
como si del
océano saliéramos,
como si del
naufragio
volviéramos
heridos
entre las
piedras y las algas rojas.
Pero
hay otros
recuerdos,
no sólo flores
del incendio,
sino pequeños
brotes
que aparecen de
pronto
cuando voy en
los trenes
o en las calles.
Te veo
lavando mis
pañuelos,
colgando en la
ventana
mis calcetines
rotos,
tu figura en que
todo,
todo el placer
como una llamarada
cayó sin destruirte,
de nuevo,
mujercita
de cada día,
de nuevo ser
humano,
humildemente
humano,
soberbiamente
pobre,
como tienes que
ser para que seas
no la rápida
rosa
que la ceniza
del amor deshace,
sino toda la
vida,
toda la vida con
jabón y agujas,
con el aroma que
amo
de la cocina que
tal vez no tendremos
y en que tu mano
entre las papas fritas
y tu boca
cantando en invierno
mientras llega
el asado
serían para mí
la permanencia
de la felicidad
sobre la tierra.
Ay vida mía,
no sólo el fuego
entre nosotros arde,
si no toda la
vida,
la simple
historia,
el simple amor
de una mujer y
un hombre
parecidos a
todos.
LA MUERTA
Si de pronto no
existes,
si de pronto no
vives,
yo seguiré
viviendo.
No me atrevo,
no me atrevo a
escribirlo,
si te mueres.
Yo seguiré
viviendo.
Porque donde no
tiene voz un hombre
allí, mi voz.
Donde los negros
sean apaleados
yo no puedo
estar muerto.
Cuando entren en
la cárcel mis hermanos
entraré yo con
ellos.
Cuando la
victoria,
no mi victoria,
sino la gran
victoria
llegue
aunque esté mudo
debo hablar:
yo la veré
llegar aunque esté ciego.
No, perdóname.
Si tú no vives,
si
tú, querida,
amor mío,
si tú
te has muerto,
todas las hojas
caerán en mi pecho,
lloverá sobre mi
alma noche y día,
la nieve quemará
mi corazón,
andaré con frío
y fuego y muerte y nieve,
mis pies querrán
marchar hacia donde tú duermes,
pero
seguiré vivo,
porque tú me
quisiste sobre todas las cosas
indomable,
y, amor, porque
tú sabes que soy no sólo un hombre
sino todos los
hombres.
PEQUEÑA AMÉRICA
Cuando miro la
forma
de América en el
mapa,
amor, a ti te
veo:
las alturas del
cobre en tu cabeza,
tus pechos,
trigo y nieve,
tu cintura
delgada,
veloces ríos que
palpitan, dulces
colinas y
praderas
y en el frío del
sur tus pies terminan
su geografía de
oro duplicado.
Amor, cuando te
toco
no sólo han
recorrido
mis manos tu
delicia,
sino ramas y
tierras, frutas y agua,
la primavera que
amo,
la luna del
desierto, el pecho
de la paloma
salvaje,
la suavidad de
las piedras gastadas
por las aguas
del mar o de los ríos
y la espesura
roja
del matorral en
donde
la sed y el
hambre acechan.
Y así mi patria
extensa me recibe,
pequeña América,
en tu cuerpo.
Aún más, cuando
te veo recostada
veo en tu piel,
en tu color de avena,
la nacionalidad
de mi cariño.
Porque desde tus
hombros
el cortador de
caña
de Cuba
abrasadora
me mira, lleno
de sudor oscuro,
y desde tu
garganta
pescadores que
tiemblan
en las húmedas
casas de la orilla
me cantan su
secreto.
Y así a lo largo
de tu cuerpo,
pequeña América
adorada
las tierras y
los pueblos
interrumpen mis
besos
y tu belleza
entonces
no sólo enciende
el fuego
que arde sin
consumirse entre nosotros,
sino que con tu
amor me está llamando
y a través de tu
vida
me está dando la
vida que me falta
y al sabor de tu
amor se agrega el barro,
el beso de la
tierra que me aguarda.
Oda y
Germinaciones
I
El sabor de tu
boca y el color de tu piel,
piel, boca,
fruta mía de estos días veloces,
dímelo, fueron
sin cesar a tu lado
por años y por
viajes y por lunas y soles
y tierra y
llanto y lluvia y alegría
o sólo ahora,
sólo
salen de tus
raíces
como a la tierra
seca el agua trae
germinaciones
que no conocía
o a los labios
del cántaro olvidado
sube en el agua
el gusto de la tierra?
No sé, no me lo
digas, no lo sabes.
Nadie sabe estas
cosas.
Pero acercando
todos mis sentidos
a la luz de tu
piel, desapareces,
te fundes como
el ácido
aroma de una
fruta
y el calor de un
camino,
el olor del maíz
que se desgrana,
la madreselva de
la tarde pura,
los nombres de
la tierra polvorienta,
el perfume
infinito de la patria:
magnolia y
matorral, sangre y harina,
galope de
caballos,
la luna
polvorienta de la aldea,
el pan recién
nacido:
ay todo de tu
piel vuelve a mi boca,
vuelve a mi
corazón, vuelve a mi cuerpo,
y vuelvo a ser
contigo
la tierra que tú
eres:
eres en mí
profunda primavera:
vuelvo a saber
en ti cómo germino.
II
Años tuyos que
yo debí sentir
crecer cerca de
mí como racimos
hasta que
hubieras visto cómo el sol y la tierra,
a mis manos de
piedra te hubieran destinado
hasta que uva
con uva hubieras hecho
cantar en mis
venas el vino.
El viento o el
caballo
desviándose
pudieron
hacer que yo
pasara por tu infancia,
el mismo cielo
has visto cada día,
el mismo barro
del invierno oscuro,
la enramada sin
fin de los ciruelos
y su dulzura de
color morado.
Sólo algunos
kilómetros de noche,
las distancias
mojadas
de la aurora
campestre,
un puñado de
tierra nos separó, los muros
transparentes
que no cruzamos,
para que la vida,
después, pusiera
todos
los mares y la
tierra
entre nosotros,
y nos acercáramos
a pesar del
espacio,
paso a paso
buscándonos,
de un océano a
otro,
hasta que vi que
el cielo se incendiaba
y volaba en la
luz tu cabellera
y llegaste a mis
besos con el fuego
de un
desencadenado meteoro
y al fundirte en
mi sangre, la dulzura
del ciruelo
salvaje
de nuestra
infancia recibí en mi boca,
y te apreté a mi
pecho
como si la
tierra y la vida recobrara.
III
Mi muchacha salvaje,
hemos tenido
que recobrar el
tiempo
y marchar hacia
atrás, en la distancia
de nuestras
vidas, beso a beso,
recogiendo de un
sitio lo que dimos
sin alegría,
descubriendo en otro
el camino
secreto
que iba
acercando tus pies a los míos,
y así bajo mi
boca
vuelves a ver la
planta insatisfecha
de tu vida
alargando sus raíces
hacia mi corazón
que te esperaba.
Y una a una las
noches
entre nuestras
ciudades separadas
se agregan a la
noche que nos une.
La luz de cada
día
su llama o su
reposo
nos entregan,
sacándolos del tiempo,
y así se
desentierra
en la sombra o
la luz nuestro tesoro,
y así besan la
vida nuestros besos:
todo el amor en
nuestro amor se encierra:
toda la sed
termina en nuestro abrazo.
Aquí estamos al
fin frente a frente,
nos hemos
encontrado,
no hemos perdido
nada.
Nos hemos
recorrido labio a labio,
hemos cambiado
mil veces,
entre nosotros
la muerte y la vida,
todo lo que
traíamos
como muertas
medallas
lo echamos al
fondo del mar,
todo lo que
aprendimos
no nos sirvió de
nada:
comenzamos de
nuevo,
terminamos de
nuevo
muerte y vida.
Y aquí
sobrevivimos,
puros, con la
pureza que nosotros creamos,
más anchos que
la tierra que no pudo extraviarnos,
eternos como el
fuego que arderá
cuanto dure la
vida.
IV
Cuando he
llegado aquí se detiene mi mano.
Alguien
pregunta: Dime por qué, como las olas
en una misma
costa, tus palabras
sin cesar van y
vuelven a su cuerpo?
Ella es sólo la
forma que tú amas?
Y respondo: mis
manos no se sacian
en ella, mis
besos no descansan,
por qué
retiraría las palabras
que repiten la
huella de su contacto amado,
que se cierran
guardando
inútilmente como
en la red el agua,
la superficie y
la temperatura
de la ola más
pura de la vida?
Y, amor, tu
cuerpo no sólo es la rosa
que en la sombra
o la luna se levanta
o sorprendo o
persigo.
No sólo es
movimiento o quemadura,
acto de sangre o
pétalo del fuego,
sino que para mí
tú me has traído
mi territorio,
el barro de mi infancia,
las olas de la
avena,
la piel redonda
de la fruta oscura
que arranqué de
la selva,
aroma de maderas
y manzanas,
color de agua
escondida donde caen
frutos secretos
y profundas hojas.
Oh amor tu
cuerpo sube
como una línea
pura de vasija
desde la tierra
que me reconoce
y cuando te
encontraron mis sentidos
tú palpitaste
como si cayeran
dentro de ti la
lluvia y las semillas!
Ay que me digan
cómo
pudiera yo
abolirte
y dejar que mis
manos sin tu forma
arrancaran el
fuego a mis palabras!
Suave mía,
reposa
tu cuerpo en
estas líneas que te deben
más de lo que me
das en tu contacto,
vive en estas
palabras y repite
en ellas la
dulzura y el incendio,
estremécete en
medio de sus sílabas,
duerme en mi
nombre como te has dormido
sobre mi
corazón, y así mañana el
hueco de tu
forma
guardarán mis
palabras
y el que las
oiga un día recibirá una ráfaga
de trigo y
amapolas:
estará todavía
respirando
el cuerpo del
amor sobre la tierra!
V
Hilo de trigo y
agua
de cristal o de
fuego,
la palabra y la
noche,
el trabajo y la
ira,
la sombra y la
ternura
todo lo has ido
poco a poco cosiendo
a mis bolsillos
rotos
y no sólo en la
zona trepidante
en que amor y
martirio son gemelos
como dos
campanas de incendio,
me esperaste,
amor mío,
sino en las más
pequeñas
obligaciones
dulces.
El aceite dorado
de Italia hizo tu nimbo,
santa de la
cocina y la costura,
y tu coquetería
pequeñuela,
que tanto se
tardaba en el espejo,
con tus manos
que tienen
pétalos que el
jazmín envidiaría
lavó los
utensilios y mi ropa,
desinfectó las
llagas.
Amor mío, a mi
vida
llegaste
preparada
como amapola y
como guerrillera:
de seda el
esplendor que yo recorro
con el hambre y
la sed
que sólo para ti
traje a este mundo,
y detrás de la
seda
la muchacha de
hierro
que luchará a mi
lado.
Amor, amor, aquí
nos encontramos.
Seda y metal,
acércate a mi boca.
VI
Y porque Amor
combate
no sólo en su
quemante agricultura,
sino en la boca
de hombres y mujeres,
terminaré
saliéndose al camino
a los que entre
mi pecho y tu fragancia
quieran
interponer su planta oscura.
De mí nada más
malo
te dirán, amor
mío
de lo que yo te
dije.
Yo viví en las
praderas
antes de
conocerte
y no esperé el
amor sino que estuve
acechando y
salté sobre la rosa.
Qué más pueden
decirte?
No soy bueno ni
malo sino un hombre,
y agregarán
entonces el peligro
de mi vida, que
conoces
y que con tu
pasión has compartido.
Y bien, este
peligro
es peligro de
amor, de amor completo
hacia toda la
vida, hacia todas las vidas,
y si este amor
nos trae
la muerte o las
prisiones,
yo estoy seguro
que tus grandes ojos,
como cuando los
beso
se cerrarán
entonces con orgullo,
con doble
orgullo, amor,
con tu orgullo y
el mío.
Pero hacia mis
orejas vendrán antes
a socavar la
torre
del amor dulce y
duro que nos liga,
y me dirán:
"Aquella
que tú amas,
no es mujer para
ti,
por qué la
quieres? Creo
que podrías
hallar una más bella,
más seria, más
profunda,
más otra, tú me
entiendes, mírala qué ligera,
y qué cabeza
tiene,
y mírala cómo se
viste
y etcétera y
etcétera".
Y yo en estas
líneas digo:
así te quiero,
amor, amor,
así te amo, así
como te vistes
y como se
levanta
tu cabellera y
como
tu boca se
sonríe,
ligera como el
agua
del manantial
sobre las piedras puras,
así te quiero
amada.
Al pan yo no le
pido que me enseñe
sino que no me
falte
durante cada día
de la vida.
Yo no sé nada de
la luz, de dónde
viene ni dónde
va,
yo sólo quiero
que la luz alumbre,
yo no pido a la
noche
explicaciones,
yo la espero y
me envuelve,
y así tú, pan y
luz
y sombra eres.
Has venido a mi
vida con lo que tú traías,
hecha
de luz y pan y
sombra te esperaba,
y así te
necesito,
así te amo,
y a cuantos
quieran escuchar mañana
lo que no les
diré, que aquí lo lean,
y retrocedan hoy
porque es temprano
para estos
argumentos.
Mañana sólo les
daremos
una hoja del
árbol de nuestro amor, una hoja
que caerá sobre
la tierra
como si la
hubieran hecho nuestros labios,
como un beso que
cae
desde nuestras
alturas invencibles
para mostrar el
fuego y la ternura
de un amor
verdadero.
EPITALAMIO
Recuerdas cuando
en invierno
llegamos a la isla?
El mar hacia
nosotros levantaba
una copa de
frío.
En las paredes
las enredaderas
susurraban
dejando
caer hojas
oscuras
a nuestro paso.
Tú eras también
una pequeña hoja
que temblaba en
mi pecho.
El viento de la
vida allí te puso.
En un principio
no te vi: no supe
que ibas andando
conmigo,
hasta que tus
raíces
horadaron mi
pecho,
se unieron a los
hilos de mi sangre,
hablaron por mi
boca,
florecieron
conmigo.
Así fue tu
presencia inadvertida,
hoja o rama
invisible
y se pobló de
pronto
mi corazón de
frutos y sonidos.
Habitaste la
casa
que te esperaba
oscura
y encendiste las
lámparas entonces.
Recuerdas, amor
mío,
nuestros
primeros pasos en la isla?
Las piedras
grises nos reconocieron,
las rachas de la
lluvia,
los gritos del
viento en la sombra.
Pero fue el
fuego
nuestro único
amigo,
junto a él
apretamos
el dulce amor de
invierno
a cuatro brazos.
El fuego vio
crecer nuestro beso desnudo
hasta tocar
estrellas escondidas,
y vio nacer y
morir el dolor
como una espada
rota
contra el amor
invencible.
Recuerdas,
oh dormida en mi
sombra,
cómo de ti
crecía el sueño,
de tu pecho
desnudo
abierto con sus
cúpulas gemelas
hacia el mar,
hacia el viento de la isla
y cómo yo en tu
sueño navegaba
libre, en el mar
y en el viento
atado y
sumergido sin embargo
al volumen azul
de tu dulzura?
Oh dulce, dulce
mía,
cambió la
primavera
los muros de la
isla.
Apareció una
flor como una gota
de sangre
anaranjada,
y luego
descargaron los colores
todo su peso
puro.
El mar
reconquistó su transparencia,
la noche en el
cielo
destacó sus
racimos
y ya todas las
cosas susurraron
nuestro nombre
de amor, piedra por piedra
dijeron nuestro
nombre y nuestro beso.
La isla de
piedra y musgo
resonó en el
secreto de sus grutas
como en tu boca
el canto,
y la flor que
nacía
entre los
intersticios de la piedra
con su secreta
sílaba
dijo al pasar tu
nombre
de planta
abrasadora,
y la escarpada
roca levantada
como el muro del
mundo
reconoció mi
canto, bienamada,
y todas las
cosas dijeron
tu amor, mi
amor, amada,
porque la
tierra, el tiempo, el mar, la isla,
la vida la
marea,
el germen que
entreabre
sus labios en la
tierra,
la flor
devoradora,
el movimiento de
la primavera,
todo nos reconoce.
Nuestro amor ha
nacido
fuera de las
paredes, en el viento,
en la noche,
en la tierra,
y por eso la
arcilla y la corola,
el barro y las
raíces
saben cómo te
llamas,
y saben que mi
boca
se juntó con la
tuya
porque en la
tierra nos sembraron juntos
sin que sólo
nosotros lo supiéramos
y que crecemos
juntos
y florecemos
juntos
y por eso
cuando pasamos,
tu nombre está
en los pétalos
de la rosa que
crece en la piedra,
mi nombre está
en las grutas.
Ellos todo lo
saben,
no tenemos
secretos,
hemos crecido
juntos
pero no lo
sabíamos.
El mar conoce
nuestro amor, las piedras
de la altura
rocosa
saben que
nuestros besos florecieron
con pureza
infinita,
cómo en sus
intersticios una boca
escarlata
amanece:
así conocen
nuestro amor y el beso
que reúne tu
boca y la mía
en una flor
eterna.
Amor mía,
la primavera
dulce,
flor y mar, nos
rodean.
No la cambiamos
por nuestro
invierno,
cuando el viento
comenzó a
descifrar tu nombre
que hoy en todas
las horas repite,
cuando
las hojas no sabían
que tú eras una
hoja,
cuando
las raíces
no sabían que tú
me buscabas
en mi pecho.
Amor, amor,
la primavera
nos ofrece el
cielo,
pero la tierra
oscura
es nuestro
nombre,
nuestro amor
pertenece
a todo el tiempo
y la tierra.
Amándonos, mi brazo
bajo tu cuello
de arena
esperaremos
cómo cambia la
tierra y el tiempo
en la isla,
cómo caen las
hojas
de las
enredaderas taciturnas,
cómo se va el
otoño
por la ventana
rota.
Pero nosotros
vamos a esperar
a nuestro amigo,
a nuestro amigo
de ojos rojos,
el fuego,
cuando de nuevo
el viento
sacuda las
fronteras de la isla
y desconozca el
nombre
de todos,
el invierno
nos buscará,
amor mío,
siempre,
nos buscará,
porque lo conocemos,
porque no lo
tememos,
porque tenemos
con nosotros
el fuego
para siempre.
Tenemos
la tierra con
nosotros
para siempre,
la primavera con
nosotros
para siempre,
y cuando se
desprenda
de las
enredaderas
una hoja
tú sabes amor
mío,
qué nombre viene
escrito
en esa hoja,
un nombre que es
el tuyo y es el mío,
nuestro nombre
de amor, un solo
ser, la flecha
que atravesó el
invierno,
el amor
invencible,
el fuego de los
días,
una hoja
que me cayó en
el pecho,
yo una hoja del
árbol
de la vida
que hizo nido y
cantó
que echó raíces,
que dio flores y
frutos.
Y así ves, amor
mío cómo marcho
por la isla,
por el mundo,
seguro en medio
de la primavera,
loco de luz en
el frío,
andando
tranquilo en el fuego,
levantando tu
peso
de pétalo en mis
brazos
como si nunca
hubiese caminado
sino contigo alma
mía,
como si no
supiera caminar
sino contigo,
corno si no
supiera cantar
sino cuando tú
cantas.
La Carta en el
Camino
Adiós, pero
conmigo
serás, irás
adentro
de una gota de
sangre que circule en mis venas
o fuera, beso
que me abrasa el rostro
o cinturón de
fuego en mi cintura.
Dulce mía,
recibe
el gran amor que
salió de mi vida
y que en ti no
encontraba territorio
como el
explorador perdido
en las islas del
pan y de la miel.
Yo te encontré
después
de la tormenta,
la lluvia
lavó el aire y
en el agua
tus dulces pies
brillaron como peces.
Adorada, me voy
a mis combates.
Arañaré la
tierra para hacerte una cueva
y allí tu
Capitán
te esperará con
flores en el lecho.
No pienses más,
mi dulce,
en el tormento
que pasó entre
nosotros
como un rayo de
fósforo
dejándonos tal
vez su quemadura.
La paz llegó
también porque regreso
a luchar a mi
tierra,
y como tengo el
corazón completo
con la parte de
sangre que me diste
para siempre,
y como
llevo
las manos llenas
de tu ser desnudo, mírame,
mírame,
mírame por el
mar, que voy radiante,
mírame por la
noche que navego,
y mar y noche
son los ojos tuyos.
No he salido de
ti cuando me alejo.
Ahora voy a
contarte:
mi tierra será
tuya, yo voy a conquistarla,
no sólo para
dártela,
sino que para
todos,
para todo mi
pueblo.
Saldrá el ladrón
de su torre algún día.
Y el invasor
será expulsado.
Todos los frutos
de la vida
crecerán en mis
manos
acostumbrados
antes a la pólvora.
Y sabré
acariciar las nuevas flores
porque tú me
enseñaste la ternura.
Dulce mía,
adorada,
vendrás conmigo
a luchar cuerpo a cuerpo
porque en mi
corazón viven tus besos
como banderas
rojas,
y si caigo, no
sólo
me cubrirá la
tierra
sino este gran
amor que me trajiste
y que vivió
circulando en mi sangre.
Vendrás conmigo,
en esa hora te
espero,
en esa hora y en
todas las horas,
en todas las
horas te espero.
Y cuando venga
la tristeza que odio
a golpear a tu
puerta,
dile que yo te
espero
y cuando la
soledad quiera que cambies
la sortija en
que está mi nombre escrito,
dile a la
soledad que hable conmigo,
que yo debí
marcharme
porque soy un
soldado,
y que allí donde
estoy,
bajo la lluvia o
bajo
el fuego,
amor mío, te
espero.
Te espero en el
desierto más duro
Y junto al
limonero florecido,
en todas las
partes donde esté la vida,
donde la
primavera está naciendo,
amor mío, te
espero.
Cuando te digan:
'Ese hombre
no te
quiere", recuerda
que mis pies
están solos en esa noche, y buscan
los dulce
pequeños pies que adoro.
Amor, cuando te
digan
que te olvidé, y
aun cuando
sea yo quien lo
dice,
cuando yo te lo
diga,
no me creas,
quién y cómo
podrían
cortarte de mi
pecho
y quién
recibiría
mi sangre
cuando hacia ti
me fuera desangrando?
Pero tampoco
puedo
olvidar a mi
pueblo.
Voy a luchar en
cada calle,
detrás de cada
piedra.
Tu amor también
me ayuda:
es una flor
cerrada
que cada vez me
llena con su aroma
y que se abre de
pronto
dentro de mí
como una gran estrella.
Amor mío, es de
noche.
El agua negra,
el mundo
dormido, me
rodean.
Vendrá luego la
aurora,
y yo mientras
tanto te escribo
para decirte:
"Te amo'.
Para decirte
"Te amo , cuida,
limpia, levanta,
defiende
nuestro amor,
alma mía.
Yo te lo dejo
como si dejara
Un puñado de
tierra con semillas.
De nuestro amor
nacerán vidas.
En nuestro amor
beberán agua.
Tal vez llegará
un día
en que un hombre
y una mujer,
iguales
a nosotros,
tocarán este
amor y aún tendrá fuerza
para quemar las
manos que lo toquen.
Quiénes fuimos?
Qué importa?
Tocarán este
fuego
y el fuego,
dulce mía, dirá tu simple nombre
y el mío, el
nombre
que tú sola
supiste porque tú sola
sobre la tierra
sabes
quién soy, y
porque nadie me conoció como una,
como una sola de
tus manos,
porque nadie
supo cómo, ni
cuándo
mi corazón
estuvo ardiendo:
tan sólo
tus grandes ojos
pardos lo supieron,
tu ancha boca,
tu piel, tus
pechos,
tu vientre, tus
entrañas
y el alma tuya
que yo desperté
para que se
quedara
cantando hasta
el fin de la vida.
Amor, te espero.
Adiós, amor, te
espero.
Amor, amor, te
espero.
Y así esta carta
se termina
sin ninguna
tristeza:
están firmes mis
pies sobre la tierra,
mi mano escribe
esta carta en el camino,
y en medio de la
vida estaré
siempre
junto al amigo,
frente al enemigo,
con tu nombre en
la boca
y un beso que
jamás
se apartó de la
tuya.
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