Tomado del libro Relatos del Viejo Antonio
"Mira Capitán (porque debo aclararles que
en el tiempo en que yo conocí al Viejo Antonio tenía yo el grado de Capitán
Segundo de Infantería Insurgente, lo que no dejaba de ser un típico
sarcasmo zapatista porque sólo éramos 4 –desde
entonces el Viejo Antonio me llama "Capitán"), mira Capitán, hubo
un tiempo, hace mucho tiempo, en que nadie miraba...
25 de julio de 2004
No es que no tuvieran ojos los
hombres y mujeres que se caminaban estas tierras. Tenían de por sí, pero no
miraban. Los dioses más grandes, los que nacieron el mundo, los más
primeros, de por sí habían nacido muchas cosas sin dejar mero clarito para
qué o por qué o sea la razón o el trabajo que cada cosa debía de hacer o de
tratar de hacer. Porque de que cada cosa tenía su por qué, pues sí, porque
los dioses que nacieron el mundo, los más primeros, de por sí eran los más
grandes y ellos sí se sabían bien para qué o por qué cada cosa, eran dioses
pues.
Pero resulta que estos dioses
primeros no muy se preocupaban de lo que hacían, todo lo hacían como
fiesta, como juego, como baile. De por sí cuentan los más viejos de los
viejos que, cuando los primeros dioses se reunían, seguro tenía que haber
una su marimba, porque seguro que al final de sus asambleas se venían la cantadera y la bailadera. Es
más, dicen que si la marimba no estaba a la mano, pues nomás no había
asamblea y ahí se estaban los dioses, rascándose nomás la barriga, contando
chistes y haciéndose travesuras.
Bueno, el caso es que los dioses
primeros, los más grandes, nacieron el mundo, pero no dejaron claro el para
qué o el por qué de cada cosa. Y una de estas cosas eran los ojos. ¿Acaso
habían dejado dicho los dioses que los ojos eran para mirar? No pues. Y
entonces ahí se andaban los primeros hombres y mujeres que acá se
caminaron, a los tumbos, dándose golpes y caídas, chocándose entre ellos y
agarrando cosas que no querían y dejando de tomar cosas que sí querían. Así
como de por sí hace mucha gente ahora, que toma lo que no quiere y le hace
daño, y deja de agarrar lo que necesita y la hace mejor, que anda
tropezándose y chocando unos con otros.
O sea que los hombres y mujeres
primeros sí tenían unos sus ojos, sí pues, pero no miraban. Y muchos y muy
variados eran los tipos de ojos que tenían los más primeros hombres y
mujeres. Los había de todos los colores y de todos los tamaños, los había
de diferentes formas. Había ojos redondos, rasgados, ovalados, chicos,
grandes, medianos, negros, azules, amarillos, verdes, marrones, rojos y
blancos. Sí, muchos ojos, dos en cada hombre y mujer primeros, pero nada
que miraban.
Y así se hubiera seguido todo hasta
nuestros días si no es porque una vez pasó algo. Resulta que estaban los dioses
primeros, los que nacieron el mundo, los más grandes, haciendo una su bailadera porque agosto era, pues, mes de memoria y de
mañana, cuando unos hombres y mujeres que no miraban se fueron a dar a
donde estaban los dioses en su fiestadero y ahí
nomás se chocaron con los dioses y unos fueron a dar contra la marimba y la
tumbaron y entonces la fiesta se hizo puro borlote
y se paró la música y se paró la cantadera y pues
también la bailadera se detuvo y gran relajo se
hizo y los dioses primeros de un lado a otro tratando de ver por qué se
detuvo la fiesta y los hombres y mujeres que no miraban se seguían
tropezando y chocando entre ellos y con los dioses. Y así se pasaron un
buen rato, entre choques, caídas, mentadas y maldiciones.
Ya por fin al rato como que se
dieron cuenta los dioses más grandes que todo el desbarajuste se había
hecho cuando llegaron esos hombres y mujeres. Y entonces los juntaron y les
hablaron y les preguntaron si acaso no miraban por dónde caminaban. Y
entonces los hombres y mujeres más primeros no se miraron porque de por sí
no miraban, pero preguntaron qué cosa es "mirar". Y entonces los
dioses que nacieron el mundo se dieron cuenta de que no les habían dejado
claro para qué servían los ojos, o sea cuál era su razón de ser, su por qué
y su para qué de los ojos. Y ya les explicaron los dioses más grandes a los
hombres y mujeres primeros qué cosa era mirar, y los enseñaron a mirar.
Así aprendieron estos hombres y
mujeres que se puede mirar al otro, saber que es y que está y que es otro y
así no chocar con él, ni pegarlo, ni pasarle encima, ni tropezarlo.
Supieron también que se puede mirar
adentro del otro y ver lo que siente su corazón. Porque no siempre el
corazón se habla con las palabras que nacen los labios. Muchas veces habla
el corazón con la piel, con la mirada o con pasos se habla.
También aprendieron a mirar a quien
mira mirándose, que son aquellos que se buscan a sí mismos en las miradas
de otros.
Y supieron mirar a los otros que los
miran mirar.
Y todas las miradas aprendieron los
primeros hombres y mujeres. Y la más importante que aprendieron es la
mirada que se mira a sí misma y se sabe y se conoce, la mirada que se mira
a sí misma mirando y mirándose, que mira caminos y mira mañanas que no se
han nacido todavía, caminos aún por andarse y madrugadas por parirse.
Subcomandante Marcos
Ejército Zapatista de Liberación
Nacional (EZLN) en
México.
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