|
¿Cambiarías una
noche de amor,
con un ángel
seductor,
por la amistad de toda una vida,
con un ser humano?
Domingo 5 de
Enero. 11:59 P.M.
Hace 10 años,
cuando tenía 23, escribí una carta que todavía guardo entre mis libros. Es
una carta extraña en la que intenté describir a una bailarina tal como me
gustaría para que fuese mi amante. Dibujé, con palabras, su aspecto físico
y su manera de vestir. Con su forma de ser ni me metí, pues lo que busco no
es una máquina sensual de un modelo específico.
Ese día, me dije
a mí mismo (y le juré a mi doble imagen reflejada en el espejo), que si la
encontraba y lograba hacer que me amara, me suicidaría después de la
primera noche de pasión porque no soportaría la penosa marca de su ausencia
ni un sólo instante. Estaba muy borracho, todo me daba vueltas y todo me
daba risa.
Pues bien ¡Hace
tres días la encontré!. Quedamos en vernos el Domingo de la Próxima Semana
para ir al teatro "La Pálida Sombra" a ver la famosa obra
"Los 200 Leones Tiernos y una Zorra con Piel
de Oveja".
Las únicas
diferencias que encontré, al compararla con el retrato escrito, son sus
ojos verdes (que imaginé color miel) y sus vestidos: Todos blancos, según
me dijo, y según mi imaginación debieran ser todos negros.
La acompañe a su
casa y, al volver a la mía, me puse a pintarle un cuadro de cuerpo entero
que me parece muy fiel a la realidad aunque le haya dejado los ojos y la
ropa del color que yo esperaba.
Ayer (Sábado),
la pinté desnuda sobre un fondo negro: como si estuviera flotando en el
espacio, como saliendo de la nada, como dándole sentido al vacío. Los ojos
cerrados, los brazos abiertos, las piernas juntas y el cabello al viento
cual cascada. Al terminar el cuadro, puse un marco al lienzo y lo colgué en
la pared que está frente a mi cama.
,En la
oscuridad, me quedé contemplándola un buen rato, antes de dormirme. Su
cuerpo resplandecía como si tuviera un sol interior que enviara sus rayos
al través de cada uno de los poros de su piel. La sentí solitaria y triste,
como una erguida fortaleza inexpugnable.
Hoy, me desperté
en la madrugada sobresaltado por un sueño: Iba ella caminando sobre una
especie de desierto interminable. A lo lejos, en el horizonte, se veía un
enorme sol ocultándose. Era un sol de un rojo intenso que, en vez de
despedir rayos, parecía estar sangrando. La bailarina, lloraba y lloraba
lágrimas azules y caminaba y caminaba hacia adelante, con desesperación, en
dirección a aquél extraño astro. Al principio, no lo noté, pero luego me di
cuenta de que aquella arena desértica, de color morado, consistía en una
infinidad de diminutas brasas candentes que le estaban quemando
despiadadamente sus pies. Cuando una de sus lágrimas caía, se apagaba una
brasa, pero se hubiera necesitado un mar de lágrimas azules para poder
apagarlas todas.
Una infinita
ternura siento (en éstos momentos en que escribo) al recordar todo eso que
no me explico.
Esta tarde
dibujé una acuarela. Obviamente, no dibujé la morada arena quemante, sino
una arena normal, pensando ingenuamente que por lo menos así dejarían de
sufrir sus pies. ¿Porque no? Acaso sea verdad que, sí el sueño esclaviza,
el arte libera.
Domingo 12 de
Enero 11:59 P.M.
Hoy
fantásticamente estropeó los planes de ir al teatro porque, al llegar tarde
a la cita, en el café "El Espectro Resplandeciente" en dónde nos conocimos,
ya no encontramos boletos para ninguna función, pero fue mejor así.
Anduvimos un buen rato vagando por las calles, platicando puras
trivialidades y, sin embargo, nos divertimos mucho.
En el camino a
su casa, se durmió en mis brazos y el joven taxista que conducía me dijo
que con gusto daría la vida que le quedaba a cambio de pasar una noche de
amor con un ángel tan seductor como ella. No lo contradije: En verdad creo
que manos divinas la hicieron con la misma materia con la que están
confeccionados los sueños. Esos 20 ó 30 minutos representan, para mí, una
burbuja de tiempo impermeable al olvido. Me pareció un sacrilegio tener que
despertar la pero, tarde o temprano, teníamos que llegar a nuestro destino.
Quiso pagar la cuenta, pero el taxista le dijo que, a los ángeles se les
lleva gratis a dónde sea que quieran ir y a sus acompañantes también. (Lo
cierto es que ya antes le había yo dado lo doble del dinero que nos iba a
cobrar). Ella sonrió halagada y besó en la mejilla al taxista.
Al despedirnos,
frente a su casa, me dio una copia de las llaves de las puertas y me dijo
con dulzura:
-El Domingo que
quieras, a la hora que quieras, te estaré esperando Cerró la puerta,
prendió la luz, y yo me quedé ahí parado unos minutos sin ser capaz de
entender nada con claridad. Hay sorpresas, que de alguna manera se esperan
y, otras, totalmente inesperadas: Esta fue una de las últimas.
Regresé, hasta
éste lugar en dónde habito, caminando bajo una fuerte e inesperada lluvia
mientras reflexionaba:
¿Cómo se me ocurrió
pensar siquiera en la idea del suicidio? iSólo
loco aniquilaría yo mismo todas esas atractivas posibilidades!
Ahora tengo las
puertas abiertas o, más bien, las llaves que abren las puertas. ¿A qué? En
lo físico, no hay problema, pues me ha dicho que le gusto, ¿pero somos el
uno para el otro?
Dios quiera.
Sábado l8 de
Enero 11:59 P.M.
Toda ésta semana
no he estado un sólo minuto en paz. Al despertar el Lunes, sólo pensaba en
encontrar la forma de hacer desaparecer todos los días y que sólo quedasen
los Domingos en el calendario. Después, a partir del Miércoles por la
tarde, me invadió una angustia inmensa.
Mi cabeza se ha
convertido en una cueva de ecos dónde, una y otra vez, rebotan las palabras
juradas ante el espejo hace 10 años. Me siento como un autotraidor
y no quisiera sentirme así. Ya no sonrió, ¡y es enloquecedor el ya no poder
sonreír!
Esta mañana,
busqué aquella carta y la quemé. Muy alterado, me puse a dibujar en mi
cuaderno con un lápiz. Plasmé, sobre una hoja, la imagen de un buque
grisáceo navegando en medio de un mar tempestuoso y, al acabar lo, me dio
por quererle dar una explicación: O es una proyección de mi temerosa alma
melancólica luchando contra su oscuro Destino; o ese mar tempestuoso me
presagia el cuerpo en movimiento de esa mujer y cada ola será uno de sus
besos. De ser esto último, ¡qué hermoso andar a la
deriva en medio
de una tormenta de pasión así! (Quizá hasta naufragar sea delicioso). Sin
embargo, me inclino más por la primer explicación y, a fin de cuentas,
ambas explicaciones son sólo lindas frases absurdas.
He tenido
insomnio todos éstos días y estoy muy cansado. Ojalá hoy pueda dormir bien
y sueñe con ella.
Domingo 19 de
Enero 12:00 A.M.
Después de
bañarme, me he puesto mi mejor traje y me he fumado el último cigarro.
Dijo que a
cualquier hora de cualquier Domingo, iré esta noche. Mientras tanto afilaré
el cuchillo que visitará mis entrañas mañana temprano para acallar esa
implacable voz interna que me llama traidor.
Esta casa, y
todos los fantasmas del recuerdo que la pueblan, mis pinceles, mis
pinturas, todo éste pequeño mundo que durante años ha sido mi más tierno
refugio, todo desaparecerá, porque no lo volveré a ver.
Supongo que los
grandes amantes llevan en el corazón un ave fénix y, por eso, cuando hacen
el amor, se entregan como si fuera la primera, única y última vez. Para
ellos, la pasión ha de ser como una tierra siempre virgen en dónde las
caricias florecen y, al secarse, pueden renacer en otras nuevas si no han
sido rociadas por la mortal lluvia de la costumbre.
Yo he de tener
un corazón demasiado pequeño o demasiado cerrado, que alucina: en el mundo
sólo existe una Monalisa, una Torre Eiffel, sólo hay una bailarina como la que deseo, una
vez debe suceder todo para que cada cosa, sea una obra de arte única, un
instante dura el Paraíso y todo lo demás es repetición.
Mañana... esa
palabra me aterra. Pero como dijo aquel taxista: Lo que me queda de vida
por una noche de amor con un ángel tan seductor como ella... y luego morir,
crucificado en el dolor de no volverla a ver, pero en cuerpo y alma
perfumado con su sutil aroma.
Lunes 20 de
Enero 2:00 P.M
Anoche, me llevé
el puñal afilado envuelto en una manta púrpura y me arranqué el miedo para
hablarle. Le conté todo lo que había sido mi vida hasta antes de conocerla
. Todo: La extraña carta, las pinturas, mi absurdo juramento ante el
espejo, mis oscuras angustias, mi perpetua contradicción interna Le llevé mis libros y mis discos más
queridos aunque no sé, ni me interesa, si los leerá o los escuchará.
Juntos preparamos
una cena sencilla y comimos en silencio. Cuando nos levantamos del comedor
y fuimos a la sala, ella puso una música propia muy alegre y bailó para mí,
durante algunos minutos, mientras me platicaba acerca de sus intensas ganas
de vivir.
Yo me tendí sobre
un tapete y, cuando me pidió que me levantara para bailar conmigo, le
confesé no saber hacerlo. Prometió, entonces, que iba a enseñarme a bailar,
pero otro día, apagó la luz y fue a tenderse a mi lado.
Me sentía como
un gusano de terciopelo negro ascendiendo por el tallo de una rosa blanca,
tiñéndola de rojo con su sangre, al no poder esquivar sus espinas.
No recuerdo las
palabras exactas que cruzamos pero, en la oscuridad, tendimos un puente de
comunicación, de corazón a corazón, entre ambos. Hicimos un trato muy
peculiar y, estrechados en un fuerte abrazo, nos quedamos dormidos.
Fue una de las
contadísimas ocasiones en las que no soñé con nada. Me parece lógico:
Estaba abrazando un sueño.
Al despertarme,
ella seguía durmiendo. Dejé sobre su vientre la manta púrpura. Nunca había
llorado. Dejé sobre sus labios las dos únicas lágrimas de mi vida. Luego
regresé a casa.
Hoy viene ella
sin duda. La estoy esperando. Viene a devolverme las llaves o a estrechar
me entre sus brazos con el mango del puñal sobre su pecho y la punta
afilada sobre el mío. En cualquier momento, entrará por la puerta con la
promesa de volver a consumar esa comunión espiritual a través de la unión
carnal, o con el abrazo del adiós.
Aunque existe la
esperanza espero lo peor Ya no resuenan los ecos en mi cabeza, los cuadros
los tiré todos al fuego. (Los pintaría de nuevo, si fuese necesario, o
haría otros). Estas hojas son, lo único hecho por mí, que le dejaré como
recuerdo y, más que por eso, como prueba de peso, en relación con su inocencia,
ante el Honorable Tribunal de los Amantes, cuyas leyes, claramente,
estipulan que el amor no es la simple búsqueda de una persona sobre quien
descargar y satisfacer los impulsos amorosos, sino que es todo un arte, una
orientación del carácter, una preocupación activa y global por la vida¡ por
uno mismo y por todos nuestros semejantes.
A mí me tiene
sin cuidado el mundo entero, sólo ella me interesa.
No tengo fotos
suyas y, aunque me gustaría tenerlas , en éstos momentos, para quemarlas,
tengo algo muy dentro, que es mucho mejor y que, quizás, ni el tiempo ni la
muerte podrían destruir: Su perfume de fuego.
Estoy de nuevo
ante el espejo, pero ahora no es el alcohol el que me tiene borracho, sino
esa extraña sensación de no estar y, sin embargo, ser. Me miro en silencio
y una especie de amarga sonrisa se dibuja en mis labios al recordar unas
palabras de la Biblia (del Eclesiastés): "Si la serpiente muerde antes
de ser encantada, de nada sirve el encantador".
Tocan la puerta.
Esta abierta...
La alada respuesta,
a una infinidad de preguntas de mi loca vida, se acerca lenta y suavemente
sobre un par de caprichosos zapatos de tacón alto. ¿Los pétalos o las
espinas de la rosa? ¿Las noches de bálsamo o el beso afilado?
Escrita entre
Enero y Febrero del 92.
Ultima Carta a la
Ingrata Mayor.
Dedicada a ella
aunque sé que a lo mejor ni leyó el original.
© copyright
1998 Leonel Puente
Prohibida la reproducción total o parcial por cualquier
medio sin la autorización por escrito del autor
[email protected]
|