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LITERATURA/Autores

Cuatro escritores
que irritaban a Fidel
El romance de los
escritores latinoamericanos con el castrismo sufrió un
importante descalabro donde unos tomaron otras rutas y varios más
siguieron siendo fieles a Fidel. En esta ocasión damos un repaso a
cuatro que, en vez de callar tras la desilusión, se convirtieron en
férreos opositores a la dictadura cubana
DICIEMBRE, 2016. Desde el inicio
de la revolución cubana, Fidel Castro buscó ganarse a los escritores
y a los intelectuales. El famoso discurso que llevó a la publicación
de "La historia me absolverá" y el modo en éste había sido redactado
embelesó aun a quienes en un principio se mostraban escépticos
acerca de las intenciones del barbudo líder. A estos intelectuales
poco pareció importar, como se reporta en el Manual del Perfecto
Idiota Latinoamericano, que la famosísima arenga hubiera sido en
realidad redactada por el escritor español Jorge Manach, y que la
brillantez de ese monólogo nunca más fuera reiterada en los
maratónicos discursos castristas.
Como bien el dijo el ensayista colombiano Plinio Apuleyo Mendoza,
"la revolución castrista nos atrajo a todos como las moscas a un
tarro de miel". Varias veces Castro invitó a estos poetas y
escritores a visitarlo, platicar con él. Y según da cuenta
Mario
Vargas Llosa en
Sables y
Utopías, Fidel les pedía "habla, chico, dime lo que piensas"
en aquellos años radiantes en ilusión. Todavía en 1967 escribe
Vargas Llosa en ese mismo libro y con un optimismo apenas
desbordado: "Es cierto, como se ha dicho, que en Cuba se han perdido
algunas libertades ¿pero no es preferible eso a aplicar la justicia
social?" (El republicar aquellos textos décadas después habla de la
honradez literaria del Nóbel: otros autores habrían tratado de
ocultar semejantes loas).
Como se sabe, en 1971 vino el rompimiento. El poeta Heberto Padilla
fue detenido por la policía cubana luego de haber publicado un
manifiesto al que se adhirieron varios colegas, entre ellos Vargas
Llosa. En la lista también apareció
Gabriel García Márquez, lo que provocó la ira del camarada
Fidel. Ahí se inició el cisma: mientras unos apoyaron a Padilla, el
autor de El Laberinto de la Soledad viajó a La Habana a pedir
disculpas. Otros más, como el genial Alejo Carpentier, se
mantuvieron fidelistas hasta el final.
Como sea, hasta el fallecimiento de Fidel se presentó esa disyuntiva
entre la comunidad literaria latinoamericana --en la internacional,
sobre todo la académica, el incienso que ya se ha convertido en tufo
sigue impregnando todo aquello que se diga sobre Fidel Castro-- el
cual incluso llevo a rompimientos personales entre dos polos de
inmensa creatividad divididos por el ansia de poder de un autócrata
que no soportaba que le "robaran cámara" los intelectuales que
deseaban expresarse y no solo escuchar las interminables peroratas
fidelistas.
Mario Vargas Llosa - Ya desde
principios de los 50, el escribidor peruano se se declaraba de
izquierdas de modo que la llegada de los barbudos a La Habana lo
llenó, según ha expresado "de infinita felicidad". Fue invitado
varias veces a la isla a platicar con Castro; le seducía su carisma,
su "derrame de ideas, de propuestas" y pensaba que, finalmente, en
América latina se cocinaba un proyecto de desarrollo alterno que no
repetiría, pensaba, "los errores cometidos en la URSS" de la cual,
de cualquier modo, aún mantenía cierro optimismo. El caso Padilla
puso fin al romance de Vargas Llosa con la revolución cubana, si
bien hasta bien entrados los 70 siguió considerándose hombre de
izquierdas.
Guillermo Cabrera Infante -
Poseedor de una prosa originalísima que ponía a bailar a su
narrativa, Cabrera Infante fue también un entusiasta de la
revolución al punto que publicó un panfleto que daba cuenta de las
actividades de los guerrilleros castristas (también fue siempre
infatigable aficionado al cine). Asimismo fue diplomático al que se
arrestó tras regresar a su país. Más tarde se exilió primero en
Madrid y luego en Londres. Autor de Mea Cuba, considerado un
clásico de la literatura cubana, Cabrera Infante sigue siendo un
autor prohibido en su país natal. Falleció en el 2005 esperanzado en
que ocurriera lo que finalmente sucedió el pasado viernes 26.
Carlos Alberto Montaner -
Festejó encantado el triunfo castrista pero pronto se desilusionó al
ver cómo las libertades se iban suprimiendo en la isla. Emigró
primero a Miami,posteriormente a Madrid y actualmente divide su
tiempo entre estas dos capitales. Montaner ha sido uno de los
críticos más férreos de la dictadura cubana y uno de los primeros en
dudar que la actitud de Obama hacia los Castro obligaría a una mayor
apertura política.
Armando Valladares - Contra la
opinión común de que Fidel comenzó a perseguir a escritores
incómodos hasta en una etapa tardía de la revolución está el caso de
Armando Valladares quien fue arrestado en 1960 cuando apenas tenía
22 años de edad, acusado de "actividades contrarrevolucionarias". En
momentos que se decía que en Cuba no existían presos políticos,
Valladares pasó 21 años en prisión, se sometió a varias huelgas de
hambre, lo que lo convirtió en un estandarte que del respeto a los
derechos humanos en Cuba. Finalmente fue liberado en 1981 y desde
entonces radica en Estados Unidos. Su biografía, titulada Contra
Toda Esperanza, expone lo que existe detrás del romanticismo que
el castrismo ha irradiado por décadas, y que miles de personas, por
ingenuidad o complicidad, se han creído sin cuestionamiento alguno.
La lista, por supuesto, es mucho más extensa. Valgan estos cuatro
ejemplos, entre los más conocidos, de quienes, una vez
desilusionados, evitaron callar o agacharse ante la dictadura
castrista.
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Fidel Castro, el castrismo también garantiza su epitafio [Niviembre,
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Las letras de Bob Dylan ¿perfilaban ya al Nóbel?
Es evidente que, para darle el Nóbel de
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todas las letras que ha escrito el afamado compositor. Sin meternos
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¿por qué ese premio?
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