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LITERATURA/Obituario

Gabriel García Márquez, adiós a un gigante de la literatura

Desde un minúsculo poblado colombiano, este periodista devenido a escritor insufló nuevas energías a las letras hispanoamericanas con obras amenas y radiantes en detalles. La literatura universal echará mucho de menos la presencia del Gabo García Márquez

ABRIL, 2014. Ya desde que uno de los escritores que ayudó a definir el boom literario latinoamericano había sido hospitalizado para luego salir de ahí con una salud que los médicos llaman "de pronóstico reservado", se temía que el mundo literario pronto perdería a uno de sus portentos. Lo que deja García Márquez es una influencia incalculable no solo en las letras sino en el periodismo de las últimas cuatro décadas; el estilo cronológico, de detalle microscópico, es una hechura que el Gabo comenzó a desarrollar desde los sesenta, la década cuando afloró su genio.

Luego de transitar por las salas de redacción de los periódicos, donde en más de una ocasión le dijeron que carecía del talento para escribir, García Márquez tomó la afortunadísima decisión de escribir novelas, entusiasmado por los relatos que, decía, le había contado su abuela en los años de la infancia y por su devoción por William Faulkner, entusiasmo que originalmente no se reflejaba mucho entre la crítica literaria que veía su estilo como un tanto "irreverente" y otro tanto con tendencia a no respetar las reglas gramaticales, que no equivale, lo que debe quedar claro, a tener mala ortografía. Célebre es su ensayo en torno a la "inutilidad" del acento ortográfico en cuanto a la existencia del acento prosódico, y ponía ejemplos como "lapiz" y "solo", en toda circunstancia, ya fuera adverbio o adjetivo. La Academia Española aceptó eliminar el acento en esta última palabra hace tres años, lo cual debe asumirse como una victoria del Gabo Márquez.

Basta repasar su bibliografía para darnos cuenta cómo cada uno de sus títulos representa un momento de la literatura. Incluimos los libros de cajón Cien años de soledad, Crónica de una muerte anunciada. El amor en los tiempos del cólera y El coronel no tiene quién le escriba, pero entonces tendríamos que dejar fuera El amor y otros demonios, Los funerales de Mamá Grande, La Hojarasca, El General en su laberinto. Ojos de Perro Azul, La Mala Hora, el Otoño del patriarca, La increíble y triste historia de la cándida Eréndira y su abuela desalmada y El Olor de la Guayaba, en coautoría con Plinio Apuleyo Mendoza, un ex simpatizante comunista que en los 80 se convirtió el libertario y escribió El Manual del Perfecto Idiota Latinoamericano (1996) junto con Álvaro Vargas Llosa y Carlos Alberto Montaner.

Pero dado que loe escritores son también figuras públicas, dos controversias siempre rodearon a García Márquez. Una, por supuesto, fue el incidente ocurrido en 1976 en ciudad de México cuando el colombiano recibió una trompada de Mario Vargas Llosa que lo tumbó en el piso luego que pretendía abrazarlo. Las versiones de esta conducta poco frecuente del autor de La Fiesta del Chivo varían: para unos, se debió a que el Gabo había faltado el respeto a Patricia, la esposa del peruano; para otros, sus discrepancias ideológicas eran ya tan insalvables que solo quedaba el recurso del puñetazo, una actitud contrastante luego que ambos habían compartido habitación durante su estancia en Barcelona y se consideraban grandes amigos. Ninguna de las partes ventiló públicamente el asunto y prefirió un caballeroso respeto; Vargas Llosa dijo en una entrevista concedida a El Tiempo de Bogotá que "el porqué quizá será revelado en una obra póstuma mía", sin ofrecer mayores detalles. (A su vez Plinio Apuleyo aceptó que el Gabo sí le había dicho el motivo, pero declinó mencionarlo por la gran amistad que los unía).

Apuleyo también cuenta cómo en cierta ocasión coincidieron García Márquez y Carlos Alberto Montaner en la misma ciudad. El Gabo lo invitó a cenar pero Apuleyo respondió que había quedado de verse con Montaner, un ex simpatizante castrista hoy exiliado en España. "También tráelo", respondió el Nóbel. "Tras el resquemor inicial de ambos el hielo se rompió y pasamos la velada hablando animadamente de literatura y de todos los temas imaginables, menos de política", recordó Apuleyo Mendoza, "la charla terminó casi al amanecer y al irse García Márquez dijo 'qué gran tipo es este Montaner, lástima que sea anticastrista'. De rato se retiró Montaner y me dijo 'qué gran tipo es este García Márquez, lástima que sea procastrista'".

Sus simpatías hacia la dictadura castrista quizás sean el punto más cuestionable en la trayectoria de García Márquez. A diferencia de la mayoría de sus colegas que protestaron por la detención del poeta cubano Bernardo Padilla --a punta de bayoneta lo obligaron a comerse sus escritos-- varios intelectuales publicaron en 1971 un desplegado condenando el hecho y acusando directamente a Fidel Castro. García Márquez, colérico, protestó que se le hubiera incluido sin su consentimiento, y como forma de refrendarlo, se convirtió en uno de los mejores amigos de Castro, quien le tenía reservada una cómoda casa para que disfrutara sus estancias en Cuba. Ciertamente, el Gabo intercedió ante su "amigo" para que se permitiera emigrar a decenas de cubanos disidentes aunque no haya hecho lo mismo, por ejemplo, en nombre de activistas como Osvaldo Payá, muerto misteriosamente en un accidente automovilístico hace un par de años.

En los ochenta, el Gabo optó por tomar su residencia definitiva en México por lo cual aquí se le consideraba un escritor "local", aunque nunca renunció a sus ligas con su país natal. En el excelente Noticia de un secuestro, libro que abordaba lo que se había convertido en una violencia incontenible producto del narcotráfico, García Márquez parecía advertir que lo mismo podía suceder en su país adoptivo. Leer hoy ese libro hace inevitable la comparación de Colombia a principios de los 90 y el México actual.

Lo innegable es que la obra que nos deja Gabriel García Márquez es valiosísima y amena, una aportación literaria que sí tendrá quién le escriba.

 

 

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