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Sables y utopías narradas por un Nóbel

Escrito antes que pidiera votar por Humala Ollanta, este libro quizá nos hablaría de una incongruencia del escribidor. Al contrario, se trata de un compendio de ideas que Mario Vargas Llosa ha desarrollado en cinco décadas y que a un largo plazo lo han reivindicado. Tal vez pase lo mismo en torno a su cambio de actitud hacia el actual presidente peruano

NOVIEMBRE, 2011. Cuando se lee esta libro queda claro que el Nobel Mario Vargas Llosa no sentía simpatía alguna por Humala Ollanta pues lo llama "acólito de Hugo Chávez" e igual desprecio muestra hacia Antauro e Isaac, padre y hermano del actual presidente del Perú. Desde una óptica convencional se diría que el cambio de percepción de Vargas Llosa tuvo que ver principalmente con que no puede olvidar el hecho que perdió la presidencia contra Alberto Fujimori y que ese rencor lo haya llevado a uno de sus puntos más cuestionables como un defensor de la democracia y un intelectual comprometido con la libertad, modalidad que, por cierto, no suele abundar.

Pero, por otro lado, hasta el momento Vargas Llosa se encuentra en el lado correcto de la historia. Humala ha demostrado cierta moderación ideológica, su relación con Hugo Chávez no es precisamente cercana, tampoco ha tratado de hacer migas con su vecino presidente ecuatoriano ni ha ido a rendirle caravanas ni a Raúl ni a Fidel Castro, un bajo perfil que a la larga puede resultar benéfico a la economía peruana que al momento que se efectuaron las elecciones estaba creciendo anualmente un 4 por ciento. 

Lo que también es cierto es que de haber ganado Keiko Fujimori aquellos comicios el país se encontraría en serios aprietos frente a las organizaciones internacionales de derechos humanos y aun se habría decretado algún boicot comercial. Más que Chávez, aparentemente Humala ha optado por seguir el camino no tanto de un Lula, sino de un Barack Obama versión latinoamericana.

Sería redundante recalcar que Sables y Utopías fue escrito año y medio antes que el Nóbel cambiara la opinión sobre Humala. Pero en el resto de este libro, que es en realidad una recopilación de varios artículos escritos desde 1966 hasta 1998, la idea de los editores es mostrar a un Vargas Llosa como un liberal que ha defendido sus ideas desde trincheras opuestas, pero siempre de un modo genuino, y sin duda valiente. Guiado por las letras de Sartre, el futuro Nóbel se adentra en el marxismo, primero, como respuesta a la férrea disciplina cuasimilitar a la que se le sometió en el Leoncio Prado y, segundo, con el convencimiento total de que ésta representa la respuesta hacia la abolición de todas las injusticias sociales. Igual que muchos lo creen medio siglo después.

"De sol a sol con Fidel Castro" es uno de los artículos que más recalcan lo anterior. Escrito en 1967, muestra aun a Vargas Llosa optimista en torno a la revolución cubana y aún intenta hallarle justificaciones pese a que el manto totalitario ya era perceptible: "¿Por qué decir solo que con la revolución desapareció la libertad de prensa en Cuba y no hablar de la alfabetización que ha puesto a la cultura al alcance de todos los cubanos?", pregunta. Era un optimismo un tanto ingenuo cuando que poco tiempo después esa "cultura" sería también politizada, maniatada y sometida al gusto del dictador al que aún ahí llama "comandante". Hay que enfatizar que la muerte del Che Guevara ocurrida ese año aún estaba fresca por lo que la indignación de la intelectualidad latinoamericana se encontraba ebullente, al igual que el antiyanquismo regional.


En una charla con Castro en torno a varios escritores y novelistas de toda Iberoamérica el escribidor se asombra de la franqueza con que el autócrata aún admirado pide que las preguntas que se le formulan sean directas, "di lo que piensas, chico". Por supuesto que la forma de respuesta era distinta hacia los visitantes que hacia quienes viven en la isla y de ello Vargas Llosa va a quedar convencido cuatro años después cuando el régimen encierra al poeta Ezequiel Padilla, algo que desata la indignación que resultante en una carta dirigida a Fidel Castro y redactada por el novelista. Cuando algunos firmantes se echan para atrás, en especial Gabriel García Márquez, quien luego argumentó que "jamás se le había consultado", Vargas Llosa se convence que su destino es otro. Muchos colegas dejan de dirigirle la palabra, pero a él no puede importarle menos.

Sin embargo su esperanza hacia el espectro de la izquierda estaba lejos de apagarse. Visita Nicaragua en 1979 y es invitado a comer a casa de Daniel Ortega, otro joven al que considera idóneo para llevar a Nicaragua hacia un destino de justicia y prosperidad (páginas más adelante lo ataca con furia cuando Ortega fue acusado de haber abusado por varios años de su hijastra). También departe con Omar Torrijos, quizá el gobernante más informal que haya tenido América latina en muchos años. Ve con horror al pinochetismo y a la dictadura argentina --dirige otra carta a Rafael Videla, aquí incluida-- pero aún no se atreve a criticar del mismo modo a las dictaduras de izquierda. Su confianza en las izquierdas estaba aún lejos de derrumbarse.

El rompimiento final viene cuando queda claro a Vargas Llosa que el socialismo y el populismo tienen una relación, más que íntima, endogámica, y ello ocurre en 1987 cuando Alan García intenta nacionalizar al sistema bancario y las casas de bolsa. Luego de otra carta abierta que es leída en varias plazas y lugares públicos del Perú Vargas Llosa se asoma a una área que, lo escribe en este libro, le repugna: la política. Lo que sucedió después ya lo hemos comentado con anterioridad.

Y ya que mencionábamos atrás a García Márquez, Vargas Llosa escribe en Cien años del Amadís, que la novela cumbre del colombiano es, sin asomo de duda, Cien años de soledad. La admiración denota aquí una cercana amistad que más tarde terminaría abruptamente en la ciudad de México cuando el escribidor le propina una trompada al creador de Macondo, un diferendo personal que no ha logrado empañar cómo Vargas Llosa considera a García Márquez un revolucionario de la lengua y alguien poseedor de una imaginación desbordante. El campeón de ese título, sin embargo, se lo lleva Jorge Luis Borges --"la verdad mentirosa o la mentira verdadera"-- que es la constante de todos sus cuentos. Sables y Utopías incluye también artículos de loas hacia Julio Cortázar, Lezama Lima y Frida Kahlo, una genialidad indiscutible en todos ellos.

Después de leer el libro queda en claro el porqué de su título. Las utopías latinoamericanas son sometidas por el sable el cual, a su vez, impone otras utopías, éstas más ominosas y que impiden en desarrollo regional, como el populismo, el indigenismo y la corrupción; ésta última es considerada por Vargas Llosa la mayor amenaza hacia la credibilidad democrática.

Un libro magnífico que nos ayuda a entender mejor las convicciones de Mario Vargas Llosa. Por mientras el porqué de su voto a Humala gana en justificación: se está portando relativamente bien en su rol de primer mandatario.

Sables y Utopías
Mario Vargas Llosa
Aguilar/2009

 

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