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Las plegarias que hundieron a Truman Capote

Tras el monumental éxito de En Sangre Fría, este escritor publicó algunos capítulos de lo que sería la gran historia del jet set neoyorquino. La respuesta lo aisló y lo convirtió en un apestado que nunca pudo recuperar su perdida gloria literaria. Ni siquiera una película recuente pudo desentrañar la decisión de enlodar a ese mundo que lo había acogido

JULIO, 2011. Refiere la periodista española Rosa Montero en sus libros Pasiones y La Loca de la Casa la extraña tendencia autodestructiva de muchos escritores. Fue el caso de Ernest Heminghway, quien luego de conseguir el Nóbel de Literatura entró en una etapa de locura de la cual escapó pegándose un tiro mientras estaba totalmente alcoholizado: o de Truman Capote, quien luego de consagrarse con In Cold Blood (A sangre fría) decidió echar toda su reputación a la basura con un libro que, irónicamente, nunca llegó a ser publicado.

Truman Capote nació en el estado de Alabama en momentos que imperaba ahí un sentimiento racista contra la gente de color y contra los homosexuales. El hecho que desde niño Capote se percibiera entre estos últimos le hizo sentir ajeno en el mundo en que le tocó vivir. Sus padres lo abandonaron desde chico y quedó al cuidado de sus familiares. Pero lo que Capote poseía era una excepcional capacidad observadora y una narrativa que desde joven le hicieron descubrir su vocación como escritor, algo que, pensaba, no sólo le daría fama sino que le permitiría ubicarse socialmente por arriba de aquellos que lo habían humillado. En 1948 publica su primer libro que resulta ser un éxito de ventas y al cual siguió Breakfast at Tiffany's, una novela que luego sería llevada al cine con Katherine Hepburn como protagonista y que lo convertiría en un autor de éxito y abundante cuenta bancaria. Con todo, Capote odiaba la versión fílmica por haber alterado el final, que en el libro es más trágico, desolador.

Capote escribió que su anhelo era convertirse en "el mejor escritor del mundo y de varias generaciones", algo prácticamente imposible pero que le serviría como principal motivación de su labor. En 1964 los editores de Esquire le encargaron cubrir el asesinato de una familia de granjeros en el Medio Oeste norteamericano y presuntamente cometido por dos adolescentes con problemas mentales. Capote viajó a la escena del crimen y tuvo contacto con los jóvenes, que estaban en prisión. Sus biógrafos, entre ellos Gerard Clarke, señalan que el escritor se había enamorado de uno de ellos, lo que le permitió desentrañar lo que pensaban y cómo se sentían en esos momentos.

Tras ser declarados culpables, los muchachos fueron condenados a muerte. Capote les prometió aprovechar su fama e interceder por ellos pero lo cierto es que no movió un solo dedo y esperó pacientemente a que se cumpliera la sentencia. Una vez que ambos fueron ejecutados Capote se sentó frente a la máquina de escribir para redactar el último capítulo el que, dice Montero, "era innecesario pues bastaba haber dejado a Dick y a Perry en el corredor final". Era obvio que Capote no deseaba compartir la gloria con nadie y, efectivamente, A Sangre Fría fue un éxito descomunal que convirtió e Capote en un hombre rico. Y un rico con ínfulas de codearse con la alta sociedad neoyorquina.

Éste era un círculo social que, escribe William Krystol, editor de The Weekly Standard, "era imposible acceder si no se había nacido dentro de él". Pero a mediados de los sesenta, agrega, "comenzó a haber un cambio en la perspectiva de ese jet set; hasta ese momento era una mera sección de Sociales en los periódicos que luego fue sustituida por los actores y celebridades, quienes pasaron a ser la nueva realeza de Nueva York". Fue durante esa transición cuando Truman Capote consiguió infiltrarse en ese círculo aprovechando su fama y su ansia por entrar al mundo de los qué él llamaba swans (cisnes), Fue así como Capote tuvo oportunidad de asistir a las fiestas Blanco y Negro que reunían a los clanes económicos más poderosos de Estados Unidos. Ahí logró hacer migas con Jackie Onassis, Peggy Guggenheim --de la familia con el museo del mismo nombre-- Gloria Vanderbilt, y Barbara Cushey Paley, esposa de un alto ejecutivo de la CBS y decenas más. 

Varias veces Capote fue visto del brazo de esas celebridades mientras llegaba a La Côte Basque, el restaurante favorito de las socialités neyorquinas a mitad de los sesenta. El escritor también trabó amistad con Katherine Graham, directora del influyente The Washington Post. Los magnates veían en aquel hombrecillo afeminado a alguien inofensivo que divertía a sus esposas al que no temían tuviera aventuras amorosas con ellas dada su condición de homosexual.

En 1966 y en medio del furor mundial de A Sangre Fría y ante la pregunta de los críticos de si Capote lograrían superar su obra maestra, el escritor anunció que trabajaba en el que sería "mi mejor libro hasta el momento" y del que se anticipaba sería un recuento de la vida social de Nueva York. Finalmente fue publicado un capítulo del que la admiración se convirtió en horror: con los nombres apenas disimulados, Capote reveló los secretos que aquellas socialités le habían confiado, entre ellos infidelidades, abortos y matrimonios arreglados por conveniencia económica. Una de ellas, de nombre Anne Woodward y de quien se sospechaba había asesinado a su marido para quedarse con su fortuna, se suicidó poco después de publicado un capítulo donde se le mencionaba directamente. Aún no se publicaba pero ese libro, titulado Answered Prayers (Plegarias Atendidas) ya había provocado un escándalo en el jet set de aquélla ciudad.

El libro, de hecho, jamás se publicó. Temerosos de la lluvia de demandas que podrían caer, los editores de Capote se negaron a publicar Plegarias Atendidas y en su lugar el texto fue publicado en partes por la revista Squire. Previsiblemente, Capote comenzó a ser evitado en las fiestas de la alta sociedad y pasó a ser un apestado. "Éste había sido el peor autoaislamiento jamás impuesto en el mundo de la literatura". escribe Krystol.

Increíblemente, Capote se mostró sorprendido de que las puertas se le hubieran cerrado definitivamente, como si en verdad considerara que todo había sido una broma pesada, pero broma al fin. De acuerdo con Todd Schulz, autor de Why Truman Capote (Almost) Wrote Answered Prayers (Porqué Tuman Capote escribió Plegarias Atendidas) señala que quizá el escritor ansiaba desquitarse de ese mundo sofisticado que él tanto detestaba en el fondo aunque también baraja la posibilidad de que Capote se haya "autoexpulsado" de un ambiente del cual él sabía que no pertenecía. "De cualquier manera así como apenas unos años atrás un libro lo había llevado al Edén, otro lo había bajado al mismo averno", señala Schulz.

Repudiado en Nueva York, Capote se refugió con otros escritores donde igualmente luego se separó por discrepancias personales. Jamás fue capaz de recuperar la gloria que le había traído En Sangre Fría pese a que insistió en estar escribiendo "mi mejor obra" de la cual salieron únicamente algunos ensayitos mediocres. Especialmente notable era que Capote aún pensaba que Plegarias Atendidas lo reivindicaría una vez que fuera publicado en su totalidad. Ello nunca ocurrió y, en cambio, Capote se fue sumiendo en la obsolescencia, las drogas y el alcohol.

Para finales de los setenta Capote se convirtió en un asiduo de la Studio 54 donde con frecuencia se le veía utilizando un sombrero negro tipo espía de caricaturas y unos anteojos oscuros; pese a tener menos de 60 años parecía un anciano desdentado; muy lejos de quien en los años sesenta era considerado el mejor escritor norteamericano de su generación y al que incluso se le había comparado con Marcel Proust. Truman Capote moriría en 1984, en el olvido absoluto por parte del mundillo literario de la Gran Manzana.

 

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