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Literatura/Historia

El macartismo, parte
de un mito a la medida de Hollywood
Vilipendiada durante
más de medio siglo por el cine norteamericano, la imagen de Joseph
McCarthy es presentada por el autor como mucho más compleja que los
cansados clichés de siempre. Después de leer su libro, se concluye que
la paranoia venía de otro lado, máxime porque la historia dio la razón
al senador.
FEBRERO, 2011. Mencione usted el nombre de
Joseph McCarthy y la relación inmediata será de un sicótico que persiguió que arruinó la reputación de decenas de guionistas de
Hollywood, un paranoico que veía comunistas hasta por debajo de la cama y alguien que forzó a otros grandes directores a traicionar a sus colegas -específicamente, Elia Kazan-- una vez que se vieron acorralados por
el senador quien, aparte de ello, era un alcohólico y un gay de clóset que murió en la miseria, olvidado por sus amigos y repudiado por el Senado al que alguna vez sirvió.
Todos ellos son clichés que, sin embargo, carecen de sustento pues fueron
fabricados por Hollywood con el fin de hacer pedazos la memoria de alguien que osó cuestionar al poder de lo grandes estudios que, por lo demás, efectivamente estaban infiltrados por agentes de la entonces Unión Soviética, como quedó demostrado con la publicación del Archivo Venona donde quedaba claro que a) los espías
Rosemberg, a quienes decenas de películas han llorado como víctimas de una
persecución sin sentido, efectivamente trabajaban para la KGB y b) Alger
Hiss, ex miembro del gabinete de Roosevelt y quien fue señalado por McCarthy como espía, efectivamente era un traidor a su patria, como lo había sido Harry
Hopkins, vocero de ese presidente. "No ha habido película sobre el archivo
Venona, y seguramente no la habrá jamás", escribe el periodista español Fernando Alonso Barahona.
Barahona, de profesión abogado, es también autor de biografías de Chuck Norris y Clint Eastwood así como un amante del cine quien de inmediato separa el brillante trabajo de muchos que engrandecieron a Hollywood y sus convicciones políticas., sin duda simpatizantes del comunismo soviético en la época de la posguerra. Asimismo considera --como lo hizo Jonah
Golberg, autor de Liberal Fascism, libro que aún no aparece en español-- que es momento de reconsiderar al senador Joseph
McCarthy, y para ello este libro aporta datos que rara vez se relacionan en alrededor suyo. ¿Cuántas veces hemos escuchado, por ejemplo, que uno de los principales personajes que apoyó la cruzada macartista fue un joven senador que más tarde se convertiría en presidente, de nombre John F. Kennedy? La historia que se sabe sobre
McCarthy, apunta Barahona, ha sido construida (o distorsionada) al gusto de
Hollywood, el cual creó la falacia de que el comité presidido por él había creado una "lista negra" que mandó llamar a varios directores y que provocó la salida del país de
Charlie Chaplin, temeroso de que se le encerrara injustamente. Falso: el conocido mimo jamás fue citado y decidió irse a Europa pues sus escándalos
personales y sus opiniones abiertamente proestalinistas habían provocado
molestia entre la opinión pública norteamericana.
El Comité de Actividades Antinorteamericanas, por cierto, jamás fue presidido por McCarthy sino que fue creado en 1934 a petición del ex presidente Roosevelt para investigar las actividades del Ku klux Klan y otros grupos subversivos, ninguno de ellos identificado con la extrema izquierda. Una vez que los republicanos dominaron la Cámara, en 1950, señala Barahona, el Comité reflejó una creciente preocupación entre la ciudadanía de que la vida en Estados Unidos estaba sufriendo un bombardeo de los medios que en ocasiones presentaban abiertas simpatías prosoviéticas.
Es preciso entender el contexto de la época, señala el autor, en plena Guerra Fría y donde la posibilidad de una conflicto nuclear con la URSS no era una muestra de paranoia sino una amenazante realidad. Asimismo y si la URSS juzgaba a los espías occidentales que capturaba ¿por qué al gobierno norteamericano se le criticaba que hiciera lo mismo?
(Fuentes desclasificadas de la KGB revelaron en 1992 que en el mismo año que fueron ejecutados los espías
Rosenberg --a quienes varios directores de cine, literatos e intelectuales clamaban eran "víctimas de una barbarie"-- el gobierno soviético fusiló a más de 200 espías occidentales y alrededor de 600 ciudadanos una vez que fueron repatriados forzosamente y quienes por ese solo hecho eran "espías de un gobierno extranjero". Pero nadie llamó "cacería de brujas" a ese lamentable hecho.
Pero centrémonos ahora en el protagonista de este libro, alguien que desde chico había mostrado una excepcional inteligencia, buen deportista, poseedor de un gran sentido del humor, campeón en varios concursos de
oratoria y líder estudiantil. Si lado débil, escribe Barahona, "era su excesivo apasionamiento, heredado de sus raíces irlandesas, lo que le hacía perder los estribos en discusiones más acaloradas", comportamiento que luego sería ampliamente aprovechado por sus enemigos. Su llegada al Senado no se dio
espontáneamente pues fue electo por una mayoría de ciudadanos que habían visto como la vida política en
Wisconsin se había radicalizado con la elección de un alcalde abiertamente socialista. Como escribe Barahona, "el anticomunismo no fue inventado por
McCarthy, pues éste se encontraba dentro del alma y la historia de Estados Unidos; (el senador) supo interpretar esta preocupación, prometiendo llevarla a Washington". La diferencia con sus colegas, republicanos incluso, radicaba en que McCarthy se atrevió a denunciar públicamente lo que no pasaba de ser un cuchicheo en la sede legislativa.
Sus declaraciones, con blancos concisos, encontraron una violenta respuesta desde el principio, incluso se le llegó a tachar de "homosexual" por parte de la prensa, acusación que hoy en día levantaría indignadas protestas de discriminación
sexual. Uno de sus primeros triunfos fue enfocarse en las actividades del ya mencionado
Hiss, así como la denuncia contra los espías que habían robado documentos clave del Proyecto Manhattan relacionados con la bomba atómica.
¿Cuándo se dio su enfrentamiento con Hollywood? Barahona establece el inicio con un discurso donde McCarthy apuntaba a "esos grandes medios como el cine que han mentido y ocultado la verdad". Lo increíble es que la respuesta fúrica de los estudios se diera sin que
el senador hubiera señalado abiertamente a nadie de la industria. El Comité, efectivamente, llamó a declarar a varios directores y guionistas sobre los que existían sospechas de ser espías o simpatizantes comunistas pero ninguno de ellos fue arrestado ni mucho menos puesto en prisión, y quienes se negaron a declarar y se apegaron a la Primera Enmienda, como Donald
Trumbo, se les respetó ese derecho. Ninguno de ellos fue humillado ni tampoco el Comité "destruyó carreras", como reza la leyenda inventada y donde se cita el caso de Charlie
Chaplin, quien para inicios de los cincuenta ya había dejado atrás sus mejores aportaciones cinematográficas. Prueba de ello es que la mayoría de ellos siguió trabajando o regresó tranquilamente a Hollywood una vez que perdió fuerza la ofensiva del senador.
Lo que provocó la ira de Hollywood, sin embargo, fue que la presión de McCarthy logró doblegar a uno de los suyos, algo que ninguna otra esfera del gobierno norteamericano hubiera logrado dado el poder de los estudios. Elia Kazan, director de cintas legendarias como
On the
Waterfront, había sido simpatizante comunista en su juventud pero asumió una posición más moderada que luego terminaría por llevarlo al otro lado del espectro, por ello sintió el deber patriótico de declarar al comité y donde confirmó los nombres que éste ya sabía en torno a los simpatizantes comunistas en la industria del cine. Kazan no proporcionó ni una sola línea de nueva información pero ello sirvió para que, por ejemplo, el dramaturgo Arthur Miller
ridiculizara al Comité llamándolo "cacería de brujas" y al escribir The Scarlet
Letter: igualmente, el caricaturista Walt Kelly se burló abiertamente del senador con el cómic
Pogo.
Entonces llegó a manos de McCarthy un documento explosivo, la Operación
Keelhul, donde se indicaba que el presidente Eisenhower había firmado una orden que
entregaba al ejército soviético a cientos de soldados de la resistencia polaca y quienes se habían rendido a los norteamericanos en 1945, algo que no hablaba muy bien de un presidente que llegó a la Casa Blanca mediante un feroz discurso anticomunista. A partir de ese momento la embestida contra McCarthy no fue sólo de
Hollywood, los medios y sus enemigos dentro de la Cámara; desde las altas esferas de Washington se ordenó vedar todo acceso a McCarthy y su equipo de investigadores.
Esa combinación y varios golpes en falso terminaron por agudizar el consumo de alcohol de
McCarthy, quien además caía en frecuentes depresiones; comía poco, dormía menos y se sobrepasaba en muchos aspectos mientras los efectos de los ataques fueron surtiendo efecto y su popularidad fue decayendo. El 2 de mayo de 1957 y afectado por un mal hepático, Joseph McCarthy falleció. Hollywood nos ha hecho creer que murió en el mayor desprestigio y una miseria aberrante, pero el hecho es que el Senado le rindió honores. No fue sino hasta un par de años después cuando los estudios comenzaron a destrozar su reputación, al punto que todo lo
nefasto que se ha propagado sobre él es mera invención cinematográfica; quienes lamentaban que se hubieran "destruido importantes carreras" con gusto destruyeron la memoria de Joe
McCarthy.
Al final del libro Barahona proporciona una rica variedad de evidencias donde se demuestra sin duda que McCarthy tenía razón gracias a la información contenida en el ya referido archivo Vanona así como lo señalado por antiguos agentes de la KGB que luego desertaron al FBI, así como los documentos
Musk, difundidos por el gobierno británico y que daban cuenta del financiamiento de la URSS a los partidos comunistas en varios países, incluido Estados Unidos. La evidencia es clara, contundente. Y sin embargo hace algunos años el actor George Clooney desempolvó el asunto con la cinta
Good Night and Good Luck donde se recurre a los clichés antimacartistas de siempre, un rencor que no disminuye como lo atestiguó Kazan, una vez que fue reconocido por la Academia pero que recibió el frío silencio de varios de los presentes en la
ceremonia, entre ellos Sean Penn, Nick Nolte y otras figuras "progresistas" del cine.
Lectura que se va como agua, bien documentada y sumamente amena,
McCarthy: la historia ignorada del cine es una aportación importante para entender el porqué de la actitud del senador. Obra, naturalmente, recomendable.
McCarthy; la historia ignorada del
cine
Fernando Alonso Barahona
Criteria Libros/2001
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Previo
Basta
de Historias por Andrés Oppenheimer
El conocido
periodista argentino nos presenta un análisis, producto de varios
viajes, sobre los avances y retrocesos en la educación mundial,
factor que determinará que unos abandonen su desarrollo y otros que
sacrifican su futuro dentro de la terquedad de mantener sus actuales
privilegios. Lectura, claro, indispensable
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